Diosa del humo, musa triste de otros tiempos, epítome de la belleza:
Te veo cada martes, sentada en tu banca habitual mientras fumas lenta, escrupulosamente. ¿Qué pasa por esa mente adolorida, qué murciélagos aletean en tu alma y te mantienen lejos del mundo, lejos del calor, lejos de los humanos que te admiramos sin atrevernos a tocarte?
Quiero adivinar tu nombre, quiero enamorarme de algo más que tu melancolía. Quiero ser algo para ti, más que un par de ojos, más que una sombra difusa en el parque. Quiero ser tu cura, quitarte las nubes que te rodean y parecen lloverte a ti, sólo a tí, hermosa fumadora del parque...
Me he atrevido a escribirte porque más de una vez te he visto con un hombre de pinta peligrosa. Quiero ayudarte, averiguar si te tiene chantajeada, si te pide algo, si necesitas protección de alguna clase. Soy el de la densa barba, el de los lentes gruesos que te mira obsesionado desde la banca de enfrente, preguntándose si ahora sí me permitirás ser útil y créeme, bella silenciosa, que haría lo que sea por tener tu mirada, sólo eso, y la oportunidad de salvarte de aquel vagabundo que te acecha...
Esperando tu respuesta con el corazón entre los dedos,
Nacho.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Mi pasatiempo
Eran ya las 19:00 de la noche, Bruno camina junto a los grandes árboles del parque junto al sendero. Va mostrando una sonrisa que guarda una callada risa entre dientes, que le provocan los niños que corren de sus mamás para quedarse un rato más en ese hermoso parque.
Ve una silueta delgada de un hombre joven que se aproxima desde muy lejos. Bruno se prepara, coge la máscara que hizo a base de una bolsa de cartón que siempre trae doblada en sus bolsillos, la coloca sobre su cara, tapando esa abundante barba gris que tanto le gustaba, tapando la cara del verdadero asaltante.
Bruno esta escondido detrás de un árbol, esperando a que pase ese joven hombre. El hombre pasa como trotando parece que llevara prisa, eso es aun mejor, porque cuando la gente esa pensando en sus problemas rara vez se preocupan por lo que está a su alrededor. Lo toma por el cuello rodeándolo con su brazo y poniendo algo que parece una pistola envuelta en un trapo viejo en su nuca, haciendo poco posible que lo identifiquen.
- ¡De estas no te salvas, imbécil! Yo se lo que hiciste y mas te vale que me des todo lo que traes o de esta no sales- Grito mientras presionaba la cosa del trapo contra su nuca.
Entonces lo reconoció, era el pobre idiota que dejo que su perro se comiera la salchicha de ese asqueroso vendedor de salchichas. Muy molesto por no poder quitarle sus cosas al niño ese, lo tomo por la oreja y lo aventó a la orilla del lago.
- Para que aprendas a cuidar a ese pobre animal!
Se fue tan rápido como pudo, para evitarse cualquier enojo del otro muchacho. Pero la verdad es que se fue así para que no le tocara el desquite a el, sino al asqueroso vededor que ensucia los parques.
Ve una silueta delgada de un hombre joven que se aproxima desde muy lejos. Bruno se prepara, coge la máscara que hizo a base de una bolsa de cartón que siempre trae doblada en sus bolsillos, la coloca sobre su cara, tapando esa abundante barba gris que tanto le gustaba, tapando la cara del verdadero asaltante.
Bruno esta escondido detrás de un árbol, esperando a que pase ese joven hombre. El hombre pasa como trotando parece que llevara prisa, eso es aun mejor, porque cuando la gente esa pensando en sus problemas rara vez se preocupan por lo que está a su alrededor. Lo toma por el cuello rodeándolo con su brazo y poniendo algo que parece una pistola envuelta en un trapo viejo en su nuca, haciendo poco posible que lo identifiquen.
- ¡De estas no te salvas, imbécil! Yo se lo que hiciste y mas te vale que me des todo lo que traes o de esta no sales- Grito mientras presionaba la cosa del trapo contra su nuca.
Entonces lo reconoció, era el pobre idiota que dejo que su perro se comiera la salchicha de ese asqueroso vendedor de salchichas. Muy molesto por no poder quitarle sus cosas al niño ese, lo tomo por la oreja y lo aventó a la orilla del lago.
- Para que aprendas a cuidar a ese pobre animal!
Se fue tan rápido como pudo, para evitarse cualquier enojo del otro muchacho. Pero la verdad es que se fue así para que no le tocara el desquite a el, sino al asqueroso vededor que ensucia los parques.
Cristina, Sesión 2
Después de recibir la hermosa cartita de mi paciente Cristina, he llegado a la conclusión de que, en efecto, está enamorada de mí. A mí me gustan las mujeres más grandes y más parecidas a mi madre, por supuesto, pero insisto: esta chica necesita un poco de malicia. No puede ser que me haya visto en el funeral y me haya tomado como ángel guardián cuando es mi estrategia comercial apersonarme en los eventos trágicos de la gente para hacerme de más pacientes. OK, tiene 14 años, pero seguro que podría darse cuenta de que no soy un ángel. Así que en esta sesión he decidido corromperla. Por su bien, claro.
-Órale, Cris, que no te va a pasar nada. Mira: alguien tarde o temprano te lo va a ofrecer, mejor que lo pruebes aquí en confianza- le dije mientras le pasaba el cigarro. Ella me miraba con su carita de niña buena y los ojos muy abiertos.
-Fumar es malo. No quiero probar.
-¿Por qué no?
-¿Y si me gusta?
-Pues mejor- le dije mientras le guiñaba el ojo y me acercaba un poco más a ella. Estaba sentada en el diván, con una playera rosa y su bolsita demasiado infantil. Al final le dio una fumada y se puso a toser, como nos pasa a todos la primera vez.
-Asco- dijo entre toses, -sabe horrible.
-¿A ver?- susurré, y le acerqué los labios.
Humo de Cigarrillo....
Sentí como los suaves labios de mi idolatrado terapeuta tocaron los míos. Fue una sensación de ternura y dulzura al momento del contacto, pero bastante enfermiza y toxica. Saboreé el gusto amargo del cigarrillo que hace pocos minutos había ingerido en mi boca. Me aparte al instante, cayendo acostada en el diván. Sentí confusión y miedo por lo que acababa de ocurrir.
- ¿Te pareció muy atrevido de mi parte? – me preguntó mostrando una sonrisa traviesa llena de demencia maligna. Sus dientes resplandecían como colmillos puntiagudos.
- Em, em, sí – me había quedado sin voz - ¿Qué? ¿Por qué? – no podía decir otra cosa más que preguntar.
- Oh, pobre Cris, eres tan inocente – acercó su rostro hacia mí – y tan ingenua.
Sus ojos resplandecían como dos estrellas colapsando. Empecé a temblar por dentro, como si corazón retumbará en grandes tambores. Me quedaba sin aliento. No podía moverme. Me quedé mirando aquellos ojos, que en otro momento fueron las de un ángel, ahora veía unos de serpiente. Nacho apartó su rostro, y después de inclinarse en el respaldo de su silla tomó el cigarrillo de mis manos y chupó el resto del tabaco encendido. Un momento después, exhalo una nube de humo gris, dispersándose en la habitación.
- Debo decir que me lo esperaba. Apenas eres una adolescente en la cuna de la pubertad, apunto de experimentar nuevas sentimientos y vicios. Pero no te angusties. Pronto lo vivirás.
Seguí callada y algo atónita, pero recuperé poco a poco la movilidad de mi cuerpo para incorporarme hacia adelante. Mi cabeza empezaba a girar sin parar. Hubo un silencio incómodo por unos minutos y Nacho ya había terminado de fumar. Acerco el bote de basura y tiró el cigarrillo, todavía despidiendo algo de humo.
- Lo que tú necesitas, Cris, es algo de ayuda extra. – se levantó de la silla y camino hacia la repisa apilada de libros – A alguien que tenga experiencia en este tipo de cosas – sacó de una cajita un bloquecito de post – its y una pluma, y empezó a anotar – Y para tu suerte, conozco a la persona indicada para el trabajo. – terminó de escribir y me dio la nota. – Búscala en esta parte del parque.
Recuperé la voz en un instante al leer lo que estaba escrito:
En las bancas del parque, hay un hombre de barba, de ropa andrajosa, con aspecto de vago que siempre anda escribiendo poemas, anda acompañado de una mujer que luce como prostituta. Búscalos a la medianoche. Asegúrate de que nadie te vea. Otra cosa importante: se llaman Bruno y Roma.
- ¿Cómo sabré que estará ahí cuando llegue? - pregunte con un poco de miedo, pero me hipnotizaba la idea.
- Lo sabrás cuando la mujer te vea, pues le he dicho cosas sobre ti.
No comprendí cómo me metí en todo esto. Me intrigaba la idea de aventurarme en noche, a pesar del temor que sentía. Con esto terminó mi sesión con Nacho y salí de su despacho, hacía las calles oscuras.
-Órale, Cris, que no te va a pasar nada. Mira: alguien tarde o temprano te lo va a ofrecer, mejor que lo pruebes aquí en confianza- le dije mientras le pasaba el cigarro. Ella me miraba con su carita de niña buena y los ojos muy abiertos.
-Fumar es malo. No quiero probar.
-¿Por qué no?
-¿Y si me gusta?
-Pues mejor- le dije mientras le guiñaba el ojo y me acercaba un poco más a ella. Estaba sentada en el diván, con una playera rosa y su bolsita demasiado infantil. Al final le dio una fumada y se puso a toser, como nos pasa a todos la primera vez.
-Asco- dijo entre toses, -sabe horrible.
-¿A ver?- susurré, y le acerqué los labios.
Humo de Cigarrillo....
Sentí como los suaves labios de mi idolatrado terapeuta tocaron los míos. Fue una sensación de ternura y dulzura al momento del contacto, pero bastante enfermiza y toxica. Saboreé el gusto amargo del cigarrillo que hace pocos minutos había ingerido en mi boca. Me aparte al instante, cayendo acostada en el diván. Sentí confusión y miedo por lo que acababa de ocurrir.
- ¿Te pareció muy atrevido de mi parte? – me preguntó mostrando una sonrisa traviesa llena de demencia maligna. Sus dientes resplandecían como colmillos puntiagudos.
- Em, em, sí – me había quedado sin voz - ¿Qué? ¿Por qué? – no podía decir otra cosa más que preguntar.
- Oh, pobre Cris, eres tan inocente – acercó su rostro hacia mí – y tan ingenua.
Sus ojos resplandecían como dos estrellas colapsando. Empecé a temblar por dentro, como si corazón retumbará en grandes tambores. Me quedaba sin aliento. No podía moverme. Me quedé mirando aquellos ojos, que en otro momento fueron las de un ángel, ahora veía unos de serpiente. Nacho apartó su rostro, y después de inclinarse en el respaldo de su silla tomó el cigarrillo de mis manos y chupó el resto del tabaco encendido. Un momento después, exhalo una nube de humo gris, dispersándose en la habitación.
- Debo decir que me lo esperaba. Apenas eres una adolescente en la cuna de la pubertad, apunto de experimentar nuevas sentimientos y vicios. Pero no te angusties. Pronto lo vivirás.
Seguí callada y algo atónita, pero recuperé poco a poco la movilidad de mi cuerpo para incorporarme hacia adelante. Mi cabeza empezaba a girar sin parar. Hubo un silencio incómodo por unos minutos y Nacho ya había terminado de fumar. Acerco el bote de basura y tiró el cigarrillo, todavía despidiendo algo de humo.
- Lo que tú necesitas, Cris, es algo de ayuda extra. – se levantó de la silla y camino hacia la repisa apilada de libros – A alguien que tenga experiencia en este tipo de cosas – sacó de una cajita un bloquecito de post – its y una pluma, y empezó a anotar – Y para tu suerte, conozco a la persona indicada para el trabajo. – terminó de escribir y me dio la nota. – Búscala en esta parte del parque.
Recuperé la voz en un instante al leer lo que estaba escrito:
En las bancas del parque, hay un hombre de barba, de ropa andrajosa, con aspecto de vago que siempre anda escribiendo poemas, anda acompañado de una mujer que luce como prostituta. Búscalos a la medianoche. Asegúrate de que nadie te vea. Otra cosa importante: se llaman Bruno y Roma.
- ¿Cómo sabré que estará ahí cuando llegue? - pregunte con un poco de miedo, pero me hipnotizaba la idea.
- Lo sabrás cuando la mujer te vea, pues le he dicho cosas sobre ti.
No comprendí cómo me metí en todo esto. Me intrigaba la idea de aventurarme en noche, a pesar del temor que sentía. Con esto terminó mi sesión con Nacho y salí de su despacho, hacía las calles oscuras.
jueves, 11 de septiembre de 2014
El perro envenenado II
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LA VERSIÓN
DE HORACIO
Rió a
carcajadas hasta quedarse sin aliento, sabía exactamente a qué había venido
aquel muchacho con la mandíbula apretada.
Probablemente
su perro esté estirando la pata en este mismo instante, vomitando negro por
la Amatoxina que lo había hecho engullir Horacio. Para aquellos ignorantes que
no sepan, este es un hongo venenosos que destroza los riñones causando un dolor
excesivo al que el perro seguramente no sobrevivirá, entrará en coma en unos días
y partirá de este mundo antes del Miércoles de Salchicha de Pavo. Ya no hay
nada que hacer.
-¿Cómo
está tu perro faldero?– Preguntó Horacio entre grandes inhalaciones necesarias
para recuperar el oxigeno que había perdido durante el regocijo. Pero fue en
vano, pues en ese momento se le ocurrió la idea estúpida de que estaba
arrebatándole su último soplo al canino agonizante, y, sin control alguno, rompió
en risas estruendosas.
-Eres un cabrón…
era mi compañero…. No entiendes… pagarás por eso…. ¡te voy a…. a demandar! Mi
padre … tiene un bufete de abogados… Sabía que habías sido tú…- Los sollozos
se acumulaban en la garganta del lloroso joven y cerraban el paso de las
palabras, dejándolas salir entrecortada y agudamente, como ladridos de un
perro adolorido.
- Junior,
no gastes tus energías, tu papi jamás va a poder probar nada contra mi- Le
espetó el vendedor de salchichas a Alejando, éste último calló unos segundos-
Además, demandarme no te va a regresar a tu perro ¿o sí?
-Hijo de
pu…- Comenzó a decir Alejandro con lágrimas en los ojos.
-¡Shh! no
chilles, niño mimado- Interrumpió Horacio – Ni que lo hubieras querido tanto.
En gran parte fue tu culpa que lo envenenara ¿sabes? Estabas más ocupado
viendo una perrita de minifalda rosa que cuidando a tu mascota.- Chasqueó la
lengua y negó con la cabeza en señal desaprobatoria- Fue tu culpa tanto como
la mía.
Horacio
esquivó el golpe que iba directo a su nariz y por un momento puso cara de
susto, pero segundos después recuperó la sonrisa tan cínica, tan enervante
que le había visto algún día a su padre. Alejandro no dijo nada, estaba
asimilando el esplendor de la desvergu:enza.
-¿Un
Hotdog? No te apures por el dinero, me lo pasas después- Alejandro parecía incrédulo
del descaro de la conversación- ¿No? Bueno, va a cuenta de la casa entonces- Y sonrió mientras le ofrecía una salchicha con
la mano izquierda. Al ver la cara rabiosa del chico añadió- No te preocupes,
es carne de cerdo, no cocino animales domésticos.
|
LA VERSIÓN DE ALEJANDRO Ya había llegado a la casa y abierto varias pestañas de pornografía para entretenerme como hago todos los días, cuando escucho un asqueroso sonido venir de la sala. Me paro y salgo cautelosamente de mi cuarto, entro a la sala y veo a Jorge tirado al pie del sillón. Esta cubierto de vomito y sangre, con pequeños trozos de salchicha. Me acerco a el, y me arrodillo. Le sobo la cabeza y veo que su panza esta extremadamente hinchada, parece un globo relleno de agua y cubierto de pelo. Sé perfectamente quien hizo esto. Horacio, el vendedor de salchichas del parque. Iré a romperle la madre a ese hijo de puta, pienso. Pero primero debo colocar al perro en el baño. Pongo una mano detrás de su cuello y la otra colocada para que sujete la parte trasera de su espalda. En ese momento parece que Jorge se encoje, dejando que el vomito fluya de su boca abierta. Ahora es más sangre que vomito. Este no es el momento para buscar peleas, debo llevarlo al veterinario. Estoy en el estacionamiento de la clínica veterinaria que se encuentra fuera del departamento de mi padre. Es probablemente lo más cerca que hemos estado en estos cuatro meses desde el “incidente.” Bajo corriendo del coche y abro la puerta trasera, donde me encuentro con un perro inconsciente bañado en una asquerosa combinación de sangre, vomito y salchichas. Lo tomo en mis brazos y corro dentro del edificio. Una vez dentro, la asistente lo toma y me recibe el mismo veterinario que cuidaba a mi gato cuando íbamos a Madrid de vacaciones. No ha cambiado. Su pelo sigue siendo de un gris claro y su cara sigue repleta de arrugas. La diferencia entre este seños y el que conocía hace siete años es una nueva cicatriz en su cachete derecho. Con un solo vistazo al perro me dice: -Ha sido envenenado, y no se ve nada bien, Alejandro, –su tono baja, como si le diera pena decir lo que sigue, -es difícil decir si lo lograra o no, pero haremos todo lo posible. Muevo mi cabeza y digo que si, mis ojos se llenan de lágrimas. En un principio tristes y asustadas por este amigo que me ha sido tan fiel, pero después se convierten en lágrimas de enojo. Se perfectamente lo que sucederá ahora. Ese hombre debe pagar. Salgo del coche casi corriendo, con las manos en puños y casi vibrando del enojo. Corro por el camino de concreto roto y tropiezo una vez y me paro inmediatamente. Demasiada adrenalina cruza por mi cuerpo, y es por esto que en cuanto veo al hijo de puta con su caja de hot-dogs mi puño sale disparado de donde colgaba a mi lado y se conecta con la quijada de Horacio, haciendo que tropiece y caiga en la fuente. Su asqueroso trasero sale de la superficie como roca enlodada. Sigo tremendamente enojado, así que en cuanto levanta su cabeza del agua lo levanto por el collar de su sucia camisa. -¡Envenenaste a mi perro hijo de puta! El grito suena por todo el parque y todos se detienen. Una niña de alrededor de 14 años me mira curiosamente, su pelo negro obscureciendo su mirada. Estoy demasiado ocupado como para ponerle mucha atención. -N… no. No fu… fui yo. –tartamudea Horacio. -No me mientas. –digo mientras lo sacudo. –Te lo juro, un paso más hacia mi o mi perro, y esto parecerá un abrazo. ¿Lo entiendes, pendejo? Además, creo que no sabes que te metiste con un bogado. Puedo terminar con tu miserable vida. Lo tiro al suelo, su cabeza azota contra el piso y su bigote se despeina. Tiene cara de odio. No me importa. Doy media vuelta y cambio hacia la entrada del parque, cuando escucho movimiento detrás de mi. Giro la cabeza y un puño se conecta con mi ceja. Mi mirada se obscurece unos segundos, pero cuando puedo ver de nuevo, lo pateo en la entre pierna. Se arrodilla, con las manos en sus genitales y cara de agonía. -Estudie artes marciales siete años. No creo que quieras hacer eso de nuevo. Me giro y una vez que ya esta casi fuera de mi vista le grito por encima de mi hombro: -Más te vale que no se muera. Tres días después llego al apartamento con Jorge en brazos. Esta mejor. Ahora saca la lengua y mueve la cola. -Me preocupe por ti, amigo. Digo, colocándolo en su cama. Me siento junto a el y saco mi cuaderno. Es tiempo de escribirle todo lo que quiero decirle a la puta de Mariza. No hay momento mejor que al final de una horrible semana. |
Crónica del reclusorio psiquiátrico
Hoy encontré otro recuerdo en una botella pequeña de vidrio y veo que tengo.
Que escondo a mi misma...
Otro día, en el reclusorio psiquiátrico. Huele fatal, a morfina que es con lo que generalmente me drogan para estar en este estado zombi en donde no se si alucino o lo que percibo es la realidad, donde el tiempo no es imprescindible y al parecer lo único que me mantiene es el dolor.
No tengo ganas de nada. ¡ Quiero morir! Que agonía tan grande es la vida, porque no me matan, porque no pasa nada y sigo en este estado, en una cruel realidad que parece estática y sin fin.
Intento moverme, pero al no poder alzar los brazos, recuerdo que tengo amarrada los brazos y los pies; por medio de la telequesis intento desamarrarme. Lo consigo rápidamente en cinco minutos. Y me acomodo para mantenerme cómoda, para mantenerme anestesiada, para olvidar la razón de mi demencia. Para que no pueda realizar mi venganza y así puedan respirar aquellos hijos de puta que me jodieron la existencia; y entonces cierro los ojos y me dejo llevar al “ limbo” en donde no hay nada, no veo nada, no pienso nada, donde no pasa nada de nada. Solo con la esperanza de que un día me voy a ir.
- ¿Qué pasa? ¿ Qué es ese ruido? ¿ Quién esta gritando?
Pasan 5 minutos y los lamentos no disminuyen.
Abro los ojos echando chispas por ellos, me levanto de un vilo, abro la puerta y lo que descubro es una vieja gritando no se si de dolor o de éxtasis a la cual agarro del cuello y la asfixio, sin sentir satisfacción alguna.
10 minutos después, los gritos, los lamentos y los forcejeos cesan dejando el pasillo en un silencio profundo que da espacio para que el dolor llegue.
- No aléjate, déjame. Pero el dolor me tira, me marea, me asfixia, me lanza pequeños alfileres que me provoca un grito ensordecedor.
Trato de levantarme, lucho contra mi lastre.
Apoyándome de la pared, avanzó, recorro los pasillos de aquel lugar cerrado de la cuidad. En la sala donde me llevan los martes para “ que me de el sol” ( el cual entra en la enorme ventana de la izquierda) veo a otro locos. Pero una chica de ojos verdes con cabellera que parece tener reflejos rojos me llama la atención, parece que esta hablando a un ente imaginario al que le dice hijo.
¿Hijo?
¿ Hijo?
Mi Dylan, mi bebé ¿donde está?. Comienza una desesperación, que me deja llevar.
Enloquezco, empiezo a tirar las cosas, a gritar, a dejar que mi dolor me controle o me libere.
Que escondo a mi misma...
Otro día, en el reclusorio psiquiátrico. Huele fatal, a morfina que es con lo que generalmente me drogan para estar en este estado zombi en donde no se si alucino o lo que percibo es la realidad, donde el tiempo no es imprescindible y al parecer lo único que me mantiene es el dolor.
No tengo ganas de nada. ¡ Quiero morir! Que agonía tan grande es la vida, porque no me matan, porque no pasa nada y sigo en este estado, en una cruel realidad que parece estática y sin fin.
Intento moverme, pero al no poder alzar los brazos, recuerdo que tengo amarrada los brazos y los pies; por medio de la telequesis intento desamarrarme. Lo consigo rápidamente en cinco minutos. Y me acomodo para mantenerme cómoda, para mantenerme anestesiada, para olvidar la razón de mi demencia. Para que no pueda realizar mi venganza y así puedan respirar aquellos hijos de puta que me jodieron la existencia; y entonces cierro los ojos y me dejo llevar al “ limbo” en donde no hay nada, no veo nada, no pienso nada, donde no pasa nada de nada. Solo con la esperanza de que un día me voy a ir.
- ¿Qué pasa? ¿ Qué es ese ruido? ¿ Quién esta gritando?
Pasan 5 minutos y los lamentos no disminuyen.
Abro los ojos echando chispas por ellos, me levanto de un vilo, abro la puerta y lo que descubro es una vieja gritando no se si de dolor o de éxtasis a la cual agarro del cuello y la asfixio, sin sentir satisfacción alguna.
10 minutos después, los gritos, los lamentos y los forcejeos cesan dejando el pasillo en un silencio profundo que da espacio para que el dolor llegue.
- No aléjate, déjame. Pero el dolor me tira, me marea, me asfixia, me lanza pequeños alfileres que me provoca un grito ensordecedor.
Trato de levantarme, lucho contra mi lastre.
Apoyándome de la pared, avanzó, recorro los pasillos de aquel lugar cerrado de la cuidad. En la sala donde me llevan los martes para “ que me de el sol” ( el cual entra en la enorme ventana de la izquierda) veo a otro locos. Pero una chica de ojos verdes con cabellera que parece tener reflejos rojos me llama la atención, parece que esta hablando a un ente imaginario al que le dice hijo.
¿Hijo?
¿ Hijo?
Mi Dylan, mi bebé ¿donde está?. Comienza una desesperación, que me deja llevar.
Enloquezco, empiezo a tirar las cosas, a gritar, a dejar que mi dolor me controle o me libere.
Nicolás
Nicolás Fuenmayor es el niño más perfecto en los ojos de Alondra, claro, es ella la única que lo puede ver. Es un niño alegre y lleno de vida, relativamente. No es muy alto pero si es muy bello. Tiene unos ojos verdes cautivadores que desde el momento en que nació hizo que conectara con su madre. Pelo chino y un poco largo que rebota en sus gordos cachetitos mientras juga en el parque donde espera a su mamá todos los días.
Su sonrisa podría conquistar a cualquier niña en algún momento de su vida, el único problema es que es puro producto de la imaginación de Alondra.
Nicolás, si estuviera vivo, seria el tipo de persona al que su padre llevaría al parque para poder hablar con hermosas y jóvenes mujeres en busca de alguien que pueda satisfacer sus fantasías. En busca de otra estúpida con Alo que caiga en el juego de el hijo de puta que es Alejandro. Ese pendejo al cual le valió un comino y la mitad del otro cuando la sentimental de Alondra le dijo que estaba enamorada y embarazada de él.
Lo único que Alondra puede pensar cuando cree ver a Nicolás es el amor y admiración que le tiene, pero también siente mucha rabia. Mucha rabia hacia Alejandro por razones obvias. Cada que lo ve en ese parque que tanto adora, Alo llora y aúlla de tristeza, pero luego vuelve a ver a Nico y recuerda que es lo que vale la pena. Su hijo es lo que le da fuerzas para vivir, y hay veces cuando sueña que Nicolás se muere y es de los peores sentimientos y experiencias que le pueden pasar.
Alondra siente angustia, desesperación, miedo y cierta confusión, pero luego despierta y ve a su chamaco dormido y roncando en silencio a su lado y vuelve a sonreír. Lo que no sabe es que es completamente al revés; ella vive en un trance y la realidad es que Nico no existe y la única persona que la acompaña en la vida es ella misma, y nadie más.
Su sonrisa podría conquistar a cualquier niña en algún momento de su vida, el único problema es que es puro producto de la imaginación de Alondra.
Nicolás, si estuviera vivo, seria el tipo de persona al que su padre llevaría al parque para poder hablar con hermosas y jóvenes mujeres en busca de alguien que pueda satisfacer sus fantasías. En busca de otra estúpida con Alo que caiga en el juego de el hijo de puta que es Alejandro. Ese pendejo al cual le valió un comino y la mitad del otro cuando la sentimental de Alondra le dijo que estaba enamorada y embarazada de él.
Lo único que Alondra puede pensar cuando cree ver a Nicolás es el amor y admiración que le tiene, pero también siente mucha rabia. Mucha rabia hacia Alejandro por razones obvias. Cada que lo ve en ese parque que tanto adora, Alo llora y aúlla de tristeza, pero luego vuelve a ver a Nico y recuerda que es lo que vale la pena. Su hijo es lo que le da fuerzas para vivir, y hay veces cuando sueña que Nicolás se muere y es de los peores sentimientos y experiencias que le pueden pasar.
Alondra siente angustia, desesperación, miedo y cierta confusión, pero luego despierta y ve a su chamaco dormido y roncando en silencio a su lado y vuelve a sonreír. Lo que no sabe es que es completamente al revés; ella vive en un trance y la realidad es que Nico no existe y la única persona que la acompaña en la vida es ella misma, y nadie más.
Carta a Alondra
Jueves 11 de septiembre de 2014
Alondra, paloma, golondrina voladora...
Te escribo en este día en que el mundo Occidental, cuando recuerda, está de luto. Sí, soy enamoradizo, herencia de mi padre, sí, las mujeres me parecen hermosas cuando se parecen a la más hermosa de todas las mujeres: ella. Sí, ella, mi madre. No, no estoy loco, sólo reconozco lo bueno.
Tú vienes acá cada semana, vives en un mundo fantástico que quisiera habitar a tu lado, quisiera volar con las alas de locura que te llevan a ti al universo oscuro en que tu hijo existe y espera solo a ser encontrado. Me llamas "hijo", y qué más quisiera que serlo, te pareces a ella, tienes sus ojos pero en ellos no habita la dureza ni la frialdad.
Quiero curarte, quiero encontrar contigo a Nicolás o, mejor, ser Nicolás... quiero que me encuentres aunque tenga esta barba que me cubre la cara, aunque todo lo que ha pasado me haya robado ya la inocencia de la infancia que tú buscas en los parques y en las calles. Quiero ser niño o robarme un niño para ti, Alondra, para que dejes de penar como la hermosa Llorona que eres y puedas volar tomando mi mano...
Tuyo siempre, tu terapeuta, tu amigo, tu hijo.
Nacho.
Alondra, paloma, golondrina voladora...
Te escribo en este día en que el mundo Occidental, cuando recuerda, está de luto. Sí, soy enamoradizo, herencia de mi padre, sí, las mujeres me parecen hermosas cuando se parecen a la más hermosa de todas las mujeres: ella. Sí, ella, mi madre. No, no estoy loco, sólo reconozco lo bueno.
Tú vienes acá cada semana, vives en un mundo fantástico que quisiera habitar a tu lado, quisiera volar con las alas de locura que te llevan a ti al universo oscuro en que tu hijo existe y espera solo a ser encontrado. Me llamas "hijo", y qué más quisiera que serlo, te pareces a ella, tienes sus ojos pero en ellos no habita la dureza ni la frialdad.
Quiero curarte, quiero encontrar contigo a Nicolás o, mejor, ser Nicolás... quiero que me encuentres aunque tenga esta barba que me cubre la cara, aunque todo lo que ha pasado me haya robado ya la inocencia de la infancia que tú buscas en los parques y en las calles. Quiero ser niño o robarme un niño para ti, Alondra, para que dejes de penar como la hermosa Llorona que eres y puedas volar tomando mi mano...
Tuyo siempre, tu terapeuta, tu amigo, tu hijo.
Nacho.
La puta de Mariza
Estoy sentado en la oficina de mi padre, una solo flor blanca se encuentra en un jarrón, su olor es fuerte, pero tranquilo. Y aunque lo ultimo que siento es tranquilidad, la flor me hace sentir un poco mejor.
Se abre la puerta y entra mi padre. Esta enfadado, su cara marcada con esas perpetuas arrugas que tiene en los cachetes. Toma asiento detrás de su escritorio. Refugiándose en eso que siempre considere su trono. Suspira y abre la boca, pero sin saber que decir, la vuelve a cerrar. Lo hace de nuevo. Y para la tercera vez que logra emitir algún sonido, su voz esta contaminada por un enojo que nunca había escuchado antes.
-¿Exactamente que crees hacías acostándote con Mariza? –sus ojos brillan con enojo.
-No es lo que tu crees, -para ser la primera vez que mi padre me disciplina, es mucho más complicado de lo que pensé que seria, -ella no me dijo nada, solo llegaba a la oficina y me provocaba, después de un rato no me resistí más y pues… sabía que era lo que quería…
-Hay millones de mujeres en este mundo, ¿tenias que acostarte con la comprometida de Carlos? Entiendes lo que puede pasar ahora, ¿Alejandro? Sin su ayuda esta empresa probablemente perderá más de la mitad de los ingresos.
-No era eso lo que pensé que pasaría. Pensé que era una secretaría o un residente…
-¡Me vale un carajo lo que pensaste! –grita y golpea la mesa, esto es suficiente para hacer que el jarrón salte y tire todo su contenido sobre su mesa, -¡Estas despedido! ¡Vete de aquí!
Salgo de la oficina rápidamente y con lagrimas amenazando a derramarse, pero no estoy segura si son de tristeza, de enojo o de desesperación. Tal vez es una mezcla de todo. Chingada puta madre. El pensamiento se transforma en un mantra y lo repito cada vez que bajo un escalón. El estacionamiento esta repleto, sin un solo espacio. Me acerco a mi coche, un Audi Q7 que ahora pertenece a la compañía, pero me lo llevaré igual. Abro la puerta y la azoto detrás de mi cuerpo, golpeándome en el codo en el proceso.
-Mierda. –digo sobándome el codo.
-Siempre te masa eso. -Mariza esta sentada en el asiento de copiloto.
Me sorprendo, pero sabía que en algún momento buscaría la forma de contactarme. Se ve hermosa en su corto vestido azul lleno de holanes, parece princesa. La odio.
-¿Qué quieres? –mi voz suena distante.
-Quiero pedirte una disculpa, Ale.
-¿Una disculpa? ¿Por qué querrías hacer eso, Mariza? Ah, ¿tal vez porque acabaste con mi carrera, con mi relación con mi padre, con mis logros de los últimos dos años, porque me engañaste y decidiese omitir que estabas COMPROMETIDA al socio de mi papá?-me doy cuenta de que estoy gritando, pero no es como que me importe mucho, -¿Cuál es tu problema?
-No fue así…
-Pero claro que lo fue. Eres una puta. Una puta maldita. Una perra que solo va detrás de lo que le traerá un buen rato. ¿Pero yo? Yo te di todo lo que quisiste. Te di drogas, te di viajes y comidas caras, y joyas. –mi enojo comienza a calmarse, pasando de una enorme fogata a la luz de una vela. Sigue ahí, pero es más constante.
Me giro hacia Mariza y veo lagrimas en sus ojos. Comienzo a reír. No lo puedo evitar. ¿Como por qué esta llorando? Si ella arruino mi vida, no viceversa. Logro controlar el horrible sonido que ahora sale de me boca, pus no es ni una risa ni un gruñido de dolor, sino una mezcla horripilante de ambas. El silencio inunda el interior del auto. Todo callado excepto los pequeños ruidos que hace esta puta al llorar.
-Sal de mi auto y no quiero volverte a ver, Mariza. Espero que quede claro. –lo digo tranquilamente, como si no estuviera desterrando de mi vida a la mujer a la que amo.
Abre la puerta y pone un pie fuera. Antes de que salga completamente hablo de nuevo.
-Oye…
Voltea, con los ojos rojos, cachetes manchados de lagrimas y una nariz que corre.
-Si intentas hablarme de nuevo publicare los videos.
Azota la puesta y sale corriendo del estacionamiento. La observo hasta que esta completamente escondida detrás de filas y filas de autos. Y una vez que estoy completamente solo, recargo la cabeza en el volante y permito que mis lagrimas confundidas se deslicen por mis cachetes.
Se abre la puerta y entra mi padre. Esta enfadado, su cara marcada con esas perpetuas arrugas que tiene en los cachetes. Toma asiento detrás de su escritorio. Refugiándose en eso que siempre considere su trono. Suspira y abre la boca, pero sin saber que decir, la vuelve a cerrar. Lo hace de nuevo. Y para la tercera vez que logra emitir algún sonido, su voz esta contaminada por un enojo que nunca había escuchado antes.
-¿Exactamente que crees hacías acostándote con Mariza? –sus ojos brillan con enojo.
-No es lo que tu crees, -para ser la primera vez que mi padre me disciplina, es mucho más complicado de lo que pensé que seria, -ella no me dijo nada, solo llegaba a la oficina y me provocaba, después de un rato no me resistí más y pues… sabía que era lo que quería…
-Hay millones de mujeres en este mundo, ¿tenias que acostarte con la comprometida de Carlos? Entiendes lo que puede pasar ahora, ¿Alejandro? Sin su ayuda esta empresa probablemente perderá más de la mitad de los ingresos.
-No era eso lo que pensé que pasaría. Pensé que era una secretaría o un residente…
-¡Me vale un carajo lo que pensaste! –grita y golpea la mesa, esto es suficiente para hacer que el jarrón salte y tire todo su contenido sobre su mesa, -¡Estas despedido! ¡Vete de aquí!
Salgo de la oficina rápidamente y con lagrimas amenazando a derramarse, pero no estoy segura si son de tristeza, de enojo o de desesperación. Tal vez es una mezcla de todo. Chingada puta madre. El pensamiento se transforma en un mantra y lo repito cada vez que bajo un escalón. El estacionamiento esta repleto, sin un solo espacio. Me acerco a mi coche, un Audi Q7 que ahora pertenece a la compañía, pero me lo llevaré igual. Abro la puerta y la azoto detrás de mi cuerpo, golpeándome en el codo en el proceso.
-Mierda. –digo sobándome el codo.
-Siempre te masa eso. -Mariza esta sentada en el asiento de copiloto.
Me sorprendo, pero sabía que en algún momento buscaría la forma de contactarme. Se ve hermosa en su corto vestido azul lleno de holanes, parece princesa. La odio.
-¿Qué quieres? –mi voz suena distante.
-Quiero pedirte una disculpa, Ale.
-¿Una disculpa? ¿Por qué querrías hacer eso, Mariza? Ah, ¿tal vez porque acabaste con mi carrera, con mi relación con mi padre, con mis logros de los últimos dos años, porque me engañaste y decidiese omitir que estabas COMPROMETIDA al socio de mi papá?-me doy cuenta de que estoy gritando, pero no es como que me importe mucho, -¿Cuál es tu problema?
-No fue así…
-Pero claro que lo fue. Eres una puta. Una puta maldita. Una perra que solo va detrás de lo que le traerá un buen rato. ¿Pero yo? Yo te di todo lo que quisiste. Te di drogas, te di viajes y comidas caras, y joyas. –mi enojo comienza a calmarse, pasando de una enorme fogata a la luz de una vela. Sigue ahí, pero es más constante.
Me giro hacia Mariza y veo lagrimas en sus ojos. Comienzo a reír. No lo puedo evitar. ¿Como por qué esta llorando? Si ella arruino mi vida, no viceversa. Logro controlar el horrible sonido que ahora sale de me boca, pus no es ni una risa ni un gruñido de dolor, sino una mezcla horripilante de ambas. El silencio inunda el interior del auto. Todo callado excepto los pequeños ruidos que hace esta puta al llorar.
-Sal de mi auto y no quiero volverte a ver, Mariza. Espero que quede claro. –lo digo tranquilamente, como si no estuviera desterrando de mi vida a la mujer a la que amo.
Abre la puerta y pone un pie fuera. Antes de que salga completamente hablo de nuevo.
-Oye…
Voltea, con los ojos rojos, cachetes manchados de lagrimas y una nariz que corre.
-Si intentas hablarme de nuevo publicare los videos.
Azota la puesta y sale corriendo del estacionamiento. La observo hasta que esta completamente escondida detrás de filas y filas de autos. Y una vez que estoy completamente solo, recargo la cabeza en el volante y permito que mis lagrimas confundidas se deslicen por mis cachetes.
Crónica de un enamoramiento
Ahí, con mi cara pegada al volante, y sentimientos recorriendo mis cachetes, me permito recordar.
Todo comenzó en una cálida noche de Junio, estaba sentado en mi escritorio comparando cifras del la nomina anterior con la de este mes. Ya eran las nueva y media. La oficina estaba vacía y yo estaba cansado. Me desabrocho los primeros tres botones de mi camisa, me quito la corbata y despeino mi cabello. El ultimo no fue intencional, pero después de la desesperación de ver el aumento del 7%, mis manos hicieron su camino en mi cráneo, como tratando de unir las ideas manualmente. En ese momento la puerta se abre y entra una hermosa mujer, con un vestido extremadamente corto y tacones demasiado altos. El escote es prominente, pero son sus ojos los que capta mi atención. Por un momento me estoy ahogado en un mar tan profundo que no veo la salida. Ojos que me hacen recordar el cariño y la ausencia de mi madre. Después de preguntarle que si necesita algo y no obtener respuesta, me pongo de pie. Como si estuviera poseído, me acerco a ella y la tomo por la cintura, poniendo mi boca sobre la suya y desabrochando su vestido.
La aparecida no apareció al día siguiente, y no la vi por una semana. Estaba tan convencido de que había sido un sueño que cuando la volví a ver en mi oficina a las diez de la noche, perecía haber visto a un fantasma. Comenzaron a ser más frecuentes nuestros encuentros. En un principio eran dos veces a la semana, después tres y luego cuatro. Siempre ocupe mi tiempo con otras mujeres. Pero pronto no quería a nadie más. Hacia el séptimo mes me encontré anhelando verla. Nadie más podía tomar su lugar. Su hermosa figura, sus hombros, su espalda. Y el momento en el que la veía, era como si no hubiera gravedad. Pronto descubrí que su nombre era Mariza Holding. No sabíamos mucho del otro, lo cual era un atractivo para ambos. Nada más que pasión.
Pasaron los meses, y por primera vez vino a mi casa. Fue una gran noche en mi cama, una tras otra, las palabras salían de nuestra boca y nuestras cabezas se llenaban de imágenes del otro. Ahí fue cuando la conocí. Había estudiado administración pero detestaba trabajar en un cubículo. Su sueño era ser psicóloga, pues la mente la capturaba. Era hija única y tenía herencia europea. Su animal favorito era el lobo y su color preferido era el azul.
Después de esta noche, siempre estábamos juntos, excepto por esas raras noches en la semana que nunca aparecía. Me volvía loca. Su olor, su pelo, su cara, sus pechos, su cintura, su nariz. Pero lo que me hacía volar eran esos océanos con los que ella se presentaba al mundo.
Así fue como me enamore. Me enamore de una puta que me dejo.
Abro los ojos y aunque mis cachetes están secos, las lagrimas han dejado sal en su camino. Sacudo la cabeza y enciendo el coche. Hora de ir a casa.
Todo comenzó en una cálida noche de Junio, estaba sentado en mi escritorio comparando cifras del la nomina anterior con la de este mes. Ya eran las nueva y media. La oficina estaba vacía y yo estaba cansado. Me desabrocho los primeros tres botones de mi camisa, me quito la corbata y despeino mi cabello. El ultimo no fue intencional, pero después de la desesperación de ver el aumento del 7%, mis manos hicieron su camino en mi cráneo, como tratando de unir las ideas manualmente. En ese momento la puerta se abre y entra una hermosa mujer, con un vestido extremadamente corto y tacones demasiado altos. El escote es prominente, pero son sus ojos los que capta mi atención. Por un momento me estoy ahogado en un mar tan profundo que no veo la salida. Ojos que me hacen recordar el cariño y la ausencia de mi madre. Después de preguntarle que si necesita algo y no obtener respuesta, me pongo de pie. Como si estuviera poseído, me acerco a ella y la tomo por la cintura, poniendo mi boca sobre la suya y desabrochando su vestido.
La aparecida no apareció al día siguiente, y no la vi por una semana. Estaba tan convencido de que había sido un sueño que cuando la volví a ver en mi oficina a las diez de la noche, perecía haber visto a un fantasma. Comenzaron a ser más frecuentes nuestros encuentros. En un principio eran dos veces a la semana, después tres y luego cuatro. Siempre ocupe mi tiempo con otras mujeres. Pero pronto no quería a nadie más. Hacia el séptimo mes me encontré anhelando verla. Nadie más podía tomar su lugar. Su hermosa figura, sus hombros, su espalda. Y el momento en el que la veía, era como si no hubiera gravedad. Pronto descubrí que su nombre era Mariza Holding. No sabíamos mucho del otro, lo cual era un atractivo para ambos. Nada más que pasión.
Pasaron los meses, y por primera vez vino a mi casa. Fue una gran noche en mi cama, una tras otra, las palabras salían de nuestra boca y nuestras cabezas se llenaban de imágenes del otro. Ahí fue cuando la conocí. Había estudiado administración pero detestaba trabajar en un cubículo. Su sueño era ser psicóloga, pues la mente la capturaba. Era hija única y tenía herencia europea. Su animal favorito era el lobo y su color preferido era el azul.
Después de esta noche, siempre estábamos juntos, excepto por esas raras noches en la semana que nunca aparecía. Me volvía loca. Su olor, su pelo, su cara, sus pechos, su cintura, su nariz. Pero lo que me hacía volar eran esos océanos con los que ella se presentaba al mundo.
Así fue como me enamore. Me enamore de una puta que me dejo.
Abro los ojos y aunque mis cachetes están secos, las lagrimas han dejado sal en su camino. Sacudo la cabeza y enciendo el coche. Hora de ir a casa.
Plática con mi difunto esposo
“Mi doceava noche de agonía”
Como siempre fue en una noche de verano, a el siempre le ha gustado esta temporada, la mía siempre ha sido el invierno.
No recuerdo que día era, ni que había hecho en el día solo se que ese día en especial había acabado rendida (…)
-No te vayas
-Ya no es cómodo estar aquí, como antes.
-No me abandones. Mientras estiraba la mano tratando de chocar con su forma espectral; mientras buscaba un indicio de que no estaba hablando sola. Pero el siempre se mantenía a distancia por el efecto que provocaba.
-Jamás lo he hecho , susurro.
-Pero estar sin ti es como dejar de estar sin aire.
Cada día se me hace más insoportable estar en este mundo mortal en donde todo es muerte y destrucción. En un mundo sin ti. Desearía volver a esa aburrida rutina en donde las horas pasaban lentamente.
-Aquella rutina que tanto odiabas por falta de aventura y ahora que la tienes, no eres feliz. Pero tienes que pensar que tienes a alguien por quien luchar.
Me dije ahora que contestar, por el momento deje que el silencio invadiera el espacio.
-Tu me lo prometiste. Tu prometiste ..
-Sí, se que te prometí que me iba a mantener con vida por nuestro hijo.
Y el silencio de nuevo llegó hasta que dije –Tu también lo prometiste y no lo cumpliste.
En mi antigua plan de vida era él quien iba a vivir y el que cuidaría de nuestro hijo hasta que fuera autosuficiente. Era yo la que se iba esfumar, para alejarlos del mal y que pudieran vivir lejos de donde estoy, lejos del peligro que represento. Pero el destino me jugo una mala pasada y aunque quisiera morir para reunirme con Dylan ahora tengo una atadura.
Permanecimos así hasta que dijo con dolor – Yo no escogí morir, ni en un momento de mi antigua existencia lo desee; pero siempre he sabido que las cosas suceden por una razón, ¿ cuál es? No la se, pero mientras aun no la descubramos debemos seguir como estamos.
-Para ti es fácil, decirlo.
-Crees que para mi es fácil decirlo, crees que no sufro al estar lejos de ti y de mi hijo. Tu que sabes.
Y se enojo hasta el grado de erizarme la piel.
Como siempre fue en una noche de verano, a el siempre le ha gustado esta temporada, la mía siempre ha sido el invierno.
No recuerdo que día era, ni que había hecho en el día solo se que ese día en especial había acabado rendida (…)
-No te vayas
-Ya no es cómodo estar aquí, como antes.
-No me abandones. Mientras estiraba la mano tratando de chocar con su forma espectral; mientras buscaba un indicio de que no estaba hablando sola. Pero el siempre se mantenía a distancia por el efecto que provocaba.
-Jamás lo he hecho , susurro.
-Pero estar sin ti es como dejar de estar sin aire.
Cada día se me hace más insoportable estar en este mundo mortal en donde todo es muerte y destrucción. En un mundo sin ti. Desearía volver a esa aburrida rutina en donde las horas pasaban lentamente.
-Aquella rutina que tanto odiabas por falta de aventura y ahora que la tienes, no eres feliz. Pero tienes que pensar que tienes a alguien por quien luchar.
Me dije ahora que contestar, por el momento deje que el silencio invadiera el espacio.
-Tu me lo prometiste. Tu prometiste ..
-Sí, se que te prometí que me iba a mantener con vida por nuestro hijo.
Y el silencio de nuevo llegó hasta que dije –Tu también lo prometiste y no lo cumpliste.
En mi antigua plan de vida era él quien iba a vivir y el que cuidaría de nuestro hijo hasta que fuera autosuficiente. Era yo la que se iba esfumar, para alejarlos del mal y que pudieran vivir lejos de donde estoy, lejos del peligro que represento. Pero el destino me jugo una mala pasada y aunque quisiera morir para reunirme con Dylan ahora tengo una atadura.
Permanecimos así hasta que dijo con dolor – Yo no escogí morir, ni en un momento de mi antigua existencia lo desee; pero siempre he sabido que las cosas suceden por una razón, ¿ cuál es? No la se, pero mientras aun no la descubramos debemos seguir como estamos.
-Para ti es fácil, decirlo.
-Crees que para mi es fácil decirlo, crees que no sufro al estar lejos de ti y de mi hijo. Tu que sabes.
Y se enojo hasta el grado de erizarme la piel.
Mi día
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|
|
|
11:00
|
despierta
y acomoda todas sus cosas en una caja, que esconde en los arbustos
|
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12:00
|
va
a caminar por el lago y alimenta a los peces con sobras de la comida o basura
|
|
13:00
|
recoge
la basura del parque
|
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14:00
|
se
junta con Roma y come con ella
|
|
15:00
|
se
queda con Roma un rato
|
|
16:00
|
Toma
una siesta
|
|
17:00
|
ve a las personas
pasar
alimenta
a los pajaros
|
|
18:00
|
asusta
a las parejas
|
|
19:00
|
asalta
a los hombres que van solos
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20:00
|
pide
limosna, cuenta lo recaudado
|
|
21:00
|
cena
y escribe escribe sobre lo que aprendió y lo que vio en el día
|
|
22:00
|
ve
la noche y escribe sus poemas
|
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23:00
|
ve
la noche y escribe sus poemas
|
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24:00
|
duerme
|
Bruno, el asaltante que llora con poemas de amor
Él es Bruno, un asaltante, y es el tipo de persona que:
-Es el tipo de persona que se sienta en los rincones oscuros a observar a las personas.
-Es el tipo de persona a la que nadie se le quiere acercar.
-Es el tipo de persona a la que nadie se le quiere acerca.
-Es el tipo de persona que huele feo y no conoce el jabón
-Es el tipo de persona que que habla en voz alta para no sentirse sola.
-Es el tipo de persona que recuerda las caras y los nombres de las personas a las que conoce o solo ve.
-Es el tipo de persona que de miedo acercarse, pero que llora con los poemas de amor.
-Es el tipo de persona que se sienta en los rincones oscuros a observar a las personas.
-Es el tipo de persona a la que nadie se le quiere acercar.
-Es el tipo de persona a la que nadie se le quiere acerca.
-Es el tipo de persona que huele feo y no conoce el jabón
-Es el tipo de persona que que habla en voz alta para no sentirse sola.
-Es el tipo de persona que recuerda las caras y los nombres de las personas a las que conoce o solo ve.
-Es el tipo de persona que de miedo acercarse, pero que llora con los poemas de amor.
BIOGRAFÍA
No era tan chico, ya no entraba en la categoría de niño, incluso hasta ya le salía barba , pero nunca se la dejo porque a su madre no le gustaba como se veja con ella.
Era una tarde de aquella en la que todo va a salir mal, de las que te provocan un mal sabor de boca y el que todos piensan cuando hablan de un mal día. Era una tarde fría y de lluvia de septiembre, con el cielo tan negro que no se alcanza a distinguir el sol detrás de las nubes negras y no se puede estar seguro si es de día o no.
Él salió del cuarto quitándose la sangre que escurría por su nariz y una poca mas por su boca que se mezclaba con sus saliva provocándole un sabor metálico y salado a la vez. Mientras salía del cuarto alcanzo a ver de reojo, el reflejo de la hebilla del cinturón negro de cuero de su papá, que lo estaba limpiando para poder guardarlo en lo más alto de la repisa junto a la ventana. Saliendo del cierto, ya en el pasillo se escuchaban los sollozo de su madre, que estaba en la en la cocina en el piso de abajo, escondiéndose, como para no ver lo que sucede.
Entró a su cuarto y solo se escuchó el azotón de la puerta. Al entrar a su cuarto puso seguro a la puerta. Tomo la pequeña bolsa de plástico y saco un poco de su contenido blanco y polvos en su buró. Tomo un billete de veinte y lo enrolló, poniéndolo en su nariz e inhalo el polvo blanco. Esperanzando que pudiera evitar que las lagrimas salieran de sus ojos y el dolor desapareciera como usualmente ocurría, pero no fue asi, las lagrimas brotaron de sus ojos una tras otras sin parar y su espalda se sentía como si lo rasgaran por dentro. Por un momento no supo si su llanto fue por el dolor o simplemente por desesperación.
Saco unas cuantas cosas que pensó podrían ser indispensables y las metió en una maleta. Bajo a la cocina donde estaba su madre destrozada en un mar de lagrimas, pero él siguió de largo y fue por un termo con agua y tomando unas cuantas provisiones salió por la puerta trasera, pero justo antes de cerrarla volvió la mirada para ver el rostro de su madre, sin saber que ese seria el ultimo recuerdo que tendría de su madre.
No era tan chico, ya no entraba en la categoría de niño, incluso hasta ya le salía barba , pero nunca se la dejo porque a su madre no le gustaba como se veja con ella.
Era una tarde de aquella en la que todo va a salir mal, de las que te provocan un mal sabor de boca y el que todos piensan cuando hablan de un mal día. Era una tarde fría y de lluvia de septiembre, con el cielo tan negro que no se alcanza a distinguir el sol detrás de las nubes negras y no se puede estar seguro si es de día o no.
Él salió del cuarto quitándose la sangre que escurría por su nariz y una poca mas por su boca que se mezclaba con sus saliva provocándole un sabor metálico y salado a la vez. Mientras salía del cuarto alcanzo a ver de reojo, el reflejo de la hebilla del cinturón negro de cuero de su papá, que lo estaba limpiando para poder guardarlo en lo más alto de la repisa junto a la ventana. Saliendo del cierto, ya en el pasillo se escuchaban los sollozo de su madre, que estaba en la en la cocina en el piso de abajo, escondiéndose, como para no ver lo que sucede.
Entró a su cuarto y solo se escuchó el azotón de la puerta. Al entrar a su cuarto puso seguro a la puerta. Tomo la pequeña bolsa de plástico y saco un poco de su contenido blanco y polvos en su buró. Tomo un billete de veinte y lo enrolló, poniéndolo en su nariz e inhalo el polvo blanco. Esperanzando que pudiera evitar que las lagrimas salieran de sus ojos y el dolor desapareciera como usualmente ocurría, pero no fue asi, las lagrimas brotaron de sus ojos una tras otras sin parar y su espalda se sentía como si lo rasgaran por dentro. Por un momento no supo si su llanto fue por el dolor o simplemente por desesperación.
Saco unas cuantas cosas que pensó podrían ser indispensables y las metió en una maleta. Bajo a la cocina donde estaba su madre destrozada en un mar de lagrimas, pero él siguió de largo y fue por un termo con agua y tomando unas cuantas provisiones salió por la puerta trasera, pero justo antes de cerrarla volvió la mirada para ver el rostro de su madre, sin saber que ese seria el ultimo recuerdo que tendría de su madre.
El perro envenenado
En alguna ocasión que estuvo en el parque con Jorge, su perro y único compañero, Alejandro llegó a su casa a ver al pobre animal echar las entrañas en el suelo. Alguien lo había envenenado y no podía sino ser aquel hombre... el hombre de las salchichas. Había decidido confrontarlo, aunque tuviera cara de psicópata, porque no pensaba dejar de ir a ese parque. Jorge había sobrevivido, pero ese vendedor de Hot-Dogs las pagaría de todas maneras.
Cuando Horacio vio al joven acercarse...
Cuando Horacio vio al joven acercarse...
Cris, Sesión 1
¿Estoy loco o esta adolescente me ve con ojos de amor? Ya sé que es algo típico, que las mujeres se enamoran de sus terapeutas y además bueno, Cristina es a todas luces una niñita fresa a la que un hombre como yo, tan hip y cool y todo eso, volvería loco. Viene conmigo por que la molestan en la escuela. Es una niña dulce, no cabe duda, dulce como una paleta de cajeta, pero lo que necesita justamente es volverse un poco hija de puta. ¿Cómo puedo ayudarla? ¿Cómo podemos desarrollarle esa malicia? Ay Cris, pobre Cris.
Emily, Sesión 1
Así que esta niña ve fantasmas. Al principio creí que estaba loca, simplemente, o que el tema del amigo imaginario, el tal Peter, se le iba a pasar. Cuando yo era niño, habría dado lo que fuera por tener un amigo imaginario; hasta traté de convencerme de que lo tenía. Era una amiga, en realidad, una especie de Mi Mamá en pequeñito, para que pudiera llevármela a donde yo quisiera, traerla en la bolsa, hacerla mi novia, lo que yo quisiera.
La mamá de Emily hoy llegó muy alterada. Es una mujer muy guapa, eso sí, más guapa cuando se altera. Dice que además de hablar con el tal Peter, cuando la lleva a algún centro comercial, casi siempre acaba hablando con el aire. Que el otro día fueron al parque de siempre a que Emily jugara, y acabó sentada en una banca, conversando con un ser invisible al que Emily llamaba Sofía.
Cuando Emily pasó a mi consultorio, le pregunté por Sofía y me dijo que el nombre correcto era Sofiaté... y se me heló la sangre. Ese no es un nombre cualquiera; sólo puede existir UNA Sofiaté, y cuando me dijo cómo era físicamente, entendí dos cosas: Emily no está loca y Sofiaté, uno de los amores de mi infancia, sigue rondando este mundo.
¿Me atreveré a enviarle un mensaje? ¿Y si le escribo una carta y le pido a Emily que se la lleve? Lo que queda claro es que no puedo decirle a la mamá de Emily que su hija en realidad no está loca, porque necesito que la siga trayendo.
La mamá de Emily hoy llegó muy alterada. Es una mujer muy guapa, eso sí, más guapa cuando se altera. Dice que además de hablar con el tal Peter, cuando la lleva a algún centro comercial, casi siempre acaba hablando con el aire. Que el otro día fueron al parque de siempre a que Emily jugara, y acabó sentada en una banca, conversando con un ser invisible al que Emily llamaba Sofía.
Cuando Emily pasó a mi consultorio, le pregunté por Sofía y me dijo que el nombre correcto era Sofiaté... y se me heló la sangre. Ese no es un nombre cualquiera; sólo puede existir UNA Sofiaté, y cuando me dijo cómo era físicamente, entendí dos cosas: Emily no está loca y Sofiaté, uno de los amores de mi infancia, sigue rondando este mundo.
¿Me atreveré a enviarle un mensaje? ¿Y si le escribo una carta y le pido a Emily que se la lleve? Lo que queda claro es que no puedo decirle a la mamá de Emily que su hija en realidad no está loca, porque necesito que la siga trayendo.
La muerte de Peter
A la mamá de Emily, María, no le gustaba que los demás niños molestaran a su hija y que le dijeran Vara, se preocupaban sus papás por ella, no sabían si estaba bien tener amigos imaginarios con esa edad tenía que dejar de pensar en ello.
- Hija, ¿Qué haces jugando en el jardín sola?-
- Mamá, estoy jugando con Peter, no estoy sola –
- Ah, con Peter- l dijo no muy segura- Emily tienes que dejar de pensar en él, - ya se había cansado de hablar de ese mismo tema siempre.
- No mamá, es mi amigo – él me entiende- lo dijo muy firme.
- No hija, él no existe, está jugando sola- lo dijo con mucho cuidado – No hay nadie ahí –
- ¿Qué? Pero---- - volteo a ver a su mamá y luego a Peter(o en el lugar en el que se suponía que estaba él)
- - Mamá, ya hablamos de esto, Peter está aquí- lo señalo – y está escuchando todo lo que dice, no puedes ser tan mal educada – la regañó Emily, pues siempre sus pláticas del tema terminaban así.
- Buena hija, sigue jugando con Peter – se sintió mal y dejó el tema, aunque así lo deja siempre – pero ya pronto va a estar la comida.-
- Así era cuando sus papás, intentaban que dejara de jugar con él, con Peter, pues no podía hablarle enojados en ese aspecto porque había leído que si se lo decías a tu hij@ de esa manera se cerraban y ya no te escuchaban, que ni siquiera se detenían a reconsiderarlo porque ellos estaban bien. Era el único tema que no se podía tocar con tonos de voz fuerte. Y el día que le dijeron que Peter había muerto.
- Emily, ¿Cómo te fue en la escuela? – preguntó mamá.
- Bien –
- -¿Qué hiciste? – pregunto nerviosa.
- -Pues hicimos unos dibujos, repetimos unas oraciones e hicimos planas, comí con Regis y jugamos a los astronautas, que ella era una reina extraterrestre con 3 ojos y de color verde y yo una astronauta heroína. –
- -¡ah! ¡qué padre! – contestó su mamá estacionando el coche en el garaje de la casa.
- - si –dijo Emily bajándose del coche - ¡ya llegó papa!- gritó viéndolo en la puerta, corriendo hacia él.
- -¡hola, mi amor! – saludó a su mamá.
- -¡hola, mi vida!-
- Bueno, Emilia, tenemos que hablar – dijo su papá volteando a ver a su mamá.
- -¿Porque, que pasó? – preguntó Emily confundida pues normalmente no la llamaban Emilia. Solo cuando la regañaban y a ella no le gustaba.
- - Pues, tenemos que decirte que… -dijo su mamá al ver que todos ya estaban sentados en la sala... -que Peter ha muerto-.
- -¡¿Qué?! – gritó Emily- ¡pero, no puede ser posible! ¡No! – decía llorando y gritando a la vez - ¡No, NO, NO! ¿Peter? ¿Peter? – lo buscó, lo llamó, le gritó y no le contesto, no hubo contestación alguna.
- Lloró por semanas, no quería comer, ni ir a la escuela, ni nada, no quería hacer nada, No preguntó nuca como supieron que había muerto, si nunca lo veían si pensaban que no existía, ni preguntó cómo murió, nunca se le pasó por la cabeza, lo único que sabía y que pensaba era que ya no tenía a Peter nunca más. Por suerte Peter apareció unas semas después alegando que había tenido cosas que hacer y le prometió, después de unos regaños por parte de Emily, que nunca la iba a dejar sola, claro, los padres de Emily no sabían que Emily seguía viendo y hablando con Peter.
- Hija, ¿Qué haces jugando en el jardín sola?-
- Mamá, estoy jugando con Peter, no estoy sola –
- Ah, con Peter- l dijo no muy segura- Emily tienes que dejar de pensar en él, - ya se había cansado de hablar de ese mismo tema siempre.
- No mamá, es mi amigo – él me entiende- lo dijo muy firme.
- No hija, él no existe, está jugando sola- lo dijo con mucho cuidado – No hay nadie ahí –
- ¿Qué? Pero---- - volteo a ver a su mamá y luego a Peter(o en el lugar en el que se suponía que estaba él)
- - Mamá, ya hablamos de esto, Peter está aquí- lo señalo – y está escuchando todo lo que dice, no puedes ser tan mal educada – la regañó Emily, pues siempre sus pláticas del tema terminaban así.
- Buena hija, sigue jugando con Peter – se sintió mal y dejó el tema, aunque así lo deja siempre – pero ya pronto va a estar la comida.-
- Así era cuando sus papás, intentaban que dejara de jugar con él, con Peter, pues no podía hablarle enojados en ese aspecto porque había leído que si se lo decías a tu hij@ de esa manera se cerraban y ya no te escuchaban, que ni siquiera se detenían a reconsiderarlo porque ellos estaban bien. Era el único tema que no se podía tocar con tonos de voz fuerte. Y el día que le dijeron que Peter había muerto.
- Emily, ¿Cómo te fue en la escuela? – preguntó mamá.
- Bien –
- -¿Qué hiciste? – pregunto nerviosa.
- -Pues hicimos unos dibujos, repetimos unas oraciones e hicimos planas, comí con Regis y jugamos a los astronautas, que ella era una reina extraterrestre con 3 ojos y de color verde y yo una astronauta heroína. –
- -¡ah! ¡qué padre! – contestó su mamá estacionando el coche en el garaje de la casa.
- - si –dijo Emily bajándose del coche - ¡ya llegó papa!- gritó viéndolo en la puerta, corriendo hacia él.
- -¡hola, mi amor! – saludó a su mamá.
- -¡hola, mi vida!-
- Bueno, Emilia, tenemos que hablar – dijo su papá volteando a ver a su mamá.
- -¿Porque, que pasó? – preguntó Emily confundida pues normalmente no la llamaban Emilia. Solo cuando la regañaban y a ella no le gustaba.
- - Pues, tenemos que decirte que… -dijo su mamá al ver que todos ya estaban sentados en la sala... -que Peter ha muerto-.
- -¡¿Qué?! – gritó Emily- ¡pero, no puede ser posible! ¡No! – decía llorando y gritando a la vez - ¡No, NO, NO! ¿Peter? ¿Peter? – lo buscó, lo llamó, le gritó y no le contesto, no hubo contestación alguna.
- Lloró por semanas, no quería comer, ni ir a la escuela, ni nada, no quería hacer nada, No preguntó nuca como supieron que había muerto, si nunca lo veían si pensaban que no existía, ni preguntó cómo murió, nunca se le pasó por la cabeza, lo único que sabía y que pensaba era que ya no tenía a Peter nunca más. Por suerte Peter apareció unas semas después alegando que había tenido cosas que hacer y le prometió, después de unos regaños por parte de Emily, que nunca la iba a dejar sola, claro, los padres de Emily no sabían que Emily seguía viendo y hablando con Peter.
Mi Amigo Imaginario
Peter, tiene 10 años, le gusta jugar al futbol, pero como a Emily no le gusta mucho, no juegan juntos, aunque Peter siempre intenta convencer a Emily y a veces lo logra, y juegan a aventarse la pelota. Peter es de pelo negro y ojos oscuros un poco – mucho. Dar cabezas- más alto que Emily. Emily lo ve como si fuera una persona normal y corriente, lo siente y puede jugar con él, por eso no entiende que la llamen “Vara” y nadie quiera jugar con ella en la escuela, sus papás también se preocupan por ella un poco en ese sentido, aunque siempre se consuelan con que todavía es muy pequeña. Peter es muy directo y le hace preguntas a Emily, porque sabe que eso a ella le gusta, porque le hace sentir inteligente. Emily le cuenta todo a Peter y viceversa, con él se queja de que los niños de la escuela, que juegan muy brusco, corren más rápido y siempre Emily termina en el piso del patio de la escuela, adolorida por la caída y Peter la consuela diciéndole que así son todos los niños con esa edad. Una vez sus papás de Emily, su papá le dijo que Peter había muerto y Emily lloró por 2 semanas, día y noche y no tenía con quien hablar, puesto justo en ese tiempo Regina, la mejor amiga de Emily se había ido a Disneylandia, pero después de ese tiempo, Peter apareció otra vez.- pues Peter no está todo el tiempo con Emily, también tienes otras cosas que hacer.- y le dijo que perdón por ausentarse, pero había tenido que hacer otras cosas.
Desde ahí, Peter le prometió a Emily que nunca la iba a dejar sola. Lo mejor de tener una amiga como Regina, es que te comprende, es de esas amigas que tiene la misma locura que tú y lo mejor de todo es que Regina ve a Peter también y a Peter le cae bien Regina. Aunque Regina viaja mucho y a veces no la ve, pero Emily tiene a Peter, ella sabía que tener un amigo como él era lo mejor que a Emily le pudiera haber pasado era chistoso, divertido, comprensivo, leal, protector- pues él siempre la protegía- respetuoso y amigable. Lo único malo era que Peter no aparecía en la escuela cuando más lo necesitaba, porque las molestaban por seguir pensando y soñando y creyendo que era una princesa, aún con esa edad, Emily creía en el amor.
Desde ahí, Peter le prometió a Emily que nunca la iba a dejar sola. Lo mejor de tener una amiga como Regina, es que te comprende, es de esas amigas que tiene la misma locura que tú y lo mejor de todo es que Regina ve a Peter también y a Peter le cae bien Regina. Aunque Regina viaja mucho y a veces no la ve, pero Emily tiene a Peter, ella sabía que tener un amigo como él era lo mejor que a Emily le pudiera haber pasado era chistoso, divertido, comprensivo, leal, protector- pues él siempre la protegía- respetuoso y amigable. Lo único malo era que Peter no aparecía en la escuela cuando más lo necesitaba, porque las molestaban por seguir pensando y soñando y creyendo que era una princesa, aún con esa edad, Emily creía en el amor.
Alex, Sesión 1
-Pero entonces, Alex.
-Odio que me digas Alex.
-Perdón, Alejandro. ¿Cuándo crees que estarás listo para probar suerte con otra mujer? Estás muy joven para rendirte. Mariza es uno de los muchos peces que hay en el mar...
-¿Mariza? ¿Un pez? Más bien un tiburón cruel y carnívoro...
-Cuéntame qué sientes cuando ves pornografía- le pregunté mientras imaginaba a la chava esa, cuya foto Alejandro me había mostrado más de una vez, con aletas y dos hileras de dientes.
-Tú eres hombre, ya sabes qué siento- responde, y se mueve, incómodo, en el diván.
-¿Y qué haces ahora que no tienes trabajo?
-Ver pornografía.
-¿Has vuelto a hablar con tu padre?
-No, ni me interesa.
-Cuéntame de Camila.
-No está nada bien. Y todo es mi culpa.
-¿Qué has sabido de ella?
-Odio que me digas Alex.
-Perdón, Alejandro. ¿Cuándo crees que estarás listo para probar suerte con otra mujer? Estás muy joven para rendirte. Mariza es uno de los muchos peces que hay en el mar...
-¿Mariza? ¿Un pez? Más bien un tiburón cruel y carnívoro...
-Cuéntame qué sientes cuando ves pornografía- le pregunté mientras imaginaba a la chava esa, cuya foto Alejandro me había mostrado más de una vez, con aletas y dos hileras de dientes.
-Tú eres hombre, ya sabes qué siento- responde, y se mueve, incómodo, en el diván.
-¿Y qué haces ahora que no tienes trabajo?
-Ver pornografía.
-¿Has vuelto a hablar con tu padre?
-No, ni me interesa.
-Cuéntame de Camila.
-No está nada bien. Y todo es mi culpa.
-¿Qué has sabido de ella?
Crónica de un asesinato
Crónica de un asesinato:
Entre al cuarto sabiendo que tal vez no iba a salir por mi propia cuenta, era una bodega llena de cajas y hedor. Cerca del centro de la bodega estaba el Tuerto.
- Que milagro Scatha, porque tan escondidita.
- Jaja. Yo escondiéndome. ¿ Porque andaría escondiéndome ?
- No te hagas
Dos de sus muchachos me agarraron, me sentaron en una silla y me amarraron las extremidades. El Tuerto tranquilamente se me acerco.
- Te lo digo o les digo a los muchachos que te ayuden a refrescar la memoria.
- ¿ Qué quieres que recuerde?
El dolor en sus ojos fue lo que me dio un atisbo de lo que buscaba.
- Los últimos minutos de tu copiecita.
Su silencio me respondió. Y yo ahí comencé ..
Era una tarde lluviosa en un camino de 5 metros del desierto de Arizona, a lo lejos se escuchaba el ruido de una motocicleta. El ruido se iba acercando, cada vez más, cada vez más fuerte.
Rápidamente coloque la delgadísima cuerda cruzando la carretera de no se que material pero que es casi tan resistente como el diamante, que supe tiempo después que al ser bien colocada podía haber atravesado el cuerpo de mi víctima .
Y espere mientras el ruido era cada vez más potente.
Tres minutos después, lo que esperaba llegó. El ruido de una moto arrastrándose en el suelo, el acero restregándose en el concreto, las chispas de la fricción, un cuerpo cayéndose y el gemido del conductor , que me saco una amplia sonrisa. Recuerdo que pensé ( no se equivoco betito, al parecer esta porquería funciona).
El conductor cayó 6 o 5 metros de distancia, yo tan tranquila y campante me acerque a aquel conductor de ojos azules como los del que me estaba amenazando.
Creo que se rompió una pierna y un brazo, no lo se ni me importa, ni me acuerdo. Después de llegar y saludarlo saque mi hermosa akatana y traspase el otro brazo que todavía movía y la otra pierna mientras el tipo gritaba de dolor, maldecía, lloraba , suplicaba y se iba desangrando. Para mi era como el canto de los ángeles, que satisfacción esperando, verlo como se iba muriendo, como agonizaba; pero al ver que el cabrón después de 20 minutos seguía con señales de vida. Fui acercando la espada poco a poquito, viendo sus ojos directamente de los cuales al principio salieron lagrimas y que al final salieron gotas de sangre, viendo como la esencia de la vida se iba apagando. Aquel momento en donde ves como el ser vivo se entrega por completo a su destino y se deja llevar por le muerte, aquel momento que se había convertido en mi favorito hasta llegar hacer mi aliciente.
Entre al cuarto sabiendo que tal vez no iba a salir por mi propia cuenta, era una bodega llena de cajas y hedor. Cerca del centro de la bodega estaba el Tuerto.
- Que milagro Scatha, porque tan escondidita.
- Jaja. Yo escondiéndome. ¿ Porque andaría escondiéndome ?
- No te hagas
Dos de sus muchachos me agarraron, me sentaron en una silla y me amarraron las extremidades. El Tuerto tranquilamente se me acerco.
- Te lo digo o les digo a los muchachos que te ayuden a refrescar la memoria.
- ¿ Qué quieres que recuerde?
El dolor en sus ojos fue lo que me dio un atisbo de lo que buscaba.
- Los últimos minutos de tu copiecita.
Su silencio me respondió. Y yo ahí comencé ..
Era una tarde lluviosa en un camino de 5 metros del desierto de Arizona, a lo lejos se escuchaba el ruido de una motocicleta. El ruido se iba acercando, cada vez más, cada vez más fuerte.
Rápidamente coloque la delgadísima cuerda cruzando la carretera de no se que material pero que es casi tan resistente como el diamante, que supe tiempo después que al ser bien colocada podía haber atravesado el cuerpo de mi víctima .
Y espere mientras el ruido era cada vez más potente.
Tres minutos después, lo que esperaba llegó. El ruido de una moto arrastrándose en el suelo, el acero restregándose en el concreto, las chispas de la fricción, un cuerpo cayéndose y el gemido del conductor , que me saco una amplia sonrisa. Recuerdo que pensé ( no se equivoco betito, al parecer esta porquería funciona).
El conductor cayó 6 o 5 metros de distancia, yo tan tranquila y campante me acerque a aquel conductor de ojos azules como los del que me estaba amenazando.
Creo que se rompió una pierna y un brazo, no lo se ni me importa, ni me acuerdo. Después de llegar y saludarlo saque mi hermosa akatana y traspase el otro brazo que todavía movía y la otra pierna mientras el tipo gritaba de dolor, maldecía, lloraba , suplicaba y se iba desangrando. Para mi era como el canto de los ángeles, que satisfacción esperando, verlo como se iba muriendo, como agonizaba; pero al ver que el cabrón después de 20 minutos seguía con señales de vida. Fui acercando la espada poco a poquito, viendo sus ojos directamente de los cuales al principio salieron lagrimas y que al final salieron gotas de sangre, viendo como la esencia de la vida se iba apagando. Aquel momento en donde ves como el ser vivo se entrega por completo a su destino y se deja llevar por le muerte, aquel momento que se había convertido en mi favorito hasta llegar hacer mi aliciente.
Querida Susanita
Martes 9 de Septiembre 2014
Querida Susanita:
Ya quiero que sea miércoles de salchicha de pavo, Susanita, para verte decapitar a todas esas bestias con cara de ancianitas y que te envuelva un manto de plumas negras, muero por verte amasar esa carne suave mientras retiras los huesos de los cuerpos inertes, con esa delicadeza que te caracteriza, Susanita, bella entre las más bellas.
Ya sabes, Susanita, que mis sentimientos por ti crecen cada que te veo haciendo carnitas, por ti amo mi trabajo, por ti sigo yendo al sucio parque a vender salchichas y carne de hamburguesa, porque me interesa, ganar tu cariño y volverte mi mujer, lo siento como un deber.
Por ti no he envenenado hasta el último pájaro que se posa en mi ventana, ni contaminado hasta la última ardilla que se acerca a mí en el parque, solo porque me lo comentaste ¿Te acuerdas de ese día Susanita?
Recibe entonces este par de ardillas inmóviles, tienen el cráneo un poco tronchado porque tuve que calmarlas a palos, pero las limpié, para que no te de asco, Susanita. Te las regalo con mucho amor y para demostrarte que por ti haría lo que fuera, Susanita, mujer de pelo rizado, Susanita, yo jamás te he olvidado.
Aunque yo sé que tú no sientes lo mismo por mi, que mis gustos y pasiones a veces te pueden parecer desagradables, perdóname Susanita, suelo ser un poco silvestre con mis prácticas. No tengas miedo de quererme Susanita, yo a ti nunca te haría daño, y si me tomas te juro que te acompaño, por ti, Susanita, iría hasta donde la vida mi limita.
Acéptame mujer,
Horacio Ternera
Querida Susanita:
Ya quiero que sea miércoles de salchicha de pavo, Susanita, para verte decapitar a todas esas bestias con cara de ancianitas y que te envuelva un manto de plumas negras, muero por verte amasar esa carne suave mientras retiras los huesos de los cuerpos inertes, con esa delicadeza que te caracteriza, Susanita, bella entre las más bellas.
Ya sabes, Susanita, que mis sentimientos por ti crecen cada que te veo haciendo carnitas, por ti amo mi trabajo, por ti sigo yendo al sucio parque a vender salchichas y carne de hamburguesa, porque me interesa, ganar tu cariño y volverte mi mujer, lo siento como un deber.
Por ti no he envenenado hasta el último pájaro que se posa en mi ventana, ni contaminado hasta la última ardilla que se acerca a mí en el parque, solo porque me lo comentaste ¿Te acuerdas de ese día Susanita?
Recibe entonces este par de ardillas inmóviles, tienen el cráneo un poco tronchado porque tuve que calmarlas a palos, pero las limpié, para que no te de asco, Susanita. Te las regalo con mucho amor y para demostrarte que por ti haría lo que fuera, Susanita, mujer de pelo rizado, Susanita, yo jamás te he olvidado.
Aunque yo sé que tú no sientes lo mismo por mi, que mis gustos y pasiones a veces te pueden parecer desagradables, perdóname Susanita, suelo ser un poco silvestre con mis prácticas. No tengas miedo de quererme Susanita, yo a ti nunca te haría daño, y si me tomas te juro que te acompaño, por ti, Susanita, iría hasta donde la vida mi limita.
Acéptame mujer,
Horacio Ternera
Papá...
Aquella carta, aquellas últimas palabras de su padre se encontraban almacenadas en un trozo de papel doblado y viejo que su padre sostuvo aquel día en que la joven Roma de 19 años lo encontró junto a su escritorio.
Ahora, aquel papel, que otrora vivió en manos de su padre, vivía entre las páginas de aquel libro que tanto leyeron juntos.
Y Roma siempre pensó que debería de contestarle, de dedicarle al menos unas palabras en respuesta.
Y aquella noche que Roma pasó en casa, pensó que debería hacerlo… quizá se debió al alcohol quizá a la melancolía de la noche… o quizá y solo quizá… se debiera a algo más, a una pequeña luz que iluminara la vida de la pequeña de ojos grandes.
Así que, decidida, Roma escarbó en el suelo, entre las hojas sueltas de libros viejos y las envolturas de caramelos de fresa hasta que encontró una hoja decentemente limpia.
Se apresuró hasta el colchón donde, recargada en una gran enciclopedia, comenzó a escribir.
“Padre, siempre pensé que debía responderte, que me correspondía dedicarte un poco de mi tiempo para devolverte un poquito de lo muchito que tú me diste.
Ergo, aquí estoy… con un hueco en el alma, con una pluma de tinta invisible en unas manos temblorosas, empapadas en lágrimas; pero aquí estoy.
¿Y sabes?, es ironico… lo que tu más me diste en todo este tiempo fueron palabras, me regalaste oraciones y palabras… y en este momento… no puedo escribir ni una sola.
Así que con la escasez de palabras… no puedo más que agradecerte, agradecerte por todo lo que hiciste por mí, por todo lo que perdiste por nosotros.
Y déjame decirte, papi amado… que no ha pasado un solo día en el que no piense en ti, un solo día en el que no te extrañe con toda mi alma… un solo día en el que no le repita mi promesa a todos estos libros…
Esa promesa que me hice desde aquel momento hace tantos años, y ahora te lo prometo a ti, papi, te lo prometo.
No sé cómo despedir esta carta, así que no lo haré, no tengo ganas de decirte adiós, nunca he estado lista para ello.”
Y así, dobló la carta en la que se había perdido por al menos dos horas y la guardó en su chaqueta mientras salía a la calle.
Dobló la esquina en un callejón obscuro y abandonado y sacó, junto con la carta, un encendedor gris sin ningún diseño.
-Hasta luego, papá- y con una lagrima fría en aquel rostro de porcelana, prendió la hoja en fuego
Ahora, aquel papel, que otrora vivió en manos de su padre, vivía entre las páginas de aquel libro que tanto leyeron juntos.
Y Roma siempre pensó que debería de contestarle, de dedicarle al menos unas palabras en respuesta.
Y aquella noche que Roma pasó en casa, pensó que debería hacerlo… quizá se debió al alcohol quizá a la melancolía de la noche… o quizá y solo quizá… se debiera a algo más, a una pequeña luz que iluminara la vida de la pequeña de ojos grandes.
Así que, decidida, Roma escarbó en el suelo, entre las hojas sueltas de libros viejos y las envolturas de caramelos de fresa hasta que encontró una hoja decentemente limpia.
Se apresuró hasta el colchón donde, recargada en una gran enciclopedia, comenzó a escribir.
“Padre, siempre pensé que debía responderte, que me correspondía dedicarte un poco de mi tiempo para devolverte un poquito de lo muchito que tú me diste.
Ergo, aquí estoy… con un hueco en el alma, con una pluma de tinta invisible en unas manos temblorosas, empapadas en lágrimas; pero aquí estoy.
¿Y sabes?, es ironico… lo que tu más me diste en todo este tiempo fueron palabras, me regalaste oraciones y palabras… y en este momento… no puedo escribir ni una sola.
Así que con la escasez de palabras… no puedo más que agradecerte, agradecerte por todo lo que hiciste por mí, por todo lo que perdiste por nosotros.
Y déjame decirte, papi amado… que no ha pasado un solo día en el que no piense en ti, un solo día en el que no te extrañe con toda mi alma… un solo día en el que no le repita mi promesa a todos estos libros…
Esa promesa que me hice desde aquel momento hace tantos años, y ahora te lo prometo a ti, papi, te lo prometo.
No sé cómo despedir esta carta, así que no lo haré, no tengo ganas de decirte adiós, nunca he estado lista para ello.”
Y así, dobló la carta en la que se había perdido por al menos dos horas y la guardó en su chaqueta mientras salía a la calle.
Dobló la esquina en un callejón obscuro y abandonado y sacó, junto con la carta, un encendedor gris sin ningún diseño.
-Hasta luego, papá- y con una lagrima fría en aquel rostro de porcelana, prendió la hoja en fuego
Querida abuela
Querida abuela:
No puedo comprender los motivos por los que tuviste que marcharte, pues en estos momentos de mi vida, me siento más sola que nunca.
Tú fuiste mi mejor amiga desde siempre. Solías hacerme unas preciosas trenzas cuando era pequeña, cuando tenía el pelo largo. Extraño sentir tus manos tomando mi cabello con delicadeza, y lentamente enrollarlo para poder platicar de nuestros temas preferidos. Cada vez que me enfermaba solías prepararme un té de frutos rojos delicioso, que después de tres días me recuperaba de la toz y el frío. En mi cumpleaños sabías bien qué regalos darme: libros. Libros que narran historias sobre la perseverancia, el impulso hacia la aventura y lo desconocido, como si existiera un mundo más allá de lo que enseñan en las clases de Geografía e Historia. Todo lo que me gusta lo recibí de ti, de tu cariño y tu conocimiento. Pero ya no estás aquí conmigo.
¿Recuerdas el último libro que me diste? The Perks of Being a Wallflower de Stephen Chbosky. Empecé a leerlo, y me pareció muy interesante. La historia está narrada por el protagonista de la historia, Charlie, un chico que empieza su primer año de preparatoria, sin amigos y sin ninguna idea de lo que quiere hacer para vivir al máximo. Narra su historia, pero escrita en cartas hacia el lector siempre saludando con un Querido amigo y despidiéndose así: Con cariño, tu amigo Charlie. Cuenta los hechos de una forma amistosa; te comparte sus pensamientos y sentimientos ante las cosas que se le presentan.
Me recordó mucho a mí, desde la parte en que no puedo comprender porque soy diferente a los demás, como Charlie. Siempre miró a mis compañeros de clase. Los veo riendo, emocionados, hablando espontáneamente sobre las cosas que conocen de sus viajes o de lo que se enteran en las fiestas. Yo no soy así. Yo sólo soy tranquila, algo callada, no porque sienta miedo, sino porque simplemente no comprendo cómo puedo involucrarme con el resto de las personas. A veces me detesto por no tener la confianza suficiente para entrar a un grupo y quedarme a escuchar. Las últimas veces en la escuela intenté hacerlo, pero no pude. Simplemente no pude. Se me hizo más fácil marcharme a otro lado sin que notaran mi ausencia.
¡Oh abuela! ¡Cómo deseo que estuvieras aquí! Te extraño tanto. Sin ti me siento tan indefensa como un polluelo tratando de volar, pero sólo termina cayendo hacia el suelo. Sé que mi abuelo está en casa a pesar de que mis papás trabajan todo el día, pero es a ti a quien quiero. Necesito que me abraces y acaricies mi cabello como lo hiciste la última vez, escuchar tu suave voz para asegurarme de que voy a estar bien.
¿Podrías escribirme una carta desde dónde estás? ¿Desde arriba de las nubes? Por favor. Me gustaría saber qué debo hacer.
Descansa en paz.
Con mucho cariño, por siempre tu niña que sueña despierta.
Cris
No puedo comprender los motivos por los que tuviste que marcharte, pues en estos momentos de mi vida, me siento más sola que nunca.
Tú fuiste mi mejor amiga desde siempre. Solías hacerme unas preciosas trenzas cuando era pequeña, cuando tenía el pelo largo. Extraño sentir tus manos tomando mi cabello con delicadeza, y lentamente enrollarlo para poder platicar de nuestros temas preferidos. Cada vez que me enfermaba solías prepararme un té de frutos rojos delicioso, que después de tres días me recuperaba de la toz y el frío. En mi cumpleaños sabías bien qué regalos darme: libros. Libros que narran historias sobre la perseverancia, el impulso hacia la aventura y lo desconocido, como si existiera un mundo más allá de lo que enseñan en las clases de Geografía e Historia. Todo lo que me gusta lo recibí de ti, de tu cariño y tu conocimiento. Pero ya no estás aquí conmigo.
¿Recuerdas el último libro que me diste? The Perks of Being a Wallflower de Stephen Chbosky. Empecé a leerlo, y me pareció muy interesante. La historia está narrada por el protagonista de la historia, Charlie, un chico que empieza su primer año de preparatoria, sin amigos y sin ninguna idea de lo que quiere hacer para vivir al máximo. Narra su historia, pero escrita en cartas hacia el lector siempre saludando con un Querido amigo y despidiéndose así: Con cariño, tu amigo Charlie. Cuenta los hechos de una forma amistosa; te comparte sus pensamientos y sentimientos ante las cosas que se le presentan.
Me recordó mucho a mí, desde la parte en que no puedo comprender porque soy diferente a los demás, como Charlie. Siempre miró a mis compañeros de clase. Los veo riendo, emocionados, hablando espontáneamente sobre las cosas que conocen de sus viajes o de lo que se enteran en las fiestas. Yo no soy así. Yo sólo soy tranquila, algo callada, no porque sienta miedo, sino porque simplemente no comprendo cómo puedo involucrarme con el resto de las personas. A veces me detesto por no tener la confianza suficiente para entrar a un grupo y quedarme a escuchar. Las últimas veces en la escuela intenté hacerlo, pero no pude. Simplemente no pude. Se me hizo más fácil marcharme a otro lado sin que notaran mi ausencia.
¡Oh abuela! ¡Cómo deseo que estuvieras aquí! Te extraño tanto. Sin ti me siento tan indefensa como un polluelo tratando de volar, pero sólo termina cayendo hacia el suelo. Sé que mi abuelo está en casa a pesar de que mis papás trabajan todo el día, pero es a ti a quien quiero. Necesito que me abraces y acaricies mi cabello como lo hiciste la última vez, escuchar tu suave voz para asegurarme de que voy a estar bien.
¿Podrías escribirme una carta desde dónde estás? ¿Desde arriba de las nubes? Por favor. Me gustaría saber qué debo hacer.
Descansa en paz.
Con mucho cariño, por siempre tu niña que sueña despierta.
Cris
martes, 9 de septiembre de 2014
Ese día...
¿Por qué llego Alondra al parque ese martes a las 5:00 de la tarde?
Alondra, o Alo, venia de otra de sus pinches consultas con su pinche psiquiatra al que tanto detestaba. Honestamente ni siquiera ella entendía porque iba con ese señor que no tenía nada que ver con su vida, pero sentía cierto confort al hablar de unos cuantos de sus problemas. No es como que tuviera muchos de los cuales platicar, ella creía ser una persona cero problemática, pero como pagaba por esas estúpidas consultas al final terminaba inventando problemas, o eso pensaba que hacía.
Mientras caminaba hacia aquel parque donde ella creía que iba a encontrar a su hijo Nicolás, tarareaba una y otra vez la canción del programa que dejo prendida en la televisión de su departamento, si es que le puedes llamar así a ese maldito cuartito con una cocineta y un colchón. I´ll be there for you de Friends, es lo que la hermosa muchacha de los ojos verdes cautivadores iba cantando. No tenía ni idea de que trataba la serie, pero esa canción sí que era buena, pero si alguien llegaba a escucharla tararear sonreía, al parecer todos por ahí amaban esa serie, por algo le llaman a los gringos estúpidos; pero ella nunca se daba cuenta de esto, Alo solo estaba concentrada en llegar a ese parque para poder jugar con su hijo, el cual estaba muerto. La-la-la-la-laaa lalalala.
Alondra, o Alo, venia de otra de sus pinches consultas con su pinche psiquiatra al que tanto detestaba. Honestamente ni siquiera ella entendía porque iba con ese señor que no tenía nada que ver con su vida, pero sentía cierto confort al hablar de unos cuantos de sus problemas. No es como que tuviera muchos de los cuales platicar, ella creía ser una persona cero problemática, pero como pagaba por esas estúpidas consultas al final terminaba inventando problemas, o eso pensaba que hacía.
Mientras caminaba hacia aquel parque donde ella creía que iba a encontrar a su hijo Nicolás, tarareaba una y otra vez la canción del programa que dejo prendida en la televisión de su departamento, si es que le puedes llamar así a ese maldito cuartito con una cocineta y un colchón. I´ll be there for you de Friends, es lo que la hermosa muchacha de los ojos verdes cautivadores iba cantando. No tenía ni idea de que trataba la serie, pero esa canción sí que era buena, pero si alguien llegaba a escucharla tararear sonreía, al parecer todos por ahí amaban esa serie, por algo le llaman a los gringos estúpidos; pero ella nunca se daba cuenta de esto, Alo solo estaba concentrada en llegar a ese parque para poder jugar con su hijo, el cual estaba muerto. La-la-la-la-laaa lalalala.
Ese día...
Llego al parque con Jorge en una mano y una caja de montonal de recuerdos en la otra. Jorge ladra y trata de correr, pero la correa lo detiene. Me hinco y dejo los recuerdos a mis pies, agresivamente. Jorge me chupa la cara, besos babosos y agresivos cubren mis cachetes.
-Basta ya.
Se sienta, moviendo la cola. Es un dálmata de tres años a quien rescate de una perrera que clausuro el despacho. Llevamos casi siete meses juntos, gracias a Dios ya estaba más o menos entrenado. Con manos torpes me acerco a su collar y como un reflejo se tira al piso, llenando su fino pelo de tierra, hojas y pequeñas piedras. Le desato la correa, pero aun lo tengo agarrado del collar. Se sienta y me mira.
-Regresas pronto. No creo que tarde mucho.
Lo suelto y sale volando. Oliendo cada zapato, cada árbol y cada perro que se encuentra en el corto camino que hay de aquí a la plaza. Ya sé a dónde debo ir. Me salgo del camino de pavimento roto, caminando por hojas muertas y ramas que crujen bajo mi peso. Paso un charco y el lodo inunda mis Converse. Sacudo mi pie con el intenso de sacarme la porquería de mi zapato, no funciona.
-Mierda.
Mi susurro se desintegra en el sonido del bosque. Entre las ramas y el canto de los pájaros, entre el viento y la cascada de agua. Llego a mi banca. Esa banca que encontré cuando quería estar solo. Cuando todo era fácil y mi vida tenia sentido. Me siento y la vieja madera muerde mi espalda, dejo la caja a mi lado, y el olor me asalta. Olor a pasado. Flores silvestres y aire fresco. Mariza.
Saco su falda y pienso en el día que nos descubrieron. Su brazo estaba detrás de mi cuello y su falda estaba colgada de la esquina donde estábamos sentados. Su camisa se encontraba colgada de la manija junto con su brasier y mi boca seguía besando sus clavículas cuando la cara de mi padre se asoma por la puerta. El principio de este horrible final.
Tiro la falda al piso, y saco su perfume. Le quito la tapa y el dulce olor a jazmín escapa, mezclándose con el olor a tierra, a bosque y a vida que ya me rodea. Inhalo, como si fuera la ultima vez que respiraría en la vida. Ah, lo que esta puta me ha hecho.
Quitándome el peso melancólico de encima, me paro y regreso a la plaza, cargando la asquerosa caja con recuerdos como si fuera una de basura. No hay nada que quiera con esta caja. O al menos eso es lo que me repito una y otra vez. Montón de recuerdos de una vida mejor.
Llego a la plaza y me siento en la banca más alejada de la gente. Una que se encuentra casi del otro lado de la enorme fuente. Risas y gritos me rodean. Jorge esta jugando del otro extremo del parque con una hermosa perra fina. De tal palo tal astilla, solo que el no perderá si trabajo, ni se enterará después que la perra estaba comprometida. Silbo tres veces. Rápidas y fuertes. Y entre todas las caras que se detuvieron a verme, varias mujeres tienen sus ojos en mi. Montón de perras. Jorge viene corriendo, y detrás de el esta la persona que acabo con mis mejores años.
-Hola Alejandro.
-Mariza, toma tus cosas y sal de mi vista. –Digo agresivamente y camino hacia donde estacione mi feo auto. Jorge me sigue, pero tiene la cola entre las patas, supongo que sabe que es lo que le conviene.
-Basta ya.
Se sienta, moviendo la cola. Es un dálmata de tres años a quien rescate de una perrera que clausuro el despacho. Llevamos casi siete meses juntos, gracias a Dios ya estaba más o menos entrenado. Con manos torpes me acerco a su collar y como un reflejo se tira al piso, llenando su fino pelo de tierra, hojas y pequeñas piedras. Le desato la correa, pero aun lo tengo agarrado del collar. Se sienta y me mira.
-Regresas pronto. No creo que tarde mucho.
Lo suelto y sale volando. Oliendo cada zapato, cada árbol y cada perro que se encuentra en el corto camino que hay de aquí a la plaza. Ya sé a dónde debo ir. Me salgo del camino de pavimento roto, caminando por hojas muertas y ramas que crujen bajo mi peso. Paso un charco y el lodo inunda mis Converse. Sacudo mi pie con el intenso de sacarme la porquería de mi zapato, no funciona.
-Mierda.
Mi susurro se desintegra en el sonido del bosque. Entre las ramas y el canto de los pájaros, entre el viento y la cascada de agua. Llego a mi banca. Esa banca que encontré cuando quería estar solo. Cuando todo era fácil y mi vida tenia sentido. Me siento y la vieja madera muerde mi espalda, dejo la caja a mi lado, y el olor me asalta. Olor a pasado. Flores silvestres y aire fresco. Mariza.
Saco su falda y pienso en el día que nos descubrieron. Su brazo estaba detrás de mi cuello y su falda estaba colgada de la esquina donde estábamos sentados. Su camisa se encontraba colgada de la manija junto con su brasier y mi boca seguía besando sus clavículas cuando la cara de mi padre se asoma por la puerta. El principio de este horrible final.
Tiro la falda al piso, y saco su perfume. Le quito la tapa y el dulce olor a jazmín escapa, mezclándose con el olor a tierra, a bosque y a vida que ya me rodea. Inhalo, como si fuera la ultima vez que respiraría en la vida. Ah, lo que esta puta me ha hecho.
Quitándome el peso melancólico de encima, me paro y regreso a la plaza, cargando la asquerosa caja con recuerdos como si fuera una de basura. No hay nada que quiera con esta caja. O al menos eso es lo que me repito una y otra vez. Montón de recuerdos de una vida mejor.
Llego a la plaza y me siento en la banca más alejada de la gente. Una que se encuentra casi del otro lado de la enorme fuente. Risas y gritos me rodean. Jorge esta jugando del otro extremo del parque con una hermosa perra fina. De tal palo tal astilla, solo que el no perderá si trabajo, ni se enterará después que la perra estaba comprometida. Silbo tres veces. Rápidas y fuertes. Y entre todas las caras que se detuvieron a verme, varias mujeres tienen sus ojos en mi. Montón de perras. Jorge viene corriendo, y detrás de el esta la persona que acabo con mis mejores años.
-Hola Alejandro.
-Mariza, toma tus cosas y sal de mi vista. –Digo agresivamente y camino hacia donde estacione mi feo auto. Jorge me sigue, pero tiene la cola entre las patas, supongo que sabe que es lo que le conviene.
Ese día...
Una propulsión fétida hizo flotar las cobijas a la altura de su trasero, y aunque el escándalo no lo despertó, pronto el desagradable olor avanzó en forma de espiral hasta alcanzar su nariz y obligándolo a despertar. Reaccionando dejó rodar por la mejilla una intoxicada lágrima que luchaba por defender el ojo de la ácida flatulencia que seguro era mortal.
Se estiró sobre su sillón cama, el cual rechinó, y debido al peso cedió de sus costuras dejando ver el hule entre ellas. Una vez mejor acomodado y más despierto se intentó secar con el dorso de la mano la baba que sentía en los cachetes, sin embargo fue en vano, pues ya estaba seca. Maldiciendo, levantó la muñeca a la altura de su cara y vio que ya eran pasadas las cuatro y media de la tarde; Recordó entonces la noche anterior, cuando se había desvelado preparando las salchichas con mucho esmero y excelente dedicación, midiendo con una exactitud indecente la cantidad óptima de cada ingrediente, luego recordó la carne y cómo le causó un placer excesivo imaginar que esa misma salchicha y las demás bolas de carne cruda que se encontraban escurriendo sangre sobre la mesa habían pertenecido poco tiempo antes a un cerdo, acarició por un segundo ésta última idea y luego se animó en voz alta:“A trabajar”
Después de recortar su bigote con una pulcritud enfermiza (y obviamente usando una escuadra para no errar en la rectilínea) se puso una camiseta toda agujereada de algodón y unos vaqueros rotos en la parte de las rodillas y manchados de lodo en la parte inferior. Así salio de su casa, cargando cruzada en el pecho la gran bolsa cuadrada para transportar salchichas.
Vivía a unas calles del parque de la casa por lo que siempre se iba caminando, y mientras caminaba tarareaba y murmuraba poemas bellos sobre la naturaleza y la vida en los árboles, flores moradas, flores amarillas, y ratas de ojos escarlata.
Cuando llegó eran las 5 de la tarde.
Se estiró sobre su sillón cama, el cual rechinó, y debido al peso cedió de sus costuras dejando ver el hule entre ellas. Una vez mejor acomodado y más despierto se intentó secar con el dorso de la mano la baba que sentía en los cachetes, sin embargo fue en vano, pues ya estaba seca. Maldiciendo, levantó la muñeca a la altura de su cara y vio que ya eran pasadas las cuatro y media de la tarde; Recordó entonces la noche anterior, cuando se había desvelado preparando las salchichas con mucho esmero y excelente dedicación, midiendo con una exactitud indecente la cantidad óptima de cada ingrediente, luego recordó la carne y cómo le causó un placer excesivo imaginar que esa misma salchicha y las demás bolas de carne cruda que se encontraban escurriendo sangre sobre la mesa habían pertenecido poco tiempo antes a un cerdo, acarició por un segundo ésta última idea y luego se animó en voz alta:“A trabajar”
Después de recortar su bigote con una pulcritud enfermiza (y obviamente usando una escuadra para no errar en la rectilínea) se puso una camiseta toda agujereada de algodón y unos vaqueros rotos en la parte de las rodillas y manchados de lodo en la parte inferior. Así salio de su casa, cargando cruzada en el pecho la gran bolsa cuadrada para transportar salchichas.
Vivía a unas calles del parque de la casa por lo que siempre se iba caminando, y mientras caminaba tarareaba y murmuraba poemas bellos sobre la naturaleza y la vida en los árboles, flores moradas, flores amarillas, y ratas de ojos escarlata.
Cuando llegó eran las 5 de la tarde.
El Parque de Horacio
En las afueras de la ciudad, arrumbado, junto a la estación más vieja y descuidada de la ciudad, se encuentra el parque olvidado.
Aquel que ha perdido todo u verdor y, en cambio, se ha vuelto un descocido terreno de paja amarilla, un campo minado, de hormigueros traicioneros, de tierra y mierda seca que flotan en el aire buscando paso hasta tu nariz, hasta tus ojos.
Es éste del que se ha olvidado hasta el nombre y su propósito, aquel que parecen no recordar ni los animales ni las personas a estas horas del ardiente y pesado día.
No sorprende su olor a alcohol. Hay botellas de vidrio rotas tiradas por doquier, pero irónicamente sabe a sed y el cansancio que provoca el simple hecho de verlo. Una caminata hacia una sombra es imposible, por dos razones: la primera es que la presión sobre la cabeza es sofocante y la segunda, es que no existen árboles para cubrirse de las flechas que lanza el sol.
Un loco ignora las tiranías del astro rey; Se sienta a penar, pero incluso entonces astilla sus posaderas con la única banca de madera, quebrada justo por la mitad, y las quema, pues el asiento libera el calor acumulado durante el día.
Aquel que ha perdido todo u verdor y, en cambio, se ha vuelto un descocido terreno de paja amarilla, un campo minado, de hormigueros traicioneros, de tierra y mierda seca que flotan en el aire buscando paso hasta tu nariz, hasta tus ojos.
Es éste del que se ha olvidado hasta el nombre y su propósito, aquel que parecen no recordar ni los animales ni las personas a estas horas del ardiente y pesado día.
No sorprende su olor a alcohol. Hay botellas de vidrio rotas tiradas por doquier, pero irónicamente sabe a sed y el cansancio que provoca el simple hecho de verlo. Una caminata hacia una sombra es imposible, por dos razones: la primera es que la presión sobre la cabeza es sofocante y la segunda, es que no existen árboles para cubrirse de las flechas que lanza el sol.
Un loco ignora las tiranías del astro rey; Se sienta a penar, pero incluso entonces astilla sus posaderas con la única banca de madera, quebrada justo por la mitad, y las quema, pues el asiento libera el calor acumulado durante el día.
Horacio, el cruel y abrazable vendedor de hot-dogs
Es el tipo de persona que se esmera brutalmente en que sus salchichas estén perfectamente preparadas con el tiempo justo de cocción, usa la cantidad justa de chile y vinagre para sus salsas y conoce a la perfección cuál es el color del pan cuando está listo para salir de la estufa, sin embargo no ha lavado el carrito en el que coloca el producto en más de 6 meses.
Es el tipo de personas que corta su bigote usando una regla, sin embargo no se ocupa de lavar y cortar sus uñas.
Es el tipo de persona que mientras habla contigo está contando las veces que parpadeas, las imperfecciones de tu cara, y si tienes una marca de nacimiento en la parte de debajo de la muñeca.
Es una persona que ama recitar mentalmente poemas y citas de libros.
Es el tipo de persona que, mientras los dueños están volteados, envenena a los perros y pisa a los bebés que están jugando en el arenero.
Es el tipo de hombre que recuerda el sufrimiento que vio, en las noches para sentir placer y dormir a gusto.
ENTREVISTA
¿Quién eres? José Fernando Horacio Ternera de Gortari.
¿Cuántos años tienes? 47 años y sigo guapo.
¿En que trabaja? A veces soy espía, pero me disfrazo de vendedor de salchichas.
¿Dónde vives? Cerca del parque
¿Donde naciste? En el sur del Distrito Federal
¿Cómo te describirías físicamente? Abrazable, atléticamente ancho, guapo.
¿Qué odias?: No me gusta odiar, pero me parecen desagradables y fuera de lugar algunas cosas como los animales domésticos que se pasean por ahí meando en la calle y los árboles, o los niños que gritan sin saber que distraen gente intentando hacer cosas de provecho, y me molesta la gente delgada, es lo que más me molesta.
¿Que película puedes ver una y otra vez?: Cinema Paradiso
¿Qué cosas positivas lo caracterizan?: Mi paciencia con una sociedad tan estúpida.
¿Qué le trae lágrimas?: Le vale verga ¿no? No se me ponga bruta.
¿Qué es lo que normalmente sueña?: Dolores de muelas, siempre el mismo sueño
¿Qué espera lograr esta semana?: Vender las salchichas que me tocan y ayudar a limpiar el parque de las cosas y gente impura.
Es el tipo de personas que corta su bigote usando una regla, sin embargo no se ocupa de lavar y cortar sus uñas.
Es el tipo de persona que mientras habla contigo está contando las veces que parpadeas, las imperfecciones de tu cara, y si tienes una marca de nacimiento en la parte de debajo de la muñeca.
Es una persona que ama recitar mentalmente poemas y citas de libros.
Es el tipo de persona que, mientras los dueños están volteados, envenena a los perros y pisa a los bebés que están jugando en el arenero.
Es el tipo de hombre que recuerda el sufrimiento que vio, en las noches para sentir placer y dormir a gusto.
ENTREVISTA
¿Quién eres? José Fernando Horacio Ternera de Gortari.
¿Cuántos años tienes? 47 años y sigo guapo.
¿En que trabaja? A veces soy espía, pero me disfrazo de vendedor de salchichas.
¿Dónde vives? Cerca del parque
¿Donde naciste? En el sur del Distrito Federal
¿Cómo te describirías físicamente? Abrazable, atléticamente ancho, guapo.
¿Qué odias?: No me gusta odiar, pero me parecen desagradables y fuera de lugar algunas cosas como los animales domésticos que se pasean por ahí meando en la calle y los árboles, o los niños que gritan sin saber que distraen gente intentando hacer cosas de provecho, y me molesta la gente delgada, es lo que más me molesta.
¿Que película puedes ver una y otra vez?: Cinema Paradiso
¿Qué cosas positivas lo caracterizan?: Mi paciencia con una sociedad tan estúpida.
¿Qué le trae lágrimas?: Le vale verga ¿no? No se me ponga bruta.
¿Qué es lo que normalmente sueña?: Dolores de muelas, siempre el mismo sueño
¿Qué espera lograr esta semana?: Vender las salchichas que me tocan y ayudar a limpiar el parque de las cosas y gente impura.
Ese día...
El cielo de un sábado de octubre por la mañana se llenó de nubes grises. Las gotas de lluvia cayeron como lágrimas de las mejillas, anunciando que el mundo se vistió de luto. Suena muy deprimente, pero cada quien tiene su propio punto de vista sobre lo que significa un día de lluvia. Para unos, la lluvia representa el renacer de la vida, de las flores y los árboles; para otros, es un mal presagio. No me refiero únicamente a la posibilidad de que uno pueda pescar un fuerte resfriado o llegar a tener la mala suerte de mojarse cuando se le haya olvidado el paraguas, sino a la sensación de que el mundo está triste. Eso es, al menos, lo que Cris pensaba al ver por la ventana cómo la lluvia cae encima de todos los edificios y calles.
Estaba en la iglesia junto con sus familiares, llorando por la lamentable pérdida de su abuela. Pobre Cris. Había perdido a su única mejor amiga desde que era pequeña. Ya no iba a saborear las chispas de chocolate que su dulce abuela ponía en las galletas; ya no iba a beber té de frutos rojos casero como lo hacía su abuela; no más cuentos antes de dormir sobre su infancia o su juventud, pues Cris deseaba poder tener las mismas aventuras que su abuela. Viajar por el mundo, leer muchos libros de autores no reconocidos, explorar lugares desconocidos de la naturaleza. Quería empezar todas esas aventuras junto a ella, pero ya no. Su parte en el mundo había terminado para su abuela. ¿Y la suya? Quién sabe.
El velorio duró la mayor parte del día, y siguió lloviendo hasta el atardecer. Los discursos de sus padres y de su abuelo, ahora viudo, estremeció todo el altar como si los difuntos de las criptas pudieran sentir el gran pésame de los presentes. Luego de muchas oraciones del Padre Nuestro y Santa María, entre lágrimas y últimos suspiros de dolor dieron con la persignación y abandonaron la iglesia.
Cristina estaba muy afligida. ¿Por qué tuvo que marcharse ahora? Se preguntaba. Su abuela era una persona de buena salud y con mucha energía. Nunca ha fumado cigarrillos, no tenía demencia senil, ni llegó a usar un bastón. Entonces ¿Por qué? Seguía pensando. La verdad no podía resolver su duda. Cris tiene apenas 14 años para poder entender este tipo de cosas. ¿Será que, a veces, la vida decide terminar cuando lo cree conveniente? ¿O se tratará de un simple efecto como lo es mudarse de casa o irse a otro país? Quién sabe. Se dijo.
En el camino a casa, Cris estaba muy callada y pensativa. Necesitaba estar unos minutos a solas. En el momento que llegó a su habitación, se acostó en su cama con el mismo vestido negro puesto. No quería cambiarse, sólo quería abrazar su almohada y hundir su rostro en ella mientras lloraba. Al cabo de unos minutos, o quizá unos segundos, se quedó dormida.
Al día siguiente, Cris se despertó con los primeros rayos de sol que entraron a través de su ventana. La tristeza que sintió el día anterior había desaparecido, aunque no del todo completo. Lo que resta ahora es el último pesar de su corazón. La muerte de su abuela fue un golpe fuerte para su vida. Como deseaba que no hubiera sucedido.
Se dirigió a su baño, y se quitó el vestido negro. Prendió el agua caliente y se metió en la regadera. Le gustaba sentir como el agua recorría por su cuerpo. Le hacía sentir como si estuviera nadando en un pozo profundo dentro de una caverna. Luego de bañarse, se secó y se puso su ropa de costumbre: una blusa casual de color azul marino, unos jeans claros, unos tenis Converse rojos y para cubrirse una sudadera morada. Bajó a la cocina y se preparó un pan tostado con mermelada y un jugo de naranja. Después cogió sus audífonos con su IPhone y salió de su casa.
No sentía la necesidad de avisar a sus papás dónde estaba. Ellos andaban trabajando por ahí. Aun así, les dejó un mensaje de texto diciendo:
Necesitó relajarme. Voy a salir un rato.
Con estás pocas palabras, ellos entienden perfecto el mensaje, pues sólo existe un lugar dónde Cris puede relajarse y despejar su mente: el parque central de la ciudad.
Estaba en la iglesia junto con sus familiares, llorando por la lamentable pérdida de su abuela. Pobre Cris. Había perdido a su única mejor amiga desde que era pequeña. Ya no iba a saborear las chispas de chocolate que su dulce abuela ponía en las galletas; ya no iba a beber té de frutos rojos casero como lo hacía su abuela; no más cuentos antes de dormir sobre su infancia o su juventud, pues Cris deseaba poder tener las mismas aventuras que su abuela. Viajar por el mundo, leer muchos libros de autores no reconocidos, explorar lugares desconocidos de la naturaleza. Quería empezar todas esas aventuras junto a ella, pero ya no. Su parte en el mundo había terminado para su abuela. ¿Y la suya? Quién sabe.
El velorio duró la mayor parte del día, y siguió lloviendo hasta el atardecer. Los discursos de sus padres y de su abuelo, ahora viudo, estremeció todo el altar como si los difuntos de las criptas pudieran sentir el gran pésame de los presentes. Luego de muchas oraciones del Padre Nuestro y Santa María, entre lágrimas y últimos suspiros de dolor dieron con la persignación y abandonaron la iglesia.
Cristina estaba muy afligida. ¿Por qué tuvo que marcharse ahora? Se preguntaba. Su abuela era una persona de buena salud y con mucha energía. Nunca ha fumado cigarrillos, no tenía demencia senil, ni llegó a usar un bastón. Entonces ¿Por qué? Seguía pensando. La verdad no podía resolver su duda. Cris tiene apenas 14 años para poder entender este tipo de cosas. ¿Será que, a veces, la vida decide terminar cuando lo cree conveniente? ¿O se tratará de un simple efecto como lo es mudarse de casa o irse a otro país? Quién sabe. Se dijo.
En el camino a casa, Cris estaba muy callada y pensativa. Necesitaba estar unos minutos a solas. En el momento que llegó a su habitación, se acostó en su cama con el mismo vestido negro puesto. No quería cambiarse, sólo quería abrazar su almohada y hundir su rostro en ella mientras lloraba. Al cabo de unos minutos, o quizá unos segundos, se quedó dormida.
Al día siguiente, Cris se despertó con los primeros rayos de sol que entraron a través de su ventana. La tristeza que sintió el día anterior había desaparecido, aunque no del todo completo. Lo que resta ahora es el último pesar de su corazón. La muerte de su abuela fue un golpe fuerte para su vida. Como deseaba que no hubiera sucedido.
Se dirigió a su baño, y se quitó el vestido negro. Prendió el agua caliente y se metió en la regadera. Le gustaba sentir como el agua recorría por su cuerpo. Le hacía sentir como si estuviera nadando en un pozo profundo dentro de una caverna. Luego de bañarse, se secó y se puso su ropa de costumbre: una blusa casual de color azul marino, unos jeans claros, unos tenis Converse rojos y para cubrirse una sudadera morada. Bajó a la cocina y se preparó un pan tostado con mermelada y un jugo de naranja. Después cogió sus audífonos con su IPhone y salió de su casa.
No sentía la necesidad de avisar a sus papás dónde estaba. Ellos andaban trabajando por ahí. Aun así, les dejó un mensaje de texto diciendo:
Necesitó relajarme. Voy a salir un rato.
Con estás pocas palabras, ellos entienden perfecto el mensaje, pues sólo existe un lugar dónde Cris puede relajarse y despejar su mente: el parque central de la ciudad.
Cristina, la chica que sueña despierta
Cris es el tipo de persona que se entregaría incondicionalmente.
Cris es el tipo de persona que nunca se rinde cuando le cierran las puertas.
Cris es el tipo de persona que escucha la risa.
Cris es el tipo de persona que esconde una hermosa sonrisa.
Cris es el tipo de persona que puede tocar tu corazón una vez que la conozcas.
Datos Personales:
· Nombre: Cristina “Cris” Miranda Ceballos
· Color de piel: blanca con un tono rosadito.
· Edad: 14 años
· Fecha de nacimiento: 10 de mayo del año 2000
· Signo del Zodiaco: Tauro
Descripción Física
· Cabello: largo/ medio, moreno lacio / ondulado.
· Color de ojos: marrón
· Complexión física: delgada, esbelta.
Descripción Psicológica
· Personalidad: Tranquila, inteligente, relajada, paciente, un poco distraída, realista.
· Cosas buenas (Fortalezas): Es solidaria, comprensiva, perceptiva y sensible ante todo lo que ocurre en su entorno. Sociable y amigable con los demás.
· Cosas Malas (Defectos): A veces es tímida; siente muchos nervios al vivir una nueva experiencia (pero logra controlarlos); tiene presión baja (se desmaya cuando se encuentra en espacios cerrados y congestionado de gente); problemas de ansiedad e insomnio leve (en pocas ocasiones).
Familia
· Un padre y una madre: casados.
· Herman@s: Ninguno.
· Abuelos: Abuelo materno viudo.
Gustos e Intereses:
1. Lectura: Harry Potter, Perks of Being a Wallflower, Hunger Games, The Hobbit.
2. Música: Maroon 5, Taylor Swift, Lana del Rey, Ariana Grande, Katy Perry, Eminem, April Lavigne, The Beatles, Savage Garden, The Piano Guys.
3. Ropa: Abercrombie & Fitch, Converse, Levis.
4. Películas y Series de TV: Disney, Hayao Miyasaki, Fantasma de la Ópera, Mi Bella Dama, La Novicia Rebelde, Un Amor para Recordar, Diario de una Pasión, La Última Canción, Recuérdame, Los Miserables, Titanic, Harry Potter, Pretty Little Liars, Big Bang Theory, Friends.
5. Comida Favorita: Sushi y comida italiana.
6. Diversidad: Leer, tocar el piano, ir al cine, cultura japonesa (manga y anime).
Miedos comunes
· Arañas grandes
· La Bruja Malvada del Oeste
Miedos particulares
· No ser aceptada en la convivencia por como ella es.
· Sentirse sola.
· Ser objeto de bullying cibernético.
· Ser discriminada por su personalidad.
· No poder experimentar el primer beso.
Lugar preferido: el parque central de la ciudad.
Cris es el tipo de persona que nunca se rinde cuando le cierran las puertas.
Cris es el tipo de persona que escucha la risa.
Cris es el tipo de persona que esconde una hermosa sonrisa.
Cris es el tipo de persona que puede tocar tu corazón una vez que la conozcas.
Datos Personales:
· Nombre: Cristina “Cris” Miranda Ceballos
· Color de piel: blanca con un tono rosadito.
· Edad: 14 años
· Fecha de nacimiento: 10 de mayo del año 2000
· Signo del Zodiaco: Tauro
Descripción Física
· Cabello: largo/ medio, moreno lacio / ondulado.
· Color de ojos: marrón
· Complexión física: delgada, esbelta.
Descripción Psicológica
· Personalidad: Tranquila, inteligente, relajada, paciente, un poco distraída, realista.
· Cosas buenas (Fortalezas): Es solidaria, comprensiva, perceptiva y sensible ante todo lo que ocurre en su entorno. Sociable y amigable con los demás.
· Cosas Malas (Defectos): A veces es tímida; siente muchos nervios al vivir una nueva experiencia (pero logra controlarlos); tiene presión baja (se desmaya cuando se encuentra en espacios cerrados y congestionado de gente); problemas de ansiedad e insomnio leve (en pocas ocasiones).
Familia
· Un padre y una madre: casados.
· Herman@s: Ninguno.
· Abuelos: Abuelo materno viudo.
Gustos e Intereses:
1. Lectura: Harry Potter, Perks of Being a Wallflower, Hunger Games, The Hobbit.
2. Música: Maroon 5, Taylor Swift, Lana del Rey, Ariana Grande, Katy Perry, Eminem, April Lavigne, The Beatles, Savage Garden, The Piano Guys.
3. Ropa: Abercrombie & Fitch, Converse, Levis.
4. Películas y Series de TV: Disney, Hayao Miyasaki, Fantasma de la Ópera, Mi Bella Dama, La Novicia Rebelde, Un Amor para Recordar, Diario de una Pasión, La Última Canción, Recuérdame, Los Miserables, Titanic, Harry Potter, Pretty Little Liars, Big Bang Theory, Friends.
5. Comida Favorita: Sushi y comida italiana.
6. Diversidad: Leer, tocar el piano, ir al cine, cultura japonesa (manga y anime).
Miedos comunes
· Arañas grandes
· La Bruja Malvada del Oeste
Miedos particulares
· No ser aceptada en la convivencia por como ella es.
· Sentirse sola.
· Ser objeto de bullying cibernético.
· Ser discriminada por su personalidad.
· No poder experimentar el primer beso.
Lugar preferido: el parque central de la ciudad.
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