Nicolás Fuenmayor es el niño más perfecto en los ojos de Alondra, claro, es ella la única que lo puede ver. Es un niño alegre y lleno de vida, relativamente. No es muy alto pero si es muy bello. Tiene unos ojos verdes cautivadores que desde el momento en que nació hizo que conectara con su madre. Pelo chino y un poco largo que rebota en sus gordos cachetitos mientras juga en el parque donde espera a su mamá todos los días.
Su sonrisa podría conquistar a cualquier niña en algún momento de su vida, el único problema es que es puro producto de la imaginación de Alondra.
Nicolás, si estuviera vivo, seria el tipo de persona al que su padre llevaría al parque para poder hablar con hermosas y jóvenes mujeres en busca de alguien que pueda satisfacer sus fantasías. En busca de otra estúpida con Alo que caiga en el juego de el hijo de puta que es Alejandro. Ese pendejo al cual le valió un comino y la mitad del otro cuando la sentimental de Alondra le dijo que estaba enamorada y embarazada de él.
Lo único que Alondra puede pensar cuando cree ver a Nicolás es el amor y admiración que le tiene, pero también siente mucha rabia. Mucha rabia hacia Alejandro por razones obvias. Cada que lo ve en ese parque que tanto adora, Alo llora y aúlla de tristeza, pero luego vuelve a ver a Nico y recuerda que es lo que vale la pena. Su hijo es lo que le da fuerzas para vivir, y hay veces cuando sueña que Nicolás se muere y es de los peores sentimientos y experiencias que le pueden pasar.
Alondra siente angustia, desesperación, miedo y cierta confusión, pero luego despierta y ve a su chamaco dormido y roncando en silencio a su lado y vuelve a sonreír. Lo que no sabe es que es completamente al revés; ella vive en un trance y la realidad es que Nico no existe y la única persona que la acompaña en la vida es ella misma, y nadie más.
Su sonrisa podría conquistar a cualquier niña en algún momento de su vida, el único problema es que es puro producto de la imaginación de Alondra.
Nicolás, si estuviera vivo, seria el tipo de persona al que su padre llevaría al parque para poder hablar con hermosas y jóvenes mujeres en busca de alguien que pueda satisfacer sus fantasías. En busca de otra estúpida con Alo que caiga en el juego de el hijo de puta que es Alejandro. Ese pendejo al cual le valió un comino y la mitad del otro cuando la sentimental de Alondra le dijo que estaba enamorada y embarazada de él.
Lo único que Alondra puede pensar cuando cree ver a Nicolás es el amor y admiración que le tiene, pero también siente mucha rabia. Mucha rabia hacia Alejandro por razones obvias. Cada que lo ve en ese parque que tanto adora, Alo llora y aúlla de tristeza, pero luego vuelve a ver a Nico y recuerda que es lo que vale la pena. Su hijo es lo que le da fuerzas para vivir, y hay veces cuando sueña que Nicolás se muere y es de los peores sentimientos y experiencias que le pueden pasar.
Alondra siente angustia, desesperación, miedo y cierta confusión, pero luego despierta y ve a su chamaco dormido y roncando en silencio a su lado y vuelve a sonreír. Lo que no sabe es que es completamente al revés; ella vive en un trance y la realidad es que Nico no existe y la única persona que la acompaña en la vida es ella misma, y nadie más.
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