domingo, 12 de octubre de 2014

El fin, parte 9

Desde lejos vi a Alejandro y Alondra. Ellos ya venían a despedirse de Nicolás, poco después de Emily. Tal vez ellos no lo veían pero ahí estaba Nicolás jugando entre los arbustos.

Debía de prepararme y debía de preparar a Alondra quién aún tenia la idea de que Nicolás estaba vivo.

-Hola Scatha- dijeron los dos al mismo tiempo.

- Hola, ya se a que vienen. Bueno, ya están preparados.

Parecieron confundidos pero después de 3 segundos comprendieron.

Entonces llamé a Nicolás, quién venia dando saltitos y soltando reflejos verdes de sus hermosos ojos.

-       Listo Nicolás.

-       Sí

Me dirigí a sus padres y les dije – Ya está Nicolás con nosotros, que les gustaría decirle.

Alejandro dio un paso adelante y me preguntó -¿Cómo le habló? ¿ A donde me dirijo?

-       Él esta enfrente de ti. Puedes decirle lo que quieras, lo que te salga del corazón.

Alejandro respiro profundamente y comenzó.

-Nicolás. Lo… lo siento. Se que no fui nada para ti, pero desde el momento en el que me enteré de que eras mi hijo no he dejado de pensar en ti. Tu recuerdo me sigue, el recuerdo de lo que pudo haber sido. –Se detuvo. Las palabras parecían no fluir de su boca fácilmente. Me daba lástima. Tomó aire y continuo.        – Quiero darte las gracias. Cuidaste de tu madre cuando yo estaba demasiado ocupado siendo un imbe… un tonto. Y te prometo que ahora yo cuidare de ella. Por siempre.

Las lagrimas se derraman de sus ojos, creando espejos en su cara. Sonreí.

Pero luego al ver a Alondra, mi semblante cambió.

Mi amiga estaba echa un mar de lagrimas, la entendía. Dejar ir a un hijo es la decisión más difícil que hace un madre; yo ya lo había hecho. La misma gama de emociones, yo ya las había sentido. Así que sin pensarlo la abrace. Aunque los doctores habían dicho que estaba loca, en ese momento estaba completamente lúcida, comprendía a la perfección la situación.

El abrazo fue esporádico, después fue apoyarse en Alejandro; quién me agradaba más que el pinche de Nacho.

 Dejé pasar unos minutos y después le pregunte a Alondra – ¿ Quieres decirle algo a Nicolás?

–      Hijo. Eres lo mejor que me has pasado. Gracias a ti pude soportar las horribles experiencias del pasado. Te amo demasiado, tanto que duele. Quisiera revivirte, pero es imposible.

Ya no pudo continuar más, el dolor la imposibilitó. Alejandro la estrechó contra su cuerpo.

Yo me dirigí a Nicolás y le pregunté – ¿quieres decirles algo?

-       A mi papá le quiero decir que no hay rencores y a mi mami que yo también la quiero muchísimo como de aquí a la galaxia más lejana de la nuestra. También que siempre voy a estar con ellos aunque no me vean, aunque no lo sientan, ahí voy a estar. Siempre con ellos en todo lo que les rodea.

Se lo repetí a la pareja de dolientes. Nicolás desapareció al terminar de hablar.

Ya no había nada pendiente. Después de asesorarme de que los dos ya estaban más tranquilos abandoné el parque consiente que era la última vez que iba. Que ya nunca iba a volver a aquel rinconcito de paz  y como en todos los lugares anteriores antes de salir me volteé y trate que capturar ese momento, aquel instante que hasta el momento no sabía que iba a ser trascendental en mi futuro. Solo sabia que había llegado al final de un página y que ya era hora de dar la vuelta a la hoja del libro de mi triste e inagotable existencia.