Nacho:
No sabes lo muy agradecida que me siento por haberte conocido. Aquel día en el parque estaba muy deprimida, perdida en mi tristeza y dolor, pues había perdido a la única persona que ha sabido escucharme cuando me siento triste y confundida sobre todo lo que vivo en la escuela: a mi abuela.
No sé si fue el destino, o el mismo Dios, lo que me llevó a toparme contigo el día después de que velé junto con mi familia la muerte de mi abuela. Recuerdo cómo te acercaste hacía mí con tanta gentileza, y cómo me miraste con tus ojos verdes, llenos de empatía a través de tus enormes lentes.
Me diste tu tarjeta de consulta para que pudiera hacer sesiones contigo; nunca pensé que desde la primera sesión que tuve contigo empezará a sentir que puedo platicarte con toda la libertad del mundo acerca de mis problemas de relacionarme con mis compañeros de escuela; me haces sentir como si estuviera en un mundo de caramelo, donde todo es alegría y de colores. Es como si fueras mi ángel guardián, enviado por mi abuela para que veas por mí.
Perdóname por mi atrevimiento, pero desearía poder conocer a un chico como tú. Con una persona así, que entienda cómo percibo mi alrededor y me aconseja para hacerme mejor persona emocionalmente, sería completamente féliz por el resto de mi vida.
Nos vemos en nuestra próxima sesión.
Con mucho cariño.
Cris
jueves, 18 de septiembre de 2014
Crónica de un día de Escuela
Martes
Hoy en la escuela cargué con las emociones más fuertes que pude sentir en toda mi vida. En todo el día, a pesar de que tomaba apuntes y prestaba atención a mis maestros, me perdía mucho en mis propios pensamientos sobre mi abuela. Ha pasado más de una semana desde que fue su velorio y todavía me persigue el recuerdo de mi abuela tendida en su ataúd, con los ojos cerrados, y su mirada, que alguna vez estuvo llena de gentileza y dulzura, se encontraba apagada. Sus manos sostenían un ramo de flores blancas, en señal de su bondad y pureza que ha dejado huella en las memorias de mi familia y en la de sus amistades. Yo la estaba mirando, a mi única amiga en el mundo, completamente dormida para no volver a abrir los ojos. ¡Ay de mí!
Sentía cómo mi cuerpo estaba temblando involuntariamente. Las proyecciones que contenía mi mente estaban chocando contra mi concentración en el presente: yo en mi escritorio, sosteniendo mi pluma sobre mi cuaderno, tratando de anotar lo más importante de las diapositivas que exponían mis maestros. Por más que intentaba superar ese dolor, esa angustia que apretaba mis pulmones, simplemente no podía. Estuve luchando contra mis propios impulsos, incitándome a estallar en llanto. No pasó mucho tiempo de que sonara la campana de la salida y mis compañeros salieran del salón, salvándome de cualquier mirada curiosa (hasta la de mi profesor de Historia, Paulin). Recogí mis cosas antes de salir, y guardé el resto de mis cuadernos en mi casillero.
De repente, en el pasillo, mis ojos empezaron a disiparse poco a poco, sólo lo suficiente hasta que llegué al camión. Siempre me siento en la primera sección de la derecha, cerca de las puertas para poder salir rápido. Es muy cómodo y efectivo, pues me hace ser la primera en salir a mi parada. Pero a veces, cuando me ganan mi lugar de enfrente, tengo una de dos opciones: pedirle a alguien que me cede parte de su lugar - pues son dos asientos en una sola fila – en donde normalmente pone su mochila, o quedarme parada en todo el trayecto, sosteniéndome del barandal como si estuviera andando en el metro. Y para mi mala suerte, cuando entré al camión, mi asiento de siempre estaba ocupado por las gemelas Cervantes, las chicas más bonitas y populares de su generación en tercero de secundaria. No tuve de otra más que poner mi bolsa en la repisa y quedarme parada hasta llegar a mi parada. Hubiera pedido a otra persona que me dejará tomar asiento, de las pocas que llegué a alcanzar que tenían espacio, pero me sentía muy nerviosa en hacerlo; además, sus mochilas estaban ocupando esos asientos vacíos.
Cuando llegué a casa, me descargué de mi bolsa llena de mis cuadernos y carpetas, saludé a mi abuelo que se encontraba leyendo en el estudio, y después de comer un tazón de cereal con trocitos de plátano, salí hacía el parque.
En el camino saqué mis audífonos con mi IPod, y empecé a escuchar Transatlanticism de Death Cab For Cutie. Recuerdo que la había escuchado por primera vez en la película El Encanto de la Bestia, en la escena cuando Kyle, ya convertido en “bestia”, sigue a escondidas a Lindy desde su apartamento hasta la dulcería. Desde que escuché la letra y el ritmo pegajoso de los rasgueos del bajo y la guitarra, me gustó tanto que la descargué de ITunes. Últimamente la he estado escuchando muy seguido porque me hace sentir que estoy cerca de mi abuela. Me la imagino abrazándome en el sillón de mi casa; el sol calentándonos desde la ventana por la tarde, y en un instante cierro los ojos pensando que nunca me dejaría sola. Sólo ella y yo.
Al llegar al parque pude notar que había poca gente. Es normal que este así. A estas horas de la tarde todo mundo está en otros sitios de la ciudad como tomando clases en el club deportivo, haciendo las compras en el súper, terminando de hacer la tarea o simplemente viendo la tele en el canal de noticias o algún programa favorito. Sólo había unos cuantos niños jugando con su pelota en el campo de pasto con sus padres, una señora paseando a su bebé por el pavimento, un hombre de unos cincuenta años haciendo ejercicio alrededor del parque (corría muy lento, pero sudaba como cerdo), y muchas palomas picoteando el piso donde había restos de comida. Pero entre toda la pequeña multitud presente, algo llamó mi atención.
Había una niña pequeña sentada en uno de las bancas. Me pareció ver a un angelito caído del cielo, pues ella tenía una cara muy bonita y un cabello lacio precioso. Debe de ser del tipo de niñas que le gusta jugar con muñecas, vestir de vestidos coloridos como princesa y sonreír cuando disfruta de un buen helado de chocolate. Eso al menos lo figuré por su vestidito de color rosa y su cabello bien arreglado. Es agradable verla sonreír, pero la primera vez que la vi estaba muy apagada. Sus mejillas estaban cubiertas de lágrimas, estropeando su tierno rostro y el resplandor de sus pequeños ojos.
No pude contener la sensación de compasión que me empujaba a acercarme hacia ella, y preguntarle qué le pasaba. Me senté junto a ella, me quité los audífonos para poder platicar, y le sonreí de la forma más natural que pude. Mi abuela me decía que escondía una linda sonrisa y, al mostrarla, me salía de lo más natural. Así que le sonreí y le pregunté por qué lloraba. Ella me dijo que su amigo imaginario, Peter, había muerto; que ella solía hacer muchas cosas con él, aun cuando se trataba de jugar al fútbol. Sus papás fueron quienes se lo dijeron. Entonces acerqué mi mano hacia ella y la abracé junto a mí.
Pude comprender el dolor que estaba sintiendo. Yo había perdido a mi abuela, que era mi mejor amiga en todo el mundo; y ella había perdido a su muy querido amigo, ¡y además imaginario! Es tan triste cómo los padres a veces fuerzan a sus hijos a dejar de creer en sus amigos imaginarios para hacerlos ver a la realidad. ¡Qué crueldad! No tenían derecho a privarle de la felicidad que le da su imaginación. ¡Es sólo una pequeña! Y pensé: Tal vez nadie puede traerme de vuelta a mi abuela, pero yo sí puedo hacer algo por esta niña.
La seguí calmando, rozando mi mano en su pequeño brazo, diciéndole que su amigo imaginario no estaba muerto. Le dije que simplemente se fue a jugar en algún otro lugar, pues en todo el mundo hay niños y niñas que también juegan con él (claramente hay muchos que nombran a sus amigos imaginarios como Peter), y que a pesar de ello, él nunca se había olvidado de regresar con ella. La niña dejó de llorar tras mi explicación, y poco a poco floreció en ella una hermosa sonrisa. Se alegró tanto que empezó a pensar en voz alta sobre cómo iba a recibir a Peter. Menciono preparar pastelillos, nuggets con mucha cátsup y té, y quizá poder ver el próximo episodio de Dora la Exploradora. El escucharla sobre sus planes, me hizo sentir tan bien conmigo misma. De seguro mi abuela vio lo que hice por esta niña y parecía que me estaba sonriendo desde arriba.
Un poco después, la niña me agradeció mucho y me invitó a volver a vernos en el parque. Le dije que me parecía una buena idea, y que no tenía por qué preocuparse en buscarme porque visito el parque con frecuencia todas las tardes. Así nos hicimos una promesa de amistad entre nosotras, se levantó de la banca y se despidió ondeando su pequeña mano hacía mí.
Antes de que se marchara, le pregunté su nombre. Se llamaba Emily.
Hoy en la escuela cargué con las emociones más fuertes que pude sentir en toda mi vida. En todo el día, a pesar de que tomaba apuntes y prestaba atención a mis maestros, me perdía mucho en mis propios pensamientos sobre mi abuela. Ha pasado más de una semana desde que fue su velorio y todavía me persigue el recuerdo de mi abuela tendida en su ataúd, con los ojos cerrados, y su mirada, que alguna vez estuvo llena de gentileza y dulzura, se encontraba apagada. Sus manos sostenían un ramo de flores blancas, en señal de su bondad y pureza que ha dejado huella en las memorias de mi familia y en la de sus amistades. Yo la estaba mirando, a mi única amiga en el mundo, completamente dormida para no volver a abrir los ojos. ¡Ay de mí!
Sentía cómo mi cuerpo estaba temblando involuntariamente. Las proyecciones que contenía mi mente estaban chocando contra mi concentración en el presente: yo en mi escritorio, sosteniendo mi pluma sobre mi cuaderno, tratando de anotar lo más importante de las diapositivas que exponían mis maestros. Por más que intentaba superar ese dolor, esa angustia que apretaba mis pulmones, simplemente no podía. Estuve luchando contra mis propios impulsos, incitándome a estallar en llanto. No pasó mucho tiempo de que sonara la campana de la salida y mis compañeros salieran del salón, salvándome de cualquier mirada curiosa (hasta la de mi profesor de Historia, Paulin). Recogí mis cosas antes de salir, y guardé el resto de mis cuadernos en mi casillero.
De repente, en el pasillo, mis ojos empezaron a disiparse poco a poco, sólo lo suficiente hasta que llegué al camión. Siempre me siento en la primera sección de la derecha, cerca de las puertas para poder salir rápido. Es muy cómodo y efectivo, pues me hace ser la primera en salir a mi parada. Pero a veces, cuando me ganan mi lugar de enfrente, tengo una de dos opciones: pedirle a alguien que me cede parte de su lugar - pues son dos asientos en una sola fila – en donde normalmente pone su mochila, o quedarme parada en todo el trayecto, sosteniéndome del barandal como si estuviera andando en el metro. Y para mi mala suerte, cuando entré al camión, mi asiento de siempre estaba ocupado por las gemelas Cervantes, las chicas más bonitas y populares de su generación en tercero de secundaria. No tuve de otra más que poner mi bolsa en la repisa y quedarme parada hasta llegar a mi parada. Hubiera pedido a otra persona que me dejará tomar asiento, de las pocas que llegué a alcanzar que tenían espacio, pero me sentía muy nerviosa en hacerlo; además, sus mochilas estaban ocupando esos asientos vacíos.
Cuando llegué a casa, me descargué de mi bolsa llena de mis cuadernos y carpetas, saludé a mi abuelo que se encontraba leyendo en el estudio, y después de comer un tazón de cereal con trocitos de plátano, salí hacía el parque.
En el camino saqué mis audífonos con mi IPod, y empecé a escuchar Transatlanticism de Death Cab For Cutie. Recuerdo que la había escuchado por primera vez en la película El Encanto de la Bestia, en la escena cuando Kyle, ya convertido en “bestia”, sigue a escondidas a Lindy desde su apartamento hasta la dulcería. Desde que escuché la letra y el ritmo pegajoso de los rasgueos del bajo y la guitarra, me gustó tanto que la descargué de ITunes. Últimamente la he estado escuchando muy seguido porque me hace sentir que estoy cerca de mi abuela. Me la imagino abrazándome en el sillón de mi casa; el sol calentándonos desde la ventana por la tarde, y en un instante cierro los ojos pensando que nunca me dejaría sola. Sólo ella y yo.
Al llegar al parque pude notar que había poca gente. Es normal que este así. A estas horas de la tarde todo mundo está en otros sitios de la ciudad como tomando clases en el club deportivo, haciendo las compras en el súper, terminando de hacer la tarea o simplemente viendo la tele en el canal de noticias o algún programa favorito. Sólo había unos cuantos niños jugando con su pelota en el campo de pasto con sus padres, una señora paseando a su bebé por el pavimento, un hombre de unos cincuenta años haciendo ejercicio alrededor del parque (corría muy lento, pero sudaba como cerdo), y muchas palomas picoteando el piso donde había restos de comida. Pero entre toda la pequeña multitud presente, algo llamó mi atención.
Había una niña pequeña sentada en uno de las bancas. Me pareció ver a un angelito caído del cielo, pues ella tenía una cara muy bonita y un cabello lacio precioso. Debe de ser del tipo de niñas que le gusta jugar con muñecas, vestir de vestidos coloridos como princesa y sonreír cuando disfruta de un buen helado de chocolate. Eso al menos lo figuré por su vestidito de color rosa y su cabello bien arreglado. Es agradable verla sonreír, pero la primera vez que la vi estaba muy apagada. Sus mejillas estaban cubiertas de lágrimas, estropeando su tierno rostro y el resplandor de sus pequeños ojos.
No pude contener la sensación de compasión que me empujaba a acercarme hacia ella, y preguntarle qué le pasaba. Me senté junto a ella, me quité los audífonos para poder platicar, y le sonreí de la forma más natural que pude. Mi abuela me decía que escondía una linda sonrisa y, al mostrarla, me salía de lo más natural. Así que le sonreí y le pregunté por qué lloraba. Ella me dijo que su amigo imaginario, Peter, había muerto; que ella solía hacer muchas cosas con él, aun cuando se trataba de jugar al fútbol. Sus papás fueron quienes se lo dijeron. Entonces acerqué mi mano hacia ella y la abracé junto a mí.
Pude comprender el dolor que estaba sintiendo. Yo había perdido a mi abuela, que era mi mejor amiga en todo el mundo; y ella había perdido a su muy querido amigo, ¡y además imaginario! Es tan triste cómo los padres a veces fuerzan a sus hijos a dejar de creer en sus amigos imaginarios para hacerlos ver a la realidad. ¡Qué crueldad! No tenían derecho a privarle de la felicidad que le da su imaginación. ¡Es sólo una pequeña! Y pensé: Tal vez nadie puede traerme de vuelta a mi abuela, pero yo sí puedo hacer algo por esta niña.
La seguí calmando, rozando mi mano en su pequeño brazo, diciéndole que su amigo imaginario no estaba muerto. Le dije que simplemente se fue a jugar en algún otro lugar, pues en todo el mundo hay niños y niñas que también juegan con él (claramente hay muchos que nombran a sus amigos imaginarios como Peter), y que a pesar de ello, él nunca se había olvidado de regresar con ella. La niña dejó de llorar tras mi explicación, y poco a poco floreció en ella una hermosa sonrisa. Se alegró tanto que empezó a pensar en voz alta sobre cómo iba a recibir a Peter. Menciono preparar pastelillos, nuggets con mucha cátsup y té, y quizá poder ver el próximo episodio de Dora la Exploradora. El escucharla sobre sus planes, me hizo sentir tan bien conmigo misma. De seguro mi abuela vio lo que hice por esta niña y parecía que me estaba sonriendo desde arriba.
Un poco después, la niña me agradeció mucho y me invitó a volver a vernos en el parque. Le dije que me parecía una buena idea, y que no tenía por qué preocuparse en buscarme porque visito el parque con frecuencia todas las tardes. Así nos hicimos una promesa de amistad entre nosotras, se levantó de la banca y se despidió ondeando su pequeña mano hacía mí.
Antes de que se marchara, le pregunté su nombre. Se llamaba Emily.
Carta a Mariza
Para la puta llamada Mariza:
Hoy, mientras estoy aquí sentado esperando que algo suceda, en lo único en lo que pienso, es en tus grandes ojos. Esos mares azules que brillan como agua salada a medio día. Ese par de zafiros que destellan con la luz. Ese par de ojos que me cautivan. Ese par de ojos que en algún momento me hizo llorar y sonreír al mismo tiempo. Ese par de ojos que pertenecen a una puta sin corazón.
Recuerdo aun el momento en el que entraste a mi oficina, con la cara en alto pero un destello de incertidumbre en los ojos., con esos labios llenos y tu hermosa figura que desde el inicio me provoco. Recuerdo aun mis intentos de conseguir a otras mujeres, pero ninguna podía compararse a ti, con océanos en tu cara y un cuerpo digno de una diosa. Recuerdo aun todos y cada uno de los vestidos que despegue de tus hombros. Recuerdo el azul que no tenía cuello, el amarillo sin espalda, el rojo de un hombro. Recuerdo el negro que te envolvía como capullo, el carmesí que destacaba tus curvas y el azul marino que decoraba tu cuerpo con destellos.
Te escribo, no para halagarte, sino para explicarte porque te odio. Yo se que lo tienes claro, pero mereces tenerlo por escrito. Poder leerlo cuando aquel pendejo con el que te casaste se enoje contigo y comprender que no esta solo en su odio.
Odio que seas perfecta. Odio mi atracción por ti, mi atracción por tus ojos, por tu cuerpo, por tu cara. Odio tu forma de caminar, y tu forma de hablar, de vestir y de sonreír mostrando aquellas hermosas perlas. Odio como siempre que salíamos a comer pedías ensalada, y como acabando doblabas tu servilleta en cuatro partes exactas. Odio como hablas cuando duermes y como tus manos se movían cuando me acariciabas. Odio tu forma de gemir cuando te toco de forma especial y odio como tu haces que sonidos animales escapen mis labios. Odio que tu cara se aparece un mis sueños y que te quedaste con ese imbécil. Odio que me hayas delatado, odio que me hayas usado.
Pero odio más que nada el hecho de que todavía ahora, con el corazón en la garganta y mi cara bañada de lágrimas, te quiero de regreso.
Espero que en algún momento, la persona que más quieras en el mundo te lastime de la forma más horrenda.
Alejandro.
PD: Aunque esta carta nunca te llegará, espero que no puedas detectar el camino de sal invisible que recorre mi cara cuando nos cruzamos en la calle. Espero que no puedas adivinar cuando me duele tu abandono. Espero que no me veas, pues no hay dolor mayor que esos océanos fijos en mi alma.
Hoy, mientras estoy aquí sentado esperando que algo suceda, en lo único en lo que pienso, es en tus grandes ojos. Esos mares azules que brillan como agua salada a medio día. Ese par de zafiros que destellan con la luz. Ese par de ojos que me cautivan. Ese par de ojos que en algún momento me hizo llorar y sonreír al mismo tiempo. Ese par de ojos que pertenecen a una puta sin corazón.
Recuerdo aun el momento en el que entraste a mi oficina, con la cara en alto pero un destello de incertidumbre en los ojos., con esos labios llenos y tu hermosa figura que desde el inicio me provoco. Recuerdo aun mis intentos de conseguir a otras mujeres, pero ninguna podía compararse a ti, con océanos en tu cara y un cuerpo digno de una diosa. Recuerdo aun todos y cada uno de los vestidos que despegue de tus hombros. Recuerdo el azul que no tenía cuello, el amarillo sin espalda, el rojo de un hombro. Recuerdo el negro que te envolvía como capullo, el carmesí que destacaba tus curvas y el azul marino que decoraba tu cuerpo con destellos.
Te escribo, no para halagarte, sino para explicarte porque te odio. Yo se que lo tienes claro, pero mereces tenerlo por escrito. Poder leerlo cuando aquel pendejo con el que te casaste se enoje contigo y comprender que no esta solo en su odio.
Odio que seas perfecta. Odio mi atracción por ti, mi atracción por tus ojos, por tu cuerpo, por tu cara. Odio tu forma de caminar, y tu forma de hablar, de vestir y de sonreír mostrando aquellas hermosas perlas. Odio como siempre que salíamos a comer pedías ensalada, y como acabando doblabas tu servilleta en cuatro partes exactas. Odio como hablas cuando duermes y como tus manos se movían cuando me acariciabas. Odio tu forma de gemir cuando te toco de forma especial y odio como tu haces que sonidos animales escapen mis labios. Odio que tu cara se aparece un mis sueños y que te quedaste con ese imbécil. Odio que me hayas delatado, odio que me hayas usado.
Pero odio más que nada el hecho de que todavía ahora, con el corazón en la garganta y mi cara bañada de lágrimas, te quiero de regreso.
Espero que en algún momento, la persona que más quieras en el mundo te lastime de la forma más horrenda.
Alejandro.
PD: Aunque esta carta nunca te llegará, espero que no puedas detectar el camino de sal invisible que recorre mi cara cuando nos cruzamos en la calle. Espero que no puedas adivinar cuando me duele tu abandono. Espero que no me veas, pues no hay dolor mayor que esos océanos fijos en mi alma.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
CODE-NAME: SALCHICHÓN
MISIÓN URGENTE 20 de septiembre 2014
AGENTE CÓDIGO Embutido
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Carne molida XAG-67
Estimado Agente Código Embutido,
AGENTE CÓDIGO Embutido
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Carne molida XAG-67
Estimado Agente Código Embutido,
Por este medio nos enorgullecemos de informarle que sus últimas misiones, incluyendo la más reciente, Código Carne +COTA (envenenamiento "accidental" de perro en el parque para ocasionar distracción de operativo CFY), han tenido resultados formidables y nos han acercado al objetivo más crucial en estos momentos de la organización. La célula terrorista Código CFX está cada vez más cerca de nuestro alcance, y esto es por agentes profesionales y dedicados como usted y su compañera, Agente Código Susanita.
En esta ocasión lo contactamos para pedirle, ya que su frente (Vendedor de Perros Calientes en Parque) es perfecto para ello, una nueva misión, la más crucial quizás de todas las que hasta ahora ha realizado. Existe un hombre que se hace pasar por Pisco-analista, y que suele frecuentar el parque
Peter... ¿Nicolás?
-Tú eres... tú eres la bruja, ¿no? No lo digo como insulto ni mucho menos, de verdad. Respeto a todos los... ¿eres religiosa? ¿O qué tipo de bruja eres?
La mujer se quedó callada y me miró con ojos fulminantes. No había cambiado nada: seguía causándome terror. ¿Sería un error todo esto? Lo que había empezado como una sana curiosidad de terapeuta (sé que los Expertos me juzgarían por robarme la correspondencia de mis pacientes, pero a los genios siempre los han juzgado los seres inferiores) se estaba convirtiendo en algo sobrenatural y terrorífico. ¿O era todo una farsa?
Sí, admito que quería usar la locura o los poderes de esa niñita Emily para lograr mis propios objetivos. Lo admito. ¿Ven? Soy un ser humilde que admite sus errores. Aunque bueno, no es un error realmente; supongo que depende del punto de vista. O sea, quizá la bella Sofiaté, el amor de mi infancia, me tiene a mí como un asunto pendiente y yo puedo ayudarla a salir de este embrollo terrenal y pasar al siguiente plano. Tal vez yo soy el elegido para decirle: SIGUE LA LUZ, SIGUE LA LUZ... Y de paso quién sabe, tal vez un beso sobrenatural es lo que me falta para ser feliz. Pero bueno, Sofiaté es otro tema. Aquí el favorcito era para Alondra, Paloma, ave de humo y de ojos de piedra... Ay, Nachito, tu siempre tan enamoradizo.
-¿Qué quieres?- contestó la mujer en voz tan baja como violenta.
-¿No te acuerdas de mí, Scatha?- dije. Al escuchar su nombre abrió mucho los ojos y finalmente pareció remotamente interesada en lo que yo podía decirle. -Soy Ignacio... del Hospital Psiquiátrico Libertad.
-Ajá... ¿y qué chingados quieres?- repitió.
-Tú... estabas en el Hospital con Alondra, ¿recuerdas? Y cuando yo la quise sacar para hacerme cargo de ella me puso como condición que te sacara a ti también. Así que falsifiqué los tests para demostrarle a los directivos del psiquiátrico que estabas lista para ser liberada, aunque hacía muy poco tiempo habías tratado de matar a un enfermero con tu tenedor de plástico...
No es que le estuviera cobrando el favor, pero ¿qué demonios le pasaba a esta psicótica? ¿No podía ser más amable? Aunque tengo que admitir que su violencia y total desprecio hacia mi persona me hacían sentirme absoluta e irremediablemente enamorado de ella.
-Sí, sí, ya sé quién eres, doctorcito. Repito, y espero que por última vez: QUÉ CHINGADOS QUIERES.
-Pues... no sé si te acuerdes bien de Alondra. De su hijo Nicolás...
-Claro que me acuerdo, estúpido. Para ustedes somos locas y ya, pero tenemos cerebro y sentimientos, historias y...
-No, no, no, no me lo tomes a mal... además yo no soy parte de ese grupo de doctores que tú crees... yo soy diferente.
-"Diferente"... todos la misma mierda.
-Óyeme, yo no te estoy faltando al...
-A ver, Doctor Ignacio, dime de una vez qué tema tienes con Alondra. A ella sí la respeto y no me gusta que los idiotas como tú anden hablando de mis amigos.
Respiré hondo y traté de calmarme. Me sentía extrañamente excitado y a la vez tenía ganas de romperle la cabeza a la odiosa mujer. Sí que era una bruja. Vamos, Nacho, tranquilízate y veamos si logras algo.
-Resulta que una de mis pacientes ve fantasmas. Y uno de estos fantasmas le dictó una carta o algo así. El caso es que su mamá le quitó a Emily una carta en la que su amigo imaginario, "Peter", resulta que no es imaginario, al menos eso parece, aunque yo no creo en esas cosas, sabes, soy un hombre de ciencia, pero las pruebas me dicen que...
-Muy doctorcito pero no sabes ni hablar- me interrumpió. -Dímelo en dos palabras, que no tengo tiempo.
¿No tenía tiempo? Antes de que yo me atreviera a acercarme la había visto sentadota ahí por más de una hora, sin hacer absolutamente nada. Volví a respirar hondo y dije:
-Que parece que uno de los fantasmas que ve Emily, mi paciente de cinco años, es en realidad Nicolás, el hijo de Alondra. Quería ver si, como dice la carta, podrías ayudarnos a contactarlo.
Scatha se recargó en su banca y su semblante cambió. Me arrancó la carta de las manos y, como terapeuta que soy, pude ver que su cabeza estaba analizando muchas cosas.
Leo la carta y me parece que es de un alma vieja, para mi un “alma reciclada” de esas de las cuales solo hablan las budistas de que mueres y luego naces en otro cuerpo, que para mí es solo como un cambio de cuerpos pero con la misma alma.
De cierta manera me llama la atención ya que no es normal ver “reencarnaciones”.
-Si, tienes razón ese “ amigo imaginario” me esta buscando. Pero no es el único en mi caso es normal que varias almas busquen ayuda en mí.
-¿Me ayudaras?
-Por ahora no, déjalo seguir suplicando un poco más.
-No, me preocupa que su presencia tenga repercusiones en la salud mental de la niña.
-O estas tratando de sacarme provecho como con la infante. Deberías tener cuidado no te vaya a pasar algo, claro “accidentalmente”. Además, no tiene nada de malo, yo siempre ha visto fantasmas.
Me mira desconcertado, yo lo evado. En realidad tengo cosas más importantes que hacer que estar haciendo “servicio comunitario”.
Y porque tendría que ayudarlo, le agradezco que me haya sacado del reclusorio. Pero cómo le tengo ganas, el cabrón me quiso quitar a Alondra. Fue el origen de un triangulo amoroso en el que al final tuve que romper por mi afecto hacia Alondra, la loca cuyos besos sabían a gloria.
-¿Como te explico? Para nosotros los mortales no es normal ver fantasmas y mucho menos la manipulación de estos seres en nuestras mentes.
-Hay “Nachito” no me tomes por pendeja, pero no porque no los veas no significa que no seas manipulado por ellos. La mayoría somos manipulados por ellos.
Enfatice hasta ponerle los pelos de punto y solté una sonrisa al ver mi éxito. Y seguí inmóvil lo cual me permite observar a las personas al igual que escuchar claramente el flujo de sus pensamientos aunque he descubierto que la inmovilidad los hace sospechar de lo que pasa por mi mente.
-Pareciera que te interesa mucho el caso (porque se que hay más que simple interés en la niña).
-Es mi trabajo.
-Aja (todavía cree que soy la misma tonta que cuando me conoció)
-Pues voy a pesarlo.
Y salgo con dirección al parque, a ese en donde por alguna razón me esta agradando ir lo cuál me empieza a preocupar porque si algo he aprendido, es que para sobrevivir no hay que ir siempre a los mismos lugares ni ir con las mismas personas.
Pero al parecer mi destino me lleva a romper las reglas, aquellas en las que trato de enfatizar pero al no cumplirlas al cien me pasa, lo que me pasó.
Leo la carta y me parece que es de un alma vieja, para mi un “alma reciclada” de esas de las cuales solo hablan las budistas de que mueres y luego naces en otro cuerpo, que para mí es solo como un cambio de cuerpos pero con la misma alma.
De cierta manera me llama la atención ya que no es normal ver “reencarnaciones”.
-Si, tienes razón ese “ amigo imaginario” me esta buscando. Pero no es el único en mi caso es normal que varias almas busquen ayuda en mí.
-¿Me ayudaras?
-Por ahora no, déjalo seguir suplicando un poco más.
-No, me preocupa que su presencia tenga repercusiones en la salud mental de la niña.
-O estas tratando de sacarme provecho como con la infante. Deberías tener cuidado no te vaya a pasar algo, claro “accidentalmente”. Además, no tiene nada de malo, yo siempre ha visto fantasmas.
Me mira desconcertado, yo lo evado. En realidad tengo cosas más importantes que hacer que estar haciendo “servicio comunitario”.
Y porque tendría que ayudarlo, le agradezco que me haya sacado del reclusorio. Pero cómo le tengo ganas, el cabrón me quiso quitar a Alondra. Fue el origen de un triangulo amoroso en el que al final tuve que romper por mi afecto hacia Alondra, la loca cuyos besos sabían a gloria.
-¿Como te explico? Para nosotros los mortales no es normal ver fantasmas y mucho menos la manipulación de estos seres en nuestras mentes.
-Hay “Nachito” no me tomes por pendeja, pero no porque no los veas no significa que no seas manipulado por ellos. La mayoría somos manipulados por ellos.
Enfatice hasta ponerle los pelos de punto y solté una sonrisa al ver mi éxito. Y seguí inmóvil lo cual me permite observar a las personas al igual que escuchar claramente el flujo de sus pensamientos aunque he descubierto que la inmovilidad los hace sospechar de lo que pasa por mi mente.
-Pareciera que te interesa mucho el caso (porque se que hay más que simple interés en la niña).
-Es mi trabajo.
-Aja (todavía cree que soy la misma tonta que cuando me conoció)
-Pues voy a pesarlo.
Y salgo con dirección al parque, a ese en donde por alguna razón me esta agradando ir lo cuál me empieza a preocupar porque si algo he aprendido, es que para sobrevivir no hay que ir siempre a los mismos lugares ni ir con las mismas personas.
Pero al parecer mi destino me lleva a romper las reglas, aquellas en las que trato de enfatizar pero al no cumplirlas al cien me pasa, lo que me pasó.
Para Emily, de Peter
Hola, mi preciosa, mi niña linda, mi mejor amiga, Emily:
He estado donde estás, he vivido lo que vives, sé que todo el mundo quiere convencerte de que yo no existo, por que en sus pequeños mundos puede que así sea. En sus mundos tampoco existe el amor verdadero, ni la amistad que trasciende fronteras, ni las almas viajeras en otras dimensiones. Como tu sabes, yo vivo en otro mundo y tengo acceso a éste, pero hasta que no acabe con mis asuntos no puedo tener la elección que tenemos todos los "amigos imaginarios"... irnos o quedarnos. Pero hoy tuve una pista de lo que pudo ser mi vida anterior, y eso me podría ayudar a salir adelante y apersonarme en tu mundo para que estemos juntos desde ahora y para siempre. Sí, todo el mundo cree que yo no existo, y creen también que tú tienes 5 años de edad. No saben que tu alma es vieja, que estás ahí atrapada en esa vida repetida al igual que yo estoy atrapado en la mía.
Emily: si de algo te ha servido mi compañía a lo largo de todos estos años, necesito pedirte un favor. Sospecho que en mi última vida humana yo no morí por causas naturales. Creo que fui asesinado. Y creo que mi nombre de niño era Nicolás. He alucinado con esto y creo que si logro entender lo que me pasó, si logro resolver este misterio, podré acercarme a dar el siguiente paso, cualquiera que este sea. Lo que necesito es que busques a alguien que pueda contactarse conmigo, Emily, con mi espíritu de niño, con Nicolás. Sé que es mucho pedirte y que a tu edad tan tierna podría estar poniéndote en riesgo, pero no veo otra salida, y creo que si podemos comunicarnos es por algo, que no es casualidad.
En el parque de tu infancia se pasea una mujer. Una mujer extraña, de apariencia tenebrosa y alma compleja. Búscala. Cuéntale de mí. A ver qué te dice... Y cuéntamelo todo, amiga mía, para que podamos seguir ayudándonos en este plano y en el otro.
Peter...
Nicolás.
Etiquetas:
Alondra,
Correspondencia,
Emily,
Scatha
Niña / Niño
Niña/niño:
Todas las noches me preguntaba si algo estaba mal conmigo, ¿Por qué no me gustaba? ¿Por qué no estaba conforme con mi cuerpo?
Siempre supe que era diferente a las otras niñas, no me atraían las
muñecas con las que jugaban, me daba flojera peinarlas, maquillarlas,
sentarlas y tomar el té con ellas. ¿Por qué alguien haría algo así? ¿Es
divertido? Lo que a mi más me gustaba era jugar en el patio de mi casa,
siempre jugaba con este amigo, Rafa, era mi mejor amigo de todo el
mundo.
Mi
papá nunca vivió conmigo pero mi madre era la mujer más dulce que yo
conocía, siempre tratando de ayudar a las personas y no puedo dejar de
mencionar que también era la mejor cocinera, sus empanadas de espinaca
con requesón eran mis favoritas.
Cuando
era chiquito, bueno… en ese entonces, chiquita, me vestía diferente a
todas las niñas, nunca me gustó usar vestidos de colores y flores,
siempre me llamaron más la atención los trajes que usaban mis tíos o mis
primos mayores cuando eran las fiestas de año nuevo o navidad. Me
acuerdo que siempre me refería a mi mismo como hombre, mi madre siempre
me regañaba ya que ella amaba a su “pequeña y dulce hija”…
Todo
era una mentira, poco a poco fui descubriendo mi verdadera identidad,
cuando tenía 15 años en la escuela nos dieron una plática sobre la
sexualidad, en ese entonces esa palabra nos causaba mucho ruido a todos y
era casi inevitable aguantar las ganas de reírse.
En
fin, hablaron de la diversidad y del respeto, no recuerdo muy bien
todos los temas que estuvieron en discusión pero en algún momento
tocaron el tema que por fin le daría sentido a mi vida,
“Transexualidad”, ¿Qué es? Bueno, son personas que tienen un cierto
conflicto con el género que ha sido asignado a ellos al nacer, es decir
que la identidad de género del individuo no coincide con su sexo.
Cuando
cumplí 16 comenzó mi transformación, empecé a tomar testosterona, me
quité el pecho, el poco que tenía, mi mamá no estaba de acuerdo y desde
ese día se enfermó y no salió de su cama hasta el día de su muerte.
Ese día...
Llegando al parque:
Recuerdo poco la noche anterior, me dolía la cabeza y cuando abrí los ojos toda la luz del sol entró por mi balcón hasta reflejarse en mi cara, no fue una buena manera de empezar el día.
No tenía muchas ganas de levantarme, la realidad es que tenía que ir a trabajar. Me levanté forzosamente de la cama, sentía que mis sabanas me gritaban con ojos húmedos para que me quedara, me abrasaban y tocaban su cuerpo blanco contra el mío, caliente y frío en algunas otras partes, esto era lo más cercano que estaba de volver a tocar algún cuerpo, se me ha olvidado lo que se siente abrazar, pero no me gustaba sentirme mal por mi mismo tan temprano, ¿lo era?
Perdí la noción del tiempo completamente pero le quité importancia, me recosté en la cama un segundo más o por lo menos yo creí que eso había sucedido.
Volví a despertar pero se había nublado un poco el cielo, lo sentí como si hubieran sido sólo algunos minutos, eran las 3 de la tarde y yo no había salido a trabajar, no sé porqué me despreocupé de aquel acontecimiento que hubiera vuelto a matar a mi madre si aún viviera conmigo. Y si no la hubiera matado…
Salí de mi casa sin bañarme y con mis tenis favoritos, siempre les cambiaba las agujetas, tenía cientos de ellas de diferentes colores, tamaños y texturas. Hoy traía puestas unas de mis favoritas, naranjas neón con puntos verdes neón.
Recuerdo poco la noche anterior, me dolía la cabeza y cuando abrí los ojos toda la luz del sol entró por mi balcón hasta reflejarse en mi cara, no fue una buena manera de empezar el día.
No tenía muchas ganas de levantarme, la realidad es que tenía que ir a trabajar. Me levanté forzosamente de la cama, sentía que mis sabanas me gritaban con ojos húmedos para que me quedara, me abrasaban y tocaban su cuerpo blanco contra el mío, caliente y frío en algunas otras partes, esto era lo más cercano que estaba de volver a tocar algún cuerpo, se me ha olvidado lo que se siente abrazar, pero no me gustaba sentirme mal por mi mismo tan temprano, ¿lo era?
Perdí la noción del tiempo completamente pero le quité importancia, me recosté en la cama un segundo más o por lo menos yo creí que eso había sucedido.
Volví a despertar pero se había nublado un poco el cielo, lo sentí como si hubieran sido sólo algunos minutos, eran las 3 de la tarde y yo no había salido a trabajar, no sé porqué me despreocupé de aquel acontecimiento que hubiera vuelto a matar a mi madre si aún viviera conmigo. Y si no la hubiera matado…
Salí de mi casa sin bañarme y con mis tenis favoritos, siempre les cambiaba las agujetas, tenía cientos de ellas de diferentes colores, tamaños y texturas. Hoy traía puestas unas de mis favoritas, naranjas neón con puntos verdes neón.
Seguí caminando por la calle que cruza la mía, todavía faltaba un poco para llegar al trabajo, lo sé porque siempre tengo que pasar un parque extraño con árboles que nunca había visto antes, había siempre gente vendiendo comida y un globero que parecía atraer a todos los niños.
De pronto me detuve a observar a cada una de las personas que caminaban a mi alrededor, se podía escuchar perfectamente cómo los columpios rechinaban cada vez que subía y bajaba, el agua del estanque y el sonido de algunos patos que todavía se pasean por sus aguas. Me dieron las 5 de la tarde y seguía observando, no me cansaba, se volvería mi nueva fascinación.
Acab, el chico que era chica
• Acab es el tipo de persona que siempre le pone sal a la comida antes de probarla.
• Acab es el tipo de persona que no puede leer con música de fondo.
• Acab es el tipo de persona que camina con las agujetas desamarradas.
• Acab es el tipo de persona que se para a ver ropa de bebé cuando está en una tienda departamental.
• Acab es el tipo de persona que no lee un libro si no le gusta la portada.
ENTREVISTA
¿Tenías una buena relación con tu madre? Algo así, todo empezó a ir mal cuando descubrí que no era quien quería ser… Si sabes a lo que me refiero.
¿Tienes mascotas? Sí, un perro, Tibio.
¿Tienes hermanos? No, no tengo.
¿Sigues alguna religión? Me gustaría decir que sí, que soy un hombre de fe. Pero la realidad es que no creo mucho en la iglesia, pero claro que hay algo superior, una fuerza o una energía, no sé si sea eso, por no creer en Jesús que he sido tan infeliz… no puedo culpar a nadie, pero mi madre lo hacía.
¿Cuáles son tus metas? Me gusta la música.
¿Cuáles son tus cualidades? Creo que tengo mucha creatividad, me gustan los colores y el arte. Observar.
¿Cuáles son tus defectos? Soy un poco vale madrista, hay cosas que simplemente no me importan a la cuales debería de darles más peso en mi vida.
¿En qué trabajas? Vendo comida de animales cerca de un parque.
¿Cuál es tu estado civil? Soltero, creo que así será siempre.
• Acab es el tipo de persona que no puede leer con música de fondo.
• Acab es el tipo de persona que camina con las agujetas desamarradas.
• Acab es el tipo de persona que se para a ver ropa de bebé cuando está en una tienda departamental.
• Acab es el tipo de persona que no lee un libro si no le gusta la portada.
ENTREVISTA
¿Cómo te llamas? Acab
¿Cuántos años tienes? 25 años
¿En donde vives? En una ciudad, que parece más un pueblo que otra cosa.
¿Vives con tus padres? Mi papá nos abandonó, mi mamá está muerta… pero me gusta pensar que no estoy totalmente solo
¿Cuántos años tienes? 25 años
¿En donde vives? En una ciudad, que parece más un pueblo que otra cosa.
¿Vives con tus padres? Mi papá nos abandonó, mi mamá está muerta… pero me gusta pensar que no estoy totalmente solo
¿Tenías una buena relación con tu madre? Algo así, todo empezó a ir mal cuando descubrí que no era quien quería ser… Si sabes a lo que me refiero.
¿Tienes mascotas? Sí, un perro, Tibio.
¿Tienes hermanos? No, no tengo.
¿Sigues alguna religión? Me gustaría decir que sí, que soy un hombre de fe. Pero la realidad es que no creo mucho en la iglesia, pero claro que hay algo superior, una fuerza o una energía, no sé si sea eso, por no creer en Jesús que he sido tan infeliz… no puedo culpar a nadie, pero mi madre lo hacía.
¿Cuáles son tus metas? Me gusta la música.
¿Cuáles son tus cualidades? Creo que tengo mucha creatividad, me gustan los colores y el arte. Observar.
¿Cuáles son tus defectos? Soy un poco vale madrista, hay cosas que simplemente no me importan a la cuales debería de darles más peso en mi vida.
¿En qué trabajas? Vendo comida de animales cerca de un parque.
¿Cuál es tu estado civil? Soltero, creo que así será siempre.
martes, 16 de septiembre de 2014
Alex, Sesión 2
Estoy sentado enfrente de el joven barbudo que se hace llamar Nacho. Su oficina apesta a café y una taza llena de café negro esta delante de el. De vez en cuando, Nacho estira la mano y da un pequeño trago de café, reprimiendo una mueca de asco. Esta es la primera vez que vengo con un psicólogo, pero después de la primera llamada de mi padre en meses, ofreciéndome una oportunidad para regresar a trabajar para el, debía buscar atención psicológica y asistir una vez a la semana. Mi padre hablaría con el psicólogo cada quince días, cuando le informaría de mi progreso. Y aunque no quería en lo más mínimo asistir a terapia, conseguir mi trabajo y mi vida pasada era una oportunidad demasiado valiosa como para gastarla. Por esta razón me encontraba frente a este idiota, hablando de mis “problemas” con la pornografía.
-¿Estas diciendo que tu nunca la haz visto? –pregunto incrédulo.
-No, para nada Alex…
Mi cara se transforma en una mueca de odio ante ese apodo, el lo nota y rápidamente se corrige.
-Lo siento, Alejandro. No. No digo que no la he visto antes. Solo digo que no la veo en lugar de salir.
-Pues yo si. Tal vez tu no te haz encontrado con suficientes hijas de puta como para ver que las mujeres son unas pendejas.
-¿Por qué serían pendejas todas las mujeres Alejandro? –Acaba de conseguir algo jugoso, metí la pata, no va a dejar de preguntar.
-Pues porque son mujeres, es lo único que saben hacer. Solo saben ser cabronas.
-Ahh… -exclama con una sonrisa, -¿cuántos años tenías cuando te abandono tu madre?
-Um… ocho.
-¿Y cuantos años tiene tu hermana? –pregunta, satisfecho de que su instinto pasado fuera correcta.
-¿Cómo sabe todo esto de mi? –digo francamente asustado.
-Hable con tu padre, ahora contesta.
-Alrededor de tres meses.
-¿Y la culpas?
-En lo absoluto. Mi hermana es mi hermana, nunca haría algo malo... por si misma.
-Pero… ¿qué no es drogadicta?
-No. Pero si las ingiere, eso es mi culpa.
-Si ya lo se, -dice entre bufadas, -eres muy mala influencia para ella.
Me levanto de la silla y me acerco a la puerta.
-¿No se supone que deberías estar de mi lado? –el enojo se escurre de mis labios y se inyecta a cada palabra que sale de mi boca.
-Alex…
-¡No me digas Alex! –grito y salgo de la asquerosa oficina. Cumplir este trato será más difícil de lo que pensé.
Saco el celular y los hermosos senos de la actriz me saludan. La calma se inyecta en mi y suspiro. Tal vez solo necesito relajarme un poco. Y se la forma perfecta para hacer eso. En cuanto pienso en lo que haré llegando a casa, mi cuerpo responde positivamente. ¿Cómo algo tan agradable puede ser considerado malo por algunos?
-¿Estas diciendo que tu nunca la haz visto? –pregunto incrédulo.
-No, para nada Alex…
Mi cara se transforma en una mueca de odio ante ese apodo, el lo nota y rápidamente se corrige.
-Lo siento, Alejandro. No. No digo que no la he visto antes. Solo digo que no la veo en lugar de salir.
-Pues yo si. Tal vez tu no te haz encontrado con suficientes hijas de puta como para ver que las mujeres son unas pendejas.
-¿Por qué serían pendejas todas las mujeres Alejandro? –Acaba de conseguir algo jugoso, metí la pata, no va a dejar de preguntar.
-Pues porque son mujeres, es lo único que saben hacer. Solo saben ser cabronas.
-Ahh… -exclama con una sonrisa, -¿cuántos años tenías cuando te abandono tu madre?
-Um… ocho.
-¿Y cuantos años tiene tu hermana? –pregunta, satisfecho de que su instinto pasado fuera correcta.
-¿Cómo sabe todo esto de mi? –digo francamente asustado.
-Hable con tu padre, ahora contesta.
-Alrededor de tres meses.
-¿Y la culpas?
-En lo absoluto. Mi hermana es mi hermana, nunca haría algo malo... por si misma.
-Pero… ¿qué no es drogadicta?
-No. Pero si las ingiere, eso es mi culpa.
-Si ya lo se, -dice entre bufadas, -eres muy mala influencia para ella.
Me levanto de la silla y me acerco a la puerta.
-¿No se supone que deberías estar de mi lado? –el enojo se escurre de mis labios y se inyecta a cada palabra que sale de mi boca.
-Alex…
-¡No me digas Alex! –grito y salgo de la asquerosa oficina. Cumplir este trato será más difícil de lo que pensé.
Saco el celular y los hermosos senos de la actriz me saludan. La calma se inyecta en mi y suspiro. Tal vez solo necesito relajarme un poco. Y se la forma perfecta para hacer eso. En cuanto pienso en lo que haré llegando a casa, mi cuerpo responde positivamente. ¿Cómo algo tan agradable puede ser considerado malo por algunos?
Emily y la muerte
Nadie me cree, todos creen que estoy loca, me dicen “rara”, pero justamente el otro día Nacho, se mostró muy interesado en mi encuentro con Sofiaté; ayer me encontré a Sofiaté en el parque platicamos un rato, ella me contó que ella estaba muerta, eso me hace pensar, ¿Peter estará muerto o vivirá? Y ¿Podré haber platicado con alguien más sin saber que en realidad era un fantasma? La verdad es que no me doy cuenta de la diferencia, para mí Peter y Sofiaté se me hacen igual de reales que mi mamá, papá y que Regis, así es que ¿estaré loca en realidad? Ya me había puesto a pensar en esto, yo siempre supuse que Peter estaba muerto, aveces me cuenta mucho de otras épocas, yo pensaba que eran de su vida anterior, pero Peter nunca me lo a contado, hemos platicado de todo menos de eso, nunca se me ocurrió preguntar porque se había hecho fantasma o si lo era, nunca le pregunte si el sabia que lo era, terminé creyendo que era un fantasma, porque mis papas siempre me trataban de decir que Peter no existía y ellos no lo veían, entonces llegue a la conclusión de que Peter había muerto, yo le he creado historias fantásticas en mi cabeza, de sus heroicas batallas, su extenso conocimiento de idiomas y de historia, me habla de relatos de Napoleon, me ha contado historias príncipes y princesas, de piratas y de barcos, tesoros perdidos y de islas misteriosas, siempre me a apasionado la historia, por eso en la escuela soy siempre la que levanta la mano para contestar alguna pregunta que tenga que ver con el pasado y la historia, gracias a Peter yo se mucho de eso, entonces a veces me he interesado por la muerte, para poder saber más sobre Peter, ayer Sofiaté y yo platicamos un poco de eso. Considerándolo, creo que Nacho se esta interesando mucho en Sofiaté, pero ya no me habla como antes, como si me dijera “pobre niña loca que no sabe lo que está haciendo y piensa que su mejor amigo existe” ahora me habla diferente, ya no como si tuviera que resolver mis problemas y que tuviera que dejar de preocupar por ello a mis padres, ya que mi mamá está desesperada y creo que piensa que sigo hablando con Peter y yo que pensaba que la había convencido de que si le creía de que Peter estaba muerto, bueno tiene sus propios problemas.
Carta a mi hijo
Querido Dylan:
¿ Cómo puedes decir que fuiste una error, una equivocación?
Tal vez no teníamos planeado tenerte y en ese entonces éramos muy jóvenes e inmaduros. Tal vez unos “niños” que se ganaban la vida en los negocios ilícitos.
Para algunos tal vez no llegaste en el momento deseado, pero para nosotros no. Nunca te vimos como un error, una equivocación o un “ se me chispotio ”, en especial para tu padre quien estaba feliz casi hasta la locura que no paraba de repetirme todos los planes que tenia contigo no importando que fueras y quien fueras en el futuro.
Tal vez ahora te sientes enfadado conmigo por no estar contigo y por la muerte de tu padre. Lo entiendo y no pido que me perdones o me comprendas ya que estas en tu derecho. Espero que algún día puedas comprender que si no estas con tu familia fue para darte una mejor vida que la que tuvimos, tu padres. Inmediatamente cuando supimos que te estábamos esperando juramos que tú no ibas a vivir aquí, que tu no ibas a saber lo que era el hambre, el odio y la maldad, que tu no ibas a ser como nosotros. Tu padre y yo acordamos que íbamos a luchar incansablemente y si fuera necesario con nuestra vida para que tuvieras una vida normal, lejos del mundo en el que me crie. Aunque moríamos de ganas de irnos muy lejos y formar una familia feliz y normal al otro lado del mundo sabíamos de ante mano que ya estábamos malditos al momento de matar a nuestro primer “cliente”, sabíamos que no podíamos escapar por lo que nos crearon y por las innumerables venganzas que se fueron dando conforme los asesinatos que perpetramos.
La única opción que nos quedaba era la adopción y sin deseos de ella comenzamos la búsqueda de unos padres perfectos para ti; luego de meses, encontramos a los Sims, una familia de clase media que había pasado tres años intentando concebir. El primer día que los visitamos inesperadamente no cabían en si de jubilo ( ya que habían intentado adoptar pero al parecer no cumplían con los requisitos) pues les habido caído del cielo una pareja de jovencitos que les daban a cuidar a su hijo, no sin algunos términos que acordamos dentro del que están todas las medidas de seguridad que te están asfixiando y por las que supongo que me odias. Se que este par te cagan porque son un par de jodones, que todo el día te dicen lávate los dientes, ya comiste ¿ con quien estabas?¿ que paso con la tarea? etc. Crees que no lo se, pase los últimos cuatro meses de embarazo en su casa, llenándome de consejos de cómo ser una madre ya que aunque no viviera contigo ellos decían ( y dicen) que debía prepárame tan siquiera para las cosas más básicas; además, de la estúpida dieta que me impusieron al igual que la prohibición de consumir tabaco, alcohol, heroína, cocaína, mariguana, en fin todas las sustancias que pudieran perjudicarte . Y no solo a mi también a tu padre el cual siendo sincera las aceptó más gustoso que yo.
Todo esto para que pudieras nacer sin alguna imperfección y te pudieras is desarrollando adecuadamente. Razón por la que les doy gracias a los Sims por asesorarme, por educarte y por los primeros años de tu vida que nos dejaron compartir a mí y a tu padre en su casa.
Así que no te enojes con ellos porque no me dejaron comprarte la moto y el videojuego que me pediste en la última llamada. Tal vez ellos tengan una razón buena que ni tu ni yo podemos comprender.
Atentamente
Tu madre
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