lunes, 8 de septiembre de 2014

El Parque de Alejandro

Este parque si es un parque, por más que parezca un bosque. Altos arboles con ramas distantes se enciman unas sobre otras. Olor a tierra mojada, a naturaleza. Olor a vida. El sol brilla intensamente por entre las hojas, creando una manta en el blando suelo. Debería de hacer calor, pues son las dos de la tarde, pero la brisa y la sombra de los arboles no ahoga, sino abraza. Hay una vieja banca, debajo de un enorme y hermoso roble. Es muy difícil de encontrar pues se debe de salir del camino de pavimento roto y desgastado. Si se sigue un camino de tierra, donde el pasto es poco y las hojas muertas son abundantes, se llegara a las banca. El canto de los pájaros arrulla, y el sonido de una caída de agua canta en los oídos de la gente. Familias, parejas, niños, señoras, atletas. Todos en un mismo lugar. Todos por ese camino de pavimento.

Pero esta esa banca. Solitaria, despellejando su piel color blanco, con manchas de una madera obscura que se asoma como huesos. Sola esta esa banca. La humedad la ha lastimado, la han abandonado. El sol calienta la madera, dibujando patrones con las sombras de los árboles. El camino poco frecuentado cruje bajo los pies de quienes lo transitan. Melodía para los oídos de la gente que prefiere estar sola. Alejada.

Se ven varias personas en la plaza, por la fuente. Un niño con un helado, sonriente y tomando a su orgullosa madre de la pierna del pantalón. Un perro, recostado entre las piernas de su amo, dormitando en esta cálida tarde. Una señora, con arrugas en la cara pero con una sonrisa en los ojos alimenta a unas gordas palomas. Personas riendo, hablando, gritando. Personas corriendo, patinando.  Pero lejos de ahí, tan lejos que el ruido de la gente se ahoga en la melodía que el aire, acompañado de pájaros y agua crea. Tan lejos que uno puede pretender estar solo. No solo en el parque, sino solo en el mundo. Y ahí, a lo lejos, esta esa banca. Una banca para las personas que anhelan escuchar lo que sienten, lo que son, lo que quieren.

La fuente es bella, pues las gotas de agua crean cristales preciosos que caen rápidamente. Regresando. Se ve un arcoíris entre las gotas, hermoso y brillante. Los pequeños juegan en la fuente, mojándose, riendo. Hay barcos y burbujas y cometas. Hay pelotas y flores y papeles.

Todo en este bello parque que parece un bosque.

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