Una joven extraña y misteriosa estaba sentada en un banco del parque, estaba con una sonrisa en la cara, y después se ponía con cara pensativa y otra vez volvía a sonreír, contemplaba algo, tenía cara de placer, y había enfrente una pareja besándose con pasión. Emily nada mas la miraba no muy convencida, le tenía miedo, llevaba ahí parada viéndola durante media hora, decidiéndose en ir a hablarle o no, Emily suponía que esa mujer, era de la que Peter estaba hablando, lo presentía.
Emily dio un paso hacia delante, se armó de valor y le habló.
-hola-soltó no muy convencida, la mujer volteó con una cara de misterio y desconcierto.
-¿hola?-.
-perdona, creo que necesito tu ayuda- no sabia como empezar, ¿que le diría?
-¿te conozco?- le dijo de forma muy agresiva.
-no, no lo creo, pero creo que me puedes ayudar con un amigo-.
-ja, ¿crees que te voy a ayudar con algo?, ¿con un amigo?- al pensar en ese amigo le vinieron ideas horribles, y si era ese del que todos hablaban, ese en el que últimamente le preguntaban mucho, ese el que le pidió ayuda al hacerle una visita.
-si, se llama Peter, pero otros lo conocen como Nicolás- al decirlo la mujer puso una cara de susto.
-¿Nicolás?¿Peter?- esa era la niña de la que le había hablado Nacho, ese “doctorcito” , esa niña que dicen que ve fantasmas.
-ehh, sí, necesito que me ayudes con Peter-a Emily ya no le estaba dando miedo, se estaba desesperando, ya quería acabar con eso, pero si quería que le ayudara a Peter-bueno, me vas a ayudar con Peter o no-.
-si, creo que te voy a ayudar, pero, solo por mi amiga Alondra, creo que quiere saber algo sobre su hijo –al escucharlo Emily le dedicó una sonrisa y ya se había olvidado del miedo que le producía, pues junto con el miedo le daba curiosidad, la abrazó por la alegría.
-¡gracias, gracias, gracias!- y se fue Emily.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Buscando pelea
Ya pasó una semana y el coraje que tengo hacia Nacho no ha desaparecido, sigue igual de intenso, ardiente e incontrolable como desde el momento en el que nos peleamos. Tengo un enorme deseo de venganza.
¿ Que podría hacer?
¿ Podría vengarme de él , enviando alguien a amenazarlo?
¿ A quién puedo enviar?
En la noche fui a comer con Pablo y le comente mis más oscuros deseos hacia Nacho.
Pareció desconcertado pero entendió la razón de mi descontento, estuvo indispuesto a ayudarme pero al final de la velada cuando ya me iba me dio una pequeña tarjeta.
- No concuerdo, contigo. Pero ten si tu deseo es la venganza.
- ¿Qué es?
- Llama y veras
Al día siguiente después de ver el último video de una de mis paginas favoritas, me dormí.
Soñé con mi plan maestro y el deseo de hacerlo posible, de ver a Nacho suplicándome mi perdón, me despertó.
Fui a la mesita donde suelo tomar el desayuno, tome la extraña tarjeta y llame automáticamente, sin pensar con la cabeza, dejando que la furia, el coraje y el odio me dominaran.
Empezó el zumbido de la espera.
Piiiiii
Piiii
Casi al tercer zumbido, la llamada entró. Hubo un breve silencio y al final la persona de la otra línea contesto fríamente que me erizo la piel.
- Se breve y claro
- ¿ Qué?
- Se breve y claro
- ¿De que?
No entendí porque tenia que ser breve y claro hasta que después de otro silencio la persona dijo – Es la primera vez que llamas ¿ verdad?
- Si
- ¿ Para que llamas?
- Ehh ¿ Quisiera amenazar a alguien?
- ¿ Nombre completo de la persona?
- Nacho Ruiz Ochoa, psiquiatra.
- ¿ Como desea amenazarlo?
- Ehh no se. Hmmm.. como quiera.
- Entiendo¿ lo desea vivo?
- Si ( aunque este enojado creo no poder con la conciencia de matar a alguien)
- Para el trato formal nos vemos en el café “ El pingüino” a las 4: 00 p.m.
Y colgó el teléfono dejándome con la duda en donde estaba dicho café.
Bruno poeta
“La mentira que todos hacen, la gran mascara que todos usan y la droga que todos los medicos, padres y amigos recetan. No es más que un veneno mortal que te matara, pero no dejare que nadie te ayude. No hasta que decidas hacer lo que sientes como lo sientes. Pero entonces te juzgara y podría ser que ese fuera un veneno aun más peligroso.
Pero… solo sonríe..?”
B. de Barbette
Nacho Borracho 2
Abro los ojos. El hijo de papi ya se paró y ya se fue. No tengo ánimo de levantarme y seguir peleando con Alexito, el chavito que no tiene nada mejor que hacer que ir al gimnasio y que por eso me rompió la cara como si yo fuera un enclenque. No estoy borracho, demonios, no estoy borracho...
-¡Tú! ¡Sucio vagabundo! ¡Déjala en paz!
-¿Quién eres tú y quién te pidió tu ayuda?
-Bellllaaaa... fumadora delparque.... quién te está molestaaando
-El que está molestando eres tú, cabrón. Lárgate.
-¿Tú...? ¿Tú escribiste esa carta tan... tú?
-¡Tú! ¡Sucio vagabundo! ¡Déjala en paz!
-¿Quién eres tú y quién te pidió tu ayuda?
-Bellllaaaa... fumadora delparque.... quién te está molestaaando
-El que está molestando eres tú, cabrón. Lárgate.
-¿Tú...? ¿Tú escribiste esa carta tan... tú?
Nacho Borracho
He tenido sueños persecutorios de los que despierto terriblemente excitado y cubierto de sudor, aterrorizado y seguro de que esos cuchillos están realmente enterrándose en mis intestinos, en mis ojos, que esa pistola está tronándome las costillas y atravesándome la espalda, que esa carne envenenada baja por mi esófago, quemando todo a su paso, que hermosas mujeres me escupen y patean cuando estoy en el suelo...
Hoy tuve uno de esos sueños y me tambalée hasta la cocina en busca de una botella de agua, pero agarré mi botella de Bonafont, la que tenía llena de vodka para poder subirla al metro, y le di un buen trago. Al demonio con todo y con todos. Al demonio con el fantasma de mi madre en mi cabeza: quiero una mujer de verdad. O dos. Ya estuvo bueno de estas malditas ingratas. Me tomo un buen trago más y salgo del departamento con mi piyama de franela y un saco elegante encima. Debo verme ridículo, como un vagabundo que no sabe combinarse. Un vagabundo. Ese maldito vagabundo que acosa a la bella fumadora del parque. Yo voy a salvarla. Voy a salvar a Alondra también. Ella no sabe que en el fondo me necesita, su carta está llena de pistas de esto: su carta es un grito de ayuda y yo lo he entendido. Voy a encontrar a tu hijo, Alondra, voy a salvarte de todo, fumadora del parque, voy a... voy a... ¿cuáles otras mujeres puedo salvar?
La botella de vodka bajo el brazo. La medianoche a mi alrededor. El odio, el amor, el miedo, todo junto. Los ojos de esa bruja en los míos. Los labios de Cristina en los míos. Todo junto.
Ahí está Alondra.
-Hermosa paloma... recibí tu carta y entiendo tu mensaje, ave maravillosa... estoy aquí para que juntos encontremos a tu hijo Nicolás. Necesito contarte que he empezado la búsqueda, Alondra...
-¿Qué haces aquí? ¡Lárgate de aquí! ¡Tengo una cita!
-... Alondra, encontré a una niña que tiene contacto con tu hijo... con su espíritu... se llama Peter... no la niña, sino el espiritu de tu hijo... La niña se llama Emily, es paciente mía y....
En eso pasa algo que no me esperaba para nada: el hijo de papi, el Alejandrito este que embarazo a mi paloma y la dejó abandonada está acercándose aquí. ¿Qué demonios le pasa?
-¿Nacho?- grita. Viene con ganas de pelear.
Camila
Un pájaro se posa en la rama más baja del árbol delante de mi. Estoy en aquel callado escondite donde el mundo se paraliza. Donde la única señal del tiempo es el sol, el aire y los pájaros. Estoy sentado, tratando de convencerme de que hoy es la noche en la que la puta será desterrada de mi mente. Estoy tratando de escoger un bar o tal vez un prostíbulo. No estoy seguro de cómo manejar esta situación, pues los últimos meses han estado llenos de mujeres tan fáciles que con un solo click me brindan sus secretos. He vito todos los videos de mis páginas favoritas, y ahora me cuesta trabajo excitarme con las mujeres dentro de mi computadora. Vaya vida la mía. En ese momento un silencio impresionante llena el parque, y es ese el momento en el que decido que mis pensamientos me están confundiendo. Me pongo de pie y camino, esperando escuchar a un animal de cuatro patas detrás de mi. A un perro llamado Jorge. Sigue enfermo gracias al desgraciado que ahora lleva un moretón en el ojo a todas partes, añadiendo más horror a su cara. Cuando llego al camino de concreto, la veo. Esta delante de mi, alimentando unas palomas. Su pelo negro cubre parte de su cara y recuerdo esa vez que la vi cuando le di una paliza al estúpido de Horacio. Es pequeña, pero no se ve débil. Aún así quiero protegerla. Su parecido a Camila es mucho desde esta distancia. Pero como me voy acercando, me doy cuenta de que sus cachetes son más grandes, sus ojos más pequeños y su cara más rozada. Nos miramos a los ojos, tan solo un segundo. Pero es suficiente. En ese segundo veo su inocencia, su timidez. Por primera vez en mucho tiempo, los pensamientos que inundan mi cabeza no tienen nada que ver con el sexo, no veo lo que trae debajo de la ropa, ni lo que representa para mi como mujer, no veo el abandono, ni a las mujeres que han abandonado mi vida. Veo a mi hermana. A la que no he visto en más de 2 años. A quien he lastimado y corrompido sin querer hacerlo. Momentáneamente, la niña que esta frente a mi crece unos años, su pelo es más largo, su fracciones más finas. Su cuerpo más esbelto, sus manos más chicas, sus uñas pintadas. Es Camila. Me acerco a ella, y como en trance arranco la flor más hermosa de una buganvilia y se la doy. Sonrío y doy media vuelta. Cuando estoy a algunos pasos de distancia, me asomo por encima de mi hombro y veo a una chiquilla de 14 años, observando muy confundida la flor que tiene entre las manos. Mi hermana ha desaparecido. Otra vez. Pero ahora no fue mi culpa.
Carta a Peter
Querido Peter:
Ya se que me entiendes, como nunca nadie lo ha hecho, has estado conmigo siempre y por siempre, eres mi mejor amigo te llames Nicolás o Peter, ya se que yo te puse ese nombre, porque no recordabas el tuyo, haré todo lo que me pidas, porque confío en ti y quiero seguir contigo por siempre jamás, si tratan de que ya no crea en ti, pero siempre creeré en ti, tu eres el único que entiende que soy demasiado madura para mi edad, se cosas que normalmente otros no saben, creo que yo también puede que sea una reencarnación, porque mi alma es vieja, solo tu lo sabes, tengo una gran imaginación, pero recuerdo cosas de vidas anteriores de lugares en los que nunca pude haber estado, esas historias que yo creía que me contabas, yo era quien las recordaba en las noches, soñaba con ellas y aveces yo te las contaba a ti, por eso no soy una niña normal, aunque aveces me siento como una, pienso como una, soy una, pero, si,te ayudaré a saber más sobre ti, sobre tu vida pasada, sobre tu asesinato, buscaré a la mujer extraña y misteriosa. La verdad no se que le diré, le contaré de ti, como Nicolas, la buscaré por ti. Yo tampoco creo que poder comunicarnos sea una casualidad.
Tuya, tu amiga por siempre, Emily
Ya se que me entiendes, como nunca nadie lo ha hecho, has estado conmigo siempre y por siempre, eres mi mejor amigo te llames Nicolás o Peter, ya se que yo te puse ese nombre, porque no recordabas el tuyo, haré todo lo que me pidas, porque confío en ti y quiero seguir contigo por siempre jamás, si tratan de que ya no crea en ti, pero siempre creeré en ti, tu eres el único que entiende que soy demasiado madura para mi edad, se cosas que normalmente otros no saben, creo que yo también puede que sea una reencarnación, porque mi alma es vieja, solo tu lo sabes, tengo una gran imaginación, pero recuerdo cosas de vidas anteriores de lugares en los que nunca pude haber estado, esas historias que yo creía que me contabas, yo era quien las recordaba en las noches, soñaba con ellas y aveces yo te las contaba a ti, por eso no soy una niña normal, aunque aveces me siento como una, pienso como una, soy una, pero, si,te ayudaré a saber más sobre ti, sobre tu vida pasada, sobre tu asesinato, buscaré a la mujer extraña y misteriosa. La verdad no se que le diré, le contaré de ti, como Nicolas, la buscaré por ti. Yo tampoco creo que poder comunicarnos sea una casualidad.
Tuya, tu amiga por siempre, Emily
martes, 23 de septiembre de 2014
Crónica de un enamoramiento... La Piedra Helada
En aquella pierda helada existía un recuerdo olvidado, una historia que la había intentado suprimir pero que aún volvía a su memoria. En aquella piedra fría y seca que intrínseca se había acostumbrado a bombear sangre demasiado liquida, diluida en lágrimas.
Resultó entonces que en el verano del 2011 una joven lamentaba la muerte de su padre y luchaba con la sombra de su ausencia; Conoció por azares del destino a un joven encantador, prospecto artista de encantador perfil y sonrisa detenida en el tiempo y herrada siempre en aquella, ahora, piedra helada.
En un principio consideró la posibilidad de vender sus libros para rentar un pequeño lugar donde vivir, al menos por un tiempo, así que la joven se encontraba esa tarde de librería en librería.
Fue ahí donde lo conoció, entre novela histórica y poesía.
Ella estaba comparando unos tomos de la librería con unos que tenía en casa, cuando una voz se dirigió hacia ella.
-Si vas a comprarlo hazlo, pasados los diez minutos de convencimiento propio es porque el libro no es para ti.
La joven de ojos grandes se volteó para ver a un joven alto, de cabello castaño y ojos claros, mirada firme y líneas articuladas.
-No voy a comprarlo…
-Eso mismo estoy diciendo yo – la interrumpió el joven de ojos claros.
Ella evitó su mirada, que era sentenciosa y parecía esperar algo a cambio, algo que ella había perdido hace tiempo.
Sin embargo la enfrentó una última vez antes de excusarse y salir de la tienda.
Lamentablemente para ella, no sería la última vez que lo vería, no, estaba lejos de serlo.
Estaba la joven en un parque al que solía ir junto con su padre, mirando a la gente, recordando los gritos alegres de los niños con quienes jugaba, los juegos que la separaban de su realidad por horas y horas; estaba ensimismada en ello cuando sintió un cambio de peso en aquella banca, (que en ese entonces, por cierto, todavía no estaba tan despintada y fúnebre).
-Ver a la gente es una obsesión sherlockianamente espeluznante, ¿lo sabes?, puedes ser muy buena en ello o muy mala, pero después de todo no deja de ser la manera más presuntuosa de hablar con uno mismo.
Y era el mismo joven de ojos claros, claro, ella no recordaba.
-¿disculpa?
-te conozco – sonrió él – en la librería, el otro día… estabas mirando un ejemplar bastante viejo y feo… ¿no?
- arcaico y viejo… - se lamentó la joven en un susurro.
-¿perdón? – y no tuvo respuesta – lo siento, ¿dije algo malo?
-me estás siguiendo – sentenció la joven de ojos grandes – llevo viéndote desde que llegué al parque… así que, dime, ¿Qué se te ofrece?
-vaya – suspiró- eres directa, ¿eh?... bueno, con esa misma… “franqueza”… sí, te vi cuando llegaste y no encontraba la manera de hablar contigo.
- ¿por qué? – preguntó ella con honesta incertidumbre.
-porque no se me ocurría que decir.
-¡No! – se exasperó – no… ¿por qué querrías hablar conmigo?
El joven no se esperaba eso así que titubeo antes de contestar.
-dime una razón para no querer hacerlo – sonrió – pero tiene que sr muy buena, si se te ocurre una razón autentica para no hablar conmigo la aceptaré y me iré… pero si no…
Y fue un “si no”, pues pasadas un par de horas ellos ya habían establecido una amistad bastante autentica, congelados sobre su banca mientras el resto del parque giraba como un tiovivo, autómata discreto que impotente pasaba junto a este par.
Él la invitó a quedarse en su casa mientras conseguía el dinero para un propio apartamento, aunque día tras día ella comenzaba a sentirse cómoda en aquellas paredes, con aquella compañía.
Y así comenzó; fue un día, luego otro, y otro, una tarde, un día, y poco a poco aquella banca se volvió una crónica de aquella relación y de aquella tarde lluviosa.
Estaba atardeciendo delicadamente mientras la joven pareja platicaba de literatura clásica, poesía y arte en general, fue entonces que el cielo en una caricia apresurada comenzó a filtrar gotas, luego cubetas y al final manguerazos de agua fría. La joven pareja corrió buscando un refugio y lo que comenzó como una retirada escabullida terminó como un juego y entonces, por un momento, la joven revivió aquellos momentos de embriaguez, de confianza, y el mundo se detuvo como nunca lo había hecho antes, ella ya no era ella porque él, que abarcaba tanto espacio dentro de su nueva realidad, no le daba plaza para nada más en el mundo. Y allí, tras un momento de adrenalina y agua, compartieron un beso, húmedo y honesto, que ella recordaría por siempre.
Y así los besos marcaron los días y las palabras se fueron terminando en aquel mundo donde un segundo valía una eternidad, y una eternidad se volaba en un segundo.
Tuvieron días de labios, tardes de palabras y noches de piel, y ella pensaba que su vida al fin retomaba los colores.
Pero a veces la vida pasa demasiado rápido y el rollo se termina con el pasar de la cinta.
Pues así fue que una tarde, volviendo la joven de una caminata por el parque, sorprendió a él con otra ella, en aquel sofá que le había pertenecido por varios meses, en aquellas paredes que la habían acogido, en aquellos brazos que la habían rescatado, en aquellos labios que tanto la conocían… en aquella persona que ahora desconocía.
Y su banca siguió allí, y aquellos días de lluvia la habían despintado y oxidado, y aquel parque que la había observado desde que corría con su parque conoció sus lágrimas en aquella noche en la cual una joven sola se cubre el rostro mientras la débil luz del farol la cobijaba, bajo el manto de la noche, aquella piedra helada.
Y prometió entonces no volver a caer bajo la frágil protección de sus ilusiones, bajo su boba sonrisa infantil, bajo aquel manto frio que era lo único que le pertenecía, eso y aquella piedra que se apretaba en su pecho y le helaba la sangre, revestida en lágrimas.
Aquella piedra fría que con el centro hueco se bañó en maquillaje y perfume barato, en una sonrisa falsa, en una figura de la noche en la cual fue forjada, como hija de la luna y de aquella luz de la farola.
Resultó entonces que en el verano del 2011 una joven lamentaba la muerte de su padre y luchaba con la sombra de su ausencia; Conoció por azares del destino a un joven encantador, prospecto artista de encantador perfil y sonrisa detenida en el tiempo y herrada siempre en aquella, ahora, piedra helada.
En un principio consideró la posibilidad de vender sus libros para rentar un pequeño lugar donde vivir, al menos por un tiempo, así que la joven se encontraba esa tarde de librería en librería.
Fue ahí donde lo conoció, entre novela histórica y poesía.
Ella estaba comparando unos tomos de la librería con unos que tenía en casa, cuando una voz se dirigió hacia ella.
-Si vas a comprarlo hazlo, pasados los diez minutos de convencimiento propio es porque el libro no es para ti.
La joven de ojos grandes se volteó para ver a un joven alto, de cabello castaño y ojos claros, mirada firme y líneas articuladas.
-No voy a comprarlo…
-Eso mismo estoy diciendo yo – la interrumpió el joven de ojos claros.
Ella evitó su mirada, que era sentenciosa y parecía esperar algo a cambio, algo que ella había perdido hace tiempo.
Sin embargo la enfrentó una última vez antes de excusarse y salir de la tienda.
Lamentablemente para ella, no sería la última vez que lo vería, no, estaba lejos de serlo.
Estaba la joven en un parque al que solía ir junto con su padre, mirando a la gente, recordando los gritos alegres de los niños con quienes jugaba, los juegos que la separaban de su realidad por horas y horas; estaba ensimismada en ello cuando sintió un cambio de peso en aquella banca, (que en ese entonces, por cierto, todavía no estaba tan despintada y fúnebre).
-Ver a la gente es una obsesión sherlockianamente espeluznante, ¿lo sabes?, puedes ser muy buena en ello o muy mala, pero después de todo no deja de ser la manera más presuntuosa de hablar con uno mismo.
Y era el mismo joven de ojos claros, claro, ella no recordaba.
-¿disculpa?
-te conozco – sonrió él – en la librería, el otro día… estabas mirando un ejemplar bastante viejo y feo… ¿no?
- arcaico y viejo… - se lamentó la joven en un susurro.
-¿perdón? – y no tuvo respuesta – lo siento, ¿dije algo malo?
-me estás siguiendo – sentenció la joven de ojos grandes – llevo viéndote desde que llegué al parque… así que, dime, ¿Qué se te ofrece?
-vaya – suspiró- eres directa, ¿eh?... bueno, con esa misma… “franqueza”… sí, te vi cuando llegaste y no encontraba la manera de hablar contigo.
- ¿por qué? – preguntó ella con honesta incertidumbre.
-porque no se me ocurría que decir.
-¡No! – se exasperó – no… ¿por qué querrías hablar conmigo?
El joven no se esperaba eso así que titubeo antes de contestar.
-dime una razón para no querer hacerlo – sonrió – pero tiene que sr muy buena, si se te ocurre una razón autentica para no hablar conmigo la aceptaré y me iré… pero si no…
Y fue un “si no”, pues pasadas un par de horas ellos ya habían establecido una amistad bastante autentica, congelados sobre su banca mientras el resto del parque giraba como un tiovivo, autómata discreto que impotente pasaba junto a este par.
Él la invitó a quedarse en su casa mientras conseguía el dinero para un propio apartamento, aunque día tras día ella comenzaba a sentirse cómoda en aquellas paredes, con aquella compañía.
Y así comenzó; fue un día, luego otro, y otro, una tarde, un día, y poco a poco aquella banca se volvió una crónica de aquella relación y de aquella tarde lluviosa.
Estaba atardeciendo delicadamente mientras la joven pareja platicaba de literatura clásica, poesía y arte en general, fue entonces que el cielo en una caricia apresurada comenzó a filtrar gotas, luego cubetas y al final manguerazos de agua fría. La joven pareja corrió buscando un refugio y lo que comenzó como una retirada escabullida terminó como un juego y entonces, por un momento, la joven revivió aquellos momentos de embriaguez, de confianza, y el mundo se detuvo como nunca lo había hecho antes, ella ya no era ella porque él, que abarcaba tanto espacio dentro de su nueva realidad, no le daba plaza para nada más en el mundo. Y allí, tras un momento de adrenalina y agua, compartieron un beso, húmedo y honesto, que ella recordaría por siempre.
Y así los besos marcaron los días y las palabras se fueron terminando en aquel mundo donde un segundo valía una eternidad, y una eternidad se volaba en un segundo.
Tuvieron días de labios, tardes de palabras y noches de piel, y ella pensaba que su vida al fin retomaba los colores.
Pero a veces la vida pasa demasiado rápido y el rollo se termina con el pasar de la cinta.
Pues así fue que una tarde, volviendo la joven de una caminata por el parque, sorprendió a él con otra ella, en aquel sofá que le había pertenecido por varios meses, en aquellas paredes que la habían acogido, en aquellos brazos que la habían rescatado, en aquellos labios que tanto la conocían… en aquella persona que ahora desconocía.
Y su banca siguió allí, y aquellos días de lluvia la habían despintado y oxidado, y aquel parque que la había observado desde que corría con su parque conoció sus lágrimas en aquella noche en la cual una joven sola se cubre el rostro mientras la débil luz del farol la cobijaba, bajo el manto de la noche, aquella piedra helada.
Y prometió entonces no volver a caer bajo la frágil protección de sus ilusiones, bajo su boba sonrisa infantil, bajo aquel manto frio que era lo único que le pertenecía, eso y aquella piedra que se apretaba en su pecho y le helaba la sangre, revestida en lágrimas.
Aquella piedra fría que con el centro hueco se bañó en maquillaje y perfume barato, en una sonrisa falsa, en una figura de la noche en la cual fue forjada, como hija de la luna y de aquella luz de la farola.
Una hoja de papel arrugada
Y que le den por el culo, pensó Roma mirando con desesperación a todos lados.
Eran aproximadamente las cinco de la tarde; Bruno la había dejado desde hacía ya un buen rato y la gente andaba en brisa, sofocando a la joven.
Seguro es algún pervertido que se cree muy listo… sí, seguro es eso… y que le den por el culo.
Y de pronto todos los allí presentes parecieron mirarla solo a ella, pareciera que el mundo se detenía y ella era el centro de atención… y lo detestaba.
Apretó la hoja de papel en una pelota deforme y la arrojó lejos, hacia la jardinera.
No permitiría que nadie se burlara de ella, ningún poeta, Cyrano escribe-mierda iba a jugar así con ella. Debía llegar al fondo de ello.
La carta apareció a su lado, sin que ella supiera de donde había venido, simplemente apareció allí.
Seguro se le cayó a alguien – pensó en un principio, pero nadie más había estado en esa banca a lo largo del día, solo ella y Bruno.
¿Quién era este Nacho y que quería de ella? Seguramente acostarse con ella, como todos los hombre, y esperaba una rebaja, un descuento, un acto de “amor”
Y esa actitud, valiente, pedante, ¿Quién se creía este imbécil? Seguramente no es más que un niño de mami, degenerado y urgido.
O al menos eso pensaba Roma quien, a lo largo de su vida, nunca había recibido una nota de amor honesto, una sola pizca de cariño, y lo único que recordaba de ello eran los brazos fuertes de su padre, memoria que incluso ya se estaba evaporando, y con el mucho agrado de la joven que prefería olvidar aquellos sentimientos, sobretodo ella que vivía precisamente de fingirlos.
Pero incluso en el corazón empolvado de aquella joven, cabía lugar para la esperanza, para la ensoñación, para sentir, o al menos querer hacerlo, que para alguien era importante, amada sin haber comparado precios, sin haber oído el catalogo, sin haber programado una noche en el hotel más barato de la ciudad.
Y por un momento existió una ilusión dentro del corazón de Roma. Pero ya era tarde, momento de ponerse la máscara y pelear una noche más contra los sentimientos, contra las patéticas ilusiones y los borrosos recuerdos… aunque…
La joven se levantó de su trono y, mirando a todos lados con suma discreción, comenzó a buscar una hoja de papel arrugada.
El Rey del parque
Eran alrededor de las dos de la tarde y el parque se abrió frente a la joven Roma.
Portaba una camisa usada y una playera de algún estampado extraño que ni ella alcanzaba a conocer, el cielo olía a sol nublado.
Caminó con seguridad ignorando a los plebeyos, arrastrados en prendas de marca y sonrisas sintéticas. Caminó con seguridad olvidando sus pasos firmes, siendo guiada por inercia al trono de madera vieja.
Y ahí estaba el rey del parque, aquel hombre viejo y sabio de una barba larga, tintada en negro y plata. Aquel hombre de lujo harapiento, aquel poeta oculto, y aquel… su único amigo.
Roma se sentó solemne a su lado, sin mirarlo, sin hablarle; y el aroma de abandono llegó a su olfato.
-Sol- pronunció aquel hombre con una seriedad fúnebre – que quema mis labios secos, secos de gritar sin decir palabra, sin besar, sin hablar con nadie de aquel sol loco que los convierte en polvo.
-Luna- contestó Roma sin dejar de mirar al frente –Que enfría mi piel que el sol abrazó, y mi garganta se cansa de tantas lágrimas heladas, de tantas noches desveladas.
-No me gusta- Respondió el hombre con hosquedad – muy… azul.
-Eso dices porque son las dos y ya tienes hambre.- Exclamó Roma con una sonrisa cariñosa.
El hombre se frotó la barriga, la cual respondió con un gruñido desganado.
-calma, calma – rió la joven, con una risa poco usual… honesta pero con miedo o tristeza, avergonzada.
Sacó entonces dos pequeños y arrugados bultos del bolsillo trasero de su pantalón y le ofreció uno a su acompañante. Este se lo arrebató con cierta desesperación y lo abrió con dedos anestesiados.
-emparedado de jamón aplastado, ¿eh? – dijo el hombre con un tono casi desgastado.
-y dos uvas – agregó Roma sacando unas cuentitas moradas del bolsillo de su camisa.
El rey las miró un momento antes de aceptarlas.
-Al menos no te sentaste en este par. –escupió en lo que podría haber pasado por una sonrisa.
-Bruno… a veces no entiendo cómo resistes este tipo de vida…
-yo sí –susurró inaudible para Roma– no lo hago.
Y se tragó las uvas sin decir nada más.Carta a Nacho
Nacho, cuervo, idiota manipulador...
Te odio, y no me interesa en lo más mínimo relacionarme contigo. Quiero ser muy breve y clara, ya que tengo claro que hablar con un pendejo es como hablar con un niño pequeño. No me vuelvas a comparar con tu madre maldito loco. Yo soy una madre y de las mejores, así que no estoy para que me comparen con nadie.
Mi hijo Nicolás es el único hijo que tengo y tendré, y para que te quede claro, si te he llamado hijo en algún momento es porque eso es lo que eres, un hijo puta. Y aunque es cierto que tienes unos ojos cautivadores y una barba que nadie puede resistir, insisto que te escribo para que te vayas a chingar a tu madre, que estoy segura que es algo que mueres de ganas de hacer. No quiero saber nada de ti.
Cancelaré todas mis consultas a futuro y espero que te mueras.
Con amor,
Alondra.
Te odio, y no me interesa en lo más mínimo relacionarme contigo. Quiero ser muy breve y clara, ya que tengo claro que hablar con un pendejo es como hablar con un niño pequeño. No me vuelvas a comparar con tu madre maldito loco. Yo soy una madre y de las mejores, así que no estoy para que me comparen con nadie.
Mi hijo Nicolás es el único hijo que tengo y tendré, y para que te quede claro, si te he llamado hijo en algún momento es porque eso es lo que eres, un hijo puta. Y aunque es cierto que tienes unos ojos cautivadores y una barba que nadie puede resistir, insisto que te escribo para que te vayas a chingar a tu madre, que estoy segura que es algo que mueres de ganas de hacer. No quiero saber nada de ti.
Cancelaré todas mis consultas a futuro y espero que te mueras.
Con amor,
Alondra.
Re: Misión Urgente
RE: MISIÓN URGENTE 21 de septiembre 2014
AGENTE CÓDIGO Tijeritas
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Vago apestoso
Agente Tijeritas:
Me reporto a sus órdenes y a su servicio.
Me gustaría expresar me encuentro muy complacido y conmovido por las felicitaciones a mi trabajo, y les agradezco habérmelas comunicado, siempre me impulsa a seguir esforzándome en esta labor tan humanista de asesinar perros.
Sin embargo, y muy a mi pesar, también les hago saber malas noticias. Agente código Susanita me ha comunicado una información muy importante acerca del operativo CFX, al parecer aún desconocen su identidad secreta, sin embargo han pasado el día de ayer a la salchichonería preguntado por mí, conociendo ya mi nombre y mi profesión. Como ustedes saben esta es una situación muy crítica par todo nuestro equipo, Lo-lix-pop se encuentra en serios aprietos de ser descubiertos. Si bien hemos distraído a CFY eso no nos salvará de un enfrentamiento con los terroristas CFX, especialmente con la comandanta Xris-ti-NAH coordinadora del grupo de malandros.
La buena noticia es que Agente código Susanita ha logrado extraer de las bocas del enemigo el nombre del traidor que ha rebelado mi paradero y mi identidad, ha sido el vago del parque, permiso para proceder con la tortura hacia el indigente.
En cuanto al Psico-analista no se preocupe jefe, usted páseme los detalles y le damos baile al pelado.
Espero sus órdenes,
Agente Embutido
AGENTE CÓDIGO Tijeritas
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Vago apestoso
Agente Tijeritas:
Me reporto a sus órdenes y a su servicio.
Me gustaría expresar me encuentro muy complacido y conmovido por las felicitaciones a mi trabajo, y les agradezco habérmelas comunicado, siempre me impulsa a seguir esforzándome en esta labor tan humanista de asesinar perros.
Sin embargo, y muy a mi pesar, también les hago saber malas noticias. Agente código Susanita me ha comunicado una información muy importante acerca del operativo CFX, al parecer aún desconocen su identidad secreta, sin embargo han pasado el día de ayer a la salchichonería preguntado por mí, conociendo ya mi nombre y mi profesión. Como ustedes saben esta es una situación muy crítica par todo nuestro equipo, Lo-lix-pop se encuentra en serios aprietos de ser descubiertos. Si bien hemos distraído a CFY eso no nos salvará de un enfrentamiento con los terroristas CFX, especialmente con la comandanta Xris-ti-NAH coordinadora del grupo de malandros.
La buena noticia es que Agente código Susanita ha logrado extraer de las bocas del enemigo el nombre del traidor que ha rebelado mi paradero y mi identidad, ha sido el vago del parque, permiso para proceder con la tortura hacia el indigente.
En cuanto al Psico-analista no se preocupe jefe, usted páseme los detalles y le damos baile al pelado.
Espero sus órdenes,
Agente Embutido
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lunes, 22 de septiembre de 2014
Por qué odio a los perros
Haber asesinado al perro no me causó ningún placer, al contrario, asesinar animales despierta en mi odio y rabia. Me hace recordar que nunca podré vengarme completamente de aquellos cuadrúpedos pulgosos con bocas mugrosas y lenguas rasposas.
Hay días que, mientras camino a mi casa, voy recordando su agresión, voy acordándome de como se llevaron a mi pequeña hermanita... ¿Qué? ¿Qué si la mataron? No, cometieron un acto aún peor contra ella, me cuesta trabajo incluso describir el crimen.
Por algo los animales son salvajes, me da asco pensar en quién dijo que “los perros son los mejores amigos del hombre” esos imbéciles o estaban enfermos o estaban estúpidos.
Los perros, debajo de su cabello en movimiento entre bailes de emoción falsa cuando llegas a tu casa, de su agitamiento de cola rogando por tu atención y las caricias, de sus besos mojados demandando que los saques a pasear al parque, debajo de su hipocresía interesada, de su falsedad y lambisconería, existe un mal diabólico.
Regresan a mi las imágenes de sus hocicos manchados de sangre, arrancando la pureza a mordidas, lamiendo el pudor de mi pequeña princesa, rodeándola y seduciéndola con ladridos. Extirpando gritos de goce de un alma suficientemente inocente e ingenua como para notar la aberración que estaba sucediendo.
Cuando todo terminó la ropa de una pequeña yacía desgarrada en el piso, a su lado se encontraba una mujer desnuda respirando profundo, recuperando su aliento, una mujer ya, la metamorfosis estaba terminada y yo había perdido a mi pequeña hermana.
De tu hermano Nacho
Querida Acacia,
No sé si te acordarás de mí, tu medio hermano Ignacio, pero en esta época de mi vida estoy tratando de encontrarme, de entenderme, y sé que tú eres parte crucial de procesos que pasaron en mi infancia y que traté de borrar de mi cabeza porque eran dolorosos.
El que mi padre engañara a mi madre con la tuya, y además de eso tuviera una hija, arruinó el matrimonio de ellos para siempre, y aunque se quedaron juntos un rato más, fue una herida incurable. No sé qué tanto hayas conocido a nuestro padre (creo que no mucho), pero es un hombre bastante duro, no se arrepiente de lo que hace y jamás pide perdón.
Yo no estuve listo para buscarte hasta ahora. Supongo que la madurez nos llega a cada quien en diferentes momentos, y yo estoy tan apegado a mi mamá, que el daño que tu nacimiento lo hice me tenía muy resentido. Pero somos familia, eres sangre de mi sangre, y quiero conocerte más. Cuéntame qué ha sido de ti, qué ha pasado con tu vida desde que mi padre desapareció de nuestras vidas.
Yo me dedico a dar terapia y también quiero escribir un libro. ¿Tú qué haces? ¿A qué te dedicas? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?
Un abrazo afectuoso,
Nacho.
Alex, Sesión 3
-Ale...jandro- me corrijo al vuelo. Si de por sí vienen cosas pesadonas, más vale tener al muchacho de buen humor. Yo, en cambio, estoy de un humor de perros, por que revisando mis notas, los videos del psiquiátrico y las cartas que me he estado robando, he llegado a la conclusión inevitable de que este adicto a la pornografía, este hijito de papi que pudo haber tenido a quién quisiera, es el desgraciado que embarazó a mi palomita, a mi Alondra. Así es: Alejandro es el papá de Nicolás el desaparecido, el re-aparecido, el amigo imaginario de Emily, el fantasma que pide ayuda a Scatha, la loca aquella que tuve que sacar del psiquiátrico cuando, claramente, es una amenaza para la humanidad. ¿Por qué me siguen los locos? Bah.
-Ni esperes que hable, que después de mi día de hoy estoy de un humor...- advierte Alejandro.
-Pero esto es terapia...
-Entonces habla tú, cabrón, que yo no quiero.
-¿Qué te pasa?
-¿Qué crees? Que soy un fracasado. Que no he logrado nada en esta puta vida, eso me pasa. Que soy un hijo de papi. Eso. Que la única mujer del mundo no me quiere y se fue a casar con otro. Que...
-¿La única mujer?- le pregunto, -¿nunca te has enamorado de otra?
-Nunca.
-¿Ni siquiera de una con nombre de pájaro y hermosos ojos verdes?
-Ah... déjame pensar... pues, me acosté con una ecuatoriana que se llamaba Golondrina, pero tenía ojos cafés...
-¡ALONDRA! ¡Se llama Alondra! ¿No te acuerdas de ella?- me costó trabajo controlar mi tono de voz, enfurecido como estaba de que Alondra hubiera sido para éste tipo solo una más.
-Humm.... no me suena.... pero puede ser.
-¿¡No te suena, hijo de puta!? ¡Pues adivina qué! ¡En esa noche que nada te significó, la dejaste embarazada!
-¿Tengo un hijo?
Mi mente da vueltas a la idea. Una mujer llamada Alondra, con ojos color esmeralda. Tengo un hijo. La idea de un pequeño ser que es parte de algo mío me aterra.
-Imposible. –digo, pero mi voz no suena segura, sino inquieta.
-Claro que no lo es pendejo, -dice el estúpido de mi “psicólogo,” –¿de verdad te sorprende? ¿Con cuantas te has acostado? ¿Ochenta?
Tiene razón, a estas alturas debería ser más impresionante que no tuviera uno, pues han sido tantas mujeres, que he perdido la cuenta después de las primeras cincuenta, pero estoy seguro de que fueron bastantes más que ochenta. Mi cabeza retumba y mi corazón palpita fuertemente. Me siento como en un sueño.
-No lo sé… no recuerdo.
-¿No lo recuerdas carbón? ¿No recuerdas sus inocentes ojos? ¿No te sientes culpable ahora que la ves en el parque? ¿No…
-Espera… ¿es la mujer del parque? –digo asombrado, con la imagen de una mujer alta de pelo negro y grandes ojos sentada en una banca. Recuerdo el día que me acerqué a ella y platicamos, su mirada me había cautivado a la distancia. Recuerdo como me llevó a su casa, donde fuimos recibidos por un gato. El animal era muy agradable, raro en una animal como ese, pero aun después de que lo tomé entre mis manos y lo cargué, no me gruñó. Fue un día interesante, pues aunque no se que vio en mi, la pasión que demostraba en cada movimiento era impresionante. Fueron dos rondas, la primera fue tranquila y lenta, mientras que la segunda fue mucho más salvaje. Recuerdo que me dio su número, pero lo “perdí.”
-Si, imbécil.
-Ya lo recuerdo. –digo lentamente, tratando de creer yo las palabras que salen de mi boca.
-Pues si. Tenías un hijo. Se llamaba Nicolás y…
-Espera… ¿tenía? –mi voz se rompe con la ultima sílaba.
-Si, murió. –dice lentamente, con una mezcla de crueldad y tristeza en los ojos. Este hombre me da miedo.
-Hasta aquí llego, me voy. –digo poniéndome de pie. –No te molestes en marcarme. No regresaré.
-¿Será que no puedes con el peso de tus acciones? –dice con una sonrisa maliciosa.
-No es eso, solo…
-¿Solo que?
-Solo debo irme. –mi voz suena dura como piedra.
Escucho como me habla Nacho a mis espaldas, pero no puedo parar. Debo llegar a casa. Camino y camino, tan rápido que la gente que esta en la calle me abre paso. Tiro una bolsa, pateo una caja, piso a una pobre anciana, pero en este momento lo más importante es llegar a mi casa. Llego al edificio y subo en el elevador, donde paredes de metal me encierran. En ese momento me recorre el cuerpo un escalofrío. Puedo ver mi aliento en este congelador, nube tras nube de vapor que sale corriendo de mi boca. Solo faltan doce pisos. Once. En ese momento una sombra se aparece detrás de mi. Es una sombra con enormes ojos verdes y chinos que caen como cascadas alrededor de su cara. El tiempo de detiene. Y yo me petrifico, pegándome contra la helada esquina del elevador. Cierro los ojos fuertemente. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Me repito una y otra vez este mantra. Este mantra protector. Abro los ojos y estoy tirado en el suelo del elevador.
¿Qué me esta pasando?
Mi mente da vueltas a la idea. Una mujer llamada Alondra, con ojos color esmeralda. Tengo un hijo. La idea de un pequeño ser que es parte de algo mío me aterra.
-Imposible. –digo, pero mi voz no suena segura, sino inquieta.
-Claro que no lo es pendejo, -dice el estúpido de mi “psicólogo,” –¿de verdad te sorprende? ¿Con cuantas te has acostado? ¿Ochenta?
Tiene razón, a estas alturas debería ser más impresionante que no tuviera uno, pues han sido tantas mujeres, que he perdido la cuenta después de las primeras cincuenta, pero estoy seguro de que fueron bastantes más que ochenta. Mi cabeza retumba y mi corazón palpita fuertemente. Me siento como en un sueño.
-No lo sé… no recuerdo.
-¿No lo recuerdas carbón? ¿No recuerdas sus inocentes ojos? ¿No te sientes culpable ahora que la ves en el parque? ¿No…
-Espera… ¿es la mujer del parque? –digo asombrado, con la imagen de una mujer alta de pelo negro y grandes ojos sentada en una banca. Recuerdo el día que me acerqué a ella y platicamos, su mirada me había cautivado a la distancia. Recuerdo como me llevó a su casa, donde fuimos recibidos por un gato. El animal era muy agradable, raro en una animal como ese, pero aun después de que lo tomé entre mis manos y lo cargué, no me gruñó. Fue un día interesante, pues aunque no se que vio en mi, la pasión que demostraba en cada movimiento era impresionante. Fueron dos rondas, la primera fue tranquila y lenta, mientras que la segunda fue mucho más salvaje. Recuerdo que me dio su número, pero lo “perdí.”
-Si, imbécil.
-Ya lo recuerdo. –digo lentamente, tratando de creer yo las palabras que salen de mi boca.
-Pues si. Tenías un hijo. Se llamaba Nicolás y…
-Espera… ¿tenía? –mi voz se rompe con la ultima sílaba.
-Si, murió. –dice lentamente, con una mezcla de crueldad y tristeza en los ojos. Este hombre me da miedo.
-Hasta aquí llego, me voy. –digo poniéndome de pie. –No te molestes en marcarme. No regresaré.
-¿Será que no puedes con el peso de tus acciones? –dice con una sonrisa maliciosa.
-No es eso, solo…
-¿Solo que?
-Solo debo irme. –mi voz suena dura como piedra.
Escucho como me habla Nacho a mis espaldas, pero no puedo parar. Debo llegar a casa. Camino y camino, tan rápido que la gente que esta en la calle me abre paso. Tiro una bolsa, pateo una caja, piso a una pobre anciana, pero en este momento lo más importante es llegar a mi casa. Llego al edificio y subo en el elevador, donde paredes de metal me encierran. En ese momento me recorre el cuerpo un escalofrío. Puedo ver mi aliento en este congelador, nube tras nube de vapor que sale corriendo de mi boca. Solo faltan doce pisos. Once. En ese momento una sombra se aparece detrás de mi. Es una sombra con enormes ojos verdes y chinos que caen como cascadas alrededor de su cara. El tiempo de detiene. Y yo me petrifico, pegándome contra la helada esquina del elevador. Cierro los ojos fuertemente. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Me repito una y otra vez este mantra. Este mantra protector. Abro los ojos y estoy tirado en el suelo del elevador.
¿Qué me esta pasando?
Nicolás entra por la ventana
Llego al parque pero esta vez decido colocarme en un punto en donde puedo ver al vendedor de hotdogs mugroso, a un vagabundo igual que el otro, a una puberta que me recuerda a alguien de mi pasado y a una puta fumando en una sexy posición que dan ganas de acércate y preguntarle a cuanto la hora. Los observo pero a la vez pienso en la conversación que tuve con el doctorcito. Creo que demasiada información para una sola plática pero a la vez mucha intriga de lo que verdaderamente quiere. ¿Qué es lo que buscara? Tal vez otro enamoramiento típico de él, pero definitivamente por interés en la niña ni quien se lo crea. Veo la hora y decido ir a la colmena. Al llegar me integró a los planes que se están llevando a cabo para matar a un político el cuál cree que puede hacer lo que su chingada gana se le pegue, pobre pendejo al parecer no se da cuenta que si ni uno puede hacer lo que quiere los títeres menos. Después de se fue mi hermano Roberto para echarse al politiquillo me regreso a mi ratonera; al llegar soy recibido por Gordon quien al parecer mató a una ratón, lo recompenso con un sobrecito de whiscas de su sabor favorito y el ratón se los echo a la stefhis, porque el Gordon es bien tonto para comerse a los ratones a los cuales solo sabe matar lentamente.
Saco una manzana del refrigerador, juego con ella un rato antes de darle una mordida. Voy a la tele pero no hay nada interesante solo las ridículas telenovelas cursis con la misma temática de siempre así que decido irme a la cama, me cambio, me lavo los dientes, bla, bla,bla.
Cómo me encanta mi cama, cómo me encanta el olor del Suavitel en mis sábanas (al parecer la señora del servicio hoy las cambió) pero lo que más me gusta es la sensación de mi cuerpo ya que esta muy cansando desde hace mucho, mucho tiempo. Trato de dormir, pero una niebla llega, densa lo suficiente para saber que es una fantasma, trasparente para saber que no quiere que lo vea. No lo veo pero lo siento y lo oigo cuando su voz suave pero penetrante dice lentamente mi nombre y me pide ayuda.
- S c a t h a
- A y u d a m e
- S c a t h a
- A y u d a m e
Yo lo ignoro y sigo tratando de dormir hasta que dice.
-Yo sé donde esta el niño de rizos achocolatados.
Entonces me incorporo y lo veo; veo un niño con ojos verdes, con unos ojos verdes que yo conozco. Me quedó inmóvil tratando de recordar donde los he visto, hasta que recuerdo pero si son nada más y nada menos que los ojos verdes de Alondra. Entonces el es Nicolás, quien se desvanece con una ráfaga de viento nocturno y sale por la ventana tal y como seguramente había entrado, por la ventana que hasta donde recordaba había estado cerrada cuando yo había cerrado los ojos.
- S c a t h a
- A y u d a m e
- S c a t h a
- A y u d a m e
Yo lo ignoro y sigo tratando de dormir hasta que dice.
-Yo sé donde esta el niño de rizos achocolatados.
Entonces me incorporo y lo veo; veo un niño con ojos verdes, con unos ojos verdes que yo conozco. Me quedó inmóvil tratando de recordar donde los he visto, hasta que recuerdo pero si son nada más y nada menos que los ojos verdes de Alondra. Entonces el es Nicolás, quien se desvanece con una ráfaga de viento nocturno y sale por la ventana tal y como seguramente había entrado, por la ventana que hasta donde recordaba había estado cerrada cuando yo había cerrado los ojos.
domingo, 21 de septiembre de 2014
¿Por qué odio a Nacho?
¿Por qué odio a Nacho?
Esta es de las preguntas que han rondado por mi mente en los últimos días. ¿Por qué es que lo he elegido a él específicamente para el asesinato de Emily y mío? Creo que se merece que piense en esto, me pregunto si el que me mató lo pensó…
Por un lado creo que era porque de pequeña me demostró que se es posible el estar enamorado, el ilusionarte, el ser feliz.
El siempre tan tonto de amarme, pero era feliz al hacerlo. Yo en cambio, con mi vida hecha pedazos, una familia tormentosa que no me quería, sin amigos, sin amor, sin nada…
Él, aunque fuera de una manera y por una razón algo estúpida, era feliz. Tenía algo por qué vivir, tenía sueños, aspiraciones, deseos. No estaba vacío…
Creo que el problema no fue que él fuera feliz en sí, creo que fue el hecho de que al mostrarme de cierta forma su felicidad me recordaba lo triste que era, no sólo yo, mi vida, vacía y sin sentido. Sin un presente ni un futuro, y con un pasado terrible.
Por esto lo odio, lo odio por amarme, por haber podido amar antes que yo.
Alondra, Sesión 1
Paredes blancas y flores amarillas es lo único que hay en ese cuartito en el que Alondra está metida. Tarareando al ritmo de la canción de entrada del programa Friends, Alo espera a su terapeuta. Ella piensa que este atractivo y joven terapeuta está interesado en ella ya que obviamente esta inconsciente de su triste situación, pero el solo está intentado ayudarla. Los padres de Alondra son los que pagan por estas sesiones de terapia, pero ¿quién es ella para saberlo?
-Alondra Fuenmayor – dice la hermosa secretaria que se encuentra atrás del escritorio de madera,
-Puedes pasar, el doctor la está esperando.
Doctor. Para Alondra es como música escuchar que un médico este tan interesado en ella. Si está loca, pero no tanto como para perder la oportunidad de tener una relación con un profesionista tan exitoso.
Se levanta, agarra su morral de colores, como los que puedes comprar en Coyoacán, y empieza a caminar hacia la ya muy conocida habitación. Toca tres veces y se escucha al otro lado de la puerta esa voz que ella tanto anhela escuchar todos los días.
-Hola hijo – Dice ella con una sonrisa.
-Hey Alo, que bueno que viniste. Pasa, toma asiento.
Alondra obedece y se sienta en el sillón no muy cómodo frente a Nacho. Lo mira a los ojos, y vuelve a sonreír.
-¿Cómo has estado Alo? – le pregunta él, agarrando su tabla y pluma. – ¿Te ofrezco un vasito con agua?
-Estoy bien, gracias – contesta seca. Está muy nerviosa.
-¿A qué pregunta estas contestando? – Nacho ríe y Alondra sonríe, sin contestar.
-¿Cómo fue tu día de ayer? ¿Hiciste algo interesante?– El doctor insiste mentas anota algo en su cuadernito.
- Nada del otro mundo, hijo. En realidad saliendo de aquí camine hacia el parque como cualquier otro día para recoger a Nico y estar con él un rato, cenamos y luego nos quedamos dormidos en mi cama después de ver Friends en la noche. Me costó mucho trabajo pasarlo a su cama.
- ¡Nicolás! ¿Cómo está tu pequeño? – pregunta Nacho interesado.
-Muy bien gracias, muere de ganas de conocerte. – Dice Alo mientras se sonroja, pero nacho solo anota en sus hojas algo que Alondra tiene tantas ganas de leer.
- Pronto tendré el gusto.
Silencio por unos minutos que parecen horas.
-¿Has hablado con tus papás? – pregunta en psiquiatra haciendo si trabajo, pero Alondra pierde el control y pega un grito de desesperación.
-¿Por qué chingados te da por preguntarme de mis pa- duda un poco pero luego recupera su rabieta -de los hijos de la chingada que te dije que no quería que mencionaras, eh? –
Se para y empieza a buscar algo que aventar, algo con lo que desahogar su enojo. El no intenta calmarla, solo escribe y escribe acostumbrado ya a los impulsos de la joven
-Sabes que lo único que yo quiero es ayudarte, Alo. No te preocupes, puedes confiar en mí.
-¿Confiar en ti? Confié en ti la primera vez que te conté de esos idiotas, y confié en que no volverías a tocar el tema, pero eres como todos se te dice una cosa y haces otra; así que no vengas conmigo a hablar de confianza.
Respira hondo y camina hacia la puerta para salir de ese lugar donde se siente encerrada, pero se encuentra con la sorpresa de que está cerrada.
-Siéntate, y no te preocupes, podemos hablar de otra cosa. – dice Nacho levantándose de su silla negra y caminando hacia Alondra tomándola de la mano, pero ella la quita.
-¿Hablar de qué?
-No sé, de lo que tú quieras. Porque no me platicas de que trató el episodio de Friends de ayer.
-Honestamente ya no tengo ganas de hablar contigo – Nacho vuelve a tomarla de la mano, - ¡Suéltame!
-Está bien, pero nos vemos mañana sin falta.
-No me esperes, - dice ella y espera a que él le abra la puerta. No puede esperar para ver a Nico.
-Alondra Fuenmayor – dice la hermosa secretaria que se encuentra atrás del escritorio de madera,
-Puedes pasar, el doctor la está esperando.
Doctor. Para Alondra es como música escuchar que un médico este tan interesado en ella. Si está loca, pero no tanto como para perder la oportunidad de tener una relación con un profesionista tan exitoso.
Se levanta, agarra su morral de colores, como los que puedes comprar en Coyoacán, y empieza a caminar hacia la ya muy conocida habitación. Toca tres veces y se escucha al otro lado de la puerta esa voz que ella tanto anhela escuchar todos los días.
-Hola hijo – Dice ella con una sonrisa.
-Hey Alo, que bueno que viniste. Pasa, toma asiento.
Alondra obedece y se sienta en el sillón no muy cómodo frente a Nacho. Lo mira a los ojos, y vuelve a sonreír.
-¿Cómo has estado Alo? – le pregunta él, agarrando su tabla y pluma. – ¿Te ofrezco un vasito con agua?
-Estoy bien, gracias – contesta seca. Está muy nerviosa.
-¿A qué pregunta estas contestando? – Nacho ríe y Alondra sonríe, sin contestar.
-¿Cómo fue tu día de ayer? ¿Hiciste algo interesante?– El doctor insiste mentas anota algo en su cuadernito.
- Nada del otro mundo, hijo. En realidad saliendo de aquí camine hacia el parque como cualquier otro día para recoger a Nico y estar con él un rato, cenamos y luego nos quedamos dormidos en mi cama después de ver Friends en la noche. Me costó mucho trabajo pasarlo a su cama.
- ¡Nicolás! ¿Cómo está tu pequeño? – pregunta Nacho interesado.
-Muy bien gracias, muere de ganas de conocerte. – Dice Alo mientras se sonroja, pero nacho solo anota en sus hojas algo que Alondra tiene tantas ganas de leer.
- Pronto tendré el gusto.
Silencio por unos minutos que parecen horas.
-¿Has hablado con tus papás? – pregunta en psiquiatra haciendo si trabajo, pero Alondra pierde el control y pega un grito de desesperación.
-¿Por qué chingados te da por preguntarme de mis pa- duda un poco pero luego recupera su rabieta -de los hijos de la chingada que te dije que no quería que mencionaras, eh? –
Se para y empieza a buscar algo que aventar, algo con lo que desahogar su enojo. El no intenta calmarla, solo escribe y escribe acostumbrado ya a los impulsos de la joven
-Sabes que lo único que yo quiero es ayudarte, Alo. No te preocupes, puedes confiar en mí.
-¿Confiar en ti? Confié en ti la primera vez que te conté de esos idiotas, y confié en que no volverías a tocar el tema, pero eres como todos se te dice una cosa y haces otra; así que no vengas conmigo a hablar de confianza.
Respira hondo y camina hacia la puerta para salir de ese lugar donde se siente encerrada, pero se encuentra con la sorpresa de que está cerrada.
-Siéntate, y no te preocupes, podemos hablar de otra cosa. – dice Nacho levantándose de su silla negra y caminando hacia Alondra tomándola de la mano, pero ella la quita.
-¿Hablar de qué?
-No sé, de lo que tú quieras. Porque no me platicas de que trató el episodio de Friends de ayer.
-Honestamente ya no tengo ganas de hablar contigo – Nacho vuelve a tomarla de la mano, - ¡Suéltame!
-Está bien, pero nos vemos mañana sin falta.
-No me esperes, - dice ella y espera a que él le abra la puerta. No puede esperar para ver a Nico.
Plática con Emily
-¿Oye puedes verme? ¿puedes verme? ¿Por qué estás en mi parque?
-Claro que puedo verte, si no, no te hablaría.
-No contestaste a mí otra pregunta…
-Este no es tu parque, los muertos no son dueños de las cosas vivas.
-Es mi parque digas lo que digas.
-no lo creo…
-Mira mocosa si no te vas voy a…
-¿A qué? No es como que te puedas mover.
-Voy a dejar de hablarte.
-¿Qué se siente estar muerto?
-No sientes nada.
-Cómo moriste.
-Me mataron.
-¿Cómo?
-Con una pistola
-¿Por qué?
-No lo sé.
-¿Querías morir?
-No.
-¿Quién te mató?
-No me sé su nombre.
-Ah, ya.
-¿Por qué preguntas?
-No sé, me caes bien.
-¿Yo? ¿Por qué?
-Porque parece que tienes una historia que contar.
-¿Por qué lo crees?
-¿No tienes una?
-Sí.
-Entonces dímela.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque solo hablo con gente que quiere morir.
-¿Y si te digo que yo quiero eso?
-Tienes 5 años, no creo que quieras morir.
-Digamos que tengo un cerebro avanzado.
Ese día conocí a mi mejor amiga…
-Claro que puedo verte, si no, no te hablaría.
-No contestaste a mí otra pregunta…
-Este no es tu parque, los muertos no son dueños de las cosas vivas.
-Es mi parque digas lo que digas.
-no lo creo…
-Mira mocosa si no te vas voy a…
-¿A qué? No es como que te puedas mover.
-Voy a dejar de hablarte.
-¿Qué se siente estar muerto?
-No sientes nada.
-Cómo moriste.
-Me mataron.
-¿Cómo?
-Con una pistola
-¿Por qué?
-No lo sé.
-¿Querías morir?
-No.
-¿Quién te mató?
-No me sé su nombre.
-Ah, ya.
-¿Por qué preguntas?
-No sé, me caes bien.
-¿Yo? ¿Por qué?
-Porque parece que tienes una historia que contar.
-¿Por qué lo crees?
-¿No tienes una?
-Sí.
-Entonces dímela.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque solo hablo con gente que quiere morir.
-¿Y si te digo que yo quiero eso?
-Tienes 5 años, no creo que quieras morir.
-Digamos que tengo un cerebro avanzado.
Ese día conocí a mi mejor amiga…
Una nueva amiga
Ni siquiera yo lo puedo creer.
Así que sí, como ironía de la vida, pasó lo menos esperado: hice una amiga. Emily en realidad resultó ser una niña de 5 años realmente perturbada. No paraba de hablar sobre muerte, de lo increíble que sería que hubiera algo después de morir, que tal vez todos nos vayamos de este mundo de porquería para ir a uno mejor. Un mundo de color negro, donde la muerte reine, donde se beba sangre y se usen los cuchillos para demostrar amor…
Un día, acordamos de vernos a cierta hora en mi parque y llegó con una carta que estaba así:
Sofiaté:
Oh! Amor de mi infancia, oh brillo de luz q, que no sabes que yo siempre te he amado y te amaré. Con una palabra tuya me conformo, concédeme alguna a través de Emily.
Te amo, Nacho.
Ese nombre me llegó al estómago como una comida podrida o algo peor. Nacho fue en realidad, un pobre idiota cursi que me escribió y habló de amor por años, tratando de convencerme de que lo amara. Eso, claro, no pasó. Pero Emily y yo pensamos que podríamos hacer con él un experimento. Pensamos que matar a alguien podría ser hasta más satisfactorio que morir…
Y así es como planeamos nuestro primer asesinato…
Así que sí, como ironía de la vida, pasó lo menos esperado: hice una amiga. Emily en realidad resultó ser una niña de 5 años realmente perturbada. No paraba de hablar sobre muerte, de lo increíble que sería que hubiera algo después de morir, que tal vez todos nos vayamos de este mundo de porquería para ir a uno mejor. Un mundo de color negro, donde la muerte reine, donde se beba sangre y se usen los cuchillos para demostrar amor…
Un día, acordamos de vernos a cierta hora en mi parque y llegó con una carta que estaba así:
Sofiaté:
Oh! Amor de mi infancia, oh brillo de luz q, que no sabes que yo siempre te he amado y te amaré. Con una palabra tuya me conformo, concédeme alguna a través de Emily.
Te amo, Nacho.
Ese nombre me llegó al estómago como una comida podrida o algo peor. Nacho fue en realidad, un pobre idiota cursi que me escribió y habló de amor por años, tratando de convencerme de que lo amara. Eso, claro, no pasó. Pero Emily y yo pensamos que podríamos hacer con él un experimento. Pensamos que matar a alguien podría ser hasta más satisfactorio que morir…
Y así es como planeamos nuestro primer asesinato…
El Plan
El plan
Aunque Emily se ha hecho muy amiga mía, a veces me cuesta algo de trabajo entenderla.
Piensa de muerte, pero muy diferente a mí. Yo veo la muerte como un fin; y ella ve la muerte
como un inicio.
Pero bueno, aún con nuestras diferencias, nos llevamos muy bien y de algún modo hasta
confío en ella.
Planeamos el asesinato del terapeuta con mucho cuidado y dijimos que sería en 1 mes.
Planeamos que ella entraría al consultorio con un cuchillo de 13.223cm de largo, con punta
enroscada y todo color plateado. Entraría a las 12:30 del día con 7 segundos vestida como
siempre. Se sentaría y hablarían como siempre hasta las 12:59 con 59 segundos. En este
momento Emily sacaría el cuchillo y lo enteraría en el cráneo del terapeuta en la parte frontal.
Luego saldría corriendo y llegaría con su mamá llorando, contándole cómo la loca de su otra
paciente (Alondra) mató al terapeuta con un cuchillo...
Aunque Emily se ha hecho muy amiga mía, a veces me cuesta algo de trabajo entenderla.
Piensa de muerte, pero muy diferente a mí. Yo veo la muerte como un fin; y ella ve la muerte
como un inicio.
Pero bueno, aún con nuestras diferencias, nos llevamos muy bien y de algún modo hasta
confío en ella.
Planeamos el asesinato del terapeuta con mucho cuidado y dijimos que sería en 1 mes.
Planeamos que ella entraría al consultorio con un cuchillo de 13.223cm de largo, con punta
enroscada y todo color plateado. Entraría a las 12:30 del día con 7 segundos vestida como
siempre. Se sentaría y hablarían como siempre hasta las 12:59 con 59 segundos. En este
momento Emily sacaría el cuchillo y lo enteraría en el cráneo del terapeuta en la parte frontal.
Luego saldría corriendo y llegaría con su mamá llorando, contándole cómo la loca de su otra
paciente (Alondra) mató al terapeuta con un cuchillo...
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Sofiaté
Carta a mi asesino
Querido tú:
¿Por qué en ese momento? ¿Por qué de esa manera? ¿Al menos supiste quién era yo? ¿Al menos te importó en lo más mínimo? Si hubieras hecho lo que hiciste un par de meses antes te hubiera amado. Mi filosofía de la vida siempre se centró en la muerte. Y no sólo en la muerte, digamos que mi mente era un sistema contrario a todas las demás mentes.
Las películas de terror eran como el paralelo a lo que la gente pensaba de la comedia para mí.
Mi vida consistía en estudiar historia, en intentar buscar a los villanos que habían existido y buscar ser como ellos. Ellos no le tenían miedo a la muerte, ellos creían que para que muchos vivieran bien, varios debían de morir.
Mi filosofía de la vida era algo como eso, igual que ellos excepto porque yo pensaba que todo sería mejor si todos estuviéramos muertos, y justo en la parte de mi vida en que estaba más segura de esto, apareció Thomas…Un chivo atractivo pero raro, vestido todo de negro, siempre pensando en muerte, apasionado por el sabor de la sangre y enamorado de todo lo que yo amaba.
Lo conocí un día en mi parque favorito, sombrío, sin gente, sólo yo. Se sentó junto a mí, sacó un cuchillo y me sacó un poco de sangre del dedo, la saboreó y me dijo que la mía era la más deliciosa que había probado en su vida. Creo que en ese momento me enamoré de él. Hablábamos de todo lo que nos gustaba, de muerte, de suicidio, de sangre, del demonio, oh dios, como era feliz con él.
Planeamos varias veces el suicidarnos juntos y una vez lo intentamos… estaba parado en frente de mí, ambos con un cuchillo en la mano, planeando enterrarlo uno en el otro del corazón, pero al momento de casi hacerlo, tiramos los cuchillos y me besó y lo besé. Después de eso hablamos y me dijo que ame amaba incluso más que a la muerte. Por ello, ese día decidimos no morir pues no sabíamos si muertos podríamos estar juntos.
Después de eso, decidí que necesitaba estar sola así que me fui a mi parque a pensar. Recuerdo que estaba pensando en Thomas y que justo cuando de mi cara iba a salir una sonrisa de mi rostro, un balazo entró en mi pecho, y la pistola la tenías tú. Recuerdo que vi tu cara, nunca te había visto antes. No entiendo por qué me mataste a mí en ese momento… ¿dónde estabas todos esos días cuando pensaba en la hermosura de la muerte, todos esos días donde pensaba que nada valía la pena vivir? Sólo te digo que por lo menos vayas y lo mates a él, a ver si acaso haya una forma de que pueda verlo en muerte.
Y asì poder estar con mis ambos amores juntos, porque créeme que si no, encontraré la manera de encontrarte y matarte a ti, aun si tengo que visitar antes el infierno para hacerlo…
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