En alguna ocasión que estuvo en el parque con Jorge, su perro y único compañero, Alejandro llegó a su casa a ver al pobre animal echar las entrañas en el suelo. Alguien lo había envenenado y no podía sino ser aquel hombre... el hombre de las salchichas. Había decidido confrontarlo, aunque tuviera cara de psicópata, porque no pensaba dejar de ir a ese parque. Jorge había sobrevivido, pero ese vendedor de Hot-Dogs las pagaría de todas maneras.
Cuando Horacio vio al joven acercarse...
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