domingo, 12 de octubre de 2014

El fin, parte 9

Desde lejos vi a Alejandro y Alondra. Ellos ya venían a despedirse de Nicolás, poco después de Emily. Tal vez ellos no lo veían pero ahí estaba Nicolás jugando entre los arbustos.

Debía de prepararme y debía de preparar a Alondra quién aún tenia la idea de que Nicolás estaba vivo.

-Hola Scatha- dijeron los dos al mismo tiempo.

- Hola, ya se a que vienen. Bueno, ya están preparados.

Parecieron confundidos pero después de 3 segundos comprendieron.

Entonces llamé a Nicolás, quién venia dando saltitos y soltando reflejos verdes de sus hermosos ojos.

-       Listo Nicolás.

-       Sí

Me dirigí a sus padres y les dije – Ya está Nicolás con nosotros, que les gustaría decirle.

Alejandro dio un paso adelante y me preguntó -¿Cómo le habló? ¿ A donde me dirijo?

-       Él esta enfrente de ti. Puedes decirle lo que quieras, lo que te salga del corazón.

Alejandro respiro profundamente y comenzó.

-Nicolás. Lo… lo siento. Se que no fui nada para ti, pero desde el momento en el que me enteré de que eras mi hijo no he dejado de pensar en ti. Tu recuerdo me sigue, el recuerdo de lo que pudo haber sido. –Se detuvo. Las palabras parecían no fluir de su boca fácilmente. Me daba lástima. Tomó aire y continuo.        – Quiero darte las gracias. Cuidaste de tu madre cuando yo estaba demasiado ocupado siendo un imbe… un tonto. Y te prometo que ahora yo cuidare de ella. Por siempre.

Las lagrimas se derraman de sus ojos, creando espejos en su cara. Sonreí.

Pero luego al ver a Alondra, mi semblante cambió.

Mi amiga estaba echa un mar de lagrimas, la entendía. Dejar ir a un hijo es la decisión más difícil que hace un madre; yo ya lo había hecho. La misma gama de emociones, yo ya las había sentido. Así que sin pensarlo la abrace. Aunque los doctores habían dicho que estaba loca, en ese momento estaba completamente lúcida, comprendía a la perfección la situación.

El abrazo fue esporádico, después fue apoyarse en Alejandro; quién me agradaba más que el pinche de Nacho.

 Dejé pasar unos minutos y después le pregunte a Alondra – ¿ Quieres decirle algo a Nicolás?

–      Hijo. Eres lo mejor que me has pasado. Gracias a ti pude soportar las horribles experiencias del pasado. Te amo demasiado, tanto que duele. Quisiera revivirte, pero es imposible.

Ya no pudo continuar más, el dolor la imposibilitó. Alejandro la estrechó contra su cuerpo.

Yo me dirigí a Nicolás y le pregunté – ¿quieres decirles algo?

-       A mi papá le quiero decir que no hay rencores y a mi mami que yo también la quiero muchísimo como de aquí a la galaxia más lejana de la nuestra. También que siempre voy a estar con ellos aunque no me vean, aunque no lo sientan, ahí voy a estar. Siempre con ellos en todo lo que les rodea.

Se lo repetí a la pareja de dolientes. Nicolás desapareció al terminar de hablar.

Ya no había nada pendiente. Después de asesorarme de que los dos ya estaban más tranquilos abandoné el parque consiente que era la última vez que iba. Que ya nunca iba a volver a aquel rinconcito de paz  y como en todos los lugares anteriores antes de salir me volteé y trate que capturar ese momento, aquel instante que hasta el momento no sabía que iba a ser trascendental en mi futuro. Solo sabia que había llegado al final de un página y que ya era hora de dar la vuelta a la hoja del libro de mi triste e inagotable existencia.

martes, 7 de octubre de 2014

Final, parte 7

Y volvió a casa antes de tiempo, herida y helada.
No perdió nada de tiempo, caminó directo a su casa, sin ver a los lados y sin siquiera despedirse de aquella banca.
Abrió la puerta, y corrió a su cuarto, chocó con una pila de libros que cayó estrepitosamente, pero a ella no le importó, saltó a su colchón y comenzó a llorar.
Sintió un bulto a su lado y volteó secándose las lágrimas.
Cristina.
Se levantó lo más rápido que pudo y la miró allí, recostada… dormida… Podía oírla respirar, y la veía al fin tranquila, en paz.
Luego lo vio, al lado, el viejo libro de su padre… Lo pensó un momento, así que tomó una vieja chamarra negra y unos tenis sucios y salió corriendo de la casa, no sin antes tomar el libro de la historia interminable, la primer hoja de papel que encontró y una pluma casi sin tinta.
Corrió al parque antes de que fuera demasiado tarde y se sentó en su despintada banca.
Tomó la hoja y se recargó sobre el libro; comenzó a escribir.
Escribió, y escribió… como nunca lo había hecho antes y aquella hoja pareció demasiado corta, entonces cuando terminó la firmó. “Roma”.
Y dobló la hoja.
Fue ahí cuando se dio cuenta del otro lado de la página. “Diosa del humo, musa triste de otros tiempos, epítome de la belleza” “Nacho”
Entendió que todo había terminado, dentro de ella no tenía tiempo para quereres absurdos, de sentimientos banales y dolores trágicos… excepto tal vez…
Dobló la carta y escribió en un pequeño espacio en blanco: “Dios salve al rey, si es que hay alguno”  
Se quedó sentada ahí un momento, en la noche, sola…  pero no se sentía sola, por primera vez desde hace mucho, tenía a alguien… o algo así.
Guardó la hoja de papel dentro de las hojas del viejo libro y se fue hacía la obscuridad.

Quien llegara horas después encontraría un viejo libro sobre la banca, con marcas del tiempo y hojas satisfechas 

El fin, parte 8

Bebió.

El decreto Real

Y ahí estaban, entre remos y vestidos...

-Hola – susurró Roma

-Adiós- lloró Bruno

El encuentro de las dos niñas

Estaba ahí, en la tranquilidad de la noche.
Era uno de esos días en los que no tenía trabajo fijo, y como Roma siempre necesitaba la plata, tenía que salir a buscarla.
Así que allí estaba, entre suspiros de humo, recargada en el triste farol en la profundidad del parque.
Habría preferido ir a platicar con el rey, pero a esas horas probablemente estaría dormido, además, no podía ni imaginarse su reacción si la viera vestida así, con aquel vestido negro que le remarcaba hasta el páncreas, en aquel trabajo del cual no se atrevía a confesarle ni una céntima a aquel rey, viejo amigo, amigo viejo.
Así que allí estaba, esperando, hasta que unos pasos corriendo la recibieron sorprendida.
-¿Tú eres Roma? – dijo una voz entrecortada a falta de aire.
-¿disculpa?
-sí, la fumadora del parque- afirmó la escuálida joven
-Mira niña, estoy trabajando… no me
-¡Sí! ¡La prostituta!- la interrumpió
-Puta madre, niña, ¿a eso vienes?
-No… vengo a… a…- balbuceó la joven
-¿a… a…? – continuó Roma irritada
-ehm… ¿fumar?
-Fumar… -susurró Roma – Fumar… Niña, si tu mamá no te da dinero para los tuyos, no pienso que sea buena idea…
-¡No, no estoy aquí por eso! – la joven parecía muy apenada – me envió Nacho
Nacho, ese nombre… le sonaba familiar a Roma, lo había oído hace poco… en algún lugar… y tenía que descifrarlo.
-Nacho… y ¿para qué te manda?
-Tienes que ayudarme…
-¡¿Yo?! ¿No tienes a nadie mejor?
-Yo… Yo… Tenía a alguien-  comenzó a llorar y se sentó en la banca.
Lo que me faltaba. Pensó Roma
-Escucha… niña… niña –La joven no parecía hacerle caso – niña… ¿Cómo te llamas?
- Cris… -sollozó – Cristina…
-Cristina, ok… a ver… ¿quieres decirme que te pasa?
-Solo necesito que me des el cigarro, ¿sí?
-¿Este? – preguntó Roma mirando al pitillo que sobrevivía entre sus dedos.
Cris asintió y Roma le acercó la mano con el cigarro, Cris extendió la suya para cogerlo.
-Al carajo con esto –Exclamó Roma tirando al suelo el pequeño hacedor de humo, este voló directo a un charco, ahogándose con un pequeño susurro.
-Escúchame, niña
-Cristina –completó la niña
-Cristina… Mira, no tengo tiempo para esto… tengo que trabajar… así que quiero que me digas, exactamente, ¿qué es lo que te pasa? – y se agachó, lo más que le permitió el vestido, para quedar a la altura de la niña.
-Yo… yo…
Y Roma la vio ahí,  en su banca, con su figura débil y enclenque, en el frio de la noche, con lágrimas congelándose en sus mejillas… y por un momento se vio a ella misma, a la vieja Roma, aquella que todavía creía en la esperanza, en el beso, en el sentimiento… aquella que  había extrañado por tanto tiempo; y una lágrima escurrió por el rabillo de su enorme ojo negro.
-¿Estás bien? –preguntó la niña con una consternación autentica en el rostro.
- ¿En verdad te importa? – contestó limpiándose con la manga de su abrigo negro.
-Ehm…- titubeó – no veo porqué no
Y otra lágrima resbaló.
-Escúchame, niña… voy a ayudarte, pero ya es tarde y hace frío. – Se quitó su pesado abrigo y se lo pasó por los hombros a la niña –ve a casa, vuelve mañana… como a las cuatro, búscame aquí mismo, ¿sí?
-pero… yo… - dijo aquella pequeña en aquel abrigo desproporcional – no puedo volver a casa, mis papás me matarían si me ven llegar a esta hora, y oliendo a cigarro… y… y… - parecía que iba a volver a llorar
-Niña… - suspiró con pesadez –Cristina… vamos a hacer algo, ¿te parece? Dejaré que hoy duermas conmigo, en mi casa.
Y Cristina titubeó, no confiaba en una prostituta desconocida en la mitad de un parque a medianoche; pero algo en aquella joven le parecía honesto… y aquel par de lágrimas que había soltado… no sabría decir quien necesitaba de quien.
-Roma, ¿cierto?... yo… - en ese momento lo vio, aquella criatura peluda, arrugada y sucia, aquel asesino o robachicos; apareció de la nada, con un enorme remo en las manos y una mueca de disgusto y dolor.
-Bruno… - Y roma se levantó inmediatamente, parecía incomoda –Yo… hola, puedo explicártelo.
-No es necesario –dijo apretando el remo con fuerza.
-Niña – y volvió a estar a su altura - ¿ubicas el viejo edificio?, junto al parque.
-¿El de la fachada descuidada?... ¡de piedra pulida!
-Correcto – y le sonrió con vergüenza- el segundo piso, primera puerta a la derecha, la reconocerás, está llena de cartas sin leer… vete, yo te alcanzo en nada, está abierto… nada más una cosa… cuidado con los libros…
La niña asintió, se levantó con aquel abrigo enorme y emprendió la marcha a toda velocidad, parecía que quería salir cuanto antes de aquel lugar.




El fin, parte 5

Libros en el piso, en la mesa y en el colchón.

Tan pronto me fui del parque, de nuevo regresé a la luz de los faroles de las calles. Me sentí a salvo estando fuera de la oscuridad del parque, con el abrigo negro de Roma cubriéndome entera. No ignoro el hecho de que al principio ella no quería nada conmigo; probablemente sigue sin tener intenciones de ayudarme. No lo sé. Pero el haberme cubierto con su única prenda contra el frío me hizo pensar en que ahora estoy a su cuidado, por el momento.

Caminé hacia la derecha, crucé la calle, hasta llegar al edificio que me había dicho Roma: aquel de la fachada descuidada de piedra pulida. Siempre lo había visto cada vez que visitaba el parque, pero nunca supe que alguien podría vivir ahí, pues la creí completamente abandonada por lo muy deteriorada que estaba por los tejados. El segundo piso, primera puerta a la derecha… Recordé la voz de Roma, y entré, resguardándome del mundo de afuera.

 Mientras subía al segundo piso, volví a escuchar su voz… la reconocerás, está llena de cartas sin leer.

No tarde nada en reconocer la puerta que estaba buscando, pues podía ver una cantidad impresionante de cartas sin abrir, algunas todavía blancas y frescas, y otras coloridas de café amarillento por el paso de los años. Todas dirigidas a Roma. La mayoría portaban nombres de hombres: De Juan para Roma; De Reinaldo para Roma; De Segismundo para Roma; De Mauro para Roma…  Entre los sobres recientes había uno vacío, seguramente el único que si ha leído. Mi curiosidad de la carta ausente me hizo decidir tomar el picaporte y abrir la puerta.

El departamento estaba sumido en una oscuridad profunda. No por la poca entrada de la luz de provenía de afuera, sino por el poco espacio que tenía: los muros estaban angostos, difícil de ver los pasillos y hacía donde poner el pie. Me adentré despacio, con mucho cuidado, tratando de buscar el interruptor de la luz. Tropecé. Al estamparme contra el piso había notado que eran libros. Me paré y volteé la mirada, reconociendo el interruptor. Oprimí el botón hacia arriba, y se iluminó toda la habitación. Entonces me di cuenta que estaba en medio de un mundo lleno de torres de libros, de varios grosores, editoriales y tamaños. Recorrí por el pasillo y veía libros por todas partes. En el piso, en la mesa, en las esquinas y en un colchón blanco.

Me cansó el peso del abrigo. Me lo quité y empecé a explorar algunos de los libros que atraían mi atención, como si estuviera en la librería pública. Pude ver que había muchos títulos de Jane Austen, tanto en inglés como en español en diferentes ediciones, tales como Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad, Persuasión y Emma; también tenía unos de R.L. Stevenson: La isla del tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde y Príncipe Otto; otros de literatura fantástica como El Señor de los Anillos, El Hobbit y Cuentos desde el Reino Peligroso de J.R.R. Tolkien, y la colección completa de Juego de Tronos de George R. R. Martín y Eragon de Christopher Paolini; y otros libros clásicos como Cumbres Borrascosas de Emily Blunt, El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, y Moby Dick de Herman Melville. Al contemplar este mundo de libros, me hizo pensar que Roma es más que sólo una mujer joven vestida de prostituta y fumadora.

Creo que ella se siente igual de sola como yo. Las cartas sin abrir afuera de su puerta, la clase de libros que lee. Esos mundos en los que se mete entre cada página parecen ser su manera de escapar de algo de la realidad, algo tormentoso. Desde que murió mi abuela no había dejado de leer Las ventajas de ser invisible; me sirvió para olvidar por un momento de lo que había pasado, de cómo es el mundo ahora. Tal vez pueda ayudarla. No. Probablemente no me permitiría hacerlo. Sólo me dejó quedarme por una noche, nada más. Sabré qué será de mí después de que ella regresé.

Mis ojos me cansaban. Bostecé y me acosté en el colchón. Sentí que había recostado mi cabeza en un libro, me alcé y pude ver el título: La Historia Interminable de Michael Ende. Lo puse a un lado y cerré los ojos, ignorando el papel que salió de entre las páginas, salvo el último fragmento que me resultó familiar: Esperando tu respuesta con el corazón entre los dedos, Nacho. Me sumí en el sueño profundo.

domingo, 5 de octubre de 2014

El fin, parte 4

Estaba en el parque como siempre, en las tardes. Sentada en un columpio, meciéndose, pensando en Peter, pensando en las cosas que iba a hacer con él cuando volviera a la vida, pues él le dijo a Emily que la iba a elegir cuando terminara todo, quería jugar con él a cosas que nunca pudieron jugar. Y cuando estaba abstraída en sus pensamientos llegó la mujer con la que había hablado en el parque, la mujer misteriosa, la que iba a ayudar a Peter, sí, esa mujer. Llegó y se sentó en el columpio de junto y Emily le dedicó una sonrisa. Estaba feliz de verla.

La mujer le dijo – hola Emily-
-hola-
-Oye, ven conmigo- se levantó.
-ok- Emily se levantó y la siguió, la llevó a un lugar retirado del parque.
-Tienes que....-y antes de que pudiera terminar de hablar, se sintió una oleada de aire y las nubes taparon el sol. Emily tenía miedo, por una parte curiosidad, por esas cosas sobrenaturales, pero por otra parte miedo, de que vaya a pasar, Emily no paraba de temblar de miedo y quería romper a llorar, pero de repente se despejó el cielo, dejó de hacer aire y todo estuvo en paz. Y ahí estaba Peter parado enfrente de Emily.

-hola Peter- dijo muy sonriente Emily.
-bueno, pues...-
-hola Emily- le brillaron los ojos, pero él sabía algo que ella no y la miró con cara de como si fuera a pasar algo muy, muy feo.
-¿Qué pasa?- preguntó Emily al captar el tono en el que lo dijo.
-Pues, Emily tenemos que hablar-.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa?- la cara de desconcierto de Emily, hizo que se sintiera mal Peter.
-Es que ya cumplí mi misión, pedí permiso para poder despedirme de ti, pues se supone que ya no podía regresar, pero tenía que hacerlo.
-Pero, ya no vamos a....pero...- el la miró con cara de profunda tristeza.
-Es que ya cumplió su misión, era conocer a su padre y ya lo conoció- dijo Scatha.
-Pero Peter, eres mi mejor amigo, ¿Qué quieres que haga con mi vida?-.
-Eres una niña muy buena, eres mi mejor amiga, te quiero y lo mejor que me ha pasado después de mi muerte, pues no recuerdo lo que pasó en mi vida. Me encantó nuestro momento juntos, tu sigue con tu vida yo estaré vigilándote y protegiéndote, espero que sigas siendo tan buena como siempre y no me olvides.- El la miró profundamente, no se desaparecía su mirada de tristeza, pero ahora había algo más, algo que podía ser amor.
-Peter, te quiero, tu también eres mi mejor amigo, no sé como podría vivir sin ti, pero espero que vayas a un mejor lugar, voy a pensar en ti todo el tiempo, nunca te olvidaré, tu porfavor no me olvides, eres el mejor, tu me comprendes como nadie lo a hecho, gracias por ser mi amigo, te extrañaré- lo dijo con lágrimas en los ojos.
-Emily- le sonrió Peter tratando de aguantar las lágrimas mientras la abrazaba.
-Bueno, Peter ya es tiempo- dijo Scatha.
-Ah, si, bueno, adiós Emily y gracias Scatha, gracias por todo- les dedico una sonrisa a las dos, se despidió Emily -adiós, Peter- se fue como llegó, apareció un viento muy fuerte y se nubló el cielo, ahora las dos sabían que estaba pasando, Emily ya no tuvo miedo, pero iba a extrañar a Peter, después se despidió de Scatha, le dio las gracias y se fue con su mamá.





El fin, parte 3

Estoy sentado, pero mi corazón corre. Hace un poco de frio, pero una capa delgada de sudor cubre mi cuerpo. Respiro profundamente. Volteo al asiento de copiloto donde esta el gastado diario de aquella delicada mujer. Se que esta al borde de la locura, pues sus ideas se enciman, una sobre otra. Y todo es mi culpa.
Un destello de luz que marca la trayectoria de otro auto me deslumbra. Y disminuyo la velocidad para cambiar de dirección. Giro a la izquierda, con recuerdos de la noche en la que Alondra venía jugando con mi cinturón mientras nos apresurábamos a llegar a su departamento. Recuerdo sus ojos, abierto como platos, pero tan llenos de energía. Recuerdo sus delicadas manos, su hermosa sonrisa, su largo cuello. Recuerdo su clavícula, asomándose sobre su prominente escote. Recuerdo sus dulces labios sobre los míos, sobre mi cara, mi abdomen, mis brazos, mis manos.
Empujo esos recuerdos fuera de mi mente, pues no es el momento para revivir días llenos de sexo, pero si lo es para arreglar la vida de una de las personas a quienes se la arruine.
Me doy cuenta de que ya llegue. Se ve igual, su lobby esta viejo, pero aun tiene gotas de personalidad. Me dirijo directo al elevador y cuando se abren las puertas me apresuro al interior. Aquí la desvestí. Aquí en esta esquina, le quite el vestido tocándola suavemente mientras lo hacia. Oprimo el piso 8. Mientras sube pienso en que le diré, pero no hay palabras en mi mente que compensen por 7 años de soledad y agonía. Se abre la puerta y entro directamente a su pequeño apartamento. Esta sentada con su espala a mi, hablando.
-Yo lo se, Nico. –Dice calmada, como si no estuviera hablando con un fantasma, o sola, dependiendo de cómo lo veas. –Todo va a estar bien.
Hay un silencio en el que temo respirar, pasan pocos segundos y continua.
-Deje mi diario en el parque. –Dice tristemente, -y ese idiota lo tiene.
Es el momento para que abra la boca.
-Pues aquí esta el idiota, Alondra. El idiota que se ha arrepentido y viene a pedirte perdón.
-Nico, vete a tu cuarto. –dice la criatura de cuello largo dirigiéndose al aire. Sus ojos se inundan con sombras. Sombras de recuerdos y odio cuando nuestras miradas se encuentran. Pero si no me equivoco, también puedo ver un poco de amor. Sus manos, temblorosas, se sujetan a la esquina del sillón donde esta sentada. Abre la boca, pero nada sale. La cierra y intentándolo de nuevo, dice entre temblores:
-Dame mi diario y lárgate de aquí, pendejo.
Me sorprende su respuesta, pues esperaba que corriera a mis brazos, nos besáramos y viviéramos juntos hasta el fin de los tiempos. Se me olvida que no es un cuento de hadas.
-Alondra… espera. –Me acerco y trato de tomarle la mano, pero la aleja de mi. –Perdón.
Es la única palabra que sale de mi boca. Nada más puede explicar lo que siento. La entiendo. En este momento me pongo en sus zapatos, y en lugar de verme a mi frente a ella, veo a Mariza. La puta que me destrozo. Su recuerdo no me duele tanto como antes. Lo que me duele en este momento es que vi el alma rota de esta hermosa mujer, que antes de conocerme estaba intacta. No la amo, pero quiero hacerlo. Creo que es posible llegar a quererla como ella me quiere a mi, pues ambos somos fuertes.
-Lo siento. –Repito. Lagrimas amenazan a derramarse de mis ojos, pero cuando logro ahuyentarlas, la veo llorar.
Su cara esta roja, con los ojos un poco hincados y cubierta de lagrimas. Caminos de sal enmarcan su cara. Pero justo cuando pienso en irme, darme la vuelta y salir de su vida, veo una señal que me da esperanza. Una señal que me llena de amor, pues ella me sonríe. Aun con lagrimas en los ojos, es hermosa.
Nicolás. El hijo que nunca tuve, o tengo, esta parte aun no me queda claro. Mi vida se ha desmoronado y la única constante ha sido ella. Sus miradas perdidas y sus sonrisas a mi alrededor siempre que estaba en el parque, me han hecho saber que siempre hubo una conexión entre nosotros.
Sin saber porque, me inclino y la beso.
Empiezo a mover mis labios con los de ella sin tener una respuesta. Cierro mis ojos pero estoy seguro que ella todavía los tiene abiertos. Lagrimas empiezan a salir de mis propios ojos al recordar el momento de nuestro primer encuentro. La sigo besando pero ella no responde. Intento decirle todo lo que siento ya que al parecer las palabras parecen estar atoradas en el nudo de la garganta que siento desde que leí la entrada de su diario. Me ama, pero no parece. Me siento confundido. Me separo de sus suaves labios triste pero al mismo tiempo emocionado. Me pregunto si ella también sintió la química que hay entre nosotros, pero mi cuestionamiento es contestado dos segundos después cuando ella brinca a mis brazos y me besa. Me regresa la pasión, y entonces entiendo lo que es un beso de amor. Ahora entiendo porque en las películas hablan tanto de estos; nunca había experimentado algo así. He besado a tantas mujeres que he perdido la cuenta, pero nunca nada como esto. Brinca y entrelaza sus largas y hermosas piernas en mi torso. La sostengo fuerte y la guio hacia el sillón gris que guarda recuerdos nuestros. 
-Nico esta en el otro cuarto- dice sin aliento. Sus ojos ahora sostienen un color mucho mas ameno, algo que me tiene todavía más emocionado. Una lagrima sale de mis ojos sabiendo que mi hijo no esta aquí, que no hay nadie en el cuarto de junto y que tal vez, si yo no me hubiera ido las cosas hubieran sido diferentes; pero yo solo le sonrío y la beso otra ves.
-Entonces tendremos que guardar silencio – le susurro al oído y ella ríe. Nunca había escuchado sonido tan agradable, pero parece que mientas más tiempo pasa, más me pierdo en la bella mujer que ahora tengo entre mis brazos. Todo lo que siempre había querido.
Mis manos recorren su cuerpo, intento memorizarla de pies a cabeza. Ella gime, y yo la beso para que guarde silencio. Sus manos recorren mi espalda y llegan a mi nuca, su largos dedos se entrelazan con mi pelo, y tiran de el haciéndome sentir placer. No desperdicia su tiempo y me quita la camisa recorriendo sus frías manos por mi pecho y besándome por todos lados.
-Te amo- dice ella en una voz inocente que me excita más de lo que ya estoy. Me sigue besando apasionadamente.
-Lo se- le respondo mientras le desabrocho el brassiere aventándolo al rincón, donde se quedara por un rato. Tomo uno de sus pechos en mis manos y ella vuelve a gemir. Me hace sentir muy bien que ella este disfrutando esto, eleva mi autoestima si saben a que me refiero.
Todo pasa muy rápido. Besos, caricias, miradas, y palabras fueron intercambiadas mientras hacia el amor por primera vez. Nos recostamos en la cama entrelazados entre sus sabanas blancas, y ella se queda dormida en mis brazos. Verla descansar con una sonrisa en la cara me hace sentir culpable. No entiendo como no me pude haber dado cuenta de lo hermosa que es Alondra, todo paso de la manera equivocada gracias a la puta de Mariza. Me siento culpable ya que ninguna mujer merece ser tratada y abandonada de la manera en que yo las deje, aunque es reconfortante tenerla en mis brazos. Se siente bien ser amado, y eso es lo que ella me hizo sentir mientras intercambiábamos nuestra intimidad.
Me siento mal por ella. Pobre mujer, cree que su hijo esta vivo. Vive en una fantasía, pero me quedo tranquilo sabiendo que no estuvo sola mientras yo no estuve aquí para sostenerla en mis brazos y apoyarla. Bueno, que ella cree no estar sola.
Me gustaría hablar con Nicolás. Voy a ir a ver a la bruja del parque donde mi novia, o lo que sea que es Alondra de mi, estaba todos los días. Mucha gente dice que esta señora convoca a los muertos y puedes hablar con ellos. Es lo único que puedo hacer por mi hijo, por lo menos explicarle porque lo deje, hablar con él de mis errores y por lo menos enseñarle algo, es lo mínimo que puedo hacer como su padre. Quiero decirle que no se preocupe por su madre, ya que estoy aquí para quedarme, se lo debo a él, pero sobre todo a ella, a la más bella de todas, y a la única mujer de mi vida. A Alondra.

El fin, parte 2

Susanita estacionó su automóvil frente a mi garage esa misma noche, estaba despreocupada sin saber aquello que le esperaba. Por mi parte sabía que estaba siendo observado por un par de soldados de la organización, por lo que actué tranquilamente, como si tuviera todo bajo control, aunque admito que sostuve mi aliento mientras estuve afuera hasta que entramos en la casa y cerramos la puerta. Fue entonces cuando por fin pude volver a llenar de aire mis pulmones, y esta bocanada la utilicé para contarle a Susanita todo lo que había sucedido.
-¡Vámonos Susanita! Escapemos de este país tan cruel y vayamos a uno donde la única violencia aceptada sea contra los perros. Te haces la muertita y te llevo en una bolsa de basura en mi troca, lo tengo todo planeado Susanita, te enterraré un par de días y cuando sea seguro iré por ti. Mi amigo Acab manejará un submarino hacia alguna nación lejana, lo tenemos todo resuelto Susanita. Fíjate lo que…
-Horacio- Me interrumpió
-… tenemos que poner en tu ataúd es un par de salchichas, unos cartones de leche y...-
-¿Qué? Horacio no voy a ir a ningún lado-
-…¿Leche con salchichas no te gusta? Podemos ponerte chocolate en polvo si te gusta más. También tenemos que ver qué haremos con la ventilación, tienes algu…-
-¡La leche me vale verga! No voy a ir a ningún puto lado porque te odio. Siempre te he odiado pinche gordo horrible.
Me quede callado, estupefacto con las palabras de mi hermosa Susanita. ¡Ay mi hermosa Susanita! Se revelaba contra mi en el momento más difícil de mi vida.
-Fue mentira, Horacio- Me dijo sonriendo despiadada- Yo le dije a la organización que habías perdido tu lealtad total, luego inventamos esta falacia para que cayeras y mostraras finalmente tu debilidad de puto. Ahora serás encarcelado o desaparecido de la faz de la tierra.
-Ay Susanita qué cosas dices, a veces hasta te comienzo a creer- Dije entre risas nerviosas. – Ya cállate y hazte la muerta, lo demás lo arreglo yo.
-¿Ah no me crees? Aquí está el documento que avala mi propuesta. Échale un ojo -  Y me tendió una hoja larga con un sello de confidencial.
-¡Que te calles y te hagas la muerta Susanita! Tu y yo nos amamos y nos vamos a casar en Trenova.
-¿Qué carajos es Trenova? Seguro alguna de tus estupideces de países inventados. Jamás me acercaría a ti, me pareces desagradable y siento arcadas cuando percibo tu olor ¡ Y eso que trabajo en una salchichonería!
De pronto me quebré y me senté en posición fetal, comencé a llorar a moco tendido, sentí mi pecho sofocado por una presión descomunal.
-Haznos un favor a todos, querido- Me dijo finalmente mientras me entregaba un tubo de ensayo tapado con un líquido rosa- Tomate esto y acaba con la contaminación que sentimos todos al verte.

jueves, 2 de octubre de 2014

El fin, parte 6

Después de todo este tiempo y esfuerzo al fin lo he conseguido, he conseguido saber quién me asesinó…

Fue en un día como todos en mi supuesto tipo de “vida” que estoy ahora experimentando al ser un simple y sin mucho chiste fantasma. Recuerdo que era lunes, día odiado por los vivos y completamente indiferente para los muertos… otro día exactamente igual a los otros, pero este en realidad no lo fue… me levanté de mi punto y me encontré sentada en el parque simplemente sin hacer nada, se puede decir prácticamente que estaba meditando pues en realidad ni siquiera estaba pensando en nada ni pensando en hacer nada. Estaba en MI parque cuando vi a un individuo que me llama la atención…

Era un individuo algo raro, como distraído y a la ves  concentrado, tenía en sus manos una especie de libreta rara en la que escribía como si se le estuviera acabando el tiempo, como si no hubiera otra oportunidad de escribir sus pensamientos porque seguramente van a volar en algún momento.
Me le acerco y veo la libreta, es una libreta vieja llena de apuntes raros cortos, como pequeños poemas desorganizados y sin ningún sentido en específico pero a la vez son algo raramente hermosos. La verdad es que me quedo admirando esos pequeños desbarajustes de la vida cuando uno en especial me llama la atención.

Veo el poema que es un poco más largo, admiro todo lo que se está escrito, se habla de la muerte de una forma algo, algo rara… todo parece casi estarme hipnotizando hasta que veo algo que me sorprende, está hablando sobre haber matado a alguien, sobre lo maravilloso que fue el hecho de matar a alguien, sobre el sentimiento, la sensación, la pasión del momento… hasta que hasta abajo hay un nombre algo familiar… Sofiaté. Ver mi nombre en ese papel fue como una droga para mí, de pronto descubrí lo que tanto había querido y ahora deseaba el no haberlo hecho nunca…

Sé que me mató y eso se convirtió como más que una simple droga, todo se volvió casi una ilusión para mí, como si algo se moviera en mí, que es parte de mí pero al mismo tiempo no lo es.  Me muevo y de repente veo un cuerpo, un cuerpo parecido, es el idiota de Nacho, que asco. Pero necesito un cuerpo, necesito algo que usar para lo que esta especie de droga me está haciendo hacer, así que sin pensarlo dos beses me meto en su cuerpo… siento una repulsión terrible pero el efecto de la droga mental que se ha formado es mucho más fuerte que esto. Me meto en el cuerpo y empiezo a caminar, es raro, es como estar adentro de una muñeca a la que puedes mover exactamente cómo quieres. Me di cuenta de que una de las cosas que más necesito es un arma, lista. Encuentro un palo de metal que por su peso podría matar a un elefante de un golpecito.

Voy caminando muy decidida cuando de repente un idiota me habla (en realidad el cree que le está hablando a Nacho) me habla sobre que según soy su hermano y me inventa un rollo cursi sobre que nos estamos encontrando y quien sabe que tanto… yo en pocas palabras lo mando lejos, no tengo tiempo para que un estúpido me arruine mi plan, o bueno el plan que he formado con la locura que me está invadiendo ahora mismo.

De repente encuentro de nuevo a el tipo que me mató, lo veo y empiezo a caminar lentamente hacia él, sin que se vea el arma que traigo (porque sería contraproducente) y muy decidida sobre lo que voy a hacer.

Llego por fin a donde está y todo pasa muy rápido, se alza mi tuvo, él se intenta mover, yo me empiezo a reír de una manera un tanto infernal que ni yo entiendo. El termina en el piso, con un hermoso charco de sangre roja viva que digamos que me enamora… me enamora el haber matado.

Adiós a Peter

1. Introducción
 
La imagen de la niña inundó por un segundo su mente antes de volver al dolor, la agonía, el enojo por estarlo chingando y finalmente a la inconsciencia causada por el inmenso dolor. Y así lo dejé tirado en aquel parque que al parecer sería el escenario final de la vida de aquel falso terapeuta.

Era la misma niña que me había abrazado días antes; y el calor y la intención de aquel dulce gesto inundó mis pensamientos.

Después una visión se apoderó de mi, mi cuerpo empezó a temblar descontroladamente y la visión se proyectó como un rayo, que me causó dolor y me sacó el aire de golpe que me hizo desvanecer.

La imagen era de cómo me acercaba a Emily, de cómo la llevaba a un lugar apartado y solitario del parque y en como se despedía definitivamente de Peter o Nicolás.
 
Al terminar me levante rápidamente del suelo de aquella calle solitaria y proseguí mi camino a casa.

Como si nada.

Querido Nacho

Querido Ignacio,

Me gustaría comenzar diciendo que recuerdo tu nombre que alguna vez fuiste mencionado por mi madre o que mi padre, nuestro padre, tuvo la decencia de mandarme una carta como tú lo has hecho hasta ahora, sé que no es tu responsabilidad y que seguro que tienes curiosidad de conocerme.

Han cambios en mi vida que me gustaría compartir contigo para que no tengas una idea errónea, mi nombre no es Acacia, ahora soy Acab…. Podrás pensar, ¿Qué significa esto?
Soy transexual, cambié mi sexo y ahora soy hombre.

Comprendo que tienes un consultorio cerca de un parque que a la vez queda cerca de mi oficina; te propongo vernos y que me platiques un poco de mi padre.

No tienes que contestar esta carta, estaré ahí a las 4 pm, si no te presentas entenderé que no quieres conocerme.

PD. Solo esperaré 15 minutos y estaré rondando por la fuente principal cerca del lugar de puesto de hot dogs.

CODE NAME SALCHICHÓN 2

MISIÓN URGENTE 2 de octubre 2014

AGENTE CÓDIGO Embutido
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Carne molida XAG-68

Estimado Agente Código Embutido,
Por este medio solicitamos su siempre atento apoyo a los objetivos de esta organización. De buena fuente nos hemos enterado de que la agente CODE NAME "Susanita" ha sido reclutada por la célula terrorista a la que estamos tratando de destruir. CODE NAME "Susanita" no solo está traicionando a su organización, sino a la nación entera. Te urgimos a organizar una cena romántica con "Susanita" y alimentarla con uno de tus deliciosos salchichones envenenados cuanto antes. 

Esperamos confirmación.

El fin, parte 1

Sí, me muero, al fin me muero. Nadie lo ve, pero todo lo hice por el bien de todos. Soy un titiritero bondadoso y lindo. Yo sólo quería un poco de amor. Sofiaté, amor de mi infancia, ven por mí, ámame y llévame al cielo o al infierno o al purgatorio, donde estés... Mandé a Cris para que haga una amiga nueva, alguien que le explique cómo es el mundo, cómo es la vida. No puede andar por ahí penando por su abuela... hay más cosas, hay amor, sexo, alegría, amistad... y quién sabe, tal vez después de unos años Cristina pueda enamorarse y sea feliz. Logré que Alondra saliera del psiquiátrico y pudiera reencontrarse con su amor verdadero y luego hice que su amor verdadero quisiera encontrarla a ella. Claro, van a odiarme para siempre, pero ¿qué importa? Van a ser felices. Y no sólo eso: yo, el académico (bueno, medio académico) que no creía en lo sobrenatural, me estoy convirtiendo en el médium para el niño fantasma... aquella bruja terminará por ayudar a Emily a despedirse de su amigo imaginario y salir adelante... una cadena de buenos actos que acaba con mi muerte... 

¿Sofiaté? ¿Eres tú? Ah, sí, su espíritu viene hacia mí, ahí viene para llevarme con ella... ¿O no? 

-Sofi...- comienzo. Y entonces

Buscando pelea III

Abro el ojo que puedo abrir -el junior sí que me dio duro- y me apoyo en un brazo para levantarme. Auch en todas partes. Sí que tenía algo de rabia guardada... ¡y luego me dicen que no soy buen terapeuta! La boca me sabe a sangre. El alcohol ya se me bajó un poco y busco alrededor mi botella de Bonafont: sólo le queda un trago. Tiro la botella vacía al suelo y me tambaleo un rato antes de ver a la bella fumadora del parque, ahora más bella que nunca. Alondra ya me mandó al demonio, Sofiaté, ah, la etérea Sofiaté no se decide a acercarse, y yo tengo tanto amor para dar... No estoy lejos pero mis pasos son demasiado lentos. La neblina se abre y veo que alguien se aproxima a la Bella Fumadora. Una mujer. No, una chica. ¿Podrá ser...? ¿Cristina? ¿Me hizo caso? Sí, es ella. Vino aquí, como le dije, a medianoche. Qué locura. Me escondo detrás de un árbol para escuchar su conversación. Ojalá que las cosas sucedan como las he planeado... 

Sí, todo parece ir según el plan. Están platicando muy a gusto y Cristina no está fumando. No he logrado corromperla. ¿Podrá la Bella Fumadora? ¡Ah, Cris, demasiada pureza! Le va a tocar sufrir en esta vida, a menos que se tope con alguien igual de ingenuo que ella. Sí, cuéntale todo, dile que está bien crecer, y ser mujer y enamorarse. Ah, bella fumadora del parque. ¿Por qué lloras? ¿Qué puedo hacer para robarte esa melancolía y hacerte feliz? De pronto, las dos chicas voltean. Alguien más se acerca. ¡Es aquel vagabundo! ¿Qué quiere? La niña sale corriendo y la Bella Fumadora baja la mirada. Intercambian algunas palabras. ¿Qué....?

Salgo de mi escondite y llego hasta ellos. 

-Déjala en paz- le ordeno al hombre. Ya no me siento borracho en absoluto. 

-Lárgate, idiota. Esto no te incumbe. 

-¡Claro que me incumbe! ¡Yo la amo!- exclamo, y estoy convencido de que es cierto. La amo, ah te amo. 

-¿De qué hablas?- pregunta ella, -nunca en mi vida te había visto. 

-Bella... soy yo... yo te escribí esa carta, yo soy el que viene a ayudarte, a salvarte, a ser todo para ti... 

-¿Salvarme? ¿Estás loco? ¡Quién te crees!

-Sí, lárgate, demente- exclama el vago. Tiene en la mano un palo pero el amor me da alas y estoy envalentonado. Nadie le hará daño nunca más. Nadie. 

Para cuando terminamos, estoy solo en el parque. Debo tener al menos la mitad de los huesos rotos y siento que mi cerebro se derrama por una herida en la cabeza. Me cuestra trabajo respirar, la boca me sabe a sangre, el amor no existe. Empieza a llover: claro. Es lo único que me falta. La lluvia me refresca un poco, me limpia la sangre de la cara. No puedo moverme pero creo que sobreviviré. Solo necesito descansar un poco, sí, descansar. Cierro los ojos y estoy a punto de perder la conciencia cuando una voz femenina y vagamente conocida me despierta. 

-No te mueras todavía, doc. Yo también quiero hablar contigo. 

Es Scatha. Estoy seguro. Aquella demente que se negó a ayudarme con lo del niño de Alondra. ¿Qué quiere de mí ahora?

-Disfrutando de la lluvia por lo que veo.

-¿Qué quieres? Hoy no estoy de humor, como puedes ver.

-Pues, ¿no que te tenía que devolver el favor?

-¿Cuál favor? El dolor me estaba golpeando por todos lados como para pensar claramente, para acordarme de mis pendientes y está pinche bruja chingando en mi momento de agonía. Ella sonrió adivinando mis pensamientos.

-No sabes como estoy disfrutando el momento, tengo una ganas de ser yo quién acabe con tu vida, pero ahora no es el lugar ni el tiempo.

¡Qué lástima!

-Bueno me refería a lo de la niña.

-Se llama Emily. Y el dolor acabó, dio su golpe final y entré al sopor de la inconciencia. 

Dos chicas

Estaba ahí, en la tranquilidad de la noche.
Era uno de esos días en los que no tenía trabajo fijo, y como Roma siempre necesitaba la plata, tenía que salir a buscarla.
Así que allí estaba, entre suspiros de humo, recargada en el triste farol en la profundidad del parque.
Habría preferido ir a platicar con el rey, pero a esas horas probablemente estaría dormido, además, no podía ni imaginarse su reacción si la viera vestida así, con aquel vestido negro que le remarcaba hasta el páncreas, en aquel trabajo del cual no se atrevía a confesarle ni una céntima a aquel rey, viejo amigo, amigo viejo.
Así que allí estaba, esperando, hasta que unos pasos corriendo la recibieron sorprendida.
-¿Tú eres Roma? – dijo una voz entrecortada a falta de aire.
-¿disculpa?
-sí, la fumadora del parque- afirmó la escuálida joven
-Mira niña, estoy trabajando… no me
-¡Sí! ¡La prostituta!- la interrumpió
-Puta madre, niña, ¿a eso vienes?
-No… vengo a… a…- balbuceó la joven
-¿a… a…? – continuó Roma irritada
-ehm… ¿fumar?
-Fumar… -susurró Roma – Fumar… Niña, si tu mamá no te da dinero para los tuyos, no pienso que sea buena idea…
-¡No, no estoy aquí por eso! – la joven parecía muy apenada – me envió Nacho
Nacho, ese nombre… le sonaba familiar a Roma, lo había oído hace poco… en algún lugar… y tenía que descifrarlo.
-Nacho… y ¿para qué te manda?
-Tienes que ayudarme…
-¡¿Yo?! ¿No tienes a nadie mejor?
-Yo… Yo… Tenía a alguien-  comenzó a llorar y se sentó en la banca.
Lo que me faltaba. Pensó Roma
-Escucha… niña… niña –La joven no parecía hacerle caso – niña… ¿Cómo te llamas?
- Cris… -sollozó – Cristina…
-Cristina, ok… a ver… ¿quieres decirme que te pasa?
-Solo necesito que me des el cigarro, ¿sí?
-¿Este? – preguntó Roma mirando al pitillo que sobrevivía entre sus dedos.
Cris asintió y Roma le acercó la mano con el cigarro, Cris extendió la suya para cogerlo.
-Al carajo con esto –Exclamó Roma tirando al suelo el pequeño hacedor de humo, este voló directo a un charco, ahogándose con un pequeño susurro.
-Escúchame, niña
-Cristina –completó la niña
-Cristina… Mira, no tengo tiempo para esto… tengo que trabajar… así que quiero que me digas, exactamente, ¿qué es lo que te pasa? – y se agachó, lo más que le permitió el vestido, para quedar a la altura de la niña.
-Yo… yo…
Y Roma la vio ahí,  en su banca, con su figura débil y enclenque, en el frio de la noche, con lágrimas congelándose en sus mejillas… y por un momento se vio a ella misma, a la vieja Roma, aquella que todavía creía en la esperanza, en el beso, en el sentimiento… aquella que  había extrañado por tanto tiempo; y una lágrima escurrió por el rabillo de su enorme ojo negro.
-¿Estás bien? –preguntó la niña con una consternación autentica en el rostro.
- ¿En verdad te importa? – contestó limpiándose con la manga de su abrigo negro.
-Ehm…- titubeó – no veo porqué no
Y otra lágrima resbaló.
-Escúchame, niña… voy a ayudarte, pero ya es tarde y hace frío. – Se quitó su pesado abrigo y se lo pasó por los hombros a la niña –ve a casa, vuelve mañana… como a las cuatro, búscame aquí mismo, ¿sí?
-pero… yo… - dijo aquella pequeña en aquel abrigo desproporcional – no puedo volver a casa, mis papás me matarían si me ven llegar a esta hora, y oliendo a cigarro… y… y… - parecía que iba a volver a llorar
-Niña… - suspiró con pesadez –Cristina… vamos a hacer algo, ¿te parece? Dejaré que hoy duermas conmigo, en mi casa.
Y Cristina titubeó, no confiaba en una prostituta desconocida en la mitad de un parque a medianoche; pero algo en aquella joven le parecía honesto… y aquel par de lágrimas que había soltado… no sabría decir quien necesitaba de quien.
-Roma, ¿cierto?... yo… - en ese momento lo vio, aquella criatura peluda, arrugada y sucia, aquel asesino o robachicos; apareció de la nada, con un enorme remo en las manos y una mueca de disgusto y dolor.
-Bruno… - Y roma se levantó inmediatamente, parecía incomoda –Yo… hola, puedo explicártelo.
-No es necesario –dijo apretando el remo con fuerza.
-Niña – y volvió a estar a su altura - ¿ubicas el viejo edificio?, junto al parque.
-¿El de la fachada descuidada?... ¡de piedra pulida!
-Correcto – y le sonrió con vergüenza- el segundo piso, primera puerta a la derecha, la reconocerás, está llena de cartas sin leer… vete, yo te alcanzo en nada, está abierto… nada más una cosa… cuidado con los libros…
La niña asintió, se levantó con aquel abrigo enorme y emprendió la marcha a toda velocidad, parecía que quería salir cuanto antes de aquel lugar.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Bruno y Scatha

Estaba en el parque pensando en como  resolver el fideicomiso de los bienes de mi hermano Roberto, en mi hijo, en un nuevo “ proyecto”, en fin en un montón de cosas en la misma banca en la que me senté el primer día que encontré este pedazo de tranquilidad.  
                                                                                                            
Entonces ahí estaba de pensativa cuando pasó cerca de mí el vagabundo que he visto que le habla a la puta a la cual le quiero preguntar a cuanto la hora. Le dije – Ey tú . Pero el cuate solo se volteó como un segundo y después siguió su camino como si nada, arrastrando una arpilla de botellas de pet.

Inmediatamente dije – Yo conozco su cara, ah si, ya se de donde creo que del tuerto. Si creo que le hacia “trabajos” ( por no decir robos) al tuerto, pero porque habrá acabado aquí.

Entonces puse a trabajar mi mente, jamás pregunte por él, al parecer jamás sobresalió en un robo y haciendo otra cosa. Creo que solo una vez el “ Tuerto” comento que era un drogadicto. Los que me llevó a la suposición de que el acabó como muchos, el vicio y la escasez de dinero los arrastran a hacer cualquier cosa por su droga, ya que llega un punto en donde ya no es gusto sino necesidad.

Pero la interrogante es ¿Qué le habrá hecho el tuerto? O solo simplemente las drogas le han causado un abismo en su memoria, que de seguro han hecho que el guey no recuerde ni como se llama. Pero si le hizo algo el tuerto ( quién tiene fama de traicionero y dos caras) me podría unir a él para acabar con el tuerto, para cobrarme la golpiza que me dio por chingarme a su hijo. 

El chiste ahora es como preguntarle; ya que, parece muy huraño y desconoce el jabón.

¿Como podre hablarle?

Alguien como yo

Siento una agonía y un sufrir enorme en mi ser. Mi cerebro no cede y se queda dando vueltas al asunto de Thomas. Odio estar enamorada, es complicado e irremediable. Voy caminando por mi parque cuando veo a un chico sentado a unos metros de mí. Por alguna razón me acerco a él, me siento y no digo nada pues claro no me va a oír y de repente...

-sé que no me ves pero si pudieras te saludaría- me dijo el individuo misterioso.
 -yo si te veo, ¿cómo me puedes ver? - dije confundida
 -¿eres un fantasma? Yo si lo soy- me responde también confundido
 - si lo soy también-
 -¿quién eres? Me pregunta
- me llamo, llamaba Sofiaté- por un momento siento que nada de esto es real.
- soy Peter, creo-
- a ya- digo con poco interés
-¿porque moriste?- dice Peter
 - ¿me mataron y a ti?- me costó más decirlo de lo que pensaba
- también- dice sorprendido
 -¿quién?- le pregunto
– ¿no lo sé y a ti?- me responde
 - no lo sé- empiezo a creer que es un muerto parecido a mí
 - ¿yo soy fantasma creo que por mi verdadero amor Thomas y tú?- me da curiosidad
- la verdad no lo sé-
 - ¿haber tenías algún amor?- siento la necesidad de ayudarlo
 - la verdad no- dice
-¿algún amigo importante?-
-no- dice
 -¿hijos?-
 -no-
 -¿conocías a tus papas?-
- a mi papa no- he dado en el blanco
 -¿sentías conflicto por ello?- pregunto confiada
 - mucho la verdad-
 - pues eso buscas-
 -¿ a mi padre?- responde algo confundido
 - así es-
 -¿me ayudarías-
-¿a qué?- digo confusa
- a encontrar a mi padre- dice
 - tal vez-

Después de decir esto solo me voy confundida y desconfiada de aquel extraño individuo del parque...

Miedo a los fantasmas

¡Guau!

Me quede estupefacta al sentir el abrazo de aquella niñita a la cual no había tomado en cuenta, la había visto con anterioridad mientras jugaba entre las flores pero no la tome en cuenta, nunca pasó por mi mente que está pudiera ser Emily.

Me quede como idiota mientras la calidez de su abrazo iba esfumándose en mi frio cuerpo, mientras su buena intención de ayudar al hijo de Alondra trataba de entrar en mi mente, mientras trataba de recordar si yo algunas vez tuve esa inocencia infantil. Sí, seguramente si la tuve pero no la recuerdo, lo único que se, es que la misma ingenuidad la tiene mi hijo.

La incapacidad de recordar mi infancia me llevó a cambiar de pensamiento y Peter o Nicolás  ocupo mi mente. La verdad en ese momento no me sentía completamente en la disposición de ayudar a ese niño si es que lo era porque hasta donde sabia el hijo de Alondra era todavía un bebe cuando murió, razón por la que la sola presencia de Peter hacia que me pusiera a la defensiva.

Por un lado quería ayudarlo pero por el otro un sexto sentido me decía que debía de alejarme  de este caso, podría presentir que un golpe se acercaba, pero no sabia de donde y de quién.  Después no se de donde saque que eso era pura imaginación y decidí ayudar al hijo de Alondra pensaba ­­–  No tiene porque hacerme daño alguno porque en primera, yo nunca le he hecho daño y en segundo porque tenia una buena amistad con su madre.

Pero mi experiencia me hacia dudar de todo desde Peter hasta la pequeña Emily quién después de abrazarme fue a reencontrarse con su mamá. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Buscando pelea II

Estoy en mi banca, acariciando la madera desgastada con los dedos de mi mano derecha, mientras que la izquierda sujeta un cuaderno, cubierto de lágrimas y manchas de tinta.  Con la imagen de un pequeño con pelo café chino, ojos verdes. Mi mirada se quedó clavada en la última entrada, pues hojee el diario y no entendía de quien era hasta que llegue aquí. La entrada número 52. Está maltratado, con páginas rotas, arrancadas, arrugadas, quemadas, pero casi todas se vuelven a unir al cuaderno con pedazos de cinta.

Me amaba. No puede ser.

Me pongo de pie, y agradecido de dejar a Jorge en casa, corro hacia los columpios. Su silueta llama mi atención, su cabello negro la cubre como un manto, pues es tan largo que le llega a la cadera. Tiene manos pequeñas, eso recuerdo. En ese momento se inclina un poco hacia enfrente y veo a pendejo de mi “psiquiatra.” Esta vestido de la forma más ridícula que lo he visto, brillando bajo el farol, pues son las 12:00 de la noche. Tiene una pijama rosa y un saco sobre este. Sus ojos viajan, no fijándose en nada. Esta borracho.

-¡Nacho!

Con este grito, la hermosa criatura gira su largo cuello y me mira. Nuestros ojos conectan.

-¡Oh! El niñito quiere pelea.

Se acerca tambaleante y se para delante de mi, con las manos en la cadera y una desagradable mueca en la cara, abre la boca y puedo oler el alcohol. Levanta el puño y lo esquivo.

-Vete, que te voy a lastimar. –digo con tono amenazador, -y tengo mejores cosas que hacer.

-¿Por qué no lo intentas?

En ese momento mi puño conecta con su nariz, un fuerte CRAK llena mis oídos y sus manos cubren su cara. Manchas rojas aparecen en el obscuro pavimento.

-Hijo de puta. –balbucea el borracho.

Levanta el puño y me golpea en la mandíbula. No muy fuerte, pero aun así duele. Mi paciencia se agota y mi pierna se conecta con su rodilla, no la rompo, pero le duele.

-¡AH!

El dolor cubre mi pierna, pero la levanto de nuevo, y mientras Nacho está doblado, abrazando su rodilla, lo golpeo en el estómago. Cae desmayado. Probablemente una mezcla de dolor, falta de aire y alcohol. Recojo el diario que seguramente se cayó durante la pelea y giro para ver una banca vacía, alumbrada por la luz color naranja de un farol. Mierda. Y ahora como encuentro a la mujer con su historia escrita en los ojos. Decido guardar el diario en el bolsillo de mi chamarra, y brincando a Nacho me dirijo a mi coche. Es tarde pero debo encontrarla.

De decepción a rabia

Ya era muy tarde, terminó de escribir en su viejo cuaderno los recuerdos espantosos del grito de los dos niños que jamás podrán crecer. Esos recuerdos que seguramente le causarían pesadillas esa noche, así como no lo han dejado dormir por años.

Cerró los ojos y comenzó a perderse su sueño. Se escucharon muchas voces como de murmullos, pero luego comenzó a escucharse un pequeño aullido como de algún borracho que venía a tumbarse por aquí.

Se levantó, tomó el remo viejo remo que siempre tenía junto al rincón en el que dormía y salió a espantar a quien fuera que no lo dejara dormir.

Salió de su pequeño escondrijo y empezó a caminar en busca del ruido que no lo dejaba dormir.  A lo lejos vio un grupo de mujeres bien vestidas y muy maquillas acompañadas por tres hombres vestidos con ropa que parecía ser muy fina. Ellas estaban delante de ellos y no les dirigían la palabra simplemente hablaban entre ellas. Era un grupo de mujerzuelas que se ganaba la vida de una forma nada respetable. Bruno solía despreciarlas cuando era más joven, pues le habían enseñado que las mujeres así no eran mas que objetos, pero ahora no podía mas que sentir lastima por ellas.

Siguió caminando y se dio cuenta de que todas esas personas eran caras nuevas, personas que nunca antes había visto en su parque. Siguió avanzando y pudo reconocer dos rostros que lo dejaron helado. Primero vio a una niña, ya grande pero igual una niña que se solía pasear por el parque durante el día, la niña Cris. Pero no le dolió tanto como le fue ver Roma, ahi parada vestida de esa manera ofreciendo su cuerpo a desconocidos.  Sintió que el alma se le iba a los pies, se sintió devastado. Pero no fue hasta que ella lo miro, lo miró con sus dulces ojos llenos de bondad que sintió que toda su decepción y su tristeza se convertían en rabia.

Una Huérfana en la Noche

¿Qué acaba de suceder? Eso fue lo único en que pensaba mientras caminaba en las calles iluminadas por los faroles. ¿Cómo fue que pude confiar en Nacho para ayudarme en mis problemas? ¿Acaso se tratará de una prueba, o simplemente de una broma cruel de su parte para sacarme provecho con un fin? No sé bien qué, pero sí sé que empecé a tener un mal presentimiento sobre Nacho. Aunque su sugerencia de encontrarme con estas personas, Bruno y Roma, me pareció muy convincente. No sé cómo explicar aquella fuerza interna que me empujaba hacia la posibilidad de cambiar. Eso es lo que estaba buscando: un cambio. Una vuelta de página a mi historia.

No olvidé cómo me había sentido en estos últimos días. Tan perdida en la tristeza y en la soledad; eso ha sido de mí desde que mi abuela murió. Lo único que tenía de felicidad en la vida, pues mis padres no estaban siempre presentes para mí. Pasaban todo el día trabajando, cada vez mejorando su profesión como agentes inmobiliarios; así ha sido desde que tenía 5 años, cuando mamá decidió volver a trabajar junto a papá y me dejaron al cuidado de mi abuela. Ella me crio, me enseño a ver el lado bueno de las cosas. Ella fue mi familia, mi verdadera madre. Pero eso era antes, ahora soy una huérfana en busca de mi lugar en el mundo real.

Crucé el camellón hasta llegar al parque. La primera vez que estuve ahí sólo conocí la luz del crepúsculo acariciando las copas de los árboles, la risa de los niños corriendo, el viento rozando el pasto de verde, y el rico aroma de los elotes. El recuerdo de esa imagen desvaneció en un instante, pues en ese momento lo que veía era nada más que sólo oscuridad, con luces extintas y la sombra de extraños errantes. Todo era lúgubre y corrompido, pero al mismo tiempo acogedor.

Por un instante miré hacia atrás, contemplando todas las cosas que estaba a punto de dejar: mi casa, la escuela, mi familia que nunca estuvo conmigo. Tal vez no volveré a ver las cosas una vez que entré a este parque. Pero a final de cuentas ¿qué puedo perder ahora? Nada, excepto tal vez mi propia vida.
Una visión apareció entre la luz de la calle: mi abuela con su dulce sonrisa, mirándome a los ojos con cariño. Parecía tan real, que estaba en verdad viva otra vez. Comencé a llorar, pues me di cuenta que también dejaría su feliz recuerdo para siempre.

Volví la mirada hacia el parque y caminé deprisa, adentrándome entre los árboles fríos, despidiéndome de mi vida anterior y abrazando una nueva. Una llena de sombras, con un poco de luz.          

Carta a mi madre

Querida madre:

No sé cómo empezar a decirte lo arrepentido de que estoy de que tu enfermedad haya sido culpa mía, es cierto que jamás aceptaste mi transformación, que aunque decías amarme poco a poco lo hacías menos.

Sé también que eso va a terminar por matarme a mí porque aunque he tratado de negarlo simplemente no he podido vivir tranquilo desde tu partida, más aun sabiendo que todo ha sido gracias a mí. Yo te alejé de mi lado, yo te di todo para que pudieras huir de este mundo y es algo que no me perdonaré jamás y algo con lo que voy a tener que vivir… Si es que se puede llamar así a la acción involuntaria de inhalar y exhalar.

Me faltó decirte tantas cosas… Te amo, te amo de principio a fin, te amo con todo lo que soy y con todo lo que no soy, todo lo que seré y no pude ser contigo, te amo porque te amo, te amo como amaba tus regaños e incluso esos ojos cansados que me miraban con una profunda decepción, te amo hasta cuando no te amo, lo eres todo y es que por eso te amo tanto. No te lo dije lo suficiente…

Tus palabras viven en lo que soy, las que dijiste y las que guardaste en lo más profundo de tu ser, esas que terminaron por matar nuestra cercanía.

Tu hija, la que más te ama.
Acab.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Una mujer extraña...

Una joven extraña y misteriosa estaba sentada en un banco del parque, estaba con una sonrisa en la cara, y después se ponía con cara pensativa y otra vez volvía a sonreír, contemplaba algo, tenía cara de placer, y había enfrente una pareja besándose con pasión. Emily nada mas la miraba no muy convencida, le tenía miedo, llevaba ahí parada viéndola durante media hora, decidiéndose en ir a hablarle o no, Emily suponía que esa mujer, era de la que Peter estaba hablando, lo presentía.
Emily dio un paso hacia delante, se armó de valor y le habló.
-hola-soltó no muy convencida, la mujer volteó con una cara de misterio y desconcierto.
-¿hola?-.
-perdona, creo que necesito tu ayuda- no sabia como empezar, ¿que le diría?
-¿te conozco?- le dijo de forma muy agresiva.
-no, no lo creo, pero creo que me puedes ayudar con un amigo-.
-ja, ¿crees que te voy a ayudar con algo?, ¿con un amigo?- al pensar en ese amigo le vinieron ideas horribles, y si era ese del que todos hablaban, ese en el que últimamente le preguntaban mucho, ese el que le pidió ayuda al hacerle una visita.
-si, se llama Peter, pero otros lo conocen como Nicolás- al decirlo la mujer puso una cara de susto.
-¿Nicolás?¿Peter?- esa era la niña de la que le había hablado Nacho, ese “doctorcito” , esa niña que dicen que ve fantasmas.
-ehh, sí, necesito que me ayudes con Peter-a Emily ya no le estaba dando miedo, se estaba desesperando, ya quería acabar con eso, pero si quería que le ayudara a Peter-bueno, me vas a ayudar con Peter o no-.
-si, creo que te voy a ayudar, pero, solo por mi amiga Alondra, creo que quiere saber algo sobre su hijo –al escucharlo Emily le dedicó una sonrisa y ya se había olvidado del miedo que le producía, pues junto con el miedo le daba curiosidad, la abrazó por la alegría.
-¡gracias, gracias, gracias!- y se fue Emily.


Buscando pelea

Ya pasó una semana y el coraje que tengo hacia Nacho no ha desaparecido, sigue igual de intenso, ardiente e incontrolable como desde el momento en el que nos peleamos. Tengo un enorme deseo de venganza.

¿ Que podría hacer?
¿ Podría vengarme de él , enviando alguien a amenazarlo?
¿ A quién puedo enviar?
En la noche fui a comer con Pablo y le comente mis más oscuros deseos hacia Nacho.
Pareció desconcertado pero entendió la razón de mi descontento, estuvo indispuesto a ayudarme pero al final de la velada cuando ya me iba me dio una pequeña tarjeta.

-       No concuerdo, contigo. Pero ten si tu deseo es la venganza.

-       ¿Qué es?

-       Llama y veras

Al día siguiente después de ver el último video de una de mis paginas favoritas, me dormí.
Soñé con mi plan maestro y el deseo de hacerlo posible, de ver a Nacho suplicándome mi perdón, me despertó.
Fui a la mesita donde suelo tomar el desayuno, tome la extraña tarjeta y llame automáticamente, sin pensar con la cabeza, dejando que la furia, el coraje y el odio me dominaran.
Empezó el zumbido de la espera.

Piiiiii
Piiii

Casi al tercer zumbido, la llamada entró. Hubo un breve silencio y al final la persona de la otra línea contesto fríamente que me erizo la piel.
-       Se breve y claro

-       ¿ Qué?

-       Se breve y claro

-       ¿De que?

No entendí porque tenia que ser breve y claro hasta que después de otro silencio la persona dijo – Es la primera vez que llamas ¿ verdad?
-       Si

-       ¿ Para que llamas?

-       Ehh ¿ Quisiera amenazar a alguien?

-       ¿ Nombre completo de la persona?

-       Nacho Ruiz Ochoa, psiquiatra.

-       ¿ Como desea amenazarlo?

-       Ehh no se. Hmmm..  como quiera.

-       Entiendo¿ lo desea vivo?

-       Si ( aunque este enojado creo no poder con la conciencia de matar a alguien)

-       Para el trato formal nos vemos en el café “ El pingüino” a las 4: 00 p.m.

 Y colgó el teléfono dejándome con la duda en donde estaba dicho café.

Bruno poeta

“La mentira que todos hacen, la gran mascara que todos usan y la droga que todos los medicos, padres  y amigos recetan. No es más que un veneno mortal que te matara, pero no dejare que nadie te ayude. No hasta que decidas hacer lo que sientes como lo sientes. Pero entonces te juzgara y podría ser  que ese fuera un veneno aun más peligroso.
Pero… solo sonríe..?”

B. de  Barbette


Nacho Borracho 2

Abro los ojos. El hijo de papi ya se paró y ya se fue. No tengo ánimo de levantarme y seguir peleando con Alexito, el chavito que no tiene nada mejor que hacer que ir al gimnasio y que por eso me rompió la cara como si yo fuera un enclenque. No estoy borracho, demonios, no estoy borracho...

-¡Tú! ¡Sucio vagabundo! ¡Déjala en paz!

-¿Quién eres tú y quién te pidió tu ayuda?

-Bellllaaaa... fumadora delparque.... quién te está molestaaando

-El que está molestando eres tú, cabrón. Lárgate.

-¿Tú...? ¿Tú escribiste esa carta tan... tú?

Nacho Borracho

He tenido sueños persecutorios de los que despierto terriblemente excitado y cubierto de sudor, aterrorizado y seguro de que esos cuchillos están realmente enterrándose en mis intestinos, en mis ojos, que esa pistola está tronándome las costillas y atravesándome la espalda, que esa carne envenenada baja por mi esófago, quemando todo a su paso, que hermosas mujeres me escupen y patean cuando estoy en el suelo...

Hoy tuve uno de esos sueños y me tambalée hasta la cocina en busca de una botella de agua, pero agarré mi botella de Bonafont, la que tenía llena de vodka para poder subirla al metro, y le di un buen trago. Al demonio con todo y con todos. Al demonio con el fantasma de mi madre en mi cabeza: quiero una mujer de verdad. O dos. Ya estuvo bueno de estas malditas ingratas. Me tomo un buen trago más y salgo del departamento con mi piyama de franela y un saco elegante encima. Debo verme ridículo, como un vagabundo que no sabe combinarse. Un vagabundo. Ese maldito vagabundo que acosa a la bella fumadora del parque. Yo voy a salvarla. Voy a salvar a Alondra también. Ella no sabe que en el fondo me necesita, su carta está llena de pistas de esto: su carta es un grito de ayuda y yo lo he entendido. Voy a encontrar a tu hijo, Alondra, voy a salvarte de todo, fumadora del parque, voy a... voy a... ¿cuáles otras mujeres puedo salvar? 

La botella de vodka bajo el brazo. La medianoche a mi alrededor. El odio, el amor, el miedo, todo junto. Los ojos de esa bruja en los míos. Los labios de Cristina en los míos. Todo junto. 

Ahí está Alondra. 

-Hermosa paloma... recibí tu carta y entiendo tu mensaje, ave maravillosa... estoy aquí para que juntos encontremos a tu hijo Nicolás. Necesito contarte que he empezado la búsqueda, Alondra... 

-¿Qué haces aquí? ¡Lárgate de aquí! ¡Tengo una cita!

-... Alondra, encontré a una niña que tiene contacto con tu hijo... con su espíritu... se llama Peter... no la niña, sino el espiritu de tu hijo... La niña se llama Emily, es paciente mía y....

En eso pasa algo que no me esperaba para nada: el hijo de papi, el Alejandrito este que embarazo a mi paloma y la dejó abandonada está acercándose aquí. ¿Qué demonios le pasa? 

-¿Nacho?- grita. Viene con ganas de pelear.

Camila

Un pájaro se posa en la rama más baja del árbol delante de mi. Estoy en aquel callado escondite donde el mundo se paraliza. Donde la única señal del tiempo es el sol, el aire y los pájaros. Estoy sentado, tratando de convencerme de que hoy es la noche en la que la puta será desterrada de mi mente. Estoy tratando de escoger un bar o tal vez un prostíbulo. No estoy seguro de cómo manejar esta situación, pues los últimos meses han estado llenos de mujeres tan fáciles que con un solo click me brindan sus secretos. He vito todos los videos de mis páginas favoritas, y ahora me cuesta trabajo excitarme con las mujeres dentro de mi computadora. Vaya vida la mía. En ese momento un silencio impresionante llena el parque, y es ese el momento en el que decido que mis pensamientos me están confundiendo. Me pongo de pie y camino, esperando escuchar a un animal de cuatro patas detrás de mi. A un perro llamado Jorge. Sigue enfermo gracias al desgraciado que ahora lleva un moretón en el ojo a todas partes, añadiendo más horror a su cara. Cuando llego al camino de concreto, la veo. Esta delante de mi, alimentando unas palomas. Su pelo negro cubre parte de su cara y recuerdo esa vez que la vi cuando le di una paliza al estúpido de Horacio. Es pequeña, pero no se ve débil. Aún así quiero protegerla. Su parecido a Camila es mucho desde esta distancia. Pero como me voy acercando, me doy cuenta de que sus cachetes son más grandes, sus ojos más pequeños y su cara más rozada. Nos miramos a los ojos, tan solo un segundo. Pero es suficiente. En ese segundo veo su inocencia, su timidez. Por primera vez en mucho tiempo, los pensamientos que inundan mi cabeza no tienen  nada que ver con el sexo, no veo lo que trae debajo de la ropa, ni lo que representa para mi como mujer, no veo el abandono, ni a las mujeres que han abandonado mi vida.  Veo a mi hermana. A la que no he visto en más de 2 años. A quien he lastimado y corrompido sin querer hacerlo. Momentáneamente, la niña que esta frente a mi crece unos años, su pelo es más largo, su fracciones más finas.  Su cuerpo más esbelto, sus manos más chicas, sus uñas pintadas. Es Camila. Me acerco a ella, y como en trance arranco la flor más hermosa de una buganvilia y se la doy. Sonrío y doy media vuelta. Cuando estoy a algunos pasos de distancia, me asomo por encima de mi hombro y veo a una chiquilla de 14 años, observando muy confundida la flor que tiene entre las manos. Mi hermana ha desaparecido. Otra vez. Pero ahora no fue mi culpa.

Carta a Peter

Querido Peter:

Ya se que me entiendes, como nunca nadie lo ha hecho, has estado conmigo siempre y por siempre, eres mi mejor amigo te llames Nicolás o Peter, ya se que yo te puse ese nombre, porque no recordabas el tuyo, haré todo lo que me pidas, porque confío en ti y quiero seguir contigo por siempre jamás, si tratan de que ya no crea en ti, pero siempre creeré en ti, tu eres el único que entiende que soy demasiado madura para mi edad, se cosas que normalmente otros no saben, creo que yo también puede que sea una reencarnación, porque mi alma es vieja, solo tu lo sabes, tengo una gran imaginación, pero recuerdo cosas de vidas anteriores de lugares en los que nunca pude haber estado, esas historias que yo creía que me contabas, yo era quien las recordaba en las noches, soñaba con ellas y aveces yo te las contaba a ti, por eso no soy una niña normal, aunque aveces me siento como una, pienso como una, soy una, pero, si,te ayudaré a saber más sobre ti, sobre tu vida pasada, sobre tu asesinato, buscaré a la mujer extraña y misteriosa. La verdad no se que le diré, le contaré de ti, como Nicolas, la buscaré por ti. Yo tampoco creo que poder comunicarnos sea una casualidad.

Tuya, tu amiga por siempre, Emily

martes, 23 de septiembre de 2014

Crónica de un enamoramiento... La Piedra Helada

En aquella pierda helada existía un recuerdo olvidado, una historia que la había intentado suprimir pero que aún volvía a su memoria. En aquella piedra fría y seca que intrínseca se había acostumbrado a bombear sangre demasiado liquida, diluida en lágrimas.

Resultó entonces que en el verano del 2011 una joven lamentaba la muerte de su padre y luchaba con la sombra de su ausencia; Conoció por azares del destino a un joven encantador, prospecto artista de encantador perfil y sonrisa  detenida en el tiempo y herrada siempre en aquella, ahora, piedra helada.
En un principio consideró la posibilidad de vender sus libros para rentar un pequeño lugar donde vivir, al menos por un tiempo, así que la joven se encontraba esa tarde de librería en librería.
Fue ahí donde lo conoció, entre novela histórica y poesía.

Ella estaba comparando unos tomos de la librería con unos que tenía en casa, cuando una voz se dirigió hacia ella.

-Si vas a comprarlo hazlo, pasados los diez minutos de convencimiento propio es porque el libro no es para ti.
La joven de ojos grandes se volteó para ver a un joven alto, de cabello castaño y ojos claros, mirada firme y líneas articuladas.
-No voy a comprarlo…
-Eso mismo estoy diciendo yo – la interrumpió el joven de ojos claros.
Ella evitó su mirada, que era sentenciosa y parecía esperar algo a cambio, algo que ella había perdido hace tiempo.
Sin embargo la enfrentó una última vez antes de excusarse y salir de la tienda.
Lamentablemente para ella, no sería la última vez que lo vería, no, estaba lejos de serlo.
Estaba la joven en un parque al que solía ir junto con su padre, mirando a la gente, recordando los gritos alegres de los niños con quienes jugaba, los juegos que la separaban de su realidad por horas y horas; estaba ensimismada en ello cuando sintió un cambio de peso en aquella banca, (que en ese entonces, por cierto, todavía no estaba tan despintada y fúnebre).

-Ver a la gente es una obsesión sherlockianamente espeluznante, ¿lo sabes?, puedes ser muy buena en ello o muy mala, pero después de todo no deja de ser la manera más presuntuosa de hablar con uno mismo.
Y era el mismo joven de ojos claros, claro, ella no recordaba.
-¿disculpa?
-te conozco – sonrió él – en la librería, el otro día… estabas mirando un ejemplar bastante viejo y feo… ¿no?
- arcaico y viejo… - se lamentó la joven en un susurro.
-¿perdón? – y no tuvo respuesta – lo siento, ¿dije algo malo?
-me estás siguiendo – sentenció la joven de ojos grandes – llevo viéndote desde que llegué al parque… así que, dime, ¿Qué se te ofrece?
-vaya – suspiró- eres directa, ¿eh?... bueno, con esa misma… “franqueza”… sí, te vi cuando llegaste y no encontraba la manera de hablar contigo.
- ¿por qué? – preguntó ella con honesta incertidumbre.
-porque no se me ocurría que decir.
-¡No! – se exasperó – no… ¿por qué querrías hablar conmigo?

El joven no se esperaba eso así que titubeo antes de contestar.

-dime una razón para no querer hacerlo – sonrió – pero tiene que sr muy buena, si se te ocurre una razón autentica para no hablar conmigo la aceptaré y me iré… pero si no…

Y fue un “si no”, pues pasadas un par de horas ellos ya habían establecido una amistad bastante autentica, congelados sobre su banca mientras el resto del parque giraba como un tiovivo, autómata discreto que impotente pasaba junto a este par.

Él la invitó a quedarse en su casa mientras conseguía el dinero para un propio apartamento, aunque día tras día ella comenzaba a sentirse cómoda en aquellas paredes, con aquella compañía.

Y así comenzó; fue un día, luego otro, y otro, una tarde, un día, y poco a poco aquella banca se volvió una crónica de aquella relación y de aquella tarde lluviosa.

Estaba atardeciendo delicadamente mientras la joven pareja platicaba de literatura clásica, poesía y arte en general, fue entonces que el cielo en una caricia apresurada comenzó a filtrar gotas, luego cubetas y al final manguerazos de agua fría. La joven pareja corrió buscando un refugio y lo que comenzó como una retirada escabullida terminó como un juego y entonces, por un momento, la joven revivió aquellos momentos de embriaguez, de confianza, y el mundo se detuvo como nunca lo había hecho antes, ella ya no era ella porque él, que abarcaba tanto espacio dentro de su nueva realidad, no le daba plaza para nada más en el mundo. Y allí, tras un momento de adrenalina y agua, compartieron un beso, húmedo y honesto, que ella recordaría por siempre.

Y así los besos marcaron los días y las palabras se fueron terminando en aquel mundo donde un segundo valía una eternidad, y una eternidad se volaba en un segundo.

Tuvieron días de labios, tardes de palabras y noches de piel, y ella pensaba que su vida al fin retomaba los colores.

Pero a veces la vida pasa demasiado rápido y el rollo se termina con el pasar de la cinta.
Pues así fue que una tarde, volviendo la joven de una caminata por el parque, sorprendió a él con otra ella, en aquel sofá que le había pertenecido por varios meses, en aquellas paredes que la habían acogido, en aquellos brazos que la habían rescatado, en aquellos labios que tanto la conocían… en aquella persona que ahora desconocía.

Y su banca siguió allí, y aquellos días de lluvia la habían despintado y oxidado, y aquel parque que la había observado desde que corría con su parque conoció sus lágrimas en aquella noche en la cual una joven sola se cubre el rostro mientras la débil luz del farol la cobijaba, bajo el manto de la noche, aquella piedra helada.

Y prometió entonces no volver a caer bajo la frágil protección de sus ilusiones, bajo su boba sonrisa infantil, bajo aquel manto frio que era lo único que le pertenecía, eso y aquella piedra que se apretaba en su pecho y le helaba la sangre, revestida en lágrimas.

Aquella piedra fría que con el centro hueco se bañó en maquillaje y perfume barato, en una sonrisa falsa, en una figura de la noche en la cual fue forjada, como hija de la luna y de aquella luz de la farola.



Una hoja de papel arrugada


Y que le den por el culo, pensó Roma mirando con desesperación a todos lados.
Eran aproximadamente las cinco de la tarde; Bruno la había dejado desde hacía ya un buen rato y la gente andaba en brisa, sofocando a la joven.
Seguro es algún pervertido que se cree muy listo… sí, seguro es eso… y que le den por el culo.
Y de pronto todos los allí presentes parecieron mirarla solo a ella, pareciera que el mundo se detenía y ella era el centro de atención… y lo detestaba.
Apretó la hoja de papel en una pelota deforme y la arrojó lejos, hacia la jardinera.
No permitiría que nadie se burlara de ella, ningún poeta, Cyrano escribe-mierda iba a jugar así con ella. Debía llegar al fondo de ello.
La carta apareció a su lado, sin que ella supiera de donde había venido, simplemente apareció allí.
Seguro se le cayó a alguien – pensó en un principio, pero nadie más había estado en esa banca a lo largo del día, solo ella y Bruno.
¿Quién era este Nacho y que quería de ella? Seguramente acostarse  con ella, como todos los hombre, y esperaba una rebaja, un descuento, un acto de “amor”
Y esa actitud, valiente, pedante, ¿Quién se creía este imbécil? Seguramente no es más que un niño de mami, degenerado y urgido.
O al menos eso pensaba Roma quien, a lo largo de su vida, nunca había recibido una nota de amor honesto, una sola pizca de cariño, y lo único que recordaba de ello eran los brazos fuertes de su padre, memoria que incluso ya se estaba evaporando, y con el mucho agrado de la joven que prefería olvidar aquellos sentimientos, sobretodo ella que vivía precisamente de fingirlos.
Pero incluso en el corazón empolvado de aquella joven, cabía lugar para la esperanza, para la ensoñación,  para sentir, o al menos querer hacerlo, que para alguien era importante, amada sin haber comparado precios, sin haber oído el catalogo, sin haber programado una noche en el hotel más barato de la ciudad.
Y por un momento existió una ilusión dentro del corazón de Roma. Pero ya era tarde, momento de ponerse la máscara y pelear una noche más contra los sentimientos, contra las patéticas ilusiones y los borrosos recuerdos… aunque…
La joven se levantó de su trono y, mirando a todos lados con suma discreción,  comenzó a buscar una hoja de papel arrugada. 


El Rey del parque

Eran alrededor de las dos de la tarde y el parque se abrió frente a la joven Roma.

Portaba una camisa usada y una playera de algún estampado extraño que ni ella alcanzaba a conocer, el cielo olía a sol nublado.

Caminó con seguridad ignorando a los plebeyos, arrastrados en prendas de marca y sonrisas sintéticas. Caminó con seguridad olvidando sus pasos firmes, siendo guiada por inercia al trono de madera vieja.

Y ahí estaba el rey del parque, aquel hombre viejo y sabio de una barba larga, tintada en negro y plata. Aquel hombre de lujo harapiento, aquel poeta oculto, y aquel… su único amigo.

Roma se sentó solemne a su lado, sin mirarlo, sin hablarle; y el aroma de abandono llegó a su olfato.
 
-Sol- pronunció aquel hombre con una seriedad fúnebre – que quema mis labios secos, secos de gritar sin decir palabra, sin besar, sin hablar con nadie de aquel sol loco que los convierte en polvo.
 
-Luna- contestó Roma sin dejar de mirar al frente –Que enfría mi piel que el sol abrazó, y mi garganta se cansa de tantas lágrimas heladas, de tantas noches desveladas.
 
-No me gusta- Respondió el hombre con hosquedad – muy… azul.
 
-Eso dices porque son las dos y ya tienes hambre.- Exclamó Roma con una sonrisa cariñosa.
 
El hombre se frotó la barriga, la cual respondió con un gruñido desganado.
 
-calma, calma – rió la joven, con una risa poco usual… honesta pero con miedo o tristeza, avergonzada.
 
Sacó entonces dos pequeños y arrugados bultos del bolsillo trasero de su pantalón y le ofreció uno a su acompañante. Este se lo arrebató con cierta desesperación y lo abrió con dedos anestesiados.

-emparedado de jamón aplastado, ¿eh? – dijo el hombre con un tono casi desgastado.

 -y dos uvas – agregó Roma sacando unas cuentitas moradas del bolsillo de su camisa.
 
El rey las miró un momento antes de aceptarlas.
 
-Al menos no te sentaste en este par. –escupió en lo que podría haber pasado por una sonrisa.
 
-Bruno… a veces no entiendo cómo resistes este tipo de vida…
 
-yo sí –susurró inaudible para Roma– no lo hago.
 
Y se tragó las uvas sin decir nada más.

Carta a Nacho

Nacho, cuervo, idiota manipulador...

Te odio, y no me interesa en lo más mínimo relacionarme contigo. Quiero ser muy breve y clara, ya que tengo claro que hablar con un pendejo es como hablar con un niño pequeño. No me vuelvas a comparar con tu madre maldito loco. Yo soy una madre y de las mejores, así que no estoy para que me comparen con nadie.

Mi hijo Nicolás es el único hijo que tengo y tendré, y para que te quede claro, si te he llamado hijo en algún momento es porque eso es lo que eres, un hijo puta. Y aunque es cierto que tienes unos ojos cautivadores y una barba que nadie puede resistir, insisto que te escribo para que te vayas a chingar a tu madre, que estoy segura que es algo que mueres de ganas de hacer. No quiero saber nada de ti.

Cancelaré todas mis consultas a futuro y espero que te mueras.
Con amor,
Alondra.

Re: Misión Urgente

RE: MISIÓN URGENTE                    21 de septiembre 2014

AGENTE CÓDIGO Tijeritas
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Vago apestoso

Agente Tijeritas:
Me reporto a sus órdenes y a su servicio.
Me gustaría expresar me encuentro muy complacido y conmovido por las felicitaciones a mi trabajo, y les agradezco habérmelas comunicado, siempre me impulsa a seguir esforzándome en esta labor tan humanista de asesinar perros.
Sin embargo, y muy a mi pesar, también les hago saber malas noticias. Agente código Susanita me ha comunicado una información muy importante acerca del operativo CFX, al parecer aún desconocen su identidad secreta, sin embargo han pasado el día de ayer a la salchichonería preguntado por mí, conociendo ya mi nombre y mi profesión. Como ustedes saben esta es una situación muy crítica par todo nuestro equipo, Lo-lix-pop se encuentra en serios aprietos de ser descubiertos. Si bien hemos distraído a CFY eso no nos salvará de un enfrentamiento con los terroristas CFX, especialmente con la comandanta Xris-ti-NAH coordinadora del grupo de malandros.
La buena noticia es que Agente código Susanita ha logrado extraer de las bocas del enemigo el nombre del traidor que ha rebelado mi paradero y mi identidad, ha sido el vago del parque, permiso para proceder con la tortura hacia el indigente.
En cuanto al Psico-analista no se preocupe jefe, usted páseme los detalles y le damos baile al pelado.
                                                                    Espero sus órdenes,
                                                                                                  Agente Embutido

lunes, 22 de septiembre de 2014

Por qué odio a los perros

Haber asesinado al perro no me causó ningún placer, al contrario, asesinar animales despierta en mi odio y rabia. Me hace recordar que nunca podré vengarme completamente de aquellos cuadrúpedos pulgosos con bocas mugrosas y lenguas rasposas.

Hay días que, mientras camino a mi casa, voy recordando su agresión, voy acordándome de como se llevaron a mi pequeña hermanita... ¿Qué? ¿Qué si la mataron? No, cometieron un acto aún peor contra ella, me cuesta trabajo incluso describir el crimen.

Por algo los animales son salvajes, me da asco pensar en quién dijo que “los perros son los mejores amigos del hombre” esos imbéciles o estaban enfermos o estaban estúpidos.

Los perros, debajo de su cabello en movimiento entre bailes de emoción falsa cuando llegas a tu casa, de su agitamiento de cola rogando por tu atención y las caricias, de sus besos mojados demandando que los saques a pasear al parque, debajo de su hipocresía interesada, de su falsedad y lambisconería, existe un mal diabólico.

Regresan a mi las imágenes de sus hocicos manchados de sangre, arrancando la pureza a mordidas, lamiendo el pudor de mi pequeña princesa, rodeándola y seduciéndola con ladridos. Extirpando gritos de goce de un alma suficientemente inocente e ingenua como para notar la aberración que estaba sucediendo.

Cuando todo terminó la ropa de una pequeña yacía desgarrada en el piso, a su lado se encontraba una mujer desnuda respirando profundo, recuperando su aliento, una mujer ya, la metamorfosis estaba terminada y yo había perdido a mi pequeña hermana.

De tu hermano Nacho

Querida Acacia, 

No sé si te acordarás de mí, tu medio hermano Ignacio, pero en esta época de mi vida estoy tratando de encontrarme, de entenderme, y sé que tú eres parte crucial de procesos que pasaron en mi infancia y que traté de borrar de mi cabeza porque eran dolorosos. 

El que mi padre engañara a mi madre con la tuya, y además de eso tuviera una hija, arruinó el matrimonio de ellos para siempre, y aunque se quedaron juntos un rato más, fue una herida incurable. No sé qué tanto hayas conocido a nuestro padre (creo que no mucho), pero es un hombre bastante duro, no se arrepiente de lo que hace y jamás pide perdón. 

Yo no estuve listo para buscarte hasta ahora. Supongo que la madurez nos llega a cada quien en diferentes momentos, y yo estoy tan apegado a mi mamá, que el daño que tu nacimiento lo hice me tenía muy resentido. Pero somos familia, eres sangre de mi sangre, y quiero conocerte más. Cuéntame qué ha sido de ti, qué ha pasado con tu vida desde que mi padre desapareció de nuestras vidas. 

Yo me dedico a dar terapia y también quiero escribir un libro. ¿Tú qué haces? ¿A qué te dedicas? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?

Un abrazo afectuoso, 
Nacho.

Alex, Sesión 3

-Ale...jandro- me corrijo al vuelo. Si de por sí vienen cosas pesadonas, más vale tener al muchacho de buen humor. Yo, en cambio, estoy de un humor de perros, por que revisando mis notas, los videos del psiquiátrico y las cartas que me he estado robando, he llegado a la conclusión inevitable de que este adicto a la pornografía, este hijito de papi que pudo haber tenido a quién quisiera, es el desgraciado que embarazó a mi palomita, a mi Alondra. Así es: Alejandro es el papá de Nicolás el desaparecido, el re-aparecido, el amigo imaginario de Emily, el fantasma que pide ayuda a Scatha, la loca aquella que tuve que sacar del psiquiátrico cuando, claramente, es una amenaza para la humanidad. ¿Por qué me siguen los locos? Bah. 

-Ni esperes que hable, que después de mi día de hoy estoy de un humor...- advierte Alejandro. 

-Pero esto es terapia... 

-Entonces habla tú, cabrón, que yo no quiero. 

-¿Qué te pasa?

-¿Qué crees? Que soy un fracasado. Que no he logrado nada en esta puta vida, eso me pasa. Que soy un hijo de papi. Eso. Que la única mujer del mundo no me quiere y se fue a casar con otro. Que...

-¿La única mujer?- le pregunto, -¿nunca te has enamorado de otra?

-Nunca. 

-¿Ni siquiera de una con nombre de pájaro y hermosos ojos verdes?

-Ah... déjame pensar... pues, me acosté con una ecuatoriana que se llamaba Golondrina, pero tenía ojos cafés... 

-¡ALONDRA! ¡Se llama Alondra! ¿No te acuerdas de ella?- me costó trabajo controlar mi tono de voz, enfurecido como estaba de que Alondra hubiera sido para éste tipo solo una más. 

-Humm.... no me suena.... pero puede ser. 

-¿¡No te suena, hijo de puta!? ¡Pues adivina qué! ¡En esa noche que nada te significó, la dejaste embarazada! 

-¿Tengo un hijo?

Mi mente da vueltas a la idea. Una mujer llamada Alondra, con ojos color esmeralda. Tengo un hijo. La idea de un pequeño ser que es parte de algo mío me aterra.

-Imposible. –digo, pero mi voz no suena segura, sino inquieta.  

-Claro que no lo es pendejo, -dice el estúpido de mi “psicólogo,” –¿de verdad te sorprende? ¿Con cuantas te has acostado? ¿Ochenta?

Tiene razón, a estas alturas debería ser más impresionante que no tuviera uno, pues han sido tantas mujeres, que he perdido la cuenta después de las primeras cincuenta, pero estoy seguro de que fueron bastantes más que ochenta. Mi cabeza retumba y mi corazón palpita fuertemente. Me siento como en un sueño.

-No lo sé… no recuerdo.

-¿No lo recuerdas carbón? ¿No recuerdas sus inocentes ojos? ¿No te sientes culpable ahora que la ves en el parque? ¿No…

-Espera… ¿es la mujer del parque? –digo asombrado, con la imagen de una mujer alta de pelo negro y grandes ojos sentada en una banca. Recuerdo el día que me acerqué a ella y platicamos, su mirada me había cautivado a la distancia. Recuerdo como me llevó a su casa, donde fuimos recibidos por un gato. El animal era muy agradable, raro en una animal como ese, pero aun después de que lo tomé entre mis manos y lo cargué, no me gruñó. Fue un día interesante, pues aunque no se que vio en mi, la pasión que demostraba en cada movimiento era impresionante. Fueron dos rondas, la primera fue tranquila y lenta, mientras que la segunda fue mucho más salvaje. Recuerdo que me dio su número, pero lo “perdí.”

-Si, imbécil.

-Ya lo recuerdo. –digo lentamente, tratando de creer yo las palabras que salen de mi boca.

-Pues si. Tenías un hijo. Se llamaba Nicolás y…

-Espera… ¿tenía? –mi voz se rompe con la ultima sílaba.

-Si, murió. –dice lentamente, con una mezcla de crueldad y tristeza en los ojos. Este hombre me da miedo.

-Hasta aquí llego, me voy. –digo poniéndome de pie. –No te molestes en marcarme. No regresaré.

-¿Será que no puedes con el peso de tus acciones? –dice con una sonrisa maliciosa.

-No es eso, solo…

-¿Solo que?

-Solo debo irme. –mi voz suena dura como piedra.

Escucho como me habla Nacho a mis espaldas, pero no puedo parar. Debo llegar a casa. Camino y camino, tan rápido que la gente que esta en la calle me abre paso. Tiro una bolsa, pateo una caja, piso a una pobre anciana, pero en este momento lo más importante es llegar a mi casa. Llego al edificio y subo en el elevador, donde paredes de metal me encierran. En ese momento me recorre el cuerpo un escalofrío. Puedo ver mi aliento en este congelador, nube tras nube de vapor que sale corriendo de mi boca. Solo faltan doce pisos. Once. En ese momento una sombra se aparece detrás de mi. Es una sombra con enormes ojos verdes y chinos que caen como cascadas alrededor de su cara. El tiempo de detiene. Y yo me petrifico, pegándome contra la helada esquina del elevador. Cierro los ojos fuertemente. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Esto no esta pasando. Me repito una y otra vez este mantra. Este mantra protector. Abro los ojos y estoy tirado en el suelo del elevador.

 ¿Qué me esta pasando?