Hoy encontré otro recuerdo en una botella pequeña de vidrio y veo que tengo.
Que escondo a mi misma...
Otro día, en el reclusorio psiquiátrico. Huele fatal, a morfina que es con lo que generalmente me drogan para estar en este estado zombi en donde no se si alucino o lo que percibo es la realidad, donde el tiempo no es imprescindible y al parecer lo único que me mantiene es el dolor.
No tengo ganas de nada. ¡ Quiero morir! Que agonía tan grande es la vida, porque no me matan, porque no pasa nada y sigo en este estado, en una cruel realidad que parece estática y sin fin.
Intento moverme, pero al no poder alzar los brazos, recuerdo que tengo amarrada los brazos y los pies; por medio de la telequesis intento desamarrarme. Lo consigo rápidamente en cinco minutos. Y me acomodo para mantenerme cómoda, para mantenerme anestesiada, para olvidar la razón de mi demencia. Para que no pueda realizar mi venganza y así puedan respirar aquellos hijos de puta que me jodieron la existencia; y entonces cierro los ojos y me dejo llevar al “ limbo” en donde no hay nada, no veo nada, no pienso nada, donde no pasa nada de nada. Solo con la esperanza de que un día me voy a ir.
- ¿Qué pasa? ¿ Qué es ese ruido? ¿ Quién esta gritando?
Pasan 5 minutos y los lamentos no disminuyen.
Abro los ojos echando chispas por ellos, me levanto de un vilo, abro la puerta y lo que descubro es una vieja gritando no se si de dolor o de éxtasis a la cual agarro del cuello y la asfixio, sin sentir satisfacción alguna.
10 minutos después, los gritos, los lamentos y los forcejeos cesan dejando el pasillo en un silencio profundo que da espacio para que el dolor llegue.
- No aléjate, déjame. Pero el dolor me tira, me marea, me asfixia, me lanza pequeños alfileres que me provoca un grito ensordecedor.
Trato de levantarme, lucho contra mi lastre.
Apoyándome de la pared, avanzó, recorro los pasillos de aquel lugar cerrado de la cuidad. En la sala donde me llevan los martes para “ que me de el sol” ( el cual entra en la enorme ventana de la izquierda) veo a otro locos. Pero una chica de ojos verdes con cabellera que parece tener reflejos rojos me llama la atención, parece que esta hablando a un ente imaginario al que le dice hijo.
¿Hijo?
¿ Hijo?
Mi Dylan, mi bebé ¿donde está?. Comienza una desesperación, que me deja llevar.
Enloquezco, empiezo a tirar las cosas, a gritar, a dejar que mi dolor me controle o me libere.
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