Las hojas verdes se volvieron naranjas amarillentas, era otoño. Un pueblo Francés a las 3 de la tarde, huele a tierra mojada, a viento, a pasto, a naturaleza, a madera y a hojas en otoño. Hay juegos; unos columpios que se mecen con el viento, chirrían. Se escuchan a los pájaros cantar y revolotear a las mariposas, al viento en los árboles, que hace caer a las hojas, se escuchan risas y gritos de niños jugando, adolescentes gritando y pláticas de padres cuidándolos. Hay unos bancos de madera para sentarse, viejas, de color madera roble con negro.
El color de las hojas de los árboles recorre toda una gama de colores, van desde el verde hasta el amarillo y desde el rojo cafezón hasta el anaranjado, el pasto es de color verde y en unas partes no hay pasto, solo tierra, que huele a tierra mojada, tierra café. Hay niños jugando en los columpios, corriendo, sentados en el pasto, familias haciendo un picnic y a lo lejos se escucha un tren, al cual los adolescentes se suben corriendo a su lado y después saltando, platican en las bancas o en el pasto y montan sus bicicletas de diferentes colores.
El cielo es azul, hay nubes blancas, ya es tarde, se siente la felicidad, las risas, los juegos de la juventud, la gente con energía, es un campo en un pueblito Francés, a las afueras de Francia, en los años de a principios de 1900, la gente no es rica, ni pobre, solo viene por diversión.
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