jueves, 11 de septiembre de 2014

Crónica de un enamoramiento

Ahí, con mi cara pegada al volante, y sentimientos recorriendo mis cachetes, me permito recordar.

Todo comenzó en una cálida noche de Junio, estaba sentado en mi escritorio comparando cifras del la nomina anterior con la de este mes. Ya eran las nueva y media. La oficina estaba vacía y yo estaba cansado. Me desabrocho los primeros tres botones de mi camisa, me quito la corbata y despeino mi cabello. El ultimo no fue intencional, pero después de la desesperación de ver el aumento del 7%, mis manos hicieron su camino en mi cráneo, como tratando de unir las ideas manualmente. En ese momento la puerta se abre y entra una hermosa mujer, con un vestido extremadamente corto y tacones demasiado altos. El escote es prominente, pero son sus ojos los que capta mi atención. Por un momento me estoy ahogado en un mar tan profundo que no veo la salida. Ojos que me hacen recordar el cariño y la ausencia de mi madre. Después de preguntarle que si necesita algo y no obtener respuesta, me pongo de pie. Como si estuviera poseído, me acerco a ella y la tomo por la cintura, poniendo mi boca sobre la suya y desabrochando su vestido.
La aparecida no apareció al día siguiente, y no la vi por una semana. Estaba tan convencido de que había sido un sueño que cuando la volví a ver en mi oficina a las diez de la noche, perecía haber visto a un fantasma. Comenzaron a ser más frecuentes nuestros encuentros. En un principio eran dos veces a la semana, después tres y luego cuatro. Siempre ocupe mi tiempo con otras mujeres. Pero pronto no quería a nadie más. Hacia el séptimo mes me encontré anhelando verla. Nadie más podía tomar su lugar. Su hermosa figura, sus hombros, su espalda. Y el momento en el que la veía, era como si no hubiera gravedad. Pronto descubrí que su nombre era Mariza Holding. No sabíamos mucho del otro, lo cual era un atractivo para ambos. Nada más que pasión.
Pasaron los meses, y por primera vez vino a mi casa. Fue una gran noche en mi cama, una tras otra, las palabras salían de nuestra boca y nuestras cabezas se llenaban de imágenes del otro. Ahí fue cuando la conocí. Había estudiado administración pero detestaba trabajar en un cubículo. Su sueño era ser psicóloga, pues la mente la capturaba. Era hija única y tenía herencia europea. Su animal favorito era el lobo y su color preferido era el azul.
Después de esta noche, siempre estábamos juntos, excepto por esas raras noches en la semana que nunca aparecía. Me volvía loca. Su olor, su pelo, su cara, sus pechos, su cintura, su nariz. Pero lo que me hacía volar eran esos océanos con los que ella se presentaba al mundo.
Así fue como me enamore. Me enamore de una puta que me dejo.

Abro los ojos y aunque mis cachetes están secos, las lagrimas han dejado sal en su camino. Sacudo la cabeza y enciendo el coche. Hora de ir a casa.

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