Diosa del humo, musa triste de otros tiempos, epítome de la belleza:
Te veo cada martes, sentada en tu banca habitual mientras fumas lenta, escrupulosamente. ¿Qué pasa por esa mente adolorida, qué murciélagos aletean en tu alma y te mantienen lejos del mundo, lejos del calor, lejos de los humanos que te admiramos sin atrevernos a tocarte?
Quiero adivinar tu nombre, quiero enamorarme de algo más que tu melancolía. Quiero ser algo para ti, más que un par de ojos, más que una sombra difusa en el parque. Quiero ser tu cura, quitarte las nubes que te rodean y parecen lloverte a ti, sólo a tí, hermosa fumadora del parque...
Me he atrevido a escribirte porque más de una vez te he visto con un hombre de pinta peligrosa. Quiero ayudarte, averiguar si te tiene chantajeada, si te pide algo, si necesitas protección de alguna clase. Soy el de la densa barba, el de los lentes gruesos que te mira obsesionado desde la banca de enfrente, preguntándose si ahora sí me permitirás ser útil y créeme, bella silenciosa, que haría lo que sea por tener tu mirada, sólo eso, y la oportunidad de salvarte de aquel vagabundo que te acecha...
Esperando tu respuesta con el corazón entre los dedos,
Nacho.
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