Después de todo este tiempo y esfuerzo al fin lo he conseguido, he conseguido saber quién me asesinó…
Fue en un día como todos en mi supuesto tipo de “vida” que estoy ahora experimentando al ser un simple y sin mucho chiste fantasma. Recuerdo que era lunes, día odiado por los vivos y completamente indiferente para los muertos… otro día exactamente igual a los otros, pero este en realidad no lo fue… me levanté de mi punto y me encontré sentada en el parque simplemente sin hacer nada, se puede decir prácticamente que estaba meditando pues en realidad ni siquiera estaba pensando en nada ni pensando en hacer nada. Estaba en MI parque cuando vi a un individuo que me llama la atención…
Era un individuo algo raro, como distraído y a la ves concentrado, tenía en sus manos una especie de libreta rara en la que escribía como si se le estuviera acabando el tiempo, como si no hubiera otra oportunidad de escribir sus pensamientos porque seguramente van a volar en algún momento.
Me le acerco y veo la libreta, es una libreta vieja llena de apuntes raros cortos, como pequeños poemas desorganizados y sin ningún sentido en específico pero a la vez son algo raramente hermosos. La verdad es que me quedo admirando esos pequeños desbarajustes de la vida cuando uno en especial me llama la atención.
Veo el poema que es un poco más largo, admiro todo lo que se está escrito, se habla de la muerte de una forma algo, algo rara… todo parece casi estarme hipnotizando hasta que veo algo que me sorprende, está hablando sobre haber matado a alguien, sobre lo maravilloso que fue el hecho de matar a alguien, sobre el sentimiento, la sensación, la pasión del momento… hasta que hasta abajo hay un nombre algo familiar… Sofiaté. Ver mi nombre en ese papel fue como una droga para mí, de pronto descubrí lo que tanto había querido y ahora deseaba el no haberlo hecho nunca…
Sé que me mató y eso se convirtió como más que una simple droga, todo se volvió casi una ilusión para mí, como si algo se moviera en mí, que es parte de mí pero al mismo tiempo no lo es. Me muevo y de repente veo un cuerpo, un cuerpo parecido, es el idiota de Nacho, que asco. Pero necesito un cuerpo, necesito algo que usar para lo que esta especie de droga me está haciendo hacer, así que sin pensarlo dos beses me meto en su cuerpo… siento una repulsión terrible pero el efecto de la droga mental que se ha formado es mucho más fuerte que esto. Me meto en el cuerpo y empiezo a caminar, es raro, es como estar adentro de una muñeca a la que puedes mover exactamente cómo quieres. Me di cuenta de que una de las cosas que más necesito es un arma, lista. Encuentro un palo de metal que por su peso podría matar a un elefante de un golpecito.
Voy caminando muy decidida cuando de repente un idiota me habla (en realidad el cree que le está hablando a Nacho) me habla sobre que según soy su hermano y me inventa un rollo cursi sobre que nos estamos encontrando y quien sabe que tanto… yo en pocas palabras lo mando lejos, no tengo tiempo para que un estúpido me arruine mi plan, o bueno el plan que he formado con la locura que me está invadiendo ahora mismo.
De repente encuentro de nuevo a el tipo que me mató, lo veo y empiezo a caminar lentamente hacia él, sin que se vea el arma que traigo (porque sería contraproducente) y muy decidida sobre lo que voy a hacer.
Llego por fin a donde está y todo pasa muy rápido, se alza mi tuvo, él se intenta mover, yo me empiezo a reír de una manera un tanto infernal que ni yo entiendo. El termina en el piso, con un hermoso charco de sangre roja viva que digamos que me enamora… me enamora el haber matado.
jueves, 2 de octubre de 2014
Adiós a Peter
1. Introducción
La imagen de la niña inundó por un segundo su mente antes de volver al dolor, la agonía, el enojo por estarlo chingando y finalmente a la inconsciencia causada por el inmenso dolor. Y así lo dejé tirado en aquel parque que al parecer sería el escenario final de la vida de aquel falso terapeuta.
Era la misma niña que me había abrazado días antes; y el calor y la intención de aquel dulce gesto inundó mis pensamientos.
Después una visión se apoderó de mi, mi cuerpo empezó a temblar descontroladamente y la visión se proyectó como un rayo, que me causó dolor y me sacó el aire de golpe que me hizo desvanecer.
La imagen era de cómo me acercaba a Emily, de cómo la llevaba a un lugar apartado y solitario del parque y en como se despedía definitivamente de Peter o Nicolás.
Después una visión se apoderó de mi, mi cuerpo empezó a temblar descontroladamente y la visión se proyectó como un rayo, que me causó dolor y me sacó el aire de golpe que me hizo desvanecer.
La imagen era de cómo me acercaba a Emily, de cómo la llevaba a un lugar apartado y solitario del parque y en como se despedía definitivamente de Peter o Nicolás.
Al terminar me levante rápidamente del suelo de aquella calle solitaria y proseguí mi camino a casa.
Como si nada.
Como si nada.
Querido Nacho
Querido Ignacio,
Me gustaría comenzar diciendo que recuerdo tu nombre que alguna vez fuiste mencionado por mi madre o que mi padre, nuestro padre, tuvo la decencia de mandarme una carta como tú lo has hecho hasta ahora, sé que no es tu responsabilidad y que seguro que tienes curiosidad de conocerme.
Han cambios en mi vida que me gustaría compartir contigo para que no tengas una idea errónea, mi nombre no es Acacia, ahora soy Acab…. Podrás pensar, ¿Qué significa esto?
Soy transexual, cambié mi sexo y ahora soy hombre.
Comprendo que tienes un consultorio cerca de un parque que a la vez queda cerca de mi oficina; te propongo vernos y que me platiques un poco de mi padre.
No tienes que contestar esta carta, estaré ahí a las 4 pm, si no te presentas entenderé que no quieres conocerme.
PD. Solo esperaré 15 minutos y estaré rondando por la fuente principal cerca del lugar de puesto de hot dogs.
Me gustaría comenzar diciendo que recuerdo tu nombre que alguna vez fuiste mencionado por mi madre o que mi padre, nuestro padre, tuvo la decencia de mandarme una carta como tú lo has hecho hasta ahora, sé que no es tu responsabilidad y que seguro que tienes curiosidad de conocerme.
Han cambios en mi vida que me gustaría compartir contigo para que no tengas una idea errónea, mi nombre no es Acacia, ahora soy Acab…. Podrás pensar, ¿Qué significa esto?
Soy transexual, cambié mi sexo y ahora soy hombre.
Comprendo que tienes un consultorio cerca de un parque que a la vez queda cerca de mi oficina; te propongo vernos y que me platiques un poco de mi padre.
No tienes que contestar esta carta, estaré ahí a las 4 pm, si no te presentas entenderé que no quieres conocerme.
PD. Solo esperaré 15 minutos y estaré rondando por la fuente principal cerca del lugar de puesto de hot dogs.
CODE NAME SALCHICHÓN 2
MISIÓN URGENTE 2 de octubre 2014
AGENTE CÓDIGO Embutido
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Carne molida XAG-68
Estimado Agente Código Embutido,
AGENTE CÓDIGO Embutido
TIPO DE MISIÓN CÓDIGO Carne molida XAG-68
Estimado Agente Código Embutido,
Por este medio solicitamos su siempre atento apoyo a los objetivos de esta organización. De buena fuente nos hemos enterado de que la agente CODE NAME "Susanita" ha sido reclutada por la célula terrorista a la que estamos tratando de destruir. CODE NAME "Susanita" no solo está traicionando a su organización, sino a la nación entera. Te urgimos a organizar una cena romántica con "Susanita" y alimentarla con uno de tus deliciosos salchichones envenenados cuanto antes.
Esperamos confirmación.
El fin, parte 1
Sí, me muero, al fin me muero. Nadie lo ve, pero todo lo hice por el bien de todos. Soy un titiritero bondadoso y lindo. Yo sólo quería un poco de amor. Sofiaté, amor de mi infancia, ven por mí, ámame y llévame al cielo o al infierno o al purgatorio, donde estés... Mandé a Cris para que haga una amiga nueva, alguien que le
explique cómo es el mundo, cómo es la vida. No puede andar por ahí
penando por su abuela... hay más cosas, hay amor, sexo, alegría,
amistad... y quién sabe, tal vez después de unos años Cristina pueda
enamorarse y sea feliz. Logré que Alondra saliera del psiquiátrico y pudiera
reencontrarse con su amor verdadero y luego hice que su amor verdadero
quisiera encontrarla a ella. Claro, van a odiarme para siempre, pero
¿qué importa? Van a ser felices. Y no sólo eso: yo, el académico (bueno,
medio académico) que no creía en lo sobrenatural, me estoy convirtiendo
en el médium para el niño fantasma... aquella bruja terminará por ayudar a Emily a despedirse de su amigo imaginario y salir adelante... una cadena de buenos actos que acaba con mi muerte...
¿Sofiaté? ¿Eres tú? Ah, sí, su espíritu viene hacia mí, ahí viene para llevarme con ella... ¿O no?
-Sofi...- comienzo. Y entonces
Buscando pelea III
Abro el ojo que puedo abrir -el junior sí que me dio duro- y me apoyo en un brazo para levantarme. Auch en todas partes. Sí que tenía algo de rabia guardada... ¡y luego me dicen que no soy buen terapeuta! La boca me sabe a sangre. El alcohol ya se me bajó un poco y busco alrededor mi botella de Bonafont: sólo le queda un trago. Tiro la botella vacía al suelo y me tambaleo un rato antes de ver a la bella fumadora del parque, ahora más bella que nunca. Alondra ya me mandó al demonio, Sofiaté, ah, la etérea Sofiaté no se decide a acercarse, y yo tengo tanto amor para dar... No estoy lejos pero mis pasos son demasiado lentos. La neblina se abre y veo que alguien se aproxima a la Bella Fumadora. Una mujer. No, una chica. ¿Podrá ser...? ¿Cristina? ¿Me hizo caso? Sí, es ella. Vino aquí, como le dije, a medianoche. Qué locura. Me escondo detrás de un árbol para escuchar su conversación. Ojalá que las cosas sucedan como las he planeado...
Sí, todo parece ir según el plan. Están platicando muy a gusto y Cristina no está fumando. No he logrado corromperla. ¿Podrá la Bella Fumadora? ¡Ah, Cris, demasiada pureza! Le va a tocar sufrir en esta vida, a menos que se tope con alguien igual de ingenuo que ella. Sí, cuéntale todo, dile que está bien crecer, y ser mujer y enamorarse. Ah, bella fumadora del parque. ¿Por qué lloras? ¿Qué puedo hacer para robarte esa melancolía y hacerte feliz? De pronto, las dos chicas voltean. Alguien más se acerca. ¡Es aquel vagabundo! ¿Qué quiere? La niña sale corriendo y la Bella Fumadora baja la mirada. Intercambian algunas palabras. ¿Qué....?
Salgo de mi escondite y llego hasta ellos.
-Déjala en paz- le ordeno al hombre. Ya no me siento borracho en absoluto.
-Lárgate, idiota. Esto no te incumbe.
-¡Claro que me incumbe! ¡Yo la amo!- exclamo, y estoy convencido de que es cierto. La amo, ah te amo.
-¿De qué hablas?- pregunta ella, -nunca en mi vida te había visto.
-Bella... soy yo... yo te escribí esa carta, yo soy el que viene a ayudarte, a salvarte, a ser todo para ti...
-¿Salvarme? ¿Estás loco? ¡Quién te crees!
-Sí, lárgate, demente- exclama el vago. Tiene en la mano un palo pero el amor me da alas y estoy envalentonado. Nadie le hará daño nunca más. Nadie.
Para cuando terminamos, estoy solo en el parque. Debo tener al menos la mitad de los huesos rotos y siento que mi cerebro se derrama por una herida en la cabeza. Me cuestra trabajo respirar, la boca me sabe a sangre, el amor no existe. Empieza a llover: claro. Es lo único que me falta. La lluvia me refresca un poco, me limpia la sangre de la cara. No puedo moverme pero creo que sobreviviré. Solo necesito descansar un poco, sí, descansar. Cierro los ojos y estoy a punto de perder la conciencia cuando una voz femenina y vagamente conocida me despierta.
-No te mueras todavía, doc. Yo también quiero hablar contigo.
Es Scatha. Estoy seguro. Aquella demente que se negó a ayudarme con lo del niño de Alondra. ¿Qué quiere de mí ahora?
-Disfrutando de la lluvia por lo que veo.
-¿Qué quieres? Hoy no estoy de humor, como puedes ver.
-Pues, ¿no que te tenía que devolver el favor?
-¿Cuál favor? El dolor me estaba golpeando por todos lados como para pensar claramente, para acordarme de mis pendientes y está pinche bruja chingando en mi momento de agonía. Ella sonrió adivinando mis pensamientos.
-No sabes como estoy disfrutando el momento, tengo una ganas de ser yo quién acabe con tu vida, pero ahora no es el lugar ni el tiempo.
¡Qué lástima!
-Bueno me refería a lo de la niña.
-Se llama Emily. Y el dolor acabó, dio su golpe final y entré al sopor de la inconciencia.
-Disfrutando de la lluvia por lo que veo.
-¿Qué quieres? Hoy no estoy de humor, como puedes ver.
-Pues, ¿no que te tenía que devolver el favor?
-¿Cuál favor? El dolor me estaba golpeando por todos lados como para pensar claramente, para acordarme de mis pendientes y está pinche bruja chingando en mi momento de agonía. Ella sonrió adivinando mis pensamientos.
-No sabes como estoy disfrutando el momento, tengo una ganas de ser yo quién acabe con tu vida, pero ahora no es el lugar ni el tiempo.
¡Qué lástima!
-Bueno me refería a lo de la niña.
-Se llama Emily. Y el dolor acabó, dio su golpe final y entré al sopor de la inconciencia.
Dos chicas
Estaba ahí, en la tranquilidad de la noche.
Era uno de esos días en los que no tenía trabajo fijo, y como Roma siempre necesitaba la plata, tenía que salir a buscarla.
Así que allí estaba, entre suspiros de humo, recargada en el triste farol en la profundidad del parque.
Habría preferido ir a platicar con el rey, pero a esas horas probablemente estaría dormido, además, no podía ni imaginarse su reacción si la viera vestida así, con aquel vestido negro que le remarcaba hasta el páncreas, en aquel trabajo del cual no se atrevía a confesarle ni una céntima a aquel rey, viejo amigo, amigo viejo.
Así que allí estaba, esperando, hasta que unos pasos corriendo la recibieron sorprendida.
-¿Tú eres Roma? – dijo una voz entrecortada a falta de aire.
-¿disculpa?
-sí, la fumadora del parque- afirmó la escuálida joven
-Mira niña, estoy trabajando… no me
-¡Sí! ¡La prostituta!- la interrumpió
-Puta madre, niña, ¿a eso vienes?
-No… vengo a… a…- balbuceó la joven
-¿a… a…? – continuó Roma irritada
-ehm… ¿fumar?
-Fumar… -susurró Roma – Fumar… Niña, si tu mamá no te da dinero para los tuyos, no pienso que sea buena idea…
-¡No, no estoy aquí por eso! – la joven parecía muy apenada – me envió Nacho
Nacho, ese nombre… le sonaba familiar a Roma, lo había oído hace poco… en algún lugar… y tenía que descifrarlo.
-Nacho… y ¿para qué te manda?
-Tienes que ayudarme…
-¡¿Yo?! ¿No tienes a nadie mejor?
-Yo… Yo… Tenía a alguien- comenzó a llorar y se sentó en la banca.
Lo que me faltaba. Pensó Roma
-Escucha… niña… niña –La joven no parecía hacerle caso – niña… ¿Cómo te llamas?
- Cris… -sollozó – Cristina…
-Cristina, ok… a ver… ¿quieres decirme que te pasa?
-Solo necesito que me des el cigarro, ¿sí?
-¿Este? – preguntó Roma mirando al pitillo que sobrevivía entre sus dedos.
Cris asintió y Roma le acercó la mano con el cigarro, Cris extendió la suya para cogerlo.
-Al carajo con esto –Exclamó Roma tirando al suelo el pequeño hacedor de humo, este voló directo a un charco, ahogándose con un pequeño susurro.
-Escúchame, niña
-Cristina –completó la niña
-Cristina… Mira, no tengo tiempo para esto… tengo que trabajar… así que quiero que me digas, exactamente, ¿qué es lo que te pasa? – y se agachó, lo más que le permitió el vestido, para quedar a la altura de la niña.
-Yo… yo…
Y Roma la vio ahí, en su banca, con su figura débil y enclenque, en el frio de la noche, con lágrimas congelándose en sus mejillas… y por un momento se vio a ella misma, a la vieja Roma, aquella que todavía creía en la esperanza, en el beso, en el sentimiento… aquella que había extrañado por tanto tiempo; y una lágrima escurrió por el rabillo de su enorme ojo negro.
-¿Estás bien? –preguntó la niña con una consternación autentica en el rostro.
- ¿En verdad te importa? – contestó limpiándose con la manga de su abrigo negro.
-Ehm…- titubeó – no veo porqué no
Y otra lágrima resbaló.
-Escúchame, niña… voy a ayudarte, pero ya es tarde y hace frío. – Se quitó su pesado abrigo y se lo pasó por los hombros a la niña –ve a casa, vuelve mañana… como a las cuatro, búscame aquí mismo, ¿sí?
-pero… yo… - dijo aquella pequeña en aquel abrigo desproporcional – no puedo volver a casa, mis papás me matarían si me ven llegar a esta hora, y oliendo a cigarro… y… y… - parecía que iba a volver a llorar
-Niña… - suspiró con pesadez –Cristina… vamos a hacer algo, ¿te parece? Dejaré que hoy duermas conmigo, en mi casa.
Y Cristina titubeó, no confiaba en una prostituta desconocida en la mitad de un parque a medianoche; pero algo en aquella joven le parecía honesto… y aquel par de lágrimas que había soltado… no sabría decir quien necesitaba de quien.
-Roma, ¿cierto?... yo… - en ese momento lo vio, aquella criatura peluda, arrugada y sucia, aquel asesino o robachicos; apareció de la nada, con un enorme remo en las manos y una mueca de disgusto y dolor.
-Bruno… - Y roma se levantó inmediatamente, parecía incomoda –Yo… hola, puedo explicártelo.
-No es necesario –dijo apretando el remo con fuerza.
-Niña – y volvió a estar a su altura - ¿ubicas el viejo edificio?, junto al parque.
-¿El de la fachada descuidada?... ¡de piedra pulida!
-Correcto – y le sonrió con vergüenza- el segundo piso, primera puerta a la derecha, la reconocerás, está llena de cartas sin leer… vete, yo te alcanzo en nada, está abierto… nada más una cosa… cuidado con los libros…
La niña asintió, se levantó con aquel abrigo enorme y emprendió la marcha a toda velocidad, parecía que quería salir cuanto antes de aquel lugar.
Era uno de esos días en los que no tenía trabajo fijo, y como Roma siempre necesitaba la plata, tenía que salir a buscarla.
Así que allí estaba, entre suspiros de humo, recargada en el triste farol en la profundidad del parque.
Habría preferido ir a platicar con el rey, pero a esas horas probablemente estaría dormido, además, no podía ni imaginarse su reacción si la viera vestida así, con aquel vestido negro que le remarcaba hasta el páncreas, en aquel trabajo del cual no se atrevía a confesarle ni una céntima a aquel rey, viejo amigo, amigo viejo.
Así que allí estaba, esperando, hasta que unos pasos corriendo la recibieron sorprendida.
-¿Tú eres Roma? – dijo una voz entrecortada a falta de aire.
-¿disculpa?
-sí, la fumadora del parque- afirmó la escuálida joven
-Mira niña, estoy trabajando… no me
-¡Sí! ¡La prostituta!- la interrumpió
-Puta madre, niña, ¿a eso vienes?
-No… vengo a… a…- balbuceó la joven
-¿a… a…? – continuó Roma irritada
-ehm… ¿fumar?
-Fumar… -susurró Roma – Fumar… Niña, si tu mamá no te da dinero para los tuyos, no pienso que sea buena idea…
-¡No, no estoy aquí por eso! – la joven parecía muy apenada – me envió Nacho
Nacho, ese nombre… le sonaba familiar a Roma, lo había oído hace poco… en algún lugar… y tenía que descifrarlo.
-Nacho… y ¿para qué te manda?
-Tienes que ayudarme…
-¡¿Yo?! ¿No tienes a nadie mejor?
-Yo… Yo… Tenía a alguien- comenzó a llorar y se sentó en la banca.
Lo que me faltaba. Pensó Roma
-Escucha… niña… niña –La joven no parecía hacerle caso – niña… ¿Cómo te llamas?
- Cris… -sollozó – Cristina…
-Cristina, ok… a ver… ¿quieres decirme que te pasa?
-Solo necesito que me des el cigarro, ¿sí?
-¿Este? – preguntó Roma mirando al pitillo que sobrevivía entre sus dedos.
Cris asintió y Roma le acercó la mano con el cigarro, Cris extendió la suya para cogerlo.
-Al carajo con esto –Exclamó Roma tirando al suelo el pequeño hacedor de humo, este voló directo a un charco, ahogándose con un pequeño susurro.
-Escúchame, niña
-Cristina –completó la niña
-Cristina… Mira, no tengo tiempo para esto… tengo que trabajar… así que quiero que me digas, exactamente, ¿qué es lo que te pasa? – y se agachó, lo más que le permitió el vestido, para quedar a la altura de la niña.
-Yo… yo…
Y Roma la vio ahí, en su banca, con su figura débil y enclenque, en el frio de la noche, con lágrimas congelándose en sus mejillas… y por un momento se vio a ella misma, a la vieja Roma, aquella que todavía creía en la esperanza, en el beso, en el sentimiento… aquella que había extrañado por tanto tiempo; y una lágrima escurrió por el rabillo de su enorme ojo negro.
-¿Estás bien? –preguntó la niña con una consternación autentica en el rostro.
- ¿En verdad te importa? – contestó limpiándose con la manga de su abrigo negro.
-Ehm…- titubeó – no veo porqué no
Y otra lágrima resbaló.
-Escúchame, niña… voy a ayudarte, pero ya es tarde y hace frío. – Se quitó su pesado abrigo y se lo pasó por los hombros a la niña –ve a casa, vuelve mañana… como a las cuatro, búscame aquí mismo, ¿sí?
-pero… yo… - dijo aquella pequeña en aquel abrigo desproporcional – no puedo volver a casa, mis papás me matarían si me ven llegar a esta hora, y oliendo a cigarro… y… y… - parecía que iba a volver a llorar
-Niña… - suspiró con pesadez –Cristina… vamos a hacer algo, ¿te parece? Dejaré que hoy duermas conmigo, en mi casa.
Y Cristina titubeó, no confiaba en una prostituta desconocida en la mitad de un parque a medianoche; pero algo en aquella joven le parecía honesto… y aquel par de lágrimas que había soltado… no sabría decir quien necesitaba de quien.
-Roma, ¿cierto?... yo… - en ese momento lo vio, aquella criatura peluda, arrugada y sucia, aquel asesino o robachicos; apareció de la nada, con un enorme remo en las manos y una mueca de disgusto y dolor.
-Bruno… - Y roma se levantó inmediatamente, parecía incomoda –Yo… hola, puedo explicártelo.
-No es necesario –dijo apretando el remo con fuerza.
-Niña – y volvió a estar a su altura - ¿ubicas el viejo edificio?, junto al parque.
-¿El de la fachada descuidada?... ¡de piedra pulida!
-Correcto – y le sonrió con vergüenza- el segundo piso, primera puerta a la derecha, la reconocerás, está llena de cartas sin leer… vete, yo te alcanzo en nada, está abierto… nada más una cosa… cuidado con los libros…
La niña asintió, se levantó con aquel abrigo enorme y emprendió la marcha a toda velocidad, parecía que quería salir cuanto antes de aquel lugar.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Bruno y Scatha
Estaba en el parque pensando en como resolver el fideicomiso de los bienes de mi hermano Roberto, en mi hijo, en un nuevo “ proyecto”, en fin en un montón de cosas en la misma banca en la que me senté el primer día que encontré este pedazo de tranquilidad.
Inmediatamente dije – Yo conozco su cara, ah si, ya se de donde creo que del tuerto. Si creo que le hacia “trabajos” ( por no decir robos) al tuerto, pero porque habrá acabado aquí.
Entonces puse a trabajar mi mente, jamás pregunte por él, al parecer jamás sobresalió en un robo y haciendo otra cosa. Creo que solo una vez el “ Tuerto” comento que era un drogadicto. Los que me llevó a la suposición de que el acabó como muchos, el vicio y la escasez de dinero los arrastran a hacer cualquier cosa por su droga, ya que llega un punto en donde ya no es gusto sino necesidad.
Pero la interrogante es ¿Qué le habrá hecho el tuerto? O solo simplemente las drogas le han causado un abismo en su memoria, que de seguro han hecho que el guey no recuerde ni como se llama. Pero si le hizo algo el tuerto ( quién tiene fama de traicionero y dos caras) me podría unir a él para acabar con el tuerto, para cobrarme la golpiza que me dio por chingarme a su hijo.
El chiste ahora es como preguntarle; ya que, parece muy huraño y desconoce el jabón.
¿Como podre hablarle?
Alguien como yo
Siento una agonía y un sufrir enorme en mi ser. Mi cerebro no cede y se queda dando vueltas al asunto de Thomas. Odio estar enamorada, es complicado e irremediable. Voy caminando por mi parque cuando veo a un chico sentado a unos metros de mí. Por alguna razón me acerco a él, me siento y no digo nada pues claro no me va a oír y de repente...
-sé que no me ves pero si pudieras te saludaría- me dijo el individuo misterioso.
-yo si te veo, ¿cómo me puedes ver? - dije confundida
-¿eres un fantasma? Yo si lo soy- me responde también confundido
- si lo soy también-
-¿quién eres? Me pregunta
- me llamo, llamaba Sofiaté- por un momento siento que nada de esto es real.
- soy Peter, creo-
- a ya- digo con poco interés
-¿porque moriste?- dice Peter
- ¿me mataron y a ti?- me costó más decirlo de lo que pensaba
- también- dice sorprendido
-¿quién?- le pregunto
– ¿no lo sé y a ti?- me responde
- no lo sé- empiezo a creer que es un muerto parecido a mí
- ¿yo soy fantasma creo que por mi verdadero amor Thomas y tú?- me da curiosidad
- la verdad no lo sé-
- ¿haber tenías algún amor?- siento la necesidad de ayudarlo
- la verdad no- dice
-¿algún amigo importante?-
-no- dice
-¿hijos?-
-no-
-¿conocías a tus papas?-
- a mi papa no- he dado en el blanco
-¿sentías conflicto por ello?- pregunto confiada
- mucho la verdad-
- pues eso buscas-
-¿ a mi padre?- responde algo confundido
- así es-
-¿me ayudarías-
-¿a qué?- digo confusa
- a encontrar a mi padre- dice
- tal vez-
Después de decir esto solo me voy confundida y desconfiada de aquel extraño individuo del parque...
-sé que no me ves pero si pudieras te saludaría- me dijo el individuo misterioso.
-yo si te veo, ¿cómo me puedes ver? - dije confundida
-¿eres un fantasma? Yo si lo soy- me responde también confundido
- si lo soy también-
-¿quién eres? Me pregunta
- me llamo, llamaba Sofiaté- por un momento siento que nada de esto es real.
- soy Peter, creo-
- a ya- digo con poco interés
-¿porque moriste?- dice Peter
- ¿me mataron y a ti?- me costó más decirlo de lo que pensaba
- también- dice sorprendido
-¿quién?- le pregunto
– ¿no lo sé y a ti?- me responde
- no lo sé- empiezo a creer que es un muerto parecido a mí
- ¿yo soy fantasma creo que por mi verdadero amor Thomas y tú?- me da curiosidad
- la verdad no lo sé-
- ¿haber tenías algún amor?- siento la necesidad de ayudarlo
- la verdad no- dice
-¿algún amigo importante?-
-no- dice
-¿hijos?-
-no-
-¿conocías a tus papas?-
- a mi papa no- he dado en el blanco
-¿sentías conflicto por ello?- pregunto confiada
- mucho la verdad-
- pues eso buscas-
-¿ a mi padre?- responde algo confundido
- así es-
-¿me ayudarías-
-¿a qué?- digo confusa
- a encontrar a mi padre- dice
- tal vez-
Después de decir esto solo me voy confundida y desconfiada de aquel extraño individuo del parque...
Miedo a los fantasmas
¡Guau!
Me quede estupefacta al sentir el abrazo de aquella niñita a la cual no había tomado en cuenta, la había visto con anterioridad mientras jugaba entre las flores pero no la tome en cuenta, nunca pasó por mi mente que está pudiera ser Emily.
Me quede como idiota mientras la calidez de su abrazo iba esfumándose en mi frio cuerpo, mientras su buena intención de ayudar al hijo de Alondra trataba de entrar en mi mente, mientras trataba de recordar si yo algunas vez tuve esa inocencia infantil. Sí, seguramente si la tuve pero no la recuerdo, lo único que se, es que la misma ingenuidad la tiene mi hijo.
La incapacidad de recordar mi infancia me llevó a cambiar de pensamiento y Peter o Nicolás ocupo mi mente. La verdad en ese momento no me sentía completamente en la disposición de ayudar a ese niño si es que lo era porque hasta donde sabia el hijo de Alondra era todavía un bebe cuando murió, razón por la que la sola presencia de Peter hacia que me pusiera a la defensiva.
Por un lado quería ayudarlo pero por el otro un sexto sentido me decía que debía de alejarme de este caso, podría presentir que un golpe se acercaba, pero no sabia de donde y de quién. Después no se de donde saque que eso era pura imaginación y decidí ayudar al hijo de Alondra pensaba – No tiene porque hacerme daño alguno porque en primera, yo nunca le he hecho daño y en segundo porque tenia una buena amistad con su madre.
Pero mi experiencia me hacia dudar de todo desde Peter hasta la pequeña Emily quién después de abrazarme fue a reencontrarse con su mamá.
Me quede estupefacta al sentir el abrazo de aquella niñita a la cual no había tomado en cuenta, la había visto con anterioridad mientras jugaba entre las flores pero no la tome en cuenta, nunca pasó por mi mente que está pudiera ser Emily.
Me quede como idiota mientras la calidez de su abrazo iba esfumándose en mi frio cuerpo, mientras su buena intención de ayudar al hijo de Alondra trataba de entrar en mi mente, mientras trataba de recordar si yo algunas vez tuve esa inocencia infantil. Sí, seguramente si la tuve pero no la recuerdo, lo único que se, es que la misma ingenuidad la tiene mi hijo.
La incapacidad de recordar mi infancia me llevó a cambiar de pensamiento y Peter o Nicolás ocupo mi mente. La verdad en ese momento no me sentía completamente en la disposición de ayudar a ese niño si es que lo era porque hasta donde sabia el hijo de Alondra era todavía un bebe cuando murió, razón por la que la sola presencia de Peter hacia que me pusiera a la defensiva.
Por un lado quería ayudarlo pero por el otro un sexto sentido me decía que debía de alejarme de este caso, podría presentir que un golpe se acercaba, pero no sabia de donde y de quién. Después no se de donde saque que eso era pura imaginación y decidí ayudar al hijo de Alondra pensaba – No tiene porque hacerme daño alguno porque en primera, yo nunca le he hecho daño y en segundo porque tenia una buena amistad con su madre.
Pero mi experiencia me hacia dudar de todo desde Peter hasta la pequeña Emily quién después de abrazarme fue a reencontrarse con su mamá.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Buscando pelea II
Estoy en mi banca, acariciando la madera desgastada con los dedos de mi mano derecha, mientras que la izquierda sujeta un cuaderno, cubierto de lágrimas y manchas de tinta. Con la imagen de un pequeño con pelo café chino, ojos verdes. Mi mirada se quedó clavada en la última entrada, pues hojee el diario y no entendía de quien era hasta que llegue aquí. La entrada número 52. Está maltratado, con páginas rotas, arrancadas, arrugadas, quemadas, pero casi todas se vuelven a unir al cuaderno con pedazos de cinta.
Me amaba. No puede ser.
Me pongo de pie, y agradecido de dejar a Jorge en casa, corro hacia los columpios. Su silueta llama mi atención, su cabello negro la cubre como un manto, pues es tan largo que le llega a la cadera. Tiene manos pequeñas, eso recuerdo. En ese momento se inclina un poco hacia enfrente y veo a pendejo de mi “psiquiatra.” Esta vestido de la forma más ridícula que lo he visto, brillando bajo el farol, pues son las 12:00 de la noche. Tiene una pijama rosa y un saco sobre este. Sus ojos viajan, no fijándose en nada. Esta borracho.
-¡Nacho!
Con este grito, la hermosa criatura gira su largo cuello y me mira. Nuestros ojos conectan.
-¡Oh! El niñito quiere pelea.
Se acerca tambaleante y se para delante de mi, con las manos en la cadera y una desagradable mueca en la cara, abre la boca y puedo oler el alcohol. Levanta el puño y lo esquivo.
-Vete, que te voy a lastimar. –digo con tono amenazador, -y tengo mejores cosas que hacer.
-¿Por qué no lo intentas?
En ese momento mi puño conecta con su nariz, un fuerte CRAK llena mis oídos y sus manos cubren su cara. Manchas rojas aparecen en el obscuro pavimento.
-Hijo de puta. –balbucea el borracho.
Levanta el puño y me golpea en la mandíbula. No muy fuerte, pero aun así duele. Mi paciencia se agota y mi pierna se conecta con su rodilla, no la rompo, pero le duele.
-¡AH!
El dolor cubre mi pierna, pero la levanto de nuevo, y mientras Nacho está doblado, abrazando su rodilla, lo golpeo en el estómago. Cae desmayado. Probablemente una mezcla de dolor, falta de aire y alcohol. Recojo el diario que seguramente se cayó durante la pelea y giro para ver una banca vacía, alumbrada por la luz color naranja de un farol. Mierda. Y ahora como encuentro a la mujer con su historia escrita en los ojos. Decido guardar el diario en el bolsillo de mi chamarra, y brincando a Nacho me dirijo a mi coche. Es tarde pero debo encontrarla.
De decepción a rabia
Ya era muy tarde, terminó de escribir en su viejo cuaderno los recuerdos espantosos del grito de los dos niños que jamás podrán crecer. Esos recuerdos que seguramente le causarían pesadillas esa noche, así como no lo han dejado dormir por años.
Cerró los ojos y comenzó a perderse su sueño. Se escucharon muchas voces como de murmullos, pero luego comenzó a escucharse un pequeño aullido como de algún borracho que venía a tumbarse por aquí.
Se levantó, tomó el remo viejo remo que siempre tenía junto al rincón en el que dormía y salió a espantar a quien fuera que no lo dejara dormir.
Salió de su pequeño escondrijo y empezó a caminar en busca del ruido que no lo dejaba dormir. A lo lejos vio un grupo de mujeres bien vestidas y muy maquillas acompañadas por tres hombres vestidos con ropa que parecía ser muy fina. Ellas estaban delante de ellos y no les dirigían la palabra simplemente hablaban entre ellas. Era un grupo de mujerzuelas que se ganaba la vida de una forma nada respetable. Bruno solía despreciarlas cuando era más joven, pues le habían enseñado que las mujeres así no eran mas que objetos, pero ahora no podía mas que sentir lastima por ellas.
Siguió caminando y se dio cuenta de que todas esas personas eran caras nuevas, personas que nunca antes había visto en su parque. Siguió avanzando y pudo reconocer dos rostros que lo dejaron helado. Primero vio a una niña, ya grande pero igual una niña que se solía pasear por el parque durante el día, la niña Cris. Pero no le dolió tanto como le fue ver Roma, ahi parada vestida de esa manera ofreciendo su cuerpo a desconocidos. Sintió que el alma se le iba a los pies, se sintió devastado. Pero no fue hasta que ella lo miro, lo miró con sus dulces ojos llenos de bondad que sintió que toda su decepción y su tristeza se convertían en rabia.
Cerró los ojos y comenzó a perderse su sueño. Se escucharon muchas voces como de murmullos, pero luego comenzó a escucharse un pequeño aullido como de algún borracho que venía a tumbarse por aquí.
Se levantó, tomó el remo viejo remo que siempre tenía junto al rincón en el que dormía y salió a espantar a quien fuera que no lo dejara dormir.
Salió de su pequeño escondrijo y empezó a caminar en busca del ruido que no lo dejaba dormir. A lo lejos vio un grupo de mujeres bien vestidas y muy maquillas acompañadas por tres hombres vestidos con ropa que parecía ser muy fina. Ellas estaban delante de ellos y no les dirigían la palabra simplemente hablaban entre ellas. Era un grupo de mujerzuelas que se ganaba la vida de una forma nada respetable. Bruno solía despreciarlas cuando era más joven, pues le habían enseñado que las mujeres así no eran mas que objetos, pero ahora no podía mas que sentir lastima por ellas.
Siguió caminando y se dio cuenta de que todas esas personas eran caras nuevas, personas que nunca antes había visto en su parque. Siguió avanzando y pudo reconocer dos rostros que lo dejaron helado. Primero vio a una niña, ya grande pero igual una niña que se solía pasear por el parque durante el día, la niña Cris. Pero no le dolió tanto como le fue ver Roma, ahi parada vestida de esa manera ofreciendo su cuerpo a desconocidos. Sintió que el alma se le iba a los pies, se sintió devastado. Pero no fue hasta que ella lo miro, lo miró con sus dulces ojos llenos de bondad que sintió que toda su decepción y su tristeza se convertían en rabia.
Una Huérfana en la Noche
¿Qué acaba de suceder? Eso fue lo único en que pensaba mientras caminaba en las calles iluminadas por los faroles. ¿Cómo fue que pude confiar en Nacho para ayudarme en mis problemas? ¿Acaso se tratará de una prueba, o simplemente de una broma cruel de su parte para sacarme provecho con un fin? No sé bien qué, pero sí sé que empecé a tener un mal presentimiento sobre Nacho. Aunque su sugerencia de encontrarme con estas personas, Bruno y Roma, me pareció muy convincente. No sé cómo explicar aquella fuerza interna que me empujaba hacia la posibilidad de cambiar. Eso es lo que estaba buscando: un cambio. Una vuelta de página a mi historia.
No olvidé cómo me había sentido en estos últimos días. Tan perdida en la tristeza y en la soledad; eso ha sido de mí desde que mi abuela murió. Lo único que tenía de felicidad en la vida, pues mis padres no estaban siempre presentes para mí. Pasaban todo el día trabajando, cada vez mejorando su profesión como agentes inmobiliarios; así ha sido desde que tenía 5 años, cuando mamá decidió volver a trabajar junto a papá y me dejaron al cuidado de mi abuela. Ella me crio, me enseño a ver el lado bueno de las cosas. Ella fue mi familia, mi verdadera madre. Pero eso era antes, ahora soy una huérfana en busca de mi lugar en el mundo real.
Crucé el camellón hasta llegar al parque. La primera vez que estuve ahí sólo conocí la luz del crepúsculo acariciando las copas de los árboles, la risa de los niños corriendo, el viento rozando el pasto de verde, y el rico aroma de los elotes. El recuerdo de esa imagen desvaneció en un instante, pues en ese momento lo que veía era nada más que sólo oscuridad, con luces extintas y la sombra de extraños errantes. Todo era lúgubre y corrompido, pero al mismo tiempo acogedor.
Por un instante miré hacia atrás, contemplando todas las cosas que estaba a punto de dejar: mi casa, la escuela, mi familia que nunca estuvo conmigo. Tal vez no volveré a ver las cosas una vez que entré a este parque. Pero a final de cuentas ¿qué puedo perder ahora? Nada, excepto tal vez mi propia vida.
Una visión apareció entre la luz de la calle: mi abuela con su dulce sonrisa, mirándome a los ojos con cariño. Parecía tan real, que estaba en verdad viva otra vez. Comencé a llorar, pues me di cuenta que también dejaría su feliz recuerdo para siempre.
Volví la mirada hacia el parque y caminé deprisa, adentrándome entre los árboles fríos, despidiéndome de mi vida anterior y abrazando una nueva. Una llena de sombras, con un poco de luz.
Carta a mi madre
Querida madre:
No sé cómo empezar a decirte lo arrepentido de que estoy de que tu enfermedad haya sido culpa mía, es cierto que jamás aceptaste mi transformación, que aunque decías amarme poco a poco lo hacías menos.
Sé también que eso va a terminar por matarme a mí porque aunque he tratado de negarlo simplemente no he podido vivir tranquilo desde tu partida, más aun sabiendo que todo ha sido gracias a mí. Yo te alejé de mi lado, yo te di todo para que pudieras huir de este mundo y es algo que no me perdonaré jamás y algo con lo que voy a tener que vivir… Si es que se puede llamar así a la acción involuntaria de inhalar y exhalar.
Me faltó decirte tantas cosas… Te amo, te amo de principio a fin, te amo con todo lo que soy y con todo lo que no soy, todo lo que seré y no pude ser contigo, te amo porque te amo, te amo como amaba tus regaños e incluso esos ojos cansados que me miraban con una profunda decepción, te amo hasta cuando no te amo, lo eres todo y es que por eso te amo tanto. No te lo dije lo suficiente…
Tus palabras viven en lo que soy, las que dijiste y las que guardaste en lo más profundo de tu ser, esas que terminaron por matar nuestra cercanía.
Tu hija, la que más te ama.
Acab.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)