Jueves 11 de septiembre de 2014
Alondra, paloma, golondrina voladora...
Te escribo en este día en que el mundo Occidental, cuando recuerda, está de luto. Sí, soy enamoradizo, herencia de mi padre, sí, las mujeres me parecen hermosas cuando se parecen a la más hermosa de todas las mujeres: ella. Sí, ella, mi madre. No, no estoy loco, sólo reconozco lo bueno.
Tú vienes acá cada semana, vives en un mundo fantástico que quisiera habitar a tu lado, quisiera volar con las alas de locura que te llevan a ti al universo oscuro en que tu hijo existe y espera solo a ser encontrado. Me llamas "hijo", y qué más quisiera que serlo, te pareces a ella, tienes sus ojos pero en ellos no habita la dureza ni la frialdad.
Quiero curarte, quiero encontrar contigo a Nicolás o, mejor, ser Nicolás... quiero que me encuentres aunque tenga esta barba que me cubre la cara, aunque todo lo que ha pasado me haya robado ya la inocencia de la infancia que tú buscas en los parques y en las calles. Quiero ser niño o robarme un niño para ti, Alondra, para que dejes de penar como la hermosa Llorona que eres y puedas volar tomando mi mano...
Tuyo siempre, tu terapeuta, tu amigo, tu hijo.
Nacho.
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