jueves, 11 de septiembre de 2014

Querida abuela

Querida abuela:

No puedo comprender los motivos por los que tuviste que marcharte, pues en estos momentos de mi vida, me siento más sola que nunca.

Tú fuiste mi mejor amiga desde siempre. Solías hacerme unas preciosas trenzas cuando era pequeña, cuando tenía el pelo largo. Extraño sentir tus manos tomando mi cabello con delicadeza, y lentamente enrollarlo para poder platicar de nuestros temas preferidos. Cada vez que me enfermaba solías prepararme un té de frutos rojos delicioso, que después de tres días me recuperaba de la toz y el frío. En mi cumpleaños sabías bien qué regalos darme: libros. Libros que narran historias sobre la perseverancia, el impulso hacia la aventura y lo desconocido, como si existiera un mundo más allá de lo que enseñan en las clases de Geografía e Historia. Todo lo que me gusta lo recibí de ti, de tu cariño y tu conocimiento. Pero ya no estás aquí conmigo.

¿Recuerdas el último libro que me diste? The Perks of Being a Wallflower de Stephen Chbosky. Empecé a leerlo, y me pareció muy interesante. La historia está narrada por el protagonista de la historia, Charlie, un chico que empieza su primer año de preparatoria, sin amigos y sin ninguna idea de lo que quiere hacer para vivir al máximo. Narra su historia, pero escrita en cartas hacia el lector siempre saludando con un Querido amigo y despidiéndose así: Con cariño, tu amigo Charlie. Cuenta los hechos de una forma amistosa; te comparte sus pensamientos y sentimientos ante las cosas que se le presentan.

Me recordó mucho a mí, desde la parte en que no puedo comprender porque soy diferente a los demás, como Charlie. Siempre miró a mis compañeros de clase. Los veo riendo, emocionados, hablando espontáneamente sobre las cosas que conocen de sus viajes o de lo que se enteran en las fiestas. Yo no soy así. Yo sólo soy tranquila, algo callada, no porque sienta miedo, sino porque simplemente no comprendo cómo puedo involucrarme con el resto de las personas. A veces me detesto por no tener la confianza suficiente para entrar a un grupo y quedarme a escuchar. Las últimas veces en la escuela intenté hacerlo, pero no pude. Simplemente no pude. Se me hizo más fácil marcharme a otro lado sin que notaran mi ausencia.

¡Oh abuela! ¡Cómo deseo que estuvieras aquí! Te extraño tanto. Sin ti me siento tan indefensa como un polluelo tratando de volar, pero sólo termina cayendo hacia el suelo. Sé que mi abuelo está en casa a pesar de que mis papás trabajan todo el día, pero es a ti a quien quiero. Necesito que me abraces y acaricies mi cabello como lo hiciste la última vez, escuchar tu suave voz para asegurarme de que voy a estar bien.

¿Podrías escribirme una carta desde dónde estás? ¿Desde arriba de las nubes? Por favor. Me gustaría saber qué debo hacer.

Descansa en paz.

Con mucho cariño, por siempre tu niña que sueña despierta.

Cris  


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