martes, 9 de septiembre de 2014

Ese día...

Llegada al parque

Hasta que el sol no le dio en la frente, Roma no se dignó a levantarse, lo bueno es que traía la ropa del día anterior y no tuvo que perder el tiempo en buscar algo que ponerse.
Recuperó un poco de cereal al fondo de la caja famélica que ya había durado más de lo debido y tomó un buen sorbo directo del cartón blanco de leche, con la imagen de una pequeña niña perdida.
El reloj analógico marcaba las 4 y algo, un algo que podía significar ir tarde o demasiado temprano.
Tarde o temprano, tampoco se perdería de mucho, una sesión de análisis de rostro, una nueva inspección de caras desconocidas y de celos hacía las vidas mucho más alegres de todo aquel que se paseara frente a su banca fría, abandonada y descuidada que bien representaba a su vida propia.

Y así salió con su chamarra de cuero negro y su blusa de Damien Rice hacia aquella tarde cálida que en el fondo no tenía nada que ofrecerle.

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