domingo, 28 de septiembre de 2014

De decepción a rabia

Ya era muy tarde, terminó de escribir en su viejo cuaderno los recuerdos espantosos del grito de los dos niños que jamás podrán crecer. Esos recuerdos que seguramente le causarían pesadillas esa noche, así como no lo han dejado dormir por años.

Cerró los ojos y comenzó a perderse su sueño. Se escucharon muchas voces como de murmullos, pero luego comenzó a escucharse un pequeño aullido como de algún borracho que venía a tumbarse por aquí.

Se levantó, tomó el remo viejo remo que siempre tenía junto al rincón en el que dormía y salió a espantar a quien fuera que no lo dejara dormir.

Salió de su pequeño escondrijo y empezó a caminar en busca del ruido que no lo dejaba dormir.  A lo lejos vio un grupo de mujeres bien vestidas y muy maquillas acompañadas por tres hombres vestidos con ropa que parecía ser muy fina. Ellas estaban delante de ellos y no les dirigían la palabra simplemente hablaban entre ellas. Era un grupo de mujerzuelas que se ganaba la vida de una forma nada respetable. Bruno solía despreciarlas cuando era más joven, pues le habían enseñado que las mujeres así no eran mas que objetos, pero ahora no podía mas que sentir lastima por ellas.

Siguió caminando y se dio cuenta de que todas esas personas eran caras nuevas, personas que nunca antes había visto en su parque. Siguió avanzando y pudo reconocer dos rostros que lo dejaron helado. Primero vio a una niña, ya grande pero igual una niña que se solía pasear por el parque durante el día, la niña Cris. Pero no le dolió tanto como le fue ver Roma, ahi parada vestida de esa manera ofreciendo su cuerpo a desconocidos.  Sintió que el alma se le iba a los pies, se sintió devastado. Pero no fue hasta que ella lo miro, lo miró con sus dulces ojos llenos de bondad que sintió que toda su decepción y su tristeza se convertían en rabia.

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