domingo, 28 de septiembre de 2014

Buscando pelea II

Estoy en mi banca, acariciando la madera desgastada con los dedos de mi mano derecha, mientras que la izquierda sujeta un cuaderno, cubierto de lágrimas y manchas de tinta.  Con la imagen de un pequeño con pelo café chino, ojos verdes. Mi mirada se quedó clavada en la última entrada, pues hojee el diario y no entendía de quien era hasta que llegue aquí. La entrada número 52. Está maltratado, con páginas rotas, arrancadas, arrugadas, quemadas, pero casi todas se vuelven a unir al cuaderno con pedazos de cinta.

Me amaba. No puede ser.

Me pongo de pie, y agradecido de dejar a Jorge en casa, corro hacia los columpios. Su silueta llama mi atención, su cabello negro la cubre como un manto, pues es tan largo que le llega a la cadera. Tiene manos pequeñas, eso recuerdo. En ese momento se inclina un poco hacia enfrente y veo a pendejo de mi “psiquiatra.” Esta vestido de la forma más ridícula que lo he visto, brillando bajo el farol, pues son las 12:00 de la noche. Tiene una pijama rosa y un saco sobre este. Sus ojos viajan, no fijándose en nada. Esta borracho.

-¡Nacho!

Con este grito, la hermosa criatura gira su largo cuello y me mira. Nuestros ojos conectan.

-¡Oh! El niñito quiere pelea.

Se acerca tambaleante y se para delante de mi, con las manos en la cadera y una desagradable mueca en la cara, abre la boca y puedo oler el alcohol. Levanta el puño y lo esquivo.

-Vete, que te voy a lastimar. –digo con tono amenazador, -y tengo mejores cosas que hacer.

-¿Por qué no lo intentas?

En ese momento mi puño conecta con su nariz, un fuerte CRAK llena mis oídos y sus manos cubren su cara. Manchas rojas aparecen en el obscuro pavimento.

-Hijo de puta. –balbucea el borracho.

Levanta el puño y me golpea en la mandíbula. No muy fuerte, pero aun así duele. Mi paciencia se agota y mi pierna se conecta con su rodilla, no la rompo, pero le duele.

-¡AH!

El dolor cubre mi pierna, pero la levanto de nuevo, y mientras Nacho está doblado, abrazando su rodilla, lo golpeo en el estómago. Cae desmayado. Probablemente una mezcla de dolor, falta de aire y alcohol. Recojo el diario que seguramente se cayó durante la pelea y giro para ver una banca vacía, alumbrada por la luz color naranja de un farol. Mierda. Y ahora como encuentro a la mujer con su historia escrita en los ojos. Decido guardar el diario en el bolsillo de mi chamarra, y brincando a Nacho me dirijo a mi coche. Es tarde pero debo encontrarla.

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