Susanita estacionó su automóvil frente a mi garage esa misma noche, estaba despreocupada sin saber aquello que le esperaba. Por mi parte sabía que estaba siendo observado por un par de soldados de la organización, por lo que actué tranquilamente, como si tuviera todo bajo control, aunque admito que sostuve mi aliento mientras estuve afuera hasta que entramos en la casa y cerramos la puerta. Fue entonces cuando por fin pude volver a llenar de aire mis pulmones, y esta bocanada la utilicé para contarle a Susanita todo lo que había sucedido.
-¡Vámonos Susanita! Escapemos de este país tan cruel y vayamos a uno donde la única violencia aceptada sea contra los perros. Te haces la muertita y te llevo en una bolsa de basura en mi troca, lo tengo todo planeado Susanita, te enterraré un par de días y cuando sea seguro iré por ti. Mi amigo Acab manejará un submarino hacia alguna nación lejana, lo tenemos todo resuelto Susanita. Fíjate lo que…
-Horacio- Me interrumpió
-… tenemos que poner en tu ataúd es un par de salchichas, unos cartones de leche y...-
-¿Qué? Horacio no voy a ir a ningún lado-
-…¿Leche con salchichas no te gusta? Podemos ponerte chocolate en polvo si te gusta más. También tenemos que ver qué haremos con la ventilación, tienes algu…-
-¡La leche me vale verga! No voy a ir a ningún puto lado porque te odio. Siempre te he odiado pinche gordo horrible.
Me quede callado, estupefacto con las palabras de mi hermosa Susanita. ¡Ay mi hermosa Susanita! Se revelaba contra mi en el momento más difícil de mi vida.
-Fue mentira, Horacio- Me dijo sonriendo despiadada- Yo le dije a la organización que habías perdido tu lealtad total, luego inventamos esta falacia para que cayeras y mostraras finalmente tu debilidad de puto. Ahora serás encarcelado o desaparecido de la faz de la tierra.
-Ay Susanita qué cosas dices, a veces hasta te comienzo a creer- Dije entre risas nerviosas. – Ya cállate y hazte la muerta, lo demás lo arreglo yo.
-¿Ah no me crees? Aquí está el documento que avala mi propuesta. Échale un ojo - Y me tendió una hoja larga con un sello de confidencial.
-¡Que te calles y te hagas la muerta Susanita! Tu y yo nos amamos y nos vamos a casar en Trenova.
-¿Qué carajos es Trenova? Seguro alguna de tus estupideces de países inventados. Jamás me acercaría a ti, me pareces desagradable y siento arcadas cuando percibo tu olor ¡ Y eso que trabajo en una salchichonería!
De pronto me quebré y me senté en posición fetal, comencé a llorar a moco tendido, sentí mi pecho sofocado por una presión descomunal.
-Haznos un favor a todos, querido- Me dijo finalmente mientras me entregaba un tubo de ensayo tapado con un líquido rosa- Tomate esto y acaba con la contaminación que sentimos todos al verte.
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