¿Qué acaba de suceder? Eso fue lo único en que pensaba mientras caminaba en las calles iluminadas por los faroles. ¿Cómo fue que pude confiar en Nacho para ayudarme en mis problemas? ¿Acaso se tratará de una prueba, o simplemente de una broma cruel de su parte para sacarme provecho con un fin? No sé bien qué, pero sí sé que empecé a tener un mal presentimiento sobre Nacho. Aunque su sugerencia de encontrarme con estas personas, Bruno y Roma, me pareció muy convincente. No sé cómo explicar aquella fuerza interna que me empujaba hacia la posibilidad de cambiar. Eso es lo que estaba buscando: un cambio. Una vuelta de página a mi historia.
No olvidé cómo me había sentido en estos últimos días. Tan perdida en la tristeza y en la soledad; eso ha sido de mí desde que mi abuela murió. Lo único que tenía de felicidad en la vida, pues mis padres no estaban siempre presentes para mí. Pasaban todo el día trabajando, cada vez mejorando su profesión como agentes inmobiliarios; así ha sido desde que tenía 5 años, cuando mamá decidió volver a trabajar junto a papá y me dejaron al cuidado de mi abuela. Ella me crio, me enseño a ver el lado bueno de las cosas. Ella fue mi familia, mi verdadera madre. Pero eso era antes, ahora soy una huérfana en busca de mi lugar en el mundo real.
Crucé el camellón hasta llegar al parque. La primera vez que estuve ahí sólo conocí la luz del crepúsculo acariciando las copas de los árboles, la risa de los niños corriendo, el viento rozando el pasto de verde, y el rico aroma de los elotes. El recuerdo de esa imagen desvaneció en un instante, pues en ese momento lo que veía era nada más que sólo oscuridad, con luces extintas y la sombra de extraños errantes. Todo era lúgubre y corrompido, pero al mismo tiempo acogedor.
Por un instante miré hacia atrás, contemplando todas las cosas que estaba a punto de dejar: mi casa, la escuela, mi familia que nunca estuvo conmigo. Tal vez no volveré a ver las cosas una vez que entré a este parque. Pero a final de cuentas ¿qué puedo perder ahora? Nada, excepto tal vez mi propia vida.
Una visión apareció entre la luz de la calle: mi abuela con su dulce sonrisa, mirándome a los ojos con cariño. Parecía tan real, que estaba en verdad viva otra vez. Comencé a llorar, pues me di cuenta que también dejaría su feliz recuerdo para siempre.
Volví la mirada hacia el parque y caminé deprisa, adentrándome entre los árboles fríos, despidiéndome de mi vida anterior y abrazando una nueva. Una llena de sombras, con un poco de luz.
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