domingo, 5 de octubre de 2014

El fin, parte 3

Estoy sentado, pero mi corazón corre. Hace un poco de frio, pero una capa delgada de sudor cubre mi cuerpo. Respiro profundamente. Volteo al asiento de copiloto donde esta el gastado diario de aquella delicada mujer. Se que esta al borde de la locura, pues sus ideas se enciman, una sobre otra. Y todo es mi culpa.
Un destello de luz que marca la trayectoria de otro auto me deslumbra. Y disminuyo la velocidad para cambiar de dirección. Giro a la izquierda, con recuerdos de la noche en la que Alondra venía jugando con mi cinturón mientras nos apresurábamos a llegar a su departamento. Recuerdo sus ojos, abierto como platos, pero tan llenos de energía. Recuerdo sus delicadas manos, su hermosa sonrisa, su largo cuello. Recuerdo su clavícula, asomándose sobre su prominente escote. Recuerdo sus dulces labios sobre los míos, sobre mi cara, mi abdomen, mis brazos, mis manos.
Empujo esos recuerdos fuera de mi mente, pues no es el momento para revivir días llenos de sexo, pero si lo es para arreglar la vida de una de las personas a quienes se la arruine.
Me doy cuenta de que ya llegue. Se ve igual, su lobby esta viejo, pero aun tiene gotas de personalidad. Me dirijo directo al elevador y cuando se abren las puertas me apresuro al interior. Aquí la desvestí. Aquí en esta esquina, le quite el vestido tocándola suavemente mientras lo hacia. Oprimo el piso 8. Mientras sube pienso en que le diré, pero no hay palabras en mi mente que compensen por 7 años de soledad y agonía. Se abre la puerta y entro directamente a su pequeño apartamento. Esta sentada con su espala a mi, hablando.
-Yo lo se, Nico. –Dice calmada, como si no estuviera hablando con un fantasma, o sola, dependiendo de cómo lo veas. –Todo va a estar bien.
Hay un silencio en el que temo respirar, pasan pocos segundos y continua.
-Deje mi diario en el parque. –Dice tristemente, -y ese idiota lo tiene.
Es el momento para que abra la boca.
-Pues aquí esta el idiota, Alondra. El idiota que se ha arrepentido y viene a pedirte perdón.
-Nico, vete a tu cuarto. –dice la criatura de cuello largo dirigiéndose al aire. Sus ojos se inundan con sombras. Sombras de recuerdos y odio cuando nuestras miradas se encuentran. Pero si no me equivoco, también puedo ver un poco de amor. Sus manos, temblorosas, se sujetan a la esquina del sillón donde esta sentada. Abre la boca, pero nada sale. La cierra y intentándolo de nuevo, dice entre temblores:
-Dame mi diario y lárgate de aquí, pendejo.
Me sorprende su respuesta, pues esperaba que corriera a mis brazos, nos besáramos y viviéramos juntos hasta el fin de los tiempos. Se me olvida que no es un cuento de hadas.
-Alondra… espera. –Me acerco y trato de tomarle la mano, pero la aleja de mi. –Perdón.
Es la única palabra que sale de mi boca. Nada más puede explicar lo que siento. La entiendo. En este momento me pongo en sus zapatos, y en lugar de verme a mi frente a ella, veo a Mariza. La puta que me destrozo. Su recuerdo no me duele tanto como antes. Lo que me duele en este momento es que vi el alma rota de esta hermosa mujer, que antes de conocerme estaba intacta. No la amo, pero quiero hacerlo. Creo que es posible llegar a quererla como ella me quiere a mi, pues ambos somos fuertes.
-Lo siento. –Repito. Lagrimas amenazan a derramarse de mis ojos, pero cuando logro ahuyentarlas, la veo llorar.
Su cara esta roja, con los ojos un poco hincados y cubierta de lagrimas. Caminos de sal enmarcan su cara. Pero justo cuando pienso en irme, darme la vuelta y salir de su vida, veo una señal que me da esperanza. Una señal que me llena de amor, pues ella me sonríe. Aun con lagrimas en los ojos, es hermosa.
Nicolás. El hijo que nunca tuve, o tengo, esta parte aun no me queda claro. Mi vida se ha desmoronado y la única constante ha sido ella. Sus miradas perdidas y sus sonrisas a mi alrededor siempre que estaba en el parque, me han hecho saber que siempre hubo una conexión entre nosotros.
Sin saber porque, me inclino y la beso.
Empiezo a mover mis labios con los de ella sin tener una respuesta. Cierro mis ojos pero estoy seguro que ella todavía los tiene abiertos. Lagrimas empiezan a salir de mis propios ojos al recordar el momento de nuestro primer encuentro. La sigo besando pero ella no responde. Intento decirle todo lo que siento ya que al parecer las palabras parecen estar atoradas en el nudo de la garganta que siento desde que leí la entrada de su diario. Me ama, pero no parece. Me siento confundido. Me separo de sus suaves labios triste pero al mismo tiempo emocionado. Me pregunto si ella también sintió la química que hay entre nosotros, pero mi cuestionamiento es contestado dos segundos después cuando ella brinca a mis brazos y me besa. Me regresa la pasión, y entonces entiendo lo que es un beso de amor. Ahora entiendo porque en las películas hablan tanto de estos; nunca había experimentado algo así. He besado a tantas mujeres que he perdido la cuenta, pero nunca nada como esto. Brinca y entrelaza sus largas y hermosas piernas en mi torso. La sostengo fuerte y la guio hacia el sillón gris que guarda recuerdos nuestros. 
-Nico esta en el otro cuarto- dice sin aliento. Sus ojos ahora sostienen un color mucho mas ameno, algo que me tiene todavía más emocionado. Una lagrima sale de mis ojos sabiendo que mi hijo no esta aquí, que no hay nadie en el cuarto de junto y que tal vez, si yo no me hubiera ido las cosas hubieran sido diferentes; pero yo solo le sonrío y la beso otra ves.
-Entonces tendremos que guardar silencio – le susurro al oído y ella ríe. Nunca había escuchado sonido tan agradable, pero parece que mientas más tiempo pasa, más me pierdo en la bella mujer que ahora tengo entre mis brazos. Todo lo que siempre había querido.
Mis manos recorren su cuerpo, intento memorizarla de pies a cabeza. Ella gime, y yo la beso para que guarde silencio. Sus manos recorren mi espalda y llegan a mi nuca, su largos dedos se entrelazan con mi pelo, y tiran de el haciéndome sentir placer. No desperdicia su tiempo y me quita la camisa recorriendo sus frías manos por mi pecho y besándome por todos lados.
-Te amo- dice ella en una voz inocente que me excita más de lo que ya estoy. Me sigue besando apasionadamente.
-Lo se- le respondo mientras le desabrocho el brassiere aventándolo al rincón, donde se quedara por un rato. Tomo uno de sus pechos en mis manos y ella vuelve a gemir. Me hace sentir muy bien que ella este disfrutando esto, eleva mi autoestima si saben a que me refiero.
Todo pasa muy rápido. Besos, caricias, miradas, y palabras fueron intercambiadas mientras hacia el amor por primera vez. Nos recostamos en la cama entrelazados entre sus sabanas blancas, y ella se queda dormida en mis brazos. Verla descansar con una sonrisa en la cara me hace sentir culpable. No entiendo como no me pude haber dado cuenta de lo hermosa que es Alondra, todo paso de la manera equivocada gracias a la puta de Mariza. Me siento culpable ya que ninguna mujer merece ser tratada y abandonada de la manera en que yo las deje, aunque es reconfortante tenerla en mis brazos. Se siente bien ser amado, y eso es lo que ella me hizo sentir mientras intercambiábamos nuestra intimidad.
Me siento mal por ella. Pobre mujer, cree que su hijo esta vivo. Vive en una fantasía, pero me quedo tranquilo sabiendo que no estuvo sola mientras yo no estuve aquí para sostenerla en mis brazos y apoyarla. Bueno, que ella cree no estar sola.
Me gustaría hablar con Nicolás. Voy a ir a ver a la bruja del parque donde mi novia, o lo que sea que es Alondra de mi, estaba todos los días. Mucha gente dice que esta señora convoca a los muertos y puedes hablar con ellos. Es lo único que puedo hacer por mi hijo, por lo menos explicarle porque lo deje, hablar con él de mis errores y por lo menos enseñarle algo, es lo mínimo que puedo hacer como su padre. Quiero decirle que no se preocupe por su madre, ya que estoy aquí para quedarme, se lo debo a él, pero sobre todo a ella, a la más bella de todas, y a la única mujer de mi vida. A Alondra.

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