Abro el ojo que puedo abrir -el junior sí que me dio duro- y me apoyo en un brazo para levantarme. Auch en todas partes. Sí que tenía algo de rabia guardada... ¡y luego me dicen que no soy buen terapeuta! La boca me sabe a sangre. El alcohol ya se me bajó un poco y busco alrededor mi botella de Bonafont: sólo le queda un trago. Tiro la botella vacía al suelo y me tambaleo un rato antes de ver a la bella fumadora del parque, ahora más bella que nunca. Alondra ya me mandó al demonio, Sofiaté, ah, la etérea Sofiaté no se decide a acercarse, y yo tengo tanto amor para dar... No estoy lejos pero mis pasos son demasiado lentos. La neblina se abre y veo que alguien se aproxima a la Bella Fumadora. Una mujer. No, una chica. ¿Podrá ser...? ¿Cristina? ¿Me hizo caso? Sí, es ella. Vino aquí, como le dije, a medianoche. Qué locura. Me escondo detrás de un árbol para escuchar su conversación. Ojalá que las cosas sucedan como las he planeado...
Sí, todo parece ir según el plan. Están platicando muy a gusto y Cristina no está fumando. No he logrado corromperla. ¿Podrá la Bella Fumadora? ¡Ah, Cris, demasiada pureza! Le va a tocar sufrir en esta vida, a menos que se tope con alguien igual de ingenuo que ella. Sí, cuéntale todo, dile que está bien crecer, y ser mujer y enamorarse. Ah, bella fumadora del parque. ¿Por qué lloras? ¿Qué puedo hacer para robarte esa melancolía y hacerte feliz? De pronto, las dos chicas voltean. Alguien más se acerca. ¡Es aquel vagabundo! ¿Qué quiere? La niña sale corriendo y la Bella Fumadora baja la mirada. Intercambian algunas palabras. ¿Qué....?
Salgo de mi escondite y llego hasta ellos.
-Déjala en paz- le ordeno al hombre. Ya no me siento borracho en absoluto.
-Lárgate, idiota. Esto no te incumbe.
-¡Claro que me incumbe! ¡Yo la amo!- exclamo, y estoy convencido de que es cierto. La amo, ah te amo.
-¿De qué hablas?- pregunta ella, -nunca en mi vida te había visto.
-Bella... soy yo... yo te escribí esa carta, yo soy el que viene a ayudarte, a salvarte, a ser todo para ti...
-¿Salvarme? ¿Estás loco? ¡Quién te crees!
-Sí, lárgate, demente- exclama el vago. Tiene en la mano un palo pero el amor me da alas y estoy envalentonado. Nadie le hará daño nunca más. Nadie.
Para cuando terminamos, estoy solo en el parque. Debo tener al menos la mitad de los huesos rotos y siento que mi cerebro se derrama por una herida en la cabeza. Me cuestra trabajo respirar, la boca me sabe a sangre, el amor no existe. Empieza a llover: claro. Es lo único que me falta. La lluvia me refresca un poco, me limpia la sangre de la cara. No puedo moverme pero creo que sobreviviré. Solo necesito descansar un poco, sí, descansar. Cierro los ojos y estoy a punto de perder la conciencia cuando una voz femenina y vagamente conocida me despierta.
-No te mueras todavía, doc. Yo también quiero hablar contigo.
Es Scatha. Estoy seguro. Aquella demente que se negó a ayudarme con lo del niño de Alondra. ¿Qué quiere de mí ahora?
-Disfrutando de la lluvia por lo que veo.
-¿Qué quieres? Hoy no estoy de humor, como puedes ver.
-Pues, ¿no que te tenía que devolver el favor?
-¿Cuál favor? El dolor me estaba golpeando por todos lados como para pensar claramente, para acordarme de mis pendientes y está pinche bruja chingando en mi momento de agonía. Ella sonrió adivinando mis pensamientos.
-No sabes como estoy disfrutando el momento, tengo una ganas de ser yo quién acabe con tu vida, pero ahora no es el lugar ni el tiempo.
¡Qué lástima!
-Bueno me refería a lo de la niña.
-Se llama Emily. Y el dolor acabó, dio su golpe final y entré al sopor de la inconciencia.
-Disfrutando de la lluvia por lo que veo.
-¿Qué quieres? Hoy no estoy de humor, como puedes ver.
-Pues, ¿no que te tenía que devolver el favor?
-¿Cuál favor? El dolor me estaba golpeando por todos lados como para pensar claramente, para acordarme de mis pendientes y está pinche bruja chingando en mi momento de agonía. Ella sonrió adivinando mis pensamientos.
-No sabes como estoy disfrutando el momento, tengo una ganas de ser yo quién acabe con tu vida, pero ahora no es el lugar ni el tiempo.
¡Qué lástima!
-Bueno me refería a lo de la niña.
-Se llama Emily. Y el dolor acabó, dio su golpe final y entré al sopor de la inconciencia.
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