martes, 23 de septiembre de 2014

Una hoja de papel arrugada


Y que le den por el culo, pensó Roma mirando con desesperación a todos lados.
Eran aproximadamente las cinco de la tarde; Bruno la había dejado desde hacía ya un buen rato y la gente andaba en brisa, sofocando a la joven.
Seguro es algún pervertido que se cree muy listo… sí, seguro es eso… y que le den por el culo.
Y de pronto todos los allí presentes parecieron mirarla solo a ella, pareciera que el mundo se detenía y ella era el centro de atención… y lo detestaba.
Apretó la hoja de papel en una pelota deforme y la arrojó lejos, hacia la jardinera.
No permitiría que nadie se burlara de ella, ningún poeta, Cyrano escribe-mierda iba a jugar así con ella. Debía llegar al fondo de ello.
La carta apareció a su lado, sin que ella supiera de donde había venido, simplemente apareció allí.
Seguro se le cayó a alguien – pensó en un principio, pero nadie más había estado en esa banca a lo largo del día, solo ella y Bruno.
¿Quién era este Nacho y que quería de ella? Seguramente acostarse  con ella, como todos los hombre, y esperaba una rebaja, un descuento, un acto de “amor”
Y esa actitud, valiente, pedante, ¿Quién se creía este imbécil? Seguramente no es más que un niño de mami, degenerado y urgido.
O al menos eso pensaba Roma quien, a lo largo de su vida, nunca había recibido una nota de amor honesto, una sola pizca de cariño, y lo único que recordaba de ello eran los brazos fuertes de su padre, memoria que incluso ya se estaba evaporando, y con el mucho agrado de la joven que prefería olvidar aquellos sentimientos, sobretodo ella que vivía precisamente de fingirlos.
Pero incluso en el corazón empolvado de aquella joven, cabía lugar para la esperanza, para la ensoñación,  para sentir, o al menos querer hacerlo, que para alguien era importante, amada sin haber comparado precios, sin haber oído el catalogo, sin haber programado una noche en el hotel más barato de la ciudad.
Y por un momento existió una ilusión dentro del corazón de Roma. Pero ya era tarde, momento de ponerse la máscara y pelear una noche más contra los sentimientos, contra las patéticas ilusiones y los borrosos recuerdos… aunque…
La joven se levantó de su trono y, mirando a todos lados con suma discreción,  comenzó a buscar una hoja de papel arrugada. 


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