Ni siquiera yo lo puedo creer.
Así que sí, como ironía de la vida, pasó lo menos esperado: hice una amiga. Emily en realidad resultó ser una niña de 5 años realmente perturbada. No paraba de hablar sobre muerte, de lo increíble que sería que hubiera algo después de morir, que tal vez todos nos vayamos de este mundo de porquería para ir a uno mejor. Un mundo de color negro, donde la muerte reine, donde se beba sangre y se usen los cuchillos para demostrar amor…
Un día, acordamos de vernos a cierta hora en mi parque y llegó con una carta que estaba así:
Sofiaté:
Oh! Amor de mi infancia, oh brillo de luz q, que no sabes que yo siempre te he amado y te amaré. Con una palabra tuya me conformo, concédeme alguna a través de Emily.
Te amo, Nacho.
Ese nombre me llegó al estómago como una comida podrida o algo peor. Nacho fue en realidad, un pobre idiota cursi que me escribió y habló de amor por años, tratando de convencerme de que lo amara. Eso, claro, no pasó. Pero Emily y yo pensamos que podríamos hacer con él un experimento. Pensamos que matar a alguien podría ser hasta más satisfactorio que morir…
Y así es como planeamos nuestro primer asesinato…
No hay comentarios:
Publicar un comentario