Paredes blancas y flores amarillas es lo único que hay en ese cuartito en el que Alondra está metida. Tarareando al ritmo de la canción de entrada del programa Friends, Alo espera a su terapeuta. Ella piensa que este atractivo y joven terapeuta está interesado en ella ya que obviamente esta inconsciente de su triste situación, pero el solo está intentado ayudarla. Los padres de Alondra son los que pagan por estas sesiones de terapia, pero ¿quién es ella para saberlo?
-Alondra Fuenmayor – dice la hermosa secretaria que se encuentra atrás del escritorio de madera,
-Puedes pasar, el doctor la está esperando.
Doctor. Para Alondra es como música escuchar que un médico este tan interesado en ella. Si está loca, pero no tanto como para perder la oportunidad de tener una relación con un profesionista tan exitoso.
Se levanta, agarra su morral de colores, como los que puedes comprar en Coyoacán, y empieza a caminar hacia la ya muy conocida habitación. Toca tres veces y se escucha al otro lado de la puerta esa voz que ella tanto anhela escuchar todos los días.
-Hola hijo – Dice ella con una sonrisa.
-Hey Alo, que bueno que viniste. Pasa, toma asiento.
Alondra obedece y se sienta en el sillón no muy cómodo frente a Nacho. Lo mira a los ojos, y vuelve a sonreír.
-¿Cómo has estado Alo? – le pregunta él, agarrando su tabla y pluma. – ¿Te ofrezco un vasito con agua?
-Estoy bien, gracias – contesta seca. Está muy nerviosa.
-¿A qué pregunta estas contestando? – Nacho ríe y Alondra sonríe, sin contestar.
-¿Cómo fue tu día de ayer? ¿Hiciste algo interesante?– El doctor insiste mentas anota algo en su cuadernito.
- Nada del otro mundo, hijo. En realidad saliendo de aquí camine hacia el parque como cualquier otro día para recoger a Nico y estar con él un rato, cenamos y luego nos quedamos dormidos en mi cama después de ver Friends en la noche. Me costó mucho trabajo pasarlo a su cama.
- ¡Nicolás! ¿Cómo está tu pequeño? – pregunta Nacho interesado.
-Muy bien gracias, muere de ganas de conocerte. – Dice Alo mientras se sonroja, pero nacho solo anota en sus hojas algo que Alondra tiene tantas ganas de leer.
- Pronto tendré el gusto.
Silencio por unos minutos que parecen horas.
-¿Has hablado con tus papás? – pregunta en psiquiatra haciendo si trabajo, pero Alondra pierde el control y pega un grito de desesperación.
-¿Por qué chingados te da por preguntarme de mis pa- duda un poco pero luego recupera su rabieta -de los hijos de la chingada que te dije que no quería que mencionaras, eh? –
Se para y empieza a buscar algo que aventar, algo con lo que desahogar su enojo. El no intenta calmarla, solo escribe y escribe acostumbrado ya a los impulsos de la joven
-Sabes que lo único que yo quiero es ayudarte, Alo. No te preocupes, puedes confiar en mí.
-¿Confiar en ti? Confié en ti la primera vez que te conté de esos idiotas, y confié en que no volverías a tocar el tema, pero eres como todos se te dice una cosa y haces otra; así que no vengas conmigo a hablar de confianza.
Respira hondo y camina hacia la puerta para salir de ese lugar donde se siente encerrada, pero se encuentra con la sorpresa de que está cerrada.
-Siéntate, y no te preocupes, podemos hablar de otra cosa. – dice Nacho levantándose de su silla negra y caminando hacia Alondra tomándola de la mano, pero ella la quita.
-¿Hablar de qué?
-No sé, de lo que tú quieras. Porque no me platicas de que trató el episodio de Friends de ayer.
-Honestamente ya no tengo ganas de hablar contigo – Nacho vuelve a tomarla de la mano, - ¡Suéltame!
-Está bien, pero nos vemos mañana sin falta.
-No me esperes, - dice ella y espera a que él le abra la puerta. No puede esperar para ver a Nico.
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