Nacho:
No sabes lo muy agradecida que me siento por haberte conocido. Aquel día en el parque estaba muy deprimida, perdida en mi tristeza y dolor, pues había perdido a la única persona que ha sabido escucharme cuando me siento triste y confundida sobre todo lo que vivo en la escuela: a mi abuela.
No sé si fue el destino, o el mismo Dios, lo que me llevó a toparme contigo el día después de que velé junto con mi familia la muerte de mi abuela. Recuerdo cómo te acercaste hacía mí con tanta gentileza, y cómo me miraste con tus ojos verdes, llenos de empatía a través de tus enormes lentes.
Me diste tu tarjeta de consulta para que pudiera hacer sesiones contigo; nunca pensé que desde la primera sesión que tuve contigo empezará a sentir que puedo platicarte con toda la libertad del mundo acerca de mis problemas de relacionarme con mis compañeros de escuela; me haces sentir como si estuviera en un mundo de caramelo, donde todo es alegría y de colores. Es como si fueras mi ángel guardián, enviado por mi abuela para que veas por mí.
Perdóname por mi atrevimiento, pero desearía poder conocer a un chico como tú. Con una persona así, que entienda cómo percibo mi alrededor y me aconseja para hacerme mejor persona emocionalmente, sería completamente féliz por el resto de mi vida.
Nos vemos en nuestra próxima sesión.
Con mucho cariño.
Cris
No hay comentarios:
Publicar un comentario