miércoles, 17 de septiembre de 2014

Peter... ¿Nicolás?

-Tú eres... tú eres la bruja, ¿no? No lo digo como insulto ni mucho menos, de verdad. Respeto a todos los... ¿eres religiosa? ¿O qué tipo de bruja eres?

La mujer se quedó callada y me miró con ojos fulminantes. No había cambiado nada: seguía causándome terror. ¿Sería un error todo esto? Lo que había empezado como una sana curiosidad de terapeuta (sé que los Expertos me juzgarían por robarme la correspondencia de mis pacientes, pero a los genios siempre los han juzgado los seres inferiores) se estaba convirtiendo en algo sobrenatural y terrorífico. ¿O era todo una farsa? 

Sí, admito que quería usar la locura o los poderes de esa niñita Emily para lograr mis propios objetivos. Lo admito. ¿Ven? Soy un ser humilde que admite sus errores. Aunque bueno, no es un error realmente; supongo que depende del punto de vista. O sea, quizá la bella Sofiaté, el amor de mi infancia, me tiene a mí como un asunto pendiente y yo puedo ayudarla a salir de este embrollo terrenal y pasar al siguiente plano. Tal vez yo soy el elegido para decirle: SIGUE LA LUZ, SIGUE LA LUZ... Y de paso quién sabe, tal vez un beso sobrenatural es lo que me falta para ser feliz. Pero bueno, Sofiaté es otro tema. Aquí el favorcito era para Alondra, Paloma, ave de humo y de ojos de piedra... Ay, Nachito, tu siempre tan enamoradizo.

-¿Qué quieres?- contestó la mujer en voz tan baja como violenta. 

-¿No te acuerdas de mí, Scatha?- dije. Al escuchar su nombre abrió mucho los ojos y finalmente pareció remotamente interesada en lo que yo podía decirle. -Soy Ignacio... del Hospital Psiquiátrico Libertad.

-Ajá... ¿y qué chingados quieres?- repitió. 

-Tú... estabas en el Hospital con Alondra, ¿recuerdas? Y cuando yo la quise sacar para hacerme cargo de ella me puso como condición que te sacara a ti también. Así que falsifiqué los tests para demostrarle a los directivos del psiquiátrico que estabas lista para ser liberada, aunque hacía muy poco tiempo habías tratado de matar a un enfermero con tu tenedor de plástico...

No es que le estuviera cobrando el favor, pero ¿qué demonios le pasaba a esta psicótica? ¿No podía ser más amable? Aunque tengo que admitir que su violencia y total desprecio hacia mi persona me hacían sentirme absoluta e irremediablemente enamorado de ella. 

-Sí, sí, ya sé quién eres, doctorcito. Repito, y espero que por última vez: QUÉ CHINGADOS QUIERES. 

-Pues... no sé si te acuerdes bien de Alondra. De su hijo Nicolás... 

-Claro que me acuerdo, estúpido. Para ustedes somos locas y ya, pero tenemos cerebro y sentimientos, historias y... 

-No, no, no, no me lo tomes a mal... además yo no soy parte de ese grupo de doctores que tú crees... yo soy diferente. 

-"Diferente"... todos la misma mierda. 

-Óyeme, yo no te estoy faltando al... 

-A ver, Doctor Ignacio, dime de una vez qué tema tienes con Alondra. A ella sí la respeto y no me gusta que los idiotas como tú anden hablando de mis amigos. 

Respiré hondo y traté de calmarme. Me sentía extrañamente excitado y a la vez tenía ganas de romperle la cabeza a la odiosa mujer. Sí que era una bruja. Vamos, Nacho, tranquilízate y veamos si logras algo. 

-Resulta que una de mis pacientes ve fantasmas. Y uno de estos fantasmas le dictó una carta o algo así. El caso es que su mamá le quitó a Emily una carta  en la que su amigo imaginario, "Peter", resulta que no es imaginario, al menos eso parece, aunque yo no creo en esas cosas, sabes, soy un hombre de ciencia, pero las pruebas me dicen que...

-Muy doctorcito pero no sabes ni hablar- me interrumpió. -Dímelo en dos palabras, que no tengo tiempo. 

¿No tenía tiempo? Antes de que yo me atreviera a acercarme la había visto sentadota ahí por más de una hora, sin hacer absolutamente nada. Volví a respirar hondo y dije:

-Que parece que uno de los fantasmas que ve Emily, mi paciente de cinco años, es en realidad Nicolás, el hijo de Alondra. Quería ver si, como dice la carta, podrías ayudarnos a contactarlo. 

Scatha se recargó en su banca y su semblante cambió. Me arrancó la carta de las manos y, como terapeuta que soy, pude ver que su cabeza estaba analizando muchas cosas.

Leo la carta  y me parece que es de un alma vieja, para mi un “alma reciclada” de esas  de las cuales solo hablan las budistas de que mueres y luego naces en otro cuerpo, que para mí es solo como un cambio de cuerpos pero con la misma alma.

De cierta manera me llama la atención ya que no es normal ver “reencarnaciones”.

-Si, tienes razón ese “ amigo imaginario” me esta buscando. Pero no es el único en mi caso es normal que varias almas busquen ayuda en mí.

-¿Me ayudaras?

-Por ahora no, déjalo seguir suplicando un poco más.

-No, me preocupa que su presencia tenga repercusiones en la salud mental de la niña.

-O estas tratando de sacarme provecho como con la infante. Deberías tener cuidado no te vaya a pasar algo, claro “accidentalmente”. Además, no tiene nada de malo, yo siempre ha visto fantasmas.

Me mira desconcertado, yo lo evado. En realidad tengo cosas más importantes que hacer que estar haciendo “servicio comunitario”.

Y porque tendría que ayudarlo, le agradezco que me haya sacado del reclusorio. Pero cómo le tengo ganas, el cabrón me quiso quitar a Alondra. Fue el origen de un triangulo amoroso en el que al final tuve que romper por mi afecto hacia Alondra, la loca cuyos besos sabían a gloria.

-¿Como te explico? Para nosotros los mortales no es normal ver fantasmas y mucho menos la manipulación de estos seres en nuestras mentes.

-Hay “Nachito” no me tomes por pendeja, pero no porque no los veas no significa que no seas manipulado por ellos. La mayoría somos manipulados por ellos.

Enfatice hasta ponerle los pelos de punto y solté una sonrisa al ver mi éxito. Y seguí inmóvil lo cual me permite observar a las personas al igual que escuchar claramente el flujo de sus pensamientos aunque he descubierto que  la inmovilidad los hace sospechar de lo que pasa por mi mente.

-Pareciera que te interesa mucho el caso (porque se que hay más que simple interés en la niña).

-Es mi trabajo.

-Aja (todavía cree que soy la misma tonta que cuando me conoció)

-Pues voy a pesarlo.

Y salgo con dirección al parque, a ese en donde por alguna razón me esta agradando ir lo cuál me empieza a preocupar porque si algo he aprendido, es que para sobrevivir no hay que  ir siempre a los mismos lugares ni ir con las mismas personas.

Pero al parecer mi destino me lleva a romper las reglas, aquellas en las que trato de enfatizar pero al no cumplirlas al cien me pasa, lo que me pasó.

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