Estoy sentado enfrente de el joven barbudo que se hace llamar Nacho. Su oficina apesta a café y una taza llena de café negro esta delante de el. De vez en cuando, Nacho estira la mano y da un pequeño trago de café, reprimiendo una mueca de asco. Esta es la primera vez que vengo con un psicólogo, pero después de la primera llamada de mi padre en meses, ofreciéndome una oportunidad para regresar a trabajar para el, debía buscar atención psicológica y asistir una vez a la semana. Mi padre hablaría con el psicólogo cada quince días, cuando le informaría de mi progreso. Y aunque no quería en lo más mínimo asistir a terapia, conseguir mi trabajo y mi vida pasada era una oportunidad demasiado valiosa como para gastarla. Por esta razón me encontraba frente a este idiota, hablando de mis “problemas” con la pornografía.
-¿Estas diciendo que tu nunca la haz visto? –pregunto incrédulo.
-No, para nada Alex…
Mi cara se transforma en una mueca de odio ante ese apodo, el lo nota y rápidamente se corrige.
-Lo siento, Alejandro. No. No digo que no la he visto antes. Solo digo que no la veo en lugar de salir.
-Pues yo si. Tal vez tu no te haz encontrado con suficientes hijas de puta como para ver que las mujeres son unas pendejas.
-¿Por qué serían pendejas todas las mujeres Alejandro? –Acaba de conseguir algo jugoso, metí la pata, no va a dejar de preguntar.
-Pues porque son mujeres, es lo único que saben hacer. Solo saben ser cabronas.
-Ahh… -exclama con una sonrisa, -¿cuántos años tenías cuando te abandono tu madre?
-Um… ocho.
-¿Y cuantos años tiene tu hermana? –pregunta, satisfecho de que su instinto pasado fuera correcta.
-¿Cómo sabe todo esto de mi? –digo francamente asustado.
-Hable con tu padre, ahora contesta.
-Alrededor de tres meses.
-¿Y la culpas?
-En lo absoluto. Mi hermana es mi hermana, nunca haría algo malo... por si misma.
-Pero… ¿qué no es drogadicta?
-No. Pero si las ingiere, eso es mi culpa.
-Si ya lo se, -dice entre bufadas, -eres muy mala influencia para ella.
Me levanto de la silla y me acerco a la puerta.
-¿No se supone que deberías estar de mi lado? –el enojo se escurre de mis labios y se inyecta a cada palabra que sale de mi boca.
-Alex…
-¡No me digas Alex! –grito y salgo de la asquerosa oficina. Cumplir este trato será más difícil de lo que pensé.
Saco el celular y los hermosos senos de la actriz me saludan. La calma se inyecta en mi y suspiro. Tal vez solo necesito relajarme un poco. Y se la forma perfecta para hacer eso. En cuanto pienso en lo que haré llegando a casa, mi cuerpo responde positivamente. ¿Cómo algo tan agradable puede ser considerado malo por algunos?
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