Para la puta llamada Mariza:
Hoy, mientras estoy aquí sentado esperando que algo suceda, en lo único en lo que pienso, es en tus grandes ojos. Esos mares azules que brillan como agua salada a medio día. Ese par de zafiros que destellan con la luz. Ese par de ojos que me cautivan. Ese par de ojos que en algún momento me hizo llorar y sonreír al mismo tiempo. Ese par de ojos que pertenecen a una puta sin corazón.
Recuerdo aun el momento en el que entraste a mi oficina, con la cara en alto pero un destello de incertidumbre en los ojos., con esos labios llenos y tu hermosa figura que desde el inicio me provoco. Recuerdo aun mis intentos de conseguir a otras mujeres, pero ninguna podía compararse a ti, con océanos en tu cara y un cuerpo digno de una diosa. Recuerdo aun todos y cada uno de los vestidos que despegue de tus hombros. Recuerdo el azul que no tenía cuello, el amarillo sin espalda, el rojo de un hombro. Recuerdo el negro que te envolvía como capullo, el carmesí que destacaba tus curvas y el azul marino que decoraba tu cuerpo con destellos.
Te escribo, no para halagarte, sino para explicarte porque te odio. Yo se que lo tienes claro, pero mereces tenerlo por escrito. Poder leerlo cuando aquel pendejo con el que te casaste se enoje contigo y comprender que no esta solo en su odio.
Odio que seas perfecta. Odio mi atracción por ti, mi atracción por tus ojos, por tu cuerpo, por tu cara. Odio tu forma de caminar, y tu forma de hablar, de vestir y de sonreír mostrando aquellas hermosas perlas. Odio como siempre que salíamos a comer pedías ensalada, y como acabando doblabas tu servilleta en cuatro partes exactas. Odio como hablas cuando duermes y como tus manos se movían cuando me acariciabas. Odio tu forma de gemir cuando te toco de forma especial y odio como tu haces que sonidos animales escapen mis labios. Odio que tu cara se aparece un mis sueños y que te quedaste con ese imbécil. Odio que me hayas delatado, odio que me hayas usado.
Pero odio más que nada el hecho de que todavía ahora, con el corazón en la garganta y mi cara bañada de lágrimas, te quiero de regreso.
Espero que en algún momento, la persona que más quieras en el mundo te lastime de la forma más horrenda.
Alejandro.
PD: Aunque esta carta nunca te llegará, espero que no puedas detectar el camino de sal invisible que recorre mi cara cuando nos cruzamos en la calle. Espero que no puedas adivinar cuando me duele tu abandono. Espero que no me veas, pues no hay dolor mayor que esos océanos fijos en mi alma.
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